La noche ha sido fría de narices, la bomba de calor es casi simbólica porque al entrar frío por abajo el aire caliente ni llega a nuestra altura. En el cuerpo cero frío bajo las mantas pero levantarse a mear ha sido la aventura. A las 7 el gato se ha puesto a maullar y a pegarse cabezazos en la puerta para entrar. A las 7:30 ya hemos decidido levantarnos para ir al aseo y nada más abrir la puerta han aparecido los dos perros más contentos que nadie al vernos y más helados que una llave. Al volver del aseo el perro gigante no se lo ha pensado, ha metido el cabezón en la yurta y aun empujándole yo pasito a pasito se ha metido dentro. Sacar a un perro de 60 kilos a empujones es imposible, hasta que le ha venido el olor de comida que tenemos en la bolsa. Se ha puesto contentísimo, de un salto se ha subido a la cama y se ha puesto a buscar la bolsa. He enganchado la bolsa y con eso he conseguido sacarlo de la yurta, corriendo detras de mí. Qué hambre tiene el pobre.
Ya cambiados y con mi amigo siguiéndome dando saltos he tirado unas fotos al amanecer. Deben hacer -5 grados, está todo helado. El cielo naranja, con la fortaleza al fondo y un silencio sepulcral. A las 8:30 nos hemos metido en el salón y Rano, la babushka uzbeka, nos ha recibido con mermeladas, panes, dos huevos, fruta y un té negro con leche de camello.
La experiencia es chula, hemos comido bien, el entorno es espectacular, lo de dormir en la yurta del desierto es lo típico que hay que hacer check, los perritos han dado la vida y la gente del campamento me ha parecido agradable para los estándares de la zona. Yo lo recomendaría viniendo en época baja. Eso sí dice la babushka que en enero es época de viento y la temperatura por la noche cae a -20 grados fácilmente. Así que de venir fuera de temporada no muy adentrado diciembre.
A las 9 ha aparecido nuestro conductor Andrei. Nos hemos despedido de los perritos y de Rano y rumbo a Bukhara visitando otras cinco fortalezas por medio. -2 grados marca el termómetro del coche y eso que ya cae el sol, esta mañana al despertarnos por narices debían ser bastante menos entonces.
Las fortalezas que hemos visitado hoy son mucho más espectaculares que las de ayer. La primera, “Kirk Kiz”, es una fortaleza enorme donde los restos de muralla han quedado erosionados como si fueran una cresta con picos y lo que se intuyen como ventanales. Aquí había producción de porcelana y se llegan incluso a ver trozos de porcelana rota antigua por el suelo. Además el entorno es puro desierto con dunas que se comen la muralla. La segunda fortaleza, “Janbas Qala”, bastante espectacular también. Una fortaleza cuadrada bastante grande, con la muralla bien conservada pero medio enterrada por la arena. Lo bonito de estas dos murallas es que están mucho mejor conservadas y en medio del desierto, dan sensación de Indiana Jones o Lawrence de Arabia.
La tercera y cuarta fortaleza han sido ya bastante cutrecillas, siendo la cuarta una especie de observatorio astronómico de planta circular con los restos comidos por la maleza y donde ni echando imaginación uno ve ahí el observatorio. La última se encuentra dentro de un pueblo y la tienen bastante restaurada, por lo que aunque queda muy fotogénica, se ve menos auténtica porque han restaurado a saco viendo cómo estaban las demás.
A las 12:30 hemos terminado la ruta de las murallas y nuestro conductor nos ha dicho que hasta Bukhara son entre 4 y 5 horas. Que cuando queramos parar se lo digamos. El viaje se ha traducido en una recta infinita de 400 kilómetros por puro desierto de Kyzylkum, con un río al lado, el Amu Daria, con Turkmenistán al otro lado. Es increíble la extensión del desierto, es que prácticamente todo el país es el desierto de Kyzylkum.
Hemos parado a repostar y a comprar una samsa y de tirada hasta Bukhara. Hemos llegado a las 17:00. Nos hemos despedido de Andrei, el hombre de diez en cuanto a educación y conducción. Buena empresa para hacer esta ruta. Nos ha dejado en nuestro Hotel Duston Boutique. Un hotel precioso en un edificio de época que parece sacado de Las mil y una noches o de los viajes de Marco Polo.
Hemos dejado las cosas y, ya de noche, nos hemos ido a cenar y dar un pequeño paseo por Bukhara. Bukhara se ve más ciudad que Khiva. Misma arquitectura pero más integrada con vida local. Los comerciantes me huelo que no van a ser tan respetuosos como en Khiva, y es que tanto Bukhara como Samarcanda son bastante más turísticas que Khiva. La ciudad se ve idílica. Mezquitas, madrazas, estanque con cisnes, cúpulas con mercados dentro... Hemos ido a cenar a un restaurante de comida soviética, decorado como nuestra habitación. Nos hemos pedido lo más típico, ensalada de encurtidos, que les encanta, salchichas de carne, un borscht, una especie de sopa de remolacha con lengua de ternera, y una solyanka, una sopa de carne ahumada con pepinillo y olivas. Con una copa de coñac uzbeko y agüita. Cenar en un sitio top 30 euros los dos. Especial.
Para bajar la comida nos hemos dado un paseo por las mezquitas iluminadas, muchísimo menos frío que en Khiva y poca gente. Nuevamente más vendedores que turistas. Los pocos turistas que se ven son asiáticos o rusos.
Para las 9 hemos vuelto a nuestro hotel y fin del día. Mañana todo el día por Bukhara.