Hemos tenido mucho viento esta noche, y un portazo de la.puerta del baño, me despierta diciéndome que ya es hora de ir levantándose. Miro el despertador y no son ni las cuatro, todo oscuro,.intento encender la luz pero estamos viviendo in situ, uno de los famosos apagones que se dan en Sudáfrica. Así que recogemos con las luces del móvil y salimos pitando a pasar nuestro ultimo medio día en el Kruger, que penita me da y que cambio ha hecho ese lugar en la percepción que tenía sobre este tipo de viajes.


Esa carretera daba buena espina, y al poco tiempo, una manada de leones. Después de casi tres días en el Kruger, mi olfato de explorador se había desarrollado de forma asombrosa, así que me adelanté a los demás coches, intuyendo que una leona iba a cruzar la carretera. Y ahí la vimos pasar, justo delante de nuestro coche, con ese porte y ese gesto, como de que aquí está la tía. Momento de los que se quedan en la retina.
Desayunamos en un Rest Camp infectado de monos, de hecho las trabajadoras de allí, estaban con tirachinas intentando ahuyentarlos, pero los monos se cachondeaban, jugando al gato y el ratón con ellas.

Tampoco queremos salir tarde, pues son tres horas hasta el Hlane, el parque más famoso de Eswatini.
Y mira por donde, no vimos al esquivo leopardo, pero estuvo muy muy cerca de que lo viésemos en un momento único, pues encontramos su presa, que intuyo la había cazado hacía poco, pero del gato, ni rastro.


El viaje hasta Eswatini, de pm. Allí, en la frontera, escuchamos nuestras primeras palabras en castellano, de alguien que no fuese Rosana o yo. Uno de los trabajadores de la frontera de Eswatini, conocía unas cuantas palabras en castellano, que ilusión nos hizo!!
El paisaje cambia un montón. Allí el verde es el que predomina. Lo que voy viendo del país, me gusta. No hay tanta gente por los arcenes como en Sudáfrica y la carretera está mucho mejor de lo que había leído.
Para ser el país con la tasa más alta de Sida del mundo,.veo todo muy normal y me sorprende gratamente todo lo que vamos viendo. Por cierto, sobre todo extensos maizales.
Y llegamos al Hlane National Park. Concretamente al Ndlovu Camp, una paraíso en la tierra.
La mejor cabaña en la que hemos estado y el mejor alojamiento de toda nuestra aventura , que gusto con todos los detalles, y eso que allí no hay electricidad, pero eso lo hace aún más encantador. Que cama!! Que sábanas!! Que ducha!! Que todo!!!!
