Ha amanecido y hasta con un poco de fresquete. El alojamiento incluía el desayuno, que ha sido sorprendentemente bueno, aunque se podría decir que daba un poco de mal rollo. Me han servido un montón de platos: rollos de tapioca, huevos revueltos, salchicha, fruta, una especie de cuscús, una jarra de zumo, otra de yogur, y café... Todo dispuesto en una mesa larga bajo un techo de 4 metros, y yo desayunando solo al ser el único huésped. Silencio absoluto, con la lluvia de fondo y la mujer extraña en la cocina, asomándose de tanto en cuanto a mirarme. Luego ha aparecido el dueño y se ha sentado conmigo, comentándome que ha dormido mal por no poder ver a su hijo, a las 7 de la mañana.
A las 7:30 me he montado en el coche con el dueño hacia el aeropuerto de Lençoes. El viaje ha durado poco más de una hora pero con una tensión digna de un autobús de Guatemala. Estaba lloviendo y el tipo conducía rápido, con adelantamientos que me preocupaban, pensando que podría manifestar hoy su tendencia depresiva al volante. Además, en una hora nos hemos encontrado con 3 perros, 2 cerdos, un buitre y hemos atropellado a un pollo. He intentado sacarle conversación pero aun así me he bajado del coche con la espalda chorreando de la tensión del viaje. No apreciamos lo bien que se conduce en Europa.
El vuelo hacia Salvador ha salido puntual a las 10:30. El vuelo de Salvador a Lençoes viene de perlas para visitar la Chapada, es perfecto. He llegado al alojamiento en Salvador a las 13 y me he ido a comer y luego directo a la lavandería. Por la tarde no he hecho mucho, solo ver cómo daba vueltas la lavadora y luego la secadora, y dar un paseo por lo que llaman la Barra de Salvador, la parte sur de la ciudad con playas y un paseo marítimo. Nada del otro mundo.
Por la noche me he acercado a Pelourinho, el barrio viejo. A las 18:00 había una misa popular que se celebra todos los martes en la plaza principal. El Martes de Bendiciones es famoso porque es una misa con música afrobrasileña... Ha sido un tostón, me he comido literalmente una misa completa, con su paz, su eucaristía y todo lo demás, salvo que de vez en cuando se ponían a cantar con tambores. Infumable sinceramente.
Terminada la misa, Uber de vuelta al alojamiento, aquí ya está todo el pescado vendido.
Te mandé estrellitas anteriormente, pero había olvidado dejarte comentario 
