lunes 16 de septiembre
Un día en CHAUEN
Despertamos en Chauen. En la pequeña y tranquila habitación del Al Khalifa. Sin lujos pero muy acogedora. Tomamos el desayuno sin prisas en el pequeño comedor de la planta baja.

Lejos ya de las arenas y las kasbas de barro, estamos preparados para volver a las blancas y azules Medinas del Norte de Marruecos.
Estamos en el lugar perfecto para contemplar y admirar las panorámicas del famoso pueblo azul agarrado a las faldas de las expresivas montañas del Rif.


Tenemos todo el día para descubrirlo.
Cuando nos cansamos de las vistas empezamos a subir por Ras el Maa para llegar a la parte más alta del pueblo y desde allí empezar la visita.
Todo está muy tranquilo a esta hora de la mañana. Los innumerables vendedores van colocando sus mercancías. Los visitantes de Chauen no han llegado todavía.


Cruzamos la pequeña puerta de BAB el ONSAR y enseguida nos sentimos atrapados por los infinitos rincones azules que nos rodean.

Andamos sin rumbo por las postales de Chauen. Escaleras, calles y callejones, fuentes y puertas ... Todo cubierto de azul. todo menos los gatos perezosos que descansan por los rincones.
Disfrutamos mucho de este paseo matutino. Pero, poco a poco, las calles se van llenando de visitantes y ruidos y las paredes se van llenando de coloridos y variopintos objetos destinados a los visitantes.



La pureza minimalista se vuelve barroca y ya se hace más difícil disfrutar del espacio. Difícil saber donde posar la mirada.
Andamos hasta la parte Este de la Medina buscando más rincones mágicos. Coleccionamos preciosas fuentes y nos enamoramos del etéreo Minarete de la blanca Mezquita.

En la parte baja de la Medina, cruzamos el zoco más popular y llegamos hasta la Puerta Sur. Al otro lado hay ruido de coches y vida cotidiana fuera de los intereses turísticos.


Ya ha pasado mediodía cuando llegamos a la
PLAZA UTA EL HAMMAM -
El centro de la Medina. El único espacio llano donde todos los paseantes hacemos parada. Plaza rectangular rodeada de numerosos bares y restaurantes que invitan al descanso.

Domina la plaza la preciosa
GRAN MEZQUITA -
Mezquita del siglo XVI con su curioso Minarete octogonal. La Mezquita sobre la escalera domina la plaza y es también totalmente prohibida para nosotros.


Al otro extremo de la plaza está
LA KASBA -
La majestuosa fortificación del siglo XV que conserva auténticos aires medievales es una interesante visita en Chauen.


En la planta baja un pequeño museo y los cuidados jardines andaluces. Pero lo mejor, subir los tres pisos de la Torre para disfrutar de unas magníficas vistas del pueblo azul y del Minarete de la Gran Mezquita.




Aprovechamos muy bien la terraza de uno de los restaurantes de la plaza para descansar y comer tranquilos frente a la Mezquita.
El pálido sol de la mañana le daba a los azules un aspecto muy armonioso. Ahora una luz muy intensa sobre Chauen nos da una visión distinta mientras andamos el camino de regreso al hotel.



Ya estamos satisfechos con lo que nos ha dado el típico pueblo azul y nos permitimos un rato de calma en el hotel.
Al final de la tarde volvemos a Ras el Maa para curiosear el ambiente junto a las frescas aguas. Las aguas del río Kebir y la cascada de Ras el Maa están llenas de gente que aprovechan los difíciles rincones para acercarse al agua.
Las aguas que, según dicen, sirven para lavar la ropa a las mujeres de Chauen. Pero esta tarde las aguas sirven para refrescar la cantidad de coloridas frutas que se van transformando en deliciosos zumos para los acalorados paseantes. Un entrañable espectáculo.


Con una sencilla cena en la terraza con vistas despedimos Chauen.
El pueblo del que guardábamos un fugaz y misterioso recuerdo. El pueblo que ahora recordaremos como un lugar encantador pero totalmente sometido a los intereses de los turistas.
Y bajamos por última vez la calle hasta el hotel, sin nostalgía por lo que dejamos atrás.