El plan para el día era levantarse temprano e ir a visitar Ghermassa antes de emprender la vuelta hacia el norte. Desde Tataouine hasta Sfax son unas tres horas y media de viaje más un par de paradas que hicimos por el camino. Pero hubo cambio de planes cuando la familia que nos hospedaba nos sorprendió con dulces típicos, dátiles y té para invitarnos a desayunar, así que mientras comíamos y echábamos un rato de charla se nos hizo demasiado tarde para ir a Ghermassa.
Nos dirigimos a Medenine , donde hay algunos ksour en el centro de la ciudad. No tan bonitos como los del día anterior, pero nos apetecía ver cómo eran estando situados en el centro de una población en contraposición a los abandonados en medio del desierto.
Medenine es una ciudad bastante nueva. Los primeros ksour construidos en la zona datan del siglo XVII, llegando a haber unos 35, y, a lo largo del tiempo, estos se fueron desarrollando en un centro urbano, llegando, a día de hoy, a tener más de 70.000 habitantes.
La modernización de la ciudad trajo consigo la destrucción, en 1960, de la mayoría de los ksour, quedando solamente tres en pie.
Aparcamos nuestro coche junto al zoco y estuvimos paseando por la zona. Las tiendas estaban tranquilas, no había demasiada gente comprando, pero aun así es un buen lugar para ver a los lugareños haciendo su vida habitual, sobre todo a las mujeres, que son las que más se mueven por estos mercados. Encontramos puestos de comida, fruta y verdura, tiendas de ropa y artículos del hogar. Las tiendas de menaje son un buen sitio para comprar cosas a buen precio como los típicos vasitos para el té.
Junto al zoco encontramos los tres ksour que podemos visitar en la ciudad.

Ksar Lobbeira, o Ksar Medenine, llegó a tener 100 metros de largo por 50 de ancho, pero uno de sus laterales se destruyó para construir un teatro, por lo que actualmente sólo conserva unas 130 ghorfas, menos de la mitad de las que tenía. Dentro hay también un museo de artes y costumbres.

Ksar Ommarsia es algo más pequeño, con 40 por 70 metros, y conserva unas 120 ghorfas, la mayoría con sus respectivas puertas, muestra de que todavía está en uso. Allí echamos un rato con unos señores que jugaban a algo, no conseguimos averiguar a qué, con un rudimentario tablero hecho con un cartón y unas piedras. Intentaron explicarnos el juego, pero como ni unos ni otros nos defendíamos mucho con el francés no había quien entendiera nada.

Ksar Ouled Brahim tiene forma de cuadrado con unos 80 metros de largo y conserva unas 140 ghorfas. Está restaurado y las ghorfas de la planta de abajo se utilizan como tiendas de artesanía, aunque ese día estaban casi todas cerradas, supongo que por la poca afluencia de compradores.

Desde Medenine decidimos desviarnos hasta Matmata, localidad famosa por contar con algunas localizaciones en las que se rodó Star Wars. Como no somos fans de la saga no teníamos mucho interés, pero ya que nos quedaba tiempo suficiente nos pareció buena idea.
La carretera que llega hasta allí es estrecha, está en un estado regular y tiene mil curvas, pero el paisaje es espectacular, semidesértico, con el llano que llega hasta el mar a un lado y al otro la falda de la montaña por la que vamos tomando altura.
Por el camino pasamos por algunos pueblos bereberes, de casas de adobe y su mezquita siempre blanca, y multitud de casas trogloditas excavadas en la misma falda de la montaña.
Al llegar a Matmata nuestros móviles no tenían cobertura y no lográbamos dar con el Hotel Sidi Idriss, que habíamos visto que era uno de los mejores sitios para visitar una casa troglodita. Preguntamos a un chico y nos guio hacia una zona en la que solo había un descampado, así que nos dimos por vencidos y preferimos seguir nuestro camino. Más tarde veríamos en el mapa que íbamos bien por el descampado, simplemente no lo veíamos porque nos quedaba un buen trecho hasta allí.
Se acercaba la hora de comer y paramos en un sitio cualquiera que vimos junto a la carretera, ya cerca de Gabes, en el que había bastantes coches, señal de que mal no se podía comer. La comida fue sencilla y barata, pollo y ensalada, y al día siguiente nuestras barrigas andaban un poco sueltas, pero nada grave.
Seguimos camino hacia Sfax. Allí habíamos reservado en el Business Hotel Sfax, un hotel de cuatro estrellas orientado a clientes de negocios, completamente opuesto a nuestro alojamiento de Tataouine, pero es que conseguimos una buena oferta de última hora por 40€ la noche.
Para llegar allí, Google Maps nos llevó por el centro de la ciudad, hubiera sido mucho más fácil por la circunvalación. Había muchísimo tráfico y cada rotonda era una locura. Es la única ocasión que el tráfico nos pareció caótico en todo nuestro viaje. Para cruzar cada rotonda prevalece siempre la ley del más fuerte, es decir, la del coche más grande, pero con paciencia y precaución para no recibir ningún golpe, todo se consigue.
El hotel estaba bastante bien, nos dieron una habitación enorme, muy moderna, con zona de trabajo, un baño grade y muy limpia, con una cama comodísima de 2x2. El hotel tiene varias plazas de parking en la calle, junto al edificio, vigiladas por un guarda de seguridad las 24 horas e incluía también el desayuno, que, sin ser una maravilla, era bastante correcto.
Nos aseamos un poco y nos fuimos a pasear por la medina, que queda a unos 15 minutos andando del hotel.
La de Sfax es conocida por ser una de las más auténticas del país, ya que recibe poco turismo y su ambiente es muy local y de negocios tradicionales, como también era la de Medenine, solo que la de Sfax es muchísimo más grande y con más vida. Por la tarde no tiene tanto movimiento como seguramente tendrá por la mañana, pero siempre es agradable perderse por las mil callejuelas que la componen y ver un poco como se desarrolla la vida local.

Conserva casi intacta una imponente muralla que data del siglo IX y, en la esquina sur, el antiguo edificio de la Kasbah, construido en el siglo XII, en el que hay un pequeño museo, pero, viendo desde fuera que el edificio no era especialmente interesante, no llegamos a entrar.
La Gran Mezquita sobresale en el centro de la medina, cerrada a la visita para los no musulmanes. Se construyó entre los siglos IX y X siguiendo la imagen de la de Kairouan, de hecho, sus torres, que es de lo poco que podemos ver del edificio, son casi iguales.
Como en similares medinas, los zocos se sitúan a su alrededor, distinguiéndose entre ellos por los distintos gremios que los ocupan.
Aunque ahora las entradas al recinto son varias, en su momento la muralla solamente contaba con dos puertas, la más importante de ellas, la que da al lado sur, Beb el Diwèn. Se comunica con la zona francesa mediante la avenida Hedi Chaker, una calle llena de negocios que lleva hasta el edificio del ayuntamiento. De nuevo, como en Túnez ciudad, el caos de callejuelas da paso a avenidas amplias y ordenadas, bordeadas de edificios de primeros del siglo XX, mucho mejor conservados que los de Túnez ciudad y algunos tan bonitos como el Hotel Oliviers.
Como ya era habitual, una vez se hizo de noche la vida en la ciudad se apagó rápidamente. Las tiendas echaron el cierre y las calles quedaron desiertas. Fuimos a buscar algún lugar donde cenar y no encontramos gran cosa, nos acercamos a una zona en la que, según el mapa, hay bastantes restaurantes, pero quizás al ser un día entre semana muchos negocios no abrían hasta la noche. Solamente encontramos un restaurante, especializado en pescado, llamado Casablanca. La comida estuvo bastante buena y, siendo los únicos clientes esa noche, nos atendieron fenomenal.