Último día en Islandia, esa noche siguiente a la 1:30 de madrugada cogeremos el vuelo de vuelta.
Tenemos un día nublado que irá empeorando según vamos saliendo de la península, cuando llegamos a las formaciones rocosas de Gerduberg aún no llueve. Es una zona interior de acantilados formadas por columnas de basalto, una larga pared, tiene parking al lado y apenas se desvía uno un par de kms de la carretera.
Tenemos un día nublado que irá empeorando según vamos saliendo de la península, cuando llegamos a las formaciones rocosas de Gerduberg aún no llueve. Es una zona interior de acantilados formadas por columnas de basalto, una larga pared, tiene parking al lado y apenas se desvía uno un par de kms de la carretera.



Ya continuamos de un tirón hasta Reykjavik al que nos quedan unos 120 km. para llegar, el tiempo empeora pero el día se vuelve a abrir según nos acercamos a la capital, en Bogarnes paramos a comprar algo en un supermercado, más adelante la carretera pasa por un túnel bajo el fiordo Hvalfjordur y poco después llegamos a Reykjavik.
La capital no era uno de los sitios marcados para ver, pero como queda camino del aeropuerto se puede dar un paseo por la ciudad, tiene un centro agradable y además teníamos ya buen día al llegar allí. Había bastante gente.
Lo primero era el tema del aparcamiento, es domingo, el navegador me lleva junto a la iglesia Hallgrimskirkja, que es uno de los lugares que recuerdo y se encuentra en el centro. La app parka permite el parking en la ciudad, veo que la zona P3 sólo se aplica entre semana y la calle Bergthorugata, que está tiene plazas de ese tipo, y por suerte encuentro sitio.
Al lado de donde he aparcado encuentro un bar tipo hamburguesería en el que aprovechamos, y la verdad que muy bien, Vitabar se llamaba.
La capital no era uno de los sitios marcados para ver, pero como queda camino del aeropuerto se puede dar un paseo por la ciudad, tiene un centro agradable y además teníamos ya buen día al llegar allí. Había bastante gente.
Lo primero era el tema del aparcamiento, es domingo, el navegador me lleva junto a la iglesia Hallgrimskirkja, que es uno de los lugares que recuerdo y se encuentra en el centro. La app parka permite el parking en la ciudad, veo que la zona P3 sólo se aplica entre semana y la calle Bergthorugata, que está tiene plazas de ese tipo, y por suerte encuentro sitio.
Al lado de donde he aparcado encuentro un bar tipo hamburguesería en el que aprovechamos, y la verdad que muy bien, Vitabar se llamaba.

Después ya nos dimos un paseo tranquilo por la ciudad, tomando algún café por la tarde, empezando por la peculiar iglesia luterana Hallgrímskirkja, que con sus casi 75 m. es el edificio más alto del país. El acceso es gratuito y su interior es bastante sobrio, la subida a la torre sí es de pago, nosotros no subimos.



Desde la catedral bajamos por Skólavördustigur, animada calle cuyo último tramo antes de llegar a Laugavegur tiene el pavimento pintado con los colores del arco iris, la calle tiene galerías, tiendas, cafés, etc.



Después nos dirigimos al lago Reykjavíkurtjörn o Tjörnin junto al que se sitúa el edificio del Ayuntamiento.




Desde allí giramos para dirigirnos hacia el puerto, pasando junto al mosaico del edificio de la aduana (la calle es recta, sale curva al tirar la foto en modo panorámico).


Junto al puerto se encuentra el auditorio “Harpa”.


Ya junto al mar llegamos a la escultura “Sun Voyager” (viajero del sol), según la web es una oda al sol, simboliza sueño de esperanza, progreso y libertad. Ha sido pura chiripa poder sacar una foto sin nadie, de tanta gente mirando y posando.

Ya poco más, entre otras cosas nos acercamos a “Blue Lagoon” para que mi pareja lo pudiese ver, eso sí, desde la cristalera de la cafetería a cuyo interior se puede acceder sin problema. Tiene unos precios prohibitivos y yo ya me bañé en ella la otra vez. También dimos una vuelta por Grindavik que parecía un pueblo fantasma.


Después ya vuelo de vuelta, con el choque de enfrentarse a los 39-40ºC que hacía en Madrid después de haber pasado 15 días fresquitos, por suerte al aterrizar en Madrid a las 8 de la mañana sólo había unos 28ºC.