Último día del viaje. Samarcanda la tenemos ya vista de arriba abajo. Para hoy hay dos opciones. Ir a un pueblo que se llama Shahrisabz, ciudad natal de Tamerlán. Está a dos horas en coche y por las fotos es similar a lo que llevamos viendo. Me parece demasiado coche para lo que se ve, salvo para él que el valor histórico le suponga un añadido suficiente. La otra alternativa es el mercado de Urgut, a unos 45 minutos en taxi.
Nos hemos decidido por el mercado, que al final un bazar siempre tiene el toque cultural que me llama más. El mercado de Urgut es de los más grandes de Uzbekistán y el domingo es el día fuerte. Hemos pillado un Yandex que por 20 euros nos ha llevado, nos ha esperado un par de horas y nos ha devuelto. Se puede hacer por menos seguro pero como mucho le rascas 5 euros con taxis distintos para la ida y para la vuelta.
Hemos llegado al mercado a las 10. Es un mercado enorme. Es básicamente como un bazar de lo chinos gigante, llenísimo de gente. Paseando por el primer pasillo nos hemos encontrado con un puesto de gorros rusos típicos, ushankas. A 7 euros que venden el gorro no me he podido resistir. El hombre se partía el culo porque como tengo la cabeza grande no me entraba ninguno, hasta que al final ha dado con uno que yo creo que me está un poco pequeño pero ya por las risas le he dicho que ok. Evidentemente el ushanka es de piel sintética y de calidad justito pero da el pego totalmente.
La parte de bazar chino es la más grande, aquí la gente viene a comprarse la ropa, regalos y demás. En los laterales está la zona de comida, una avenida enorme llena de puestos de shashliks, panes, somsas y sartenes enormes donde hacen el plov. Muchos nos preguntan de dónde somos y casi siempre nos devuelven un “hala Madrid”. Lo del fútbol es tremendo. La parte más interesante del bazar es la parte del final del todo. Está dedicada a los suzanis. Son telas bordadas a mano con motivos geométricos o vegetales. Son una artesanía que los uzbekos regalan como ajuar en las bodas, como regalos o para decorar la casa entre la clase media-alta. Al final, al ser un producto para ellos caro, la zona está con poquísima gente y los vendedores, al vernos turistas, van más al cuello. Hemos pasado al taller de una mujer y nos hemos pillado un suzani largo para poner a los pies de la cama. Por 20 euros está bonito y más artesanal imposible.
Hemos zigzagueado un buen rato más y para las 12 nos hemos vuelto a Samarcanda. Tenemos el tren a las 18:00 así que hemos estado mareando por el Registán y por el paseo que va hasta el bazar. Nos hemos comido los últimos shashliks con la cerveza Serbast y en Yandex para la estación.
De Samarcanda a Tashkent hemos pillado el Talgo Afrosiyob. Hemos tenido la “suerte” de ir sentados en la mesa con un grupo de escolares de 8 años que venían de excursión. A nuestra derecha un niño hiperactivo controlado por el alumno responsable. En frente de nosotros dos niñas preciosas que al principio iban tranquilas, pero a la hora de viaje una nos ha quitado el agua, se la ha bebido y ha terminado tirándome la botella para jugar con ella a lanzárnosla. Nos hemos reído pero santa paciencia la de los profesores. Los pobres yo creo que iban ya reventados de todo el día y pasaban olímpicamente de los críos, de vez en cuando les pegaban un grito que duraba el efecto 5 minutos. Dos horas de chiquipark intercultural. Hemos llegado a Tashkent a las 8 y en metro al alojamiento.
Fin de Uzbekistán. Me parece un país comodísimo, barato y sencillo de organizar. Muy bonito arquitectónicamente y con el choque cultural suficiente para que resulte atractivo sin agobiar. El toque soviético mezclado con musulmán me parece chulísimo. Las mujeres mayores tipo babushkas, los hombres con sus ushankas, sus batas, la vida del desierto... La toma de contacto con Tayikistán y las montañas nevadas. La comida bastante bien, algo repetitiva pero muy buena. Y sobre todo lo barato que es el país. Quitando el billete de avión el resto es mucho más barato que en España. Básicamente por 500 euros pasas la semana durmiendo en buenos hoteles y comiendo de lujo. Una maravilla. Además, la movilidad por el país es comodísima, tanto por el avión como por el tren y los taxis mega baratos. La gente muy amable y servicial, no modo Corea, pero destacable. Al final en ningún momento nos han timado, salvo el primer taxista del aeropuerto a Tashkent que nos clavó bien clavados, pero eso ya es el mal endémico del taxi que nos la metieron por no poder instalarme Yandex al llegar.
No le pongo ningún pero al país. Quizá que al final tanta madraza se puede hacer repetitiva pero es un destino de ver esto. Como toma de contacto al mundo exsoviético me parece ideal. Sin duda volvere por la zona mas pronto que tarde.