El viaje en total han sido poco más de diez horas con una escala de apenas una hora en Estambul. Hemos aterrizado a las 8:30 en Tashkent bajo una ligera calima y unos 7 grados de temperatura. El aeropuerto se ve todo nuevo y, sin salir de la zona de equipajes, te puedes sacar la tarjeta SIM y cambiar dinero en un momento. Lo de la SIM es un cachondeo. Resulta que te venden una tarjeta SIM con un número usado. Total, que para registrarme en Yandex, la aplicación de taxis, me pedía el Telegram asociado y ese Telegram resulta que es de algún uzbeko que no me deja conectarme y Yandex lo tengo asociado a ese número. Buen jaleo llevan con los móviles.
Al no poderme registrar en Yandex hemos salido a la antigua usanza y un taxista ha aprovechado para sacarnos los cuartos cual buenos guiris. Han intentado sacarnos 20 euros, pero el segundo taxista nos lo ha dejado por 10 euros y mañana descubriríamos que el trayecto no vale ni 3 euros. Los taxistas son el principal foco de estafa sea el país que sea.
A las 9:30 hemos llegado al hotel. El camino hasta el hotel se va por infinitas avenidas donde, sin saber que es la arquitectura soviética, uno ya sabe que lo es. Enormes avenidas con bloques iguales y edificios palaciegos y sobredimensionados salteados. Hasta hemos pasado por un mini Disneylandia.
Al llegar al hotel nos han dicho que desayunemos tranquilos y que podemos dejar las mochilas y volver más tarde para el check in. Desayunando me he seguido descargando la otra app de taxis que sí me funciona: Uklon. Desayunados y con el abrigo puesto hemos salido para visitar el famoso bazar de Tashkent que tenemos al lado, Chorsu Bazar. Yo imaginaba que sería un bazar tipo India o Pakistán pero para nada. Es un bazar con un orden soviético impecable. Se encuentra bajo una serie de cúpulas de estilo brutalista soviético decoradas con turquesas como las mezquitas. En los alrededores de las cúpulas hay puestos de verdura, especias, quesos... lo típico de un bazar. En el interior de la cúpula, en un espacio enorme, se sitúan concéntricamente puestos de carnes, lácteos y encurtidos y en el anillo superior especias y frutos secos. Nos han dado de probar un queso seco que llaman qurt y nos hemos llevado una bolsita, está potente, es un queso fermentado superseco, muy salado, que los pastores uzbekos usan como snack energético para los viajes largos y que dura meses sin estropearse. La uzbekos tienen una clara influencia asiática en los rasgos, no parecen chinos pero para nada europeos, tienen los ojos ligeramente rasgados, piel morena y los chicos el pelo tipo tupé para un lado que también es popular en India o Pakistán. Se ve influencia musulmana en mujeres con velo pero muy poco destacable. El Chorsu Bazar tiene un paseo chulo entre colores, tipos de carnes, quesos y carretilleros yendo de un lado a otro. Hay puestos que venden pan y samsas que son como empanadillas con muy buena pinta.
Del bazar hemos ido andando a la zona de Hazrati Imam. Es una zona muy espectacular. Esta gente se nota que está metiendo dinero al turismo a saco porque han construido, siguiendo el estilo clásico, un museo de la civilización islámica precioso. Un edificio enorme y majestuoso que uno duda si es antiguo o no. Alrededor han construido un barrio respetando el mismo estilo, con callejuelas con paredes de adobe y murales escenificando escenas de la Ruta de la Seda. Muy bonito. La zona tiene también una mezquita junto a unas madrazas que son la típica imagen que te viene a la mente cuando piensas en Uzbekistán. La zona es preciosa. Se ve muy poca gente y el frío es un pelín más que en Murcia, llevadero. Después de marear hemos pillado un taxi y por un euro hemos vuelto al hotel a dejar las cosas en la habitación y acomodarnos.
Del hotel nos hemos ido al centro de Tashkent directamente a comer. La comida uzbeka pinta bastante bien. Nos hemos pedido un lagman, que es una especie de ramen, unos mantis que son dumplings, ensalada de pepino y yogur rollo los Balcanes y un dulce de maíz con miel. Con dos pintas, 25 € entre los dos en un restaurante tematizado donde comes mientras ves cómo hacen el pan. Muy bueno.
Por la tarde hemos paseado la parte moderna y más soviética de la ciudad. Avenidas infinitas y anchas con parques y edificios gubernamentales enormes. La plaza donde está la estatua de Amir Timur rodeada de un edificio precioso que sirve de salón de congreso con una cúpula rematada por dos cigüeñas enormes junto al Hotel Uzbekistán. Típico hotel soviético que, de lo feo que es, se hace de lo más característico del paisaje.
De la plaza de Timur hemos ido por una avenida peatonal que hace de feria con puestos de comida, mercadillo de antigüedades, gente jugando a ping pong, ropa... hay un mezcla chula pero muy poca gente para ser un sábado atardeciendo. Hemos seguido andando hasta el teatro Navoi y de ahí a la zona gubernamental con una fuente enorme con un arco con más estatuas de cigüeñas hasta un monumento que representa a una madre en duelo frente a un fuego eterno, muy bonito. Esto es como imaginaba que sería Rusia, tal cual. Muy soviético todo. Ya de noche nos hemos metido al metro a hacer el recorrido por las paradas monumentales.
En la época soviética los metros se hicieron de manera que representaran palacios del pueblo. El de Tashkent es famoso, junto con el de Moscú o San Petersburgo, porque cada parada está diseñada de una forma monumental con una temática distinta cada una. La primera parada que hemos cogido de la línea roja es una estación abovedada de mármol llena de lámparas de araña. Hemos ido hasta la línea azul pasando por todo tipo de estaciones. La más bonita una de mármol azul junto con una dedicada a los cosmonautas con medallas de los distintos cosmonautas soviéticos. Si en la calle no había apenas gente, en el metro es lo contrario, está llenísimo y en alguna parada hay trabajadores megáfono en mano que se encargan de dejar subir o no cuando se llena hasta arriba. La verdad que no me esperaba para nada que el metro resultara un atractivo turístico tan chulo.
A las 19 hemos bajado en la parada cerca de nuestro alojamiento y, con un frío que pela, nos hemos ido a cenar unas empanadillas que llevamos y a dormir. Llevamos un tute increíble con pocas horas de sueño. Mañana madrugamos de nuevo así que vamos a caer rendidos.