Como siempre, nos levantamos temprano para volver a la Estación y coger el Shinkansen destino Tokyo. Al día siguiente ya nos íbamos de Japón y queríamos aprovechar este último día para compras en la capital y visitar algún sitio pendiente.
De nuevo el jaleo de la/las estación/estaciones de Osaka. Esta vez nos costó menos pero aun así no son tan fáciles de manejar como las de Tokyo.
Compramos unos baos para el camino, y a media mañana ya estábamos en Ueno, barrio dónde cogimos el hotel ya que nos faltaba por ver esa zona y porque al día siguiente cogíamos el tren a Narita justo al lado.
Lloviznaba en Tokyo, pero nada incomodo. Fuimos directos al hotel escogido, el Ueno Chardonix, dónde ya tenían preparadas nuestras maletas que habíamos mandado previamente desde Kyoto. Llegamos antes de que nos dieran la habitación, pero pudimos dejar allí nuestras mochilas. En el checkin nos dieron un vale de una consumición de café/té para consumir durante el día. La habitación era la típica de hotel en Japón, mínima, con el baño tipo cabina pero decorada de forma moderna. Era cómoda.
Para no perder tiempo nos fuimos a ver el Parque Ueno y los santuarios y templos que tiene en su recorrido, en especial el Santuario Tosoghu. Estuvimos un rato viendo todo el complejo y resguardándonos de vez en cuando de la lluvia, que seguía sin molestar pero a veces apretaba un poco más. A destacar también su imponente pagoda de 5 plantas y el gran torii de piedra que da la entrada al camino que lleva al santuario.

Tras un paseo relajante por los jardines (no fuimos a los museos por falta de tiempo) nos dirigimos al bullicioso Mercado de Ameyoko, repleto de puestos callejeros y tiendas “bajo techo” que aprovechamos para resguardarnos de la lluvia.
Como ya apretaba el hambre, nos paramos en un puestito en la calle que te atrapaba por su olor, y entre unos plásticos que protegen de la lluvia y sentados en la misma mesa que gente local, degustamos un delicioso ramen (apetecía con el clima lluvioso) y tempura.

Terminamos comprando más cosas para llevar de regreso a casa: kitkats varios, cosmética… y nos fuimos de nuevo para el hotel para ir ya a la habitación y cambiarnos. Cuando llegamos ya teníamos todo, mochilas y maletas, en la habitación, y aprovechamos para gastar la consumición con un café y un té matcha.
Ya atardecía e íbamos a dar por terminadas las visitas, si acaso salir a cenar también por Ueno y listo, pero, friki que es uno, volvimos a Akihabara a terminar de gastar los Yenes sueltos que nos quedaban en las máquinas de gachapón que están repartidas por la calles.
Y allí que nos fuimos, a sacar bolas, seguir viendo tiendas y tiendas, entrar en pachinkos, a frikear sin prisas en definitiva… y para cenar fuimos al Roast Beef Ohno Akihabara, un local un poco escondido en un callejón, al que se accedía bajando una escalera estrecha con gente haciendo cola. El restaurante solo tenia 2 platos: Tacos de carne con arroz y sopa, y el Volcán, unas láminas de carne cruda con una yema de huevo en la zona superior que al estallarla caía simulando lava (ese es el aspecto oficial, a mi me parecía otra cosa

Cuando salimos ya estaba casi todo cerrado, así que terminamos de sacar las últimas bolas y nos dirigimos a la estación para volver al hotel, ya sí, dando por terminado el viaje.
A la mañana siguiente, salimos temprano de hotel y fuimos directamente a la estación de Ueno dónde compramos unos baos, huevos y café antes de tomar el tren a Narita.
En el Aeropuerto ninguna novedad, ni siquiera nos miraron las bolsas de los Tax-Free de todo lo que compramos durante el viaje.
Abandonamos un país maravilloso, tanto por su cultura, su gastronomía, sus paisajes y sus gentes. Con muchísimas ganas de volver, para repetir experiencias y vivir otras nuevas.