Ayer las chicas de recepción nos preguntaron a qué hora queríamos el desayuno y elegimos las 9:00. A esa hora llega puntual a nuestro estudio una chica con una bandeja enorme y super completa: zumos, café, leche, pan de varios tipos, bollería griega, baclava, cereales, hojaldres de verduras y de queso, lonchas de jamón y queso, huevos duros y yogur griego, además de miel, mantequilla y mermelada. Sacamos la bandeja a la terraza para desayunar con vistas al mar. ¡Qué barbaridad! No podemos con todo, pero guardamos algunas cositas para almorzar.
Nuestro ferry a la isla de Skopelos sale a las 16:40, por lo que tenemos tiempo para aprovechar la piscina del hotel y pasear por la capital de Skiathos. Comenzamos por el ratito de piscina, que está super tranquila, ¡Estamos solas! Sobre las 13:00 dejamos el apartamento y las maletas en la recepción para acudir a pasear por el pueblito que anoche vimos iluminado y hoy podemos disfrutar con la luz del sol.
Nos dejamos llevar por las callejuelas con sus empedradas y laberínticas calles de su zona vieja, rodeando la calle Papadiamanti. De aquí pasamos al puerto y a la isla de Bourtzi, una fortaleza veneciana ubicada en un islote verde por la que paseamos con unas vistas muy bonitas de la ciudad y el mar Egeo.
Se acerca la hora de salida del ferry de Aegean Flying Dolphins que nos lleva a la isla de Skopelos en 20 minutos. En Skopelos hay dos puertos, el de la propia capital y el de Glossa, un pequeño pueblo en la zona oeste de la isla. Nosotras hemos elegido esta parada de ferry pues nuestro primer hotel se ubica muy cerca de Glossa; por eso el trayecto es tan cortito. Este ferry continúa su trayecto hacia el puerto de Skopelos y posteriormente a la isla de Alonissos; ambos lugares los visitaremos en los días próximos.
En el puerto de Glossa nos espera el chico de la agencia de alquiler de coche “Clima” con nuestro coche y tras darnos las indicaciones pertinentes nos entrega las llaves del coche. El trayecto hasta el hotel Adrina Beach es muy agradable entre pinares. Se percibe gran diferencia frente a las islas Cícladas y también nos encanta.
Al llegar al hotel nos llevan en un cochecito para llevar las maletas hasta la habitación pues su ubicación es formando diferentes balconcitos en la ladera de una montaña. Así son las vistas tan maravillosas.
Tras ubicarnos, nos dirigimos a la playa de Panormos a la que acudimos caminando pues realmente está muy cerca y se puede llegar andando por la misma carretera. Esta playa está situada en una bahía protegida y tiene unas aguas azules increíblemente bonitas. Nuestra idea es cenar en uno de los restaurantes acompañadas de la puesta de sol, por lo que damos una vuelta por ellos decidiéndonos por O Giannis, donde reservamos la mesita que más nos gusta en plena arena. La playa es muy larga y tiene varias zonas, algunas con sombrillas y hamacas y una zona en la esquina más virgen, donde nos ubicamos. Tras darnos unos baños acompañadas del sol que empieza a acercarse al horizonte, nos sentamos en nuestra mesita, deseosas de comenzar a degustar algunos de nuestros deseados platos griegos. Un gatito nos hace compañía y nos recuerda una vez más que estamos en Grecia.
-O Giannis: ensalada griega, mejillones saganaki, zumo y copa de vino. 28€.
El sol se esconde. Momento mágico. Regresamos felices al hotel. El camino por la carretera de noche es algo más complicado, pero estamos muy cerca y llegamos enseguida.