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LA ISLA DE DJERBA EN 17 TAXIS 🧭 Blogs de Tunez
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Diario: LA ISLA DE DJERBA EN 17 TAXIS  -  Localización:  Tunez  Tunez
Descripción: El diario de viaje más taxista jamás escrito
Autor: Chungking   Fecha creación: 
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Etapas 1 a 3,  total 8
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Etapa: DIA 1: UN POCO DE DJERBA  -  Localización:  Tunez Tunez
Descripción: llegada y unos cuantos datos de la isla
Fecha creación: 18/01/2020 10:25  
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Vuelo El Prat BCN – París Orly con Vueling, de 8’20 a 10’10 horas
Vuelo París Orly – Zarzis Djerba, de 14’55 a 17’55 horas

Terminal de llegadas de Zarzis: un cartelito con el nombre de Dar Dhiafa es sujetado diestramente por un taxista yerbano, con el fin de indicarnos que él es el enviado de Chiara, la propietaria italiana del hotel donde nos vamos a alojar las próximas 7 nuits.

Durante el recorrido desde el aeropuerto, ya nocturno a las 6 de la tarde, no encontramos ni tráfico ni iluminación por las carreteras, ni un alma por las calles del par de pueblos atravesados, exceptuando algunos isleños sentados en la terraza de alguna cafetería, y algunas siluetas bajo las luces de pequeñas tiendas de comestibles, quincallería, droguería, o de todo un poco.


Igual de diestro al volante de su taxi (1º) amarillo, nos aparca en 20 minutos en el Dar Dhiafa, hotel con encanto de Erriadh, antiguamente Hara Sghira, un apacible y prometedor pueblo del centro de la isla, conocido por la sinagoga de La Ghriba, y por las creaciones de decenas de artistas urbanos de todo el mundo, que embellecen, por lo general, los muros de los callejones de una parte del pueblo, transformada en una galería de arte al aire libre llamada Djerbahood


El hotel Dar Dhiafa, es una hacienda tradicional de la isla llamada “menzel”, de forma rectangular con muros encalados, situada justo frente a la mezquita de Erriadh, formada por 5 viviendas que estaban abandonadas, y fueron rehabilitadas por los dueños uniéndolas por patios, arcadas, bóvedas y cúpulas. Los “menzel” son casas rurales yerbanas, levantadas a modo defensivo a lo largo de la historia por los isleños que se alejaban de la costa, ante los continuos ataques provenientes del mar. Son construcciones familiares aisladas y dispersas, generalmente situadas alrededor de las mezquitas, y pensadas para albergar varias generaciones. Se componían de una o varias habitaciones llamadas “houch”, edificadas en el centro de huertas, campos u olivares, a las que se le añadían en ocasiones, talleres, graneros, molinos, aljibes, etcétera, y se cercaban de caballones de tierra o altas tapias de barro y chumberas.


El mítico viajero del siglo XVI, el converso León el Africano, con cuyas aventuras recuerdo habérmelo pasado en grande hace años, leyendo el libro del escritor franco libanés Amin Maalouf, describió el habitat y la actividad de Djerba, de manera bastante similar a lo que fue la isla hasta mediados del siglo XX, y de la que todavía quedan vestigios hoy en día: “Djerba es una isla cercana a tierra firme [...] guarnecida de una infinidad de viñas, dátiles, higos, aceitunas y otros frutos. En cada uno de los terrenos, se construye una vivienda, y la habita una sola familia, ciertamente se encuentran algunas aldeas pero pocas tienen muchas casas juntas. Esta región es pobre, pero con un gran trabajo se consigue regar con algunos pozos profundos”.


Tras la independencia de Túnez en 1956, la no inclusión de Djerba en los planes de desarrollo del gobierno, por cuestiones de rivalidades políticas, la falta de infraestructuras, industria, servicios, escuelas, etc., provocó la emigración de una gran parte de su población activa a mediados de los 60, principalmente a Francia, y más concretamente al área metropolitana de París. No es hasta los años 70, en que se comienza a dotar a la isla de servicios básicos, y comienzan a asfaltarse las carreteras, construirse escuelas y hospitales, ampliarse el aeropuerto, instalarse alumbrado, etc., cuando las aldeas empiezan a convertirse en núcleos urbanos, y las playas del nordeste en la espantosa “zona turística”, actualmente un ghetto guiri monstruoso que parasita la totalidad de ese litoral de la isla. El desarrollo, como siempre, trajo sus beneficios pero también sus males, como el uso del plástico, prohibido en forma de botellas y prácticamente inexistente en bolsas, hasta entonces, y que ahora pueblan la isla, desperdigadas por los campos y las orillas del mar.


La isla de Djerba es lisa como una tabla, y aunque algunos enfermos de pareidolia, le ven la forma de un molar con raíces, yo veo un cerdo sin los jamones traseros, de unos 25 kms de largo por 22 kms de ancho, con una extensión de 514 km2 como nuestra isla de Ibiza. Situada en el Golfo de Gabés a 2 kms de la costa de Túnez, se comunica por transbordador desde la ciudad de Ajim con la ciudad de Jorf en el continente, y por una “calzada romana”, construida por las legiones del imperio allá por el siglo III a.c., de 7 kms con agua a ambos lados, desde la ciudad de El Kantara, y a cuya entrada/salida también hay que pasar un puesto de control de la policía.


La población de la isla es de la etnia bereber, primeros habitantes de la isla, y a diferencia del resto de Túnez que son de confesión sunita, grupo mayoritario del islamismo, son musulmanes ibadíes, minoritaria rama de los jariyíes, uno de los tres grupos junto a sunitas y chiitas que conforman la religión musulmana. Los ibadíes, rechazan la violencia contra personas y animales, motivo por el que ni ha habido ni hay ningún miembro entre la filas de Al Qaeda o el Isis, y de los que solo quedan practicantes en el sultanato de Omán, Zanzíbar, y algunos islotes norteafricanos como Djerba. Aunque hoy en día los partidos islamistas, tanto moderados como fundamentalistas hayan crecido y se hayan afianzado, 8 años después de la dictadura, la legislación tunecina protege a todas las religiones, y prohibe la incitación al odio religioso o racial.


Hay 300 mezquitas en Yerba, de las que menos de la mitad están en uso, con una visible identidad propia, blancas pintadas con yeso y agua de cal, sobrias y sin detalles superfluos ni motivos geométricos, sin techos ni minaretes altos, sin ornamentación, con formas insólitas poco ortodoxas y cúpulas blancas. La mayoría son pequeños y sencillos templos rurales, pero las hay también subterráneas como la de Jemaa Louta, cerca del pueblo de Sedouikech en dirección a El Kantara, o fortificadas para resistir ataques, como la de Jemaa Fadhloun en las afueras de Midoun, la segunda ciudad de la isla, o la mezquita del pueblo de El May, cerca de Erriadh.


También existía en Túnez una gran comunidad judía de unos 100.000 miembros hasta mediados del siglo pasado, en que se redujo drásticamente por la creación del Estado de Israel en 1948, y las contiendas contra los árabes, la guerra del Sinaí en 1956 y la guerra de los 6 dias en 1967. Actualmente, coexistiendo en paz con los musulmanes, quedan en Yerba unos 1200, que rezan en la importante sinagoga de La Ghriba, segundo templo más sagrado para el judaismo.


Por su situación entre el mediterráneo y el Sahara, la isla disfruta de un clima mediterráno semiárido, con una media anual de 20 grados, y variaciones entre los 30 de máxima y los 8 de mínima. Con inviernos suaves, más benignos que en el resto del país, de Djerba se dice que tiene una quinta y majadera estación con sequía extrema, brisa marina, fresco a la noche y rocío de madrugada. Las lluvias se dan unos 40 días al año, mayoritariamente entre setiembre y diciembre, y la estación seca sin una gota de agua y con el siroco cargado de arena desértica, desde el mes de abril hasta acabado el verano.


Para comer encontrareis tajines y cuscus de pollo, cordero o pescado; briks de pasta filo rellenos de atún, marisco, carne o espinacas, y huevo; buen pescado a la plancha como doradas, mero o lubinas; carne de cordero; calamares encebollados para chuparse los dedos; pulpo; camarones; ensaladas como la mechouia de berenjenas, tomates, calabacines y cebolla asadas, aliñada con ajo y aceite; sopas, y pequeños platillos que sirven de cortesía a modo de aperitivo con salsas como la harissa con ajo y guindilla, o hechos de verduras asadas con aceite; dátiles, ...


Entre pitos y flautas se hacen las 8 de la noche, y como en Erriadh no hay calles a esa hora, entramos en el restaurante del hotel. La carta sorprende por lo cara, porque aunque no conocemos todavía nada de precios y costes, los 10 euros por un costillar de cordero y los otros 10 euros por una dorada, a pesar de la excelencia, me los imagino desorbitados para la isla.
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Ver Etapa: DIA 1: UN POCO DE DJERBA



Etapa: DIA 2: LA GHRIBA, EL SOUK, Y LA “ZONA TURÍSTICA”  -  Localización:  Tunez Tunez
Descripción: Sinagoga de La Ghriba, el zoco de la capital, y el guetto turístico de la isla.
Fecha creación: 18/01/2020 10:52  
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Son las 6 de la mañana, y después de la primera llamada a la oración del muecín, que me ha despertado a mí y a los gallos, estos se ponen a darme la brasa kikirikeando por si se me ocurre tratar de volver a coger el sueño. Como para el desayuno aún falta una hora, aprovecho para rondar un rato, y salgo del menzel para examinar la actividad temprana del pueblo.


En los callejones de paredes blancas y árboles en flor, se detecta luz y movimiento en los interiores de las casas, y de vez en cuando cruza algún yerbano motorizado, precedido por la pedorreta que emite la pequeña cilindrada de su motocicleta.


Al llegar a la rotonda del centro, en la carretera que atraviesa el pueblo, los comercios y cafeterías ya están abiertos, y hay personas apoyadas en cuclillas contra las fachadas, supongo que a la espera del transporte hacia sus labores diarias, mientras un repartidor aparca el vehículo para dejar provisiones en una tienda.


De regreso al hotel, me vuelvo a meter por los callejones retorcidos y estrechos, paladeando las paredes encaladas con pinturas, los rinconeros árboles floridos, y en especial, el universo de las puertas tunecinas que, además de contrastar cromáticamente con la blanca austeridad exterior de las casas, concebida para mantener secretismo sobre el interior, también contrastan con este mismo propósito de discreción, ya que tradicionalmente en Túnez, la decoración de las puertas reflejaba la fortuna, prestigio y felicidad de sus moradores.


Trabajadas puertas de metal con símbolos o dibujos calados, o puertas de madera de palmera reforzadas con planchas de metal, tachonadas o claveteadas con motivos de complejo diseño, muestran sobre fondo generalmente azul, aunque también mostaza, amarillo o verde, protectoras manos de fátima o jamsas, medias lunas, estrellas, plantas, flores, palmas, animales, figuras geométricas ...


Tras un desayuno, como era previsible carente de buen café, pero básicamente correcto: pastas, frutas, lácteos, algo de embutido, pan, mermeladas, huevo duro, .... nos acercamos a la cercana sinagoga de La Ghriba, a media hora a pie del hotel. En el camino, adolescentes del pueblo salen huyendo entre risas de mi cámara, nos cruzamos con grupos de estudiantes camino del instituto, comerciantes trajinan con sus mercancías, peluqueros castañetean sus tijeras, y unos pollos en sus jaulas esperan el patíbulo.


En La Ghriba, más allá de una garita con un arco detector y un puesto de control con bloques de hormigón, con un amable policía que nos da la bienvenida, -en el 2002 un atentado de Al Qaeda con un camión cargado de explosivos, mató a 15 alemanes, 5 tunecinos y 2 franceses-, dejamos atrás el arco de entrada al recinto blanquiazul, con una menorá pintada, el candelabro de 7 brazos, símbolo y objeto ritual judío desde la antiguedad, pero también emblema del Estado de Israel, y frente al edificio de las oficinas y las habitaciones para los peregrinos, entramos en un templo oscuro de heterogénea y recargada decoración, que nos recibe con una mística y rancia atmósfera, y un abrumador bombardeo estético de maderas, arcos, vidrieras, exvotos, lámparas, legajos, kipás, urnas, pañuelos, azulejos, candelabros, penumbras, velas, tallas, columnas, colores, plegarias, torás, ...


La sinagoga recibe en primavera, para la fiesta judía del Lag Baomer, a peregrinos de todo el mundo, pero especialmente a judíos tunecinos que residen en Francia e Israel, ya que la fiesta de La Ghriba es una celebración joven, pero sobre todo una excusa para que mitiguen la nostalgia aquellos que tuvieron que emigrar. La celebración que dura dos dias con sus respectivas madrugadas, es en realidad una fiesta en la que participa también todo el pueblo de Erriadh, la mayoría musulmanes, e incluye ofrendas y ruegos, bailes y cánticos, banquetes y procesiones, pero también reencuentros y negocios, y rituales como el de besar el Hejal, el mueble donde se guardan los rollos de la Torá, o tradiciones como la de escribir deseos o citas de la Torá en huevos que luego introducidos en un nicho de una pared, se cuecen al calor de las velas y lámparas de aceite. Luego al comerlos, se supone que el deseo se cumplirá al cabo de un año. Esta “tradición” es especialmente prescrita a las mujeres que desean conseguir un esposo o un hijo.


Aunque se especula con orígenes en los tiempos de Cristo, milenio arriba milenio abajo, el templo actual es de mediados del siglo XIX completado con reformas de las décadas siguientes. De aire mudéjar con blanquiazules locales, las dos salas están formadas por una sucesión de arcos de herradura sobre columnas lisas de color añil bajo un triforio, la parte superior de las columnas, con paneles de azulejos de distintos diseños, que enmarcan grandes vitrales, y techos de madera verde de los que cuelgan arañas de cristal, coronando toda la estancia.


Ocupando casi toda la parte central de la pared de la sala de oración, donde está el estrado de la “bimah”, el púlpito, se encuentra un gran gabinete con el arca que contiene los rollos de la torah, saturado de placas de plata con inscripciones, y fotografías de feligreses.


Al entrar en La Ghriba, que significa “la maravillosa”, se presenta un recepcionista que te informa de la obligación de descalzarse, y te señala una caja con pañuelos para cubrirse el pelo las mujeres, otra con “kipás”, la mini boina judía, para cubrirse la coronilla los hombres, y luego un revuelto de billetes y monedas amontonado sobre un banco, mientras un par de ancianos con los ojos cerrados, sentados en la gran sala principal, escuchan a otro que está sumido en una escalofriante y desgarradora lectura de los textos de la Torá, que pone los pelos de punta.


Tras la visita y las fotos, devolvemos los accesorios a sus cajas, y regresamos a nuestro espacio tiempo, dejando atrás los campos con olivos, palmeras y cabras que rodean la sinagoga, los bloques de hormigón, la garita de control y el puesto de la policía, y tomamos la calle de vuelta al pueblo.


De camino, un taxi (2º) vacío pasa en dirección contraria, y un gesto de la cabeza basta para que gire y de la vuelta. Nos montamos y tras conseguir entendernos con el hombre, recorremos los 8 kms de distancia que hay hasta el zoco de la capital, Houmt Souk, por 1’5 euros.


Houmt Souk, en árabe “el barrio del mercado”, capital de la isla con unos 45 mil habitantes en el núcleo urbano, no deja de ser un pueblo grande de casas encaladas de media altura, callejuelas, preciosas mezquitas yerbanas, y por supuesto mercados, el zoco con una parte al aire libre y otra cubierta, organizado como todos los souks árabes por sectores de gremios de artesanos, joyerías, cerámicas, especias, ropas, etcétera, y el mercado local mucho más popular de los lunes y los jueves, que se extiende desde el zoco hasta casi el fuerte español al lado del mar.


Houmt Souk es el único punto de la isla, junto a Midoun, donde poder encontrar un hipermercado tipo occidental, el Carrefour, para poder abastecerse de productos de infieles y sobre todo, de cerveza o alcohol, ya que no se vende en ningún bar, restaurante, tienda o pequeño super de la isla. Así mismo, en la capital es donde están radicadas la mayoría de agencias de viaje y tour operadores, donde poder contratar sin ningún problema, tours a partir de 2 dias o excursiones de 1 día al continente, sobre todo al sur de Túnez, saliendo de la isla por la calzada romana de El Kantara.


Nada más bajar del taxi, en la esquina de la calle donde están los primeros puestos callejeros de cestería y comercios del zoco, caemos en el error de aceptar la invitación de un garrulo bautizado como Abdul, de verborrea multilingüe, a entrar en la tienda llamada Fátima. A medida que van pasando los minutos, y viendo que no tenemos una cesta rebosante de chorradas, el individuo comienza a insistir con mira esto, mira lo otro, te traigo esto, te traigo lo otro, calidad, barato, ... al tiempo que trata de agigantarse subiendo el volumen de la voz, mientras se le agarrotan los músculos faciales, le aparecen rictus amenazantes en la jeta, y rayando en la agresividad, toca un brazo y obstaculiza la salida poniéndose delante. Tranquilidad, un par de bastas, tres gestos de stop, y poniéndole un espejo delante, la cosa no va más allá, y nos largamos del Shopping Center Fátima, dándole la espalda al excitado Abdul.


En el resto del zoco todo normal, con mayores o menores grados de pesadez, pero sin traspasar nunca límites desagradables. Recorremos un rato la lonja de pescado, los callejones, y nos sentamos a tomar café en la bonita y animada terraza de un bar local de una plaza, y pasado el mediodía, salimos de allí con unas babuchas de piel de 5 € y otras de 12 €, tras regatear un buen rato por los ridículos 45 € que pedía el tendero, amparándose en el exquisito trabajo artesano del calzado.


En Djerba, la hora de la comida es hasta las 2 y media, por lo que a la 1 y media del mediodía, echo un vistazo en el maps offline a restaurantes de la isla, y nos largamos, como no en taxi (3º), al restaurante Chez Chouchou en la “zona turística” de Midoun, a 17 kilómetros del zoco. Pagamos 3 euros por el taxi, que nos deja en la puerta, y nos sentamos a comer en las mesas del exterior. En el restaurante, bastante sencillo, hay mucha gente local y algún turista suelto comiendo espaguetis. Comemos bien, y una dorada con acompañamiento y un cuscus de cordero con agua y pan, nos cuesta la friolera de 10 €.


Veinte minutos a pie entre muros blancos de resorts y hoteles spas vacíos, nos cuesta vislumbrar las aguas del mediterráneo. A medida que nos vamos acercando a la orilla, un camello infantil va viniendo hacia nosotros, hasta que al llegar a la altura de unos hierbajos, gira y se pone a rumiar. Al alcanzar la orilla, se nos acerca caminando otro camello llamado Karim, agarrando a un caballo por las riendas, y sin saber como, mi compañera acaba cabalgando a la orilla del mar mientras el camello Karim, que no para de hablar en italiano, me indica como y en que puntos hacer fotos, y me ofrece montarme en otro caballo, o en otro camello, o en un burro, o en él, o a posar al lado del caballo, o a hacerle una foto a un camello haciendo el pino, o a que el caballo me haga una foto a la orilla del mar, o a hacernos un selfie todos juntos, caballos, camellos, nosotros y él.


Le digo que no doscientas veces al taladro, y al acabar el paseo y desmontar de su camello una pareja de franceses que iban unos metros delante nuestro, se pone sin disimulo delante mío para impedir que vea lo que la pareja le paga por el paseo al camellero. Le pregunto que cuanto le debemos, y ni corto ni perezoso suelta que 140 dinares, o sea 45 €. Sin mucho esfuerzo calculo que si cada media hora el fenómeno se llevase 45 €, ganaría por una jornada diaria de 8 horas, 720 €, o sea 21.600 € los meses de 30 dias, 22.320 los de 31, y 20.160 los febreros no bisiestos. Lo comparo con los 3 € que nos han costado los 17 kilómetros de taxi desde Houmt Souk, o los 10 de la comida para dos del restaurante, y muy a mi pesar, acaba recibiendo 14 € por la broma.


Nos relajamos un rato en la playa, donde no paran de pasar jinetes ofertando cabalgadas, y ya de regreso a la carretera para buscar otro taxi, caminando por las calles desiertas entre los hoteles vivos o muertos, un tipo se levanta cuando pasamos, y se nos acerca para informarnos que es de Marruecos, que tiene tabaco y hachís, y me ofrece una moneda de 2 € mientras me pregunta que cuantos dinares son. Rechazo el timo, la moneda y la conversación, y continuamos hacia la carretera.


En el salon de té de un complejo hotelero amarillo que pone Tapis Volants, en la rotonda de la carretera en dirección a la playa y la carretera a Midoun, tomamos un par de magníficos expresos de Lavazza, antes de coger otro taxi (4º) para acercarnos hasta el Carrefour Express, el pequeño de los dos Carrefour que hay en Midoun, situado en el centro. No hay cervezas, pero compro alguna cosa para solucionar cenas. En las escaleras de la salida, mientras embolsamos la compra, otro individuo se para a preguntarnos de donde somos, a escuchar que de Barcelona, a exclamar españoles!!! como si fuese catedrático de Geografía, a informarnos de su nacionalidad marroquí, y a ofrecernos, sin ningún tapujo entre la gente que pasa por la calle, marihuana de la buena.


Son las 5 y media de la tarde en Midoun, y el sol se pone en Túnez. Hay mucho movimiento de gente que acaba el día, y tráfico en las calles, y en una parada de taxis en un descampado al lado de la carretera, hablamos con uno de tantos y regresamos a nuestro Erriadh o Hara Sghira como más guste, el tranquilo y silencioso pueblo pintado. El taxi (5º), como los anteriores pero más veloz, nos deja honestamente en el bonito portalón antiguo de madera del Dar Dhiafa, por 2’5 €. El resto son un par de cervezas, algo de wifi en las acogedoras salas del vestíbulo, porque a las habitaciones no llega la cobertura, algunas llamadas telefónicas, y unas cuantas letras.
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Ver Etapa: DIA 2: LA GHRIBA, EL SOUK, Y LA “ZONA TURÍSTICA”



Etapa: DIA 3: LA GUERRA DE LAS GALAXIAS Y KSAR GHILANE  -  Localización:  Tunez Tunez
Descripción: recorrido por los ksars de Tataounie y Ksar Ghilane en el Sahara
Fecha creación: 18/01/2020 15:03  
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Son las 5 y media y estamos con una bolsa de picnic que nos han dejado preparado en el hotel, y un expreso en la mano, que nos ha hecho el vigilante nocturno, esperando a que nos recojan a las 6 de la mañana, para hacer la primera excursión del viaje de 1 día de duración, contratada en Viator, con destino al KSAR GHILANE al inicio del Sahara, y paradas en Toujane, Matmata y Tamezret. Salgo fuera a fumar un cigarro, y viendo el cielo harto de estrellas, pienso que le causaría un síncope a cualquier astrónom@.

A las 6 o’clock, un todoterreno para en la puerta y Nader el guía nos saluda, y tras un breve charla en inglés nos informa que seremos 4 en total, nosotros dos y una pareja de franceses, a los que hay que ir a recoger a la “zona turística”. Media hora más tarde, entramos en la calzada romana de 7 kms que conecta la isla con el continente, acompañados siempre por la tubería que abastece de agua a Djerba.


EL TOUR

Nada más pisar el continente, el guía y el conductor paran en una cafetería a tomar un café y sorpresivamente desplegan un mapa de la zona encima de la mesa, comunicándonos una variante del tour que habíamos contratado, y ofreciéndonos una ruta alternativa por Chenini y Tataouine, lugares para los que ya teniamos un tour contratado dos días después. Cuando pregunta a los franceses, que les habían pagado el tour directamente a ellos en la puerta de su hotel, y responden que Chenini y Tataouine, nos damos cuenta de que tratan de calzar dos rutas con un montón más de kilómetros en un tour de 1 día. Informamos que ya tenemos una excursión dos días después para ver exclusivamente Chenini y Tataouine, y nos ceñimos a las visitas reflejadas en nuestro tour. A pesar de ello, ya en ruta y sin posibilidad de renuncia, acabamos concediendo el paso por Chenini y Tataouine, si se cumplen todas nuestras visitas.

Unos 100 kms de carreteras después, observando continuamente a izquierda y derecha puestos de familias de la zona vendiendo bidones de plástico de gasolina libia, sobre los que las autoridades tunecinas hacen la vista gorda, entramos en la tierra de


LOS KSARS

Visita obligada del áspero, ocre, pedregoso y desértico “Gran Sur”. Los Ksar son ciudades de adobe fortificadas, normalmente construídas en las cimas de las montañas por cuestiones defensivas, aunque también las hay de llanura, que contenían básicamente las viviendas de la gente del pueblo más edificaciones comunitarias como granero, mezquita, baños, horno y tiendas, y a las que generalmente tan solo se podía acceder por una puerta de entrada. Construídos en origen por bereberes que huyeron hacia las montañas desde las llanuras al ser invadidas por los árabes, o por seminómadas con el fin de guardar sus pertenencias y enseres durante la trashumancia, se abandonaron al perder su razón de ser al convertirse al sedentarismo.


Las edificaciones más atrayentes de los Ksars de montaña son los graneros formados por varios pisos de cuevas abovedadas con sencillas y empinadas escaleras interiores o exteriores de acceso, que constan de nichos apilados que constituyen una estructura llamada “gorfa”, cuya unión vendría a constituir en conjunto el granero, y por extensión los Ksars, si se le suman las casas cueva situadas alrededor.

Las 200 estancias de almacenamiento, o sea gorfas, que tenían de promedio los Ksars, se ubicaban en un patio al que se accedía por un pasillo que partía de la única puerta de entrada del Ksar, aunque algunos más grandes, como el famoso Ksar Ouled Soltane, que disponían de un segundo patio, llegaban hasta las 400. Abovedadas y con unas dimensiones de unos 5 metros de profundidad por 2 metros de alto y 2 de ancho, construídas en piedra y yeso y revocadas de barro, mantenían un interior seco y fresco que permitía almacenar comida para los periodos de sequía. Los cereales se almacenaban en la parte inferior separados por muretes, y en estantes o colgadas en “perchas” de madera de olivo en las paredes, y ventiladas por agujeros, quesos, olivas, etcétera. Las estancias no se comunicaban, excepto que fueran propiedad de un mismo propietario y, en ocasiones, disponían de algún compartimento o espacio secreto, para guardar objetos de valor o bienes más preciados.


Las “gorfas”, en castellano algorfas, cuya definición académica es “Cámara alta, para recoger y conservar granos”, servían de despensa y en ocasiones de dormitorio, y a pesar de la propia protección de los Ksar con su natural camuflaje, -mismo relieve y tono que la montaña-, altura, y difícil accesibilidad, eran vigiladas por guardias contratados por la comunidad cuando los vecinos debían pasar días fuera para comerciar, pastorear, etcétera. En los Ksar, en plural Ksour, también se socializaba y se comerciaba, especialmente durante los mercados semanales, e incluso se adecuaban para realizar celebraciones y festejos.


Primera parada: foto de TOUJANE

Pasamos Toujane, y en una curva elevada de la carretera, el conductor aparca para que echemos un cigarro, un vistazo y unas fotos al pintoresco pueblo bereber, colgado en las ladera de una montaña sobre el wadi, el valle. Con la mitad del pueblo en ruinas, la villa todavía se mimetiza más con la ladera de la montaña sobre la que se asienta, que domina una garganta de palmeras datileras. No volvemos atrás para entrar a este pueblo que parece olvidado del mundo, aunque hubiera estado bien una visita para recorrer sus calles y ver las alfombras bereberes artesanas que tejen las aldeanas, que le dan un poco de fama a este bonito y semifantasmal pueblo.


Segunda parada: el hotel de La Guerra de las Galaxias de MATMATA

En el vale de nuestro tour constaba incluida la entrada para visitar una vivienda troglodita de Matmata, sea o no turística o auténtica, y la entrada para visitar el Hotel Sidi Idriss, en origen vivienda subterránea bereber, que fue transformada posteriormente en el hotel en el que George Lucas rodó escenas de la primera película de La Guerra de las Galaxias, convirtiendo alguna de sus estancias en la casa cueva de la familia del niño Luke Skywalker del planeta Tatooine, un polvoriento planeta perdido de la galaxia, cobijo de traficantes, mercenarios, chatarreros, maleantes galácticos y solitarios, cuyo nombre está extraído del cercano pueblo de Tataouine. También, algunas costumbres, prendas, arquitectura y paisajes de la zona, le sirvieron de inspiración a Lucas para el rodaje de la mítica película, como por ejemplo la simbólica capa marrón con capucha de los caballeros Jedi, similar a la de los campesinos de la zona.


Al finalizar el rodaje, los decorados se retiraron, pero se volvieron a reconstruir para las secuelas de “El ataque de los clones” del 2010. Desde entonces, el hotel se aprovecha de ellos, explotando de manera algo patética aunque comprensible, la idolatría a la saga, con algunos decorados, fotografías de los actores en las paredes, o atrezzo y vestuario de la película para hacerse alguna foto vestido de Darth Vader, o sentado en la mesa donde comía Luke Skywalker. Aunque no tengo ni idea de lo que hay de decorado y de vivienda original bereber, la visita al cráter bajo el suelo es simpáticamente agradable y el coso subterráneo bereber es interesante de ver.


Las viviendas subterráneas de Matmata, paradigma de este tipo de construcciones, curiosamente no fueron objeto de atención para el resto del mundo, hasta casi su práctica desaparición en 1967, por el excepcional diluvio de casi un mes en el desierto del Sahara, que inundó Matmata y casi todos los conjuntos de casas excavadas bajo el suelo, concebidas así con el fin de pasar desapercibidas para los enemigos, ya que con el soterramiento se conseguía que estos pasaran de largo, al ser invisibles a distancia.

Funcionalmente, las viviendas subterráneas permanecían protegidas del viento, los rayos solares y las tormentas de arena del desierto, además de que por la propia estructura enterrada, el espacio quedaba aislado térmicamente manteniendo una temperatura y humedad constantes a lo largo de todo el año. Un pozo en el patio central recogía la lluvia para abastecerlos de agua.


Otro importante porqué de estas viviendas, sería la facilidad de construcción en comparación con la edificación vertical, ya que el terreno calizo, blando y seco de la zona, era fácilmente trabajable, y tan solo había que vaciar un pozo circular o cuadrado a suficiente profundidad, al que una vez acabado, solo había que excavarle las habitaciones.


Cada una de estos cráteres vivienda trogloditas podía dar cobijo a unas 100 personas, que además de utilizar el patio como espacio comunitario lo podían hacer servir como zona de almacenamiento. Los patios centrales del cráter variaban lógicamente de tamaño en función de los habitantes o uso, siendo excavados a diámetros de entre 9 y 40 metros a profundidades de entre 6 y 12 metros, suficientes para disponer de habitaciones y estancias de una altura de unos 2 metros y medio. De los patios, salía el túnel en rampa que llegaba hasta arriba, por el que entraban y salían haciendo rodar una gran piedra que taponaba la entrada.


Aunque la mayor parte de la población abandonó estas viviendas tras las inundaciones, para construirse casas en la “Nueva Matmata”, estos cráteres convierten la zona en una auténtica superficie lunar. Actualmente, las únicas familias que quedan en las viviendas troglodíticas viven de los ingresos que proporciona el turismo, lo que obviamente hace que la mayoría de las pocas cuevas visitables que quedan, estén “preparadas” para recibir al turista.


Al acabar la visita al hotel Star Wars, el chófer arranca y sale disparado de Matmata, pasando de la visita a una vivienda cueva incluida en nuestro tour, mientras Nader el guía nos señala con la mano el rugoso relieve que vamos dejando atrás, hablándonos de las catastróficas e inusitadas inundaciones de finales de los 60. A 12 kms por la carretera, pese a tener también una visita incluida al Museo Bereber de Tamezret, el vehículo pasa de largo, y se detiene medio kilómetro más allá del pueblo en una cafetería de la carretera llamada Portail Sahara, para hacer la


Tercera parada: foto de TAMEZRET

Mientras tomamos un té con almendras, me subo a la azotea de la cafetería para poder al menos ver Tamezret, uno de los pocos pueblos de Túnez donde todavía se habla bereber. Desde la terraza, se tiene una buena vista de la villa enfundando la colina, un laberinto de casas del color de la tierra recorridas por callejuelas sinuosas casi invisibles, que ascienden hasta la mezquita en la cima.


Tamezret, menos turístico que Matmata, también es un queso gruyere, agujereado con antiguos túneles y pasadizos secretos horaradados por los bereberes para escapar o esconderse de los ataques de otras tribus, y con viviendas trogloditas excavadas en la montaña, como el visitable Museo Bereber que no pudimos ver por las prisas para calzar los kilómetros extras de la inesperada e interesada nueva ruta en el tour.


Diez minutos después, volvemos a meternos en el cohete para recorrer los desérticos 95 kms de distancia hasta el punto de destino del tour, donde haremos la comida del día


Cuarta parada: el turistoasis de Ksar Ghilane

El oasis más al sur de Túnez, llegando por la carretera que baja desde Douz al norte, es el portal del Sahara tunecino. Aunque el testimonio más antiguo del lugar son las cercanas ruinas romanas de la antigua Tisavar, quizás parte de las limas tripolitanas, o sea los límites fortificados del Imperio Romano de África, la historia del Ksar Ghilane actual empieza con la llegada a principios del siglo XIX del nómada bereber que da nombre al sitio, atraído por la fuente al borde de las arenas del desierto. Encantado, Monsieur Ghilane se construyó un chalet fortificado con vistas a las dunas, el Ksar, donde vivió hasta su muerte. Abandonado y en ruinas durante años tras la desaparición del patriarca, el fuerte fue recuperado por los franceses en los tiempos del protectorado para convertirlo en su cuartel militar más avanzado.


Tras verse inmerso en la batalla de Túnez durante la segunda guerra mundial, tal como testimonia un obelisco y una placa que conmemoran la victoria en 1943 del ejército francés sobre las tropas del África Korps del Mariscal Rommel, en los años 50 fue ofrecido a los nómadas que quisieron establecerse en el lugar, y como parte de un proyecto de desarrollo del gobierno tunecino, se plantaron los palmerales datileros.


En la actualidad en Ksar Ghilane viven unas cincuenta familias de nómadas que se ganan la vida con los dátiles, los rebaños de cabras y ovejas, y principalmente, con el turismo, tal como demuestran las cafeterías, restaurantes, campings, resorts, campamentos, ranchos, y el hotel de lujo con tiendas con aire acondicionado, erigidos alrededor del estanque piscina de aguas termales que le da vida al pueblo y a los palmerales. A las puertas de los establecimientos, hileras de quads y camellos esperan su turno para saciar las ansias de aventura de los visitantes sobre las dunas, que se extienden desde el oasis, machacando a cualquiera de los muchos escarabajos del desierto que dejan sus huellas en la arena.


Descartando quads y camellos, gastamos una hora en pisar la arena del Sahara y en aprovechar que es la temporada del dátil para recorrer los palmerales, en los que palmereros y recolectores se afanan en recoger los racimos de frutos dorados de las palmeras. Dedicamos otra hora a la comida en uno de los restaurantes del estanque, con una buena tajine, un brik de espinacas y huevo duro, y unas cervezas; y retomamos la doble ruta del día.


La conclusión de la visita es que si no eres mayorista de dátiles, tienes intención de pegarte un paseo por la arena del desierto en camello o quad, o pasar una noche disfrutando del sublime cielo del Sahara al calor de una hoguera, a uno no se le ha perdido nada en Ksar Ghilane.

Por la pista de 70 kms de tierra y baches que enlaza el oasis con Chenini, llegamos cocteleados al bar restaurante Mabrouk en la carretera, para hacer la


Quinta parada: foto de Chenini

a los pies de la montaña de la ciudad antigua. Aprovechamos el cuarto de hora de la parada para utilizar los servicios del local, hacer un par de contrapicados de la fantástica antigua fortaleza troglodítica de Chenini con su mezquita blanca en la cumbre, y gastar unos minutos fumando un cigarro y observando como un mecánico local hurga bajo el capó de un todoterreno con pegatinas españolas y matrícula de Murcia. Al acabar el hombre le dice algo en árabe a otro, y este se lo traduce al español al conductor del vehículo: “es necesario pedir una pieza y hay que esperar”. Le deseo suerte, y arrancamos de nuevo rumbo a la próxima parada, a 20 kms de allí.


Sexta parada: un granero de Tataouine

capital de la región de mismo nombre del sur de Túnez, cuya semilla se encuentra en la instalación por el ejército francés en 1892 del cuartel general del Batallón de Infantería Ligera de África. La construcción seis años después de una mezquita, devino inmediatamente en la progresiva aparición de viviendas a su alrededor.


La presencia de viviendas trogloditas subterráneas y ksours típicos de los bereberes de la zona; la fama que le proporcionó George Lucas al otorgarle el nombre de Tatooine al planeta de Luke Skywalker en La Guerra de las Galaxias; la caída en el pueblo en 1931 de un extraño meteorito que dejó 12 kilos de fragmentos; el hallazgo de un campo petrolífero en las inmediaciones del pueblo; y el colorido Festival de los Ksour que celebran los bereberes anualmente en primavera, con carreras y luchas de camellos, danzas y música folklórica, etcétera, son algunos de los acontecimientos que han puesto o ponen a Tataouine en el mapa.


En el platillo negativo de la balanza, la información lanzada por la cadena de televisión norteamericana CNN, de la que se hizo eco la prensa mundial, a raíz del atentado en el museo del Bardo de la capital tunecina en marzo del 2015 que costó la vida a 22 turistas, entre ellos 2 españoles, en la que informaban que el ISIS usaba Tataouine como campamento base para los combatientes que iban y venían de los campos de entrenamiento de Libia, 90 kilómetros al este, y que se habían encontrado en la zona grandes depósitos de armamento y municiones. A pesar de que el gobierno tunecino tachó tajantemente estas informaciones de falsas y sin fundamento, un segundo atentado en el mes de julio en la playa de Sousa que dejó 38 muertos, y un tercero suicida en noviembre del mismo año en un autobús de la capital que costó 13 víctimas más, provocaron el desplome del turismo en el país y el cierre de multitud de hoteles, o que JJ Abrahams director de la séptima entrega de la saga de Star Wars, “El despertar de la fuerza”, cambiara las localizaciones de rodaje habituales en el sur de Túnez, por otras en Irlanda, Reino Unido y Abu Dhabi.


Entramos en el núcleo urbano de Tataouine, y tras coger una calle que asciende hacia la parte alta en el norte del pueblo, llegamos a la entrada de un granero abandonado entre las últimas casas de la población, parte del Ksar Mguebla. A pesar del abandono, el granero todavía mantiene su bonita estructura de pisos de gorfas, las estancias abovedadas de almacenaje con las escaleras de piedra para acceder a las de los pisos superiores.


Es nuestra primera visita a uno de estos graneros, y a pesar de encontrarse olvidado y abandonado en medio del pueblo, el lugar nos parece espectacular. El paseo circular por entre los silos oscuros de pocos metros de longitud; las escaleras de subida a los pisos, algunas de ellas rematadas con alas de piedra; el tono dorado de las ruinas a esa hora de la tarde; el silencio del lugar; y la recreación mental de un día de actividad en su época de apogeo, nos hacen irnos del granero del Ksar Mguebla, con la sensación de que ha merecido la pena visitarlo.

Una hora y 77 kilómetros después, ya con la luz anaranjada de la puesta del sol, hacemos la última y breve parada de la ruta,


Séptima parada: foto del lago salado de Sebkhet el Melah

cerca de la población de Zarzis, camino de vuelta a Djerba. Sebkhet el Melah es un pequeño lago salado de 150 kms cuadrados que se encuentra por debajo del nivel del mar. Las sebkhas o sebkhets son típicos de las zonas áridas norteafricanas, donde el agua salina queda atrapada en una depresión y se seca durante el verano. En ocasiones, el agua del mar se infiltra en la cuenca costera, transportando minerales disueltos que luego posan cuando el agua se evapora. Por eso, la gente de la zona ha perforado numerosos pozos a lo largo de los años, con el fin de conseguir especialmente potasa, utilizada para hacer jabón, fertilizantes e incluso vidrio.


Justo en una entrada, donde se encuentra un chamizo que servía de puesto de venta de sal en bruto, en el punto estrecho donde la carretera cruza entre el lago y una extensión del mismo en forma de brazo, paramos unos minutos a hacer una fotos y fumar un cigarro. Las orillas repletas de sal, relucen todavía blancas con el último rayo del sol que desaparece en el horizonte, y al otro lado de la carretera, pegados a la choza, unos neumáticos tirados guardan en su interior los restos de unas cuantas bolsitas llenas de sal.


Reemprendemos la marcha para hacer los 50 y pico kilómetros hasta el puente de Al Kántara de entrada a Djerba, y pasado el puente, dejamos a los franceses en su zona turística, y nos dejan a nosotros en nuestro pueblo de Erriadh. La primera excursión se ha acabado, y el resultado de comprimir dos rutas diferentes contratadas por dos clientes diferentes, para aprovechar el día, ha sido un agotador tour rodante de 600 kilómetros en 12 horas, en los que hemos visto lugares de 2 tours distintos, algunos a la distancia justa para hacer una foto.


Cierro el día, porque además he pillado un buen resfriado, me duele la garganta, y no paro de sonarme y de toser.

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  Últimos comentarios al diario  LA ISLA DE DJERBA EN 17 TAXIS
Total comentarios 20  Visualizar todos los comentarios

Chungking  chungking  25/01/2020 12:57   
Si hubiera podido hubiera vuelto a Barcelona con el Riendo Riendo , pero no pueden salir de la isla. Seguro que me hubiera costado más barato que del aeropuerto de El Prat a mi casa Riendo Riendo . Muchas gracias a tí, Salodari. Muy feliz Amistad

Marimerpa  marimerpa  27/01/2020 13:24   
Fantástico diario. No conocía esta isla y con tu relato ya me hago una idea, de que para visitarla hay que tirar de taxis y de paciencia. Muchas gracias.

Chungking  chungking  27/01/2020 18:25   
Riendo Riendo . Lo de los taxis fue nuestra opción para la isla, al llevar las excursiones contratadas desde aquí, y ver lo que costaban los recorridos de los dos primeros que cogimos. Alquilar un vehículo en la isla, y hacer salidas al sur de Tunez, es una buena opción. Lo que pasó con nuestros tours, pues fue mala suerte, aunque a posteriori, los hubiera contratado allí directamente. Me quedo con lo bueno de todas maneras Guiño . Muchas gracias Marimerpa, por pasarte. Amistad Amistad

Gadiemp  gadiemp  31/01/2020 21:32   
Comentario sobre la etapa: DIA 8: EL MERCADO DOMINICAL Y VUELTA A LA CIVILIZACIÓN
Estupendo diario. Muy bien narrado y descrito y, como siempre, con sus pinceladas de humor "a lo chungking".

Las fotos en tu línea : fantásticas.

Ya le tengo ganas, ya, a Túnez.

5* y un saludo Amistad

Chungking  chungking  01/02/2020 14:20   
Me costará, pero igual por curiosidad le doy al próximo una vuelta de tuerca, y hago el diario de viaje más serio jamás contado, a ver que tal. Espero que te llegue Túnez y muchos países más. gracias Gadi, Amistad Amistad

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Fecha: Jue Jul 02, 2020 11:04 am    Título: Re: Viajar a Túnez

Te dejo enlace a la web de Turismo de Túnez para información COVID-19
www.discovertunisia.co... n-covid-19

Saludos Amistad

breixo
Breixo
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Fecha: Vie Jul 03, 2020 08:24 am    Título: Re: Viajar a Túnez

Ayer Túnez cambió la clasificación de España y parece que ya no será necesaria una cuarentena para entrar en Túnez. Dejo uno de los enlaces de la prensa de hoy en la que leí la noticia. www.publico.es/interna... noles.html "Túnez ha adaptado un sistema de listas 'por colores'. En el caso de España, nos encontramos en la lista verde, que está designada en "bajo riesgo de transmisión", por lo que no se requiere test ni cuarentena, aunque se exige toma de temperatura y formulario de trazabilidad a...  Leer más ...
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Fecha: Vie Jul 03, 2020 08:41 am    Título: Re: Viajar a Túnez

Gracias por la actualización, @Breixo
ANGEMI
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Fecha: Vie Jul 03, 2020 10:47 am    Título: Túnez reapertura fronteras desde 27 Junio

El turismo ya puede regresar a Túnez

Túnez reabrió sus fronteras terrestres, marítimas y aéreas el pasado 27 de junio, después de que el primer ministro Elyes Fakhfakh declarara que el país derrotó al coronavirus.

Las operaciones ya se han reiniciado en el aeropuerto de Túnez-Cartago, de tal manera que se levantaron todas las restricciones de movimiento y de negocios.

www.expreso.info/notic... esar_tunez
ANGEMI
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Fecha: Jue Jul 30, 2020 10:13 am    Título: Viajar a Túnez desde España - Medidas COVID19

Túnez saca España de la lista de países seguros Nuevo golpe al turismo español. El gobierno tunecino degradó hoy la categoría de España y la colocó en el color naranja de riesgo de contagio por coronavirus, lo que en la práctica se concreta en cuarentena obligatoria de quince días y exámenes PCR obligatorios a todos los viajeros. La nueva directiva, difundida por la agencia de control de enfermedades contagiosas, especifica que todo viajero procedente de España, llegue en viaje directo o con escala, deberá presentar una prueba PCR negativa realizada con un máximo de 120...  Leer más ...
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