Y, sin comerlo ni beberlo, ya llevábamos casi una semana en Riviera Maya. Todavía nos quedaba mucho por disfrutar allí, y ese día no era para menos. Era el día elegido para la experiencia con delfines.
Para no perder la tradición madrugamos bastante. Pero es que ese día nos pasaban a recoger pronto, sobre las 7:45h. Habíamos reservado la experiencia a las 9:00h porque a esa hora incluían un paseo en catamarán después de los delfines, y nos hizo gracia.
Llegaron tarde, tardísimo. Ya creí que nos habían timado y ni delfines ni nada…cuando apareció la furgoneta. ¡Menos mal! El trayecto a Puerto Aventuras desde el Grand Palladium es corto, unos 15 minutos o así. Una vez allí, nos entregaron una pulserita que acreditaba el tipo de experiencia (swim adventure, que incluye 45’ con los delfines y varias interacciones con ellos y 15' de encuentro con un manatí), nos indicaron dónde podríamos embarcar en el catamarán después de la actividad y nos informaron de dónde estaban los vestuarios para ponernos el bañador.
Al rato, apareció un guía y nos llevó hasta la piscina de los delfines. Estuvimos con dos: Osiris y Regina. Se nota que están bien cuidados y hay varios, de modo que no repiten actividad con los mismos a lo largo del día, dejándolos descansar. También los dejan bastante a su aire, si uno de los delfines prefiere estar nadando por la piscina – que además es muy grande – puede hacerlo. Lo pasamos genial, aprendimos mucho y pudimos interactuar con ellos, lo que para la peque (y para nosotros) fue un sueño. No permiten hacer fotos, sino que tienes que comprar el paquete antes online o bien comprarlas sueltas allí por un precio estratosférico (creo recordar que a unos 70$ la foto o así). Nosotros nos lo olimos y por suerte compramos el pack cuando reservamos, a finales de mayo.
Cuando terminamos con Regina y Osiris, fuimos a otra piscina gigante donde pudimos ver de cerca y alimentar a Quijote, uno de los manatíes que tienen en el centro. La interacción es mucho más breve pero no deja de ser curioso poder darle de comer lechuga a un animal tan grande.


A media mañana ya habíamos terminado y estábamos esperando al catamarán. Y la verdad es que si queréis hacer la actividad mi recomendación es que reservéis a primera hora (9:00h), porque después los grupos son mucho más numerosos y estoy segura de que no podéis aprovechar tanto. Además, el calor a esa hora ya era bastante agobiante. Así que mientras los más dormilones empezaban con su actividad, nosotros ya estábamos embarcando en un catamarán rumbo a bahía chiquita cerca de Puerto Aventuras. El capitán nos informó de que iban a hacer una pequeña salida de snorkel y que con la niña no podríamos ir. Así que mi marido se fue con el grupo y nuestra hija y yo nos quedamos por allí. Con lo que no contábamos es con que nuestra hija es la aventura personificada, así que se puso el chaleco, saltó al agua y estuvimos buceando las dos buscando pececillos por la zona. El resto de la tripulación alucinaban con ella y no paraban de decirnos que en unos años la tendremos que apuntar para que se saque el PADI. ¡Apunta maneras, el microbio!
Luego resultó que sin saberlo hicimos la mitad del recorrido de la salida de snorkel a nuestro ritmo, así que ni tan mal. La excursión, según dijo mi marido, estuvo bastante bien y pudieron ver arañas de mar, langostas y peces tropicales.
En el precio de la actividad teníamos incluido también el bufé, así que aprovechamos para picar algo en la palapa que hay al lado del Dolphin Discovery. La comida estaba rica y siempre está bien probar recetas locales.
De vuelta al hotel, aprovechamos para que la peque se pidiera un helado y estar tranquilos en la piscina disfrutando de las distintas actividades del Family Selection.