A las 9h de la mañana bajamos a desayunar al amplio y completo buffet del hotel. Después de desayunar, dimos un paseo por la piscina, que la estaban preparando para la temporada de verano.
Tras recoger todo y despedirnos de los simpáticos trabajadores de la recepción, cogimos el coche para ir al "Parking lot" al lado del cementerio Ouled Farhane. Es un buen sitio para dejar el coche. Una vez que pasamos la muralla, nos encotramos con la gran mezquita de Kairouan. Ahí un simpático chico nos preguntó lo que sería un clásico a partir de ese momento, ¿Italianos? ¿Madrid o Barcelona? Hala Madrid... para empezar a seguirnos dando indicaciones. No nos lo quitamos de encima hasta entrar en la mezquita (horario de 8 a 14h).
Al entrar un trabajador que hablaba muchos idiomas, nos cobró 12 dinares (3.5€) por persona. Nos explicó que la entrada incluía la visita a la Bir Barcuta, el mausoleo de Sidi Abid y un museo a las afueras de Kairouan. Nos dijo que escaneásemos un QR para las explicaciones en inglés. Lo hicimos con el móvil con datos.
Esta es la primera mezquita del mundo occidental, del año 680, cuando se fundó la ciudad. El exterior de ladrillo parece una fortaleza, el patio está pavimentado en mármol, con varios colectores para recoger el agua de lluvia. Alrededor del patio hay más de 400 columnas de mármol rosa o negro, procedente de yacimientos arqueológicos, como Cartago. La sala de oración, donde no podemos pasar los infieles, tiene muchas columnas, con sus capiteles con arabescos y del techo cuelgan lámparas de araña.

A la salida de la mezquita, nos abordó otro simpático conversador que ignoramos totalmente, así que se cansó rápido de seguirnos. Callejeamos por la medina en dirección a la mezquita de las 3 puertas. Con su bonita fachada esculpida con caracteres árabes y piedras grabadas o ensambladas con motivos florales.

Luego seguimos hasta llegar a la Casa del Bey, donde un amable trabajador de la tienda de alfombras nos invitó a pasar y nos fue enseñando todas las salas con sus impresionantes techos. No trató en ningún momento de vendernos una alfombra y solo nos ofreció unos pañuelos para el pelo femenino.

Casi al lado se encuentra el mausoleo de Sidi Abid el Ghariani. Nadie nos pidió la entrada; los trabajadores seguían con lo suyo, ajenos a nuestra presencia. Una mujer hablaba por el móvil, sujetándolo con el pañuelo que le cubría la cabeza, sin prestarnos demasiada atención. Recorrimos con calma su patio de mármol blanco y negro, rodeado por arcos bicolores.

Al llegar a la puerta Jaladine, seguimos la comercial calle Habib Bourguiba mirando las tiendas. Nuestro destino era Bir Barrouta, incluido en la entrada. Resultó ser un pozo de agua, pero en la primera planta de un edificio, lo más curioso, es que accionado por un dromedario. Nos hicimos la pregunta que se hará todo el mundo, ¿Cómo han subido al pobre bicho ahí arriba? El pozo se supone sagrado, pero nos pareció que usaban al animal para la turistada y nos bajamos enseguida. Arriba te podías tomar algo, porque hay una cafetería, pero como digo no nos gustó mucho como tienen el animal hoy en día.
Continuamos por la calle comercial hasta su salida por la puerta de Túnez. Luego fuimos bordeando la muralla hasta el coche. Kairouan fue un destino que tuvimos descartado en su momento, pero nos ahorraba media hora de coche dormir allí. Si volviese, tal vez lo descartaría. Es la cuarta ciudad santa de la religión musulmana, tras La Meca, Medina y Jerusalén. Por ello, toda la ciudad gira alrededor de la religión.
Una vez en el coche, tomamos la carretera comarcal C87 con destino a El Djem. Otra vez se puso a llover bastante y cuando llegamos al Parking Publique que hay junto al anfiteatro diluviaba. Eran las 13:30 y mientras nos preparamos para salir a la lluvia, vino un hombre con paraguas para acompañarnos a la puerta. Declinamos la "invitación". Al rato llegó otro, que dijo que cobraba el parking de 5 DTN por todo el día, no nos fiamos mucho, le dijimos que preferiamos pagar después y se fue. Es verdad que el hombre llevaba una tarjeta colgada del cuello y un talonario que parecían tickets.
Salimos bajo la lluvia y rodeamos el anfiteatro en sentido horario, resultando que la entrada estaba en el otro sentido

El anfiteatro es el monumento romano más grande del país, del 238 d. C. Construido con piedra, no aprovecha ninguna montaña como los teatros. Es una copia del Coliseum de Roma, con 148 m de largo por 122 m de ancho, con una capacidad estimada de 35.000 espectadores. Se conserva la infraestructura que soportan las gradas. Tiene el muro del podio, la arena y los pasillos subterráneos, los cuales se pueden recorrer.

Sobre las 14:30 salimos del impresionante anfiteatro y bajo la lluvia buscamos un sitio para comer. Nos decantamos por el El Hana Cafe & Restaurant, que está enfrente de la entrada. El alegre camarero, que presumía de hablar euskera, nos vaciló todo lo que quiso. El sitio estaba lleno y solo quedaban mesas en la terraza, donde hacía algo de frío. Con la promesa que una mesa iba acabar dentro, nos sentamos. Nos invitaron a harissa, aceitunas, pimientos asados y patatas fritas. Sólo tenía comida a la brasa, podías elegir: brocheta de pollo, chuletas de cordero o pescado. Nos preguntó si queríamos verdura, entendimos que para la brocheta, le dijimos que sí y nos trajo 3 platos de tomates, pepinos y cebollas cortados en rodajas. Cada vez que salía alguien me levantaba a ver si había sitio y siempre me decía el camarero, "les queda poco". Total, que acabamos comiendo en la terraza dos platos de chuletas de cordero, una brocheta de pollo, 3 refrescos de cola por 116 DTN. Creo que nos cobró lo que quiso, porque las veces que le pedí la carta, siempre decía, solo hay 3 cosas, no se necesita carta. Eso sí, nos reímos mucho con sus chistes, comentarios y demás ocurrencias.
Al terminar de comer fuimos al coche, como era de esperar, no estaba el vigilante para cobrarnos. Así que nos fuimos sin pagar. Como estaba lloviendo y habíamos pasado frío en la comida, no nos apeteció ir al museo Arqueológico de El Jem. Una pena porque tenía muy buenos comentarios.
Tras salir de El Djem, fuimos hasta la autopista A1, que nos llevó rápidamente hacia el norte. Como llovía, la velocidad máxima marcada en las señales era de 90 km/h. Menos mal que al cabo de unos kilómetros, dejó de llover y pudimos avanzar al máximo permitido de 110 km/h. La A1 tenía más tráfico que la A3 que usamos el día anterior, pero se circulaba muy bien.
Al llegar a la salida Susa sur, el navegador nos indicó que salieramos por ella. Así lo hicimos y se nos hizo interminable llegar a la zona de hoteles de playa. Había bastante tráfico y supongo que callejeamos para evitar los atascos, pero hubo momentos que pensabamos que nos llevaba a otra ciudad.
Por fin aparecimos en un cruce grande donde enfrente había un cartel con el nombre de varios hoteles y una barrera de seguridad. Cruzamos la avenida al estilo tunecino (metiendo morro y parando el tráfico) y los de seguridad nos preguntaron a donde íbamos. Les dijimos que al Marhaba Beach Hotel, nos preguntaron si teníamos reserva y nos tomaron la matrícula del coche. Luego miraron los bajos y el maletero en busqueda de explosivos. No en vano, en los atentados del 2015 asesinaron a 38 turistas, algunos de ellos hospedados en un hotel de la cadena Marhaba. Elegimos este hotel porque en su web ofertaban MP por 349 TND y comparado con el resto estaba muy bien. Eso sí, luego tienes que pagar 12 dinares por noche y adulto. Pagamos en total por media pensión, con tarjeta, 385 DTN (114,08€).
En la recepción nos atenció Mohamed, que trataba de emplear todas las palabras en español que sabía o si no la sabía, nos preguntaba como se decía. Nos dio las tajetas de la policía para que las rellenaramos en una mesa, donde enseguida vinieron a darnos un zumo. Una vez entragadas rellenas las tarjetas y cobrada la estancia, nos dio la llave. Mientras nos habían subido las maletas al típico carro de botones de hotel y nos dijo que él nos llevaba a la habitación. Nos dejó las maletas en la habitación e hizo para que le dieramos una propina, con la que se alegró mucho. En la habitación nos habían dejado una fuente de fruta, coca colas, fantas y una botella de agua grande.
Eran las 17:30 pero seguía lloviendo, así que tras el frío que pasamos en El Djem, no nos apetecía ir a la medina de Susa y descansamos un rato. Más tarde bajamos a ver el hall del hotel, los jardines, piscina y la playa. La verdad es que la playa tenía una pinta muy buena. Lástima que no acompañara el tiempo. Luego jugamos unas cuantas partidas al billar americano (partidas a 2 DTN = 0.60€). Vimos que en la discoteca se preparaba la animación para los niños cuando fuimos a cenar. El horario de la cena era de 20 a 21h para nosotros. Menos mal, porque el primer turno empezaba a las 19h. La cena tenía un amplio buffet con todo tipo de comidas, estando incluidas las bebidas no alcohólicas.
Tras la cena fuimos un rato a la discoteca donde la animación del hotel estaba presentando una actuación de música local. Nosotros tras un rato, nos fuimos a descansar a la habitación. A media noche se levantó un vendaval que sentíamos porque a una de las puertas de cristal de la terraza le faltaba el sellado de silicona, como era tarde nos dio pereza bajar para que nos cambiaran la habitación, así que lo tapamos con papel higiénico.