Hoy es el único día del viaje que realmente necesitamos madrugar. El viaje está pensado para que sea tranquilo pero un madrugón antes o después toca. El vuelo a Khiva ha salido a las 7:30 por lo que a las 5:30 estábamos en el aeropuerto. Medio avión parece ser que es de Turkmenistán, incluido un equipo de fútbol femenino. Yo supongo que la cercanía de Khiva con Turkmenistán hace que se use de aeropuerto para luego cruzar por tierra la frontera. De primeras son indistinguibles de un uzbeko pero debe ser curiosísimo saber cómo viven realmente en ese país.
Hemos llegado a Urgench (el aeropuerto de Khiva) a las 8:45 con -3 grados y una niebla que no sé seguro si es niebla o calima. Un frío potente. El aeropuerto es pequeñísimo y a la salida están los taxistas esperando como perros de presa. Esta vez no me la lían como ayer. Antes de salir de la terminal hemos conseguido pillar un Yandex y por 8 euros nos ha llevado a Khiva. 40 minutos de recta por desierto brumoso. El taxista con la calefacción modo infierno y al ver que éramos españoles nos ha puesto una canción de Dorian para luego pasar a temas del estilo pero rusos.
A las 10 nos ha dejado el Yandex en las afueras de las murallas. No hay un alma en la calle. Una avenida enorme y la muralla sobresaliendo como si fuera de barro. El césped congelado, en los árboles escarcha y ni un mísero pajaro cantando.
Khiva es una de las antiguas ciudades por donde pasaba la Ruta de la Seda. Se trata de un mausoleo gigante rodeado de madrazas, mezquitas y plazas donde antiguamente se comerciaba. Khiva además es famosa por un minarete gigante que se quedó a medio construir y que ha quedado a día de hoy como una especie de chimenea enorme de color turquesa, que sirve de icono de la ciudad. Para visitar Khiva no hace falta pagar nada pero al final te venden una entrada por 18 euros que te permite entrar en todas las madrazas que se han convertido a día de hoy o en tiendas o en museos. Luego hay 3 o 4 puntos en los que, aun pagando la entrada, tienes que volver a pagar. Lo bueno es que tampoco son disparates lo que se paga. Nos hemos dejado de ruinerías y hemos pagado la entrada que no es fácil llegar hasta aquí, hace frío y no se puede estar siempre en la calle.
Al entrar a la ciudadela hemos ido directos al alojamiento. Nos han dejado hacer el check in a las 10 así que de lujo. Térmica, braga en el cuello y a andar. La ciudadela se divide en una calle principal y la gracia es ir perdiéndose entre las madrazas. Hay más vendedores que turistas. El artículo de moda son unos gorros gigantes blancos hechos de piel de cordero o de oveja. Kalpak se llaman, tienen un toque cómico pero deben abrigar bien. Aparte de esos gorros, los típicos rusos y mil derivados de abrigos hechos con pieles de zorro, oveja, cabra y demás. Los vendedores son cero pesados, si acaso te dicen un hello pero poco más. Muy bien. Hemos echado dos horas por la parte este hasta que el frío nos ha hecho ya meternos a un restaurante a comer.
El único restaurante que está medio bien puntuado, Terrassa Khiva, con unas vistas impresionantes a las cúpulas. Para comer nos hemos pedido un menú por 30 euros los dos que básicamente nos han puesto un poco de todos los platos tradicionales. Unos espaguetis de eneldo, carne a la barbacoa, samsas, dumplings, ensalada... El sitio está bastante decente para estar en un punto tan turístico.
Ya entrados en calor hemos vuelto a la ciudadela a visitar el lado oeste. Al final las madrazas son todas muy parecidas, un museo de medicina, un museo de música, de comida, etc. A lo que se dedicara en su día la madraza ahora es museo. Hemos pasado al mausoleo central con una sala muy espectacular en donde se encuentra la tumba de Pahlavon Mahmud, el poeta, filósofo y luchador mítico de Khiva. Se paga entrada aparte, como 8 euros, pero valen la pena, es bastante bonito.
Por las calles se ve sobre todo turista ruso y yo creo que turismo local o al menos de algún país vecino. Es sorprendente la poca gente que hay de todos modos y lo respetuosos que son los vendedores. Es que ni un poco de agobio, qué gusto. Del mausoleo nos hemos subido a uno de los minaretes desde donde se ven unas vistas de escándalo de toda Khiva con varias norias soviéticas en las afueras y avenidas enormes con mezquitas turquesas salteadas. La ciudad es fotogénica a rabiar. Debe estar mega restaurada pero mientras restauren dejando las cosas así de bonitas y limpias me parece perfecto. Lo de la limpieza es exagerado, hay una cantidad de gente barriendo que parece broma, en calles donde no hay ni un alma te ves a una mujer o un hombre con una escoba de esparto barriendo, todo está recién barrido y no hay ni un mal papel.
Atardeciendo hemos ido para un supermercado a las afueras de la ciudad. Hemos pillado cosas para picar mañana y algo para matar el hambre de cena. El supermercado, igual que la ciudad, con más trabajadores que clientes. Tienen gente trabajando que no sé cómo puede ser rentable el negocio. Se vende a granel hasta las galletas y por cada producto hay una persona que te lo pesa.
Ya de noche nos hemos pegado el último paseo por Khiva iluminado. De noche gana aún más en fotogenia. Aun haciendo un frío importante, el pasear por las calles con las madrazas y cúpulas turquesas, la brumilla en el aire, el olor a leña y gente con sus gorros rusos dan una estampa muy chula. Es una mezcla entre soviético y musulmán curiosísima, que la llamada a la oración le da el broche final. A la noche prácticamente recorremos las calles solos mientras recogen los puestos y algunas parejas se echan las fotos con el minarete iluminado. Esto es plan Corea, la gente alquila el traje típico y a tirarse fotos
Muy bonito Khiva, apenas había visto fotos anteriormente y no me lo esperaba para nada. Hemos cenado unos noodles gorrineros en el hotel y a descansar. Mañana vamos al desierto por la región de Karakalpakstán. Nos lleva un coche parando por diferentes fortalezas hasta un campamento de yurtas. Espero que la yurta tenga calefacción.