A las 7 puntual nos ha recogido el que será nuestro guía para ir a Tayikistán. Un uzbeko que habla inglés perfecto. Nos han dado un café, somsas, dulces y mientras desayunamos en el coche hemos ido para la frontera.
La frontera con Tayikistán está solo a 50 minutos. Con el amanecer se han dejado ver las montañas nevadas del lado tayiko. Un muro nevado de picos con un cielo despejado precioso. Hemos llegado a las 8 a la frontera. Aquí hemos dejado el coche y, con un frío importante, hemos cruzado la frontera a pie. El cruce ha sido fácil. Con nuestro sello de Tayikistán hemos salido al típico ambiente de puesto fronterizo. Camiones, gente ofreciendo cambio de moneda, taxis, comida callejera, perros... Aquí nos ha recibido el conductor del 4x4 con el que iremos a ver los lagos junto con el guía.
De la frontera hemos ido a la primera ciudad que hay, Panjakent. El camino hasta Panjakent deja ver que la parte tayika está bastante menos desarrollada que la uzbeka. Muchísima gente vistiendo tradicional, en caballo y casas más precarias. El guía nos ha ido contando la historia de Tayikistán, desde el rey que la fundó, Somonis, en el siglo X. Hasta el actual presidente, que lleva como 35 años en el poder, en una autocracia en toda regla. El guía dice que la gente ama al presidente y cada dos por tres se ven carteles con su foto.
A las 9 hemos llegado a Panjakent. El guía nos ha dicho que una vez que vayamos a los lagos no hay nada para comer y que volveremos tarde con todo cerrado, por lo que vamos a comernos un plov a las 9 de la mañana. Nos hemos recorrido el bazar mientras nos explicaba los productos que veíamos. Es un bazar más caótico pero sigue con la estructura de edificio soviético bajo el que se colocan todos los puestos. A las 9 de la mañana es un caos de ir y venir de gente comprando sobre todo pan.
Al lado del bazar nos hemos metido en un restaurante mega local donde todo el mundo se estaba comiendo su plov. Nos han puesto un té, unos dumplings y el plov tayiko. Según cuenta el guía es distinto del de Samarcanda por el tipo de aceite que usan. Como nos hemos despertado a las 6 el plov nos ha entrado fácil. Hemos comido para todo el dia.
Para las 10 hemos arrancado finalmente para los lagos. La carretera a los lagos pasa pronto a ser de tierra. Se va pasando por pueblitos de montaña con sus escenas rurales cada vez más montaña adentro. Al rato hemos llegado al primer lago. Se va subiendo montaña arriba parando en los 7 lagos que hay. Si se ve el mapa de Tayikistán, recorremos el país de norte a sur pero en un pequeño apéndice que está al oeste del todo. El paisaje al poco ha empezado a estar totalmente nevado. En el primer lago nos hemos bajado y, con el sol, el frío era llevadero. Aquí han aparecido dos críos de 8 o 9 años como mucho, con un burro cargado y fumando. La primera vez que vi un crío tan pequeño fumando fue en Indonesia en Labuan Bajo. Es impactante ver a un niño literalmente echándose el cigarro a la boca.
Para el segundo lago la carretera ha ido serpenteando con unas vistas bonitas, se podía ver incluso águilas sobrevolando. A partir del cuarto ya hemos empezado a ir por nieve. La pista va por un valle enorme nevado, con ríos que se abren paso por la nieve entre lagos. El conductor se ha motivado y en una explanada enorme se ha marcado sus trompos deslizándose en la nieve, le he dicho que lo grababa y se ha motivado aún más. En el quinto lago hemos parado en un pueblo donde los críos nos han recibido tirando bolas de nieve. Una muchacha se ha puesto a hablar con mi pareja mientras los chicos han cosido a bolazos de nieve a nuestro guía. Tiene mérito vivir aquí, el paisaje es tremendamente aislado y a mediodía hace un frío increíble, no me quiero imaginar por la noche. Aun así, al menos 15 niños estaban alrededor de nosotros, así que vida tiene el pueblo.
Del quinto lago al sexto la carretera es de las que te dan un infarto, porque el conductor va seguro pero de vez en cuando las ruedas de atras del 4x4 se deslizan y, con el acantilado a un lado, es inevitable apretar el culo. La llegada al sexto lago ya es con una cantidad de nieve tremenda. Al punto de que el coche no ha podido seguir y, en una pequeña aldea, se ha quedado el coche aparcado.
Desde el sexto lago hemos hecho una rutilla de unos 3 kilómetros hasta el séptimo lago. El paisaje nevado, siguiendo la huella que medio se veía. Nos hemos cruzado con varios pastores y chavales en burrito y los dos únicos turistas de todo el día, con la casualidad de que han resultado ser de Santoña. Manda narices que no hay un alma y nos cruzamos con una pareja de Cantabria en medio de la montaña tayika. Lo mismo habrán pensado de nosotros al decirles que venimos de Murcia.
A mitad de la subida al lago nuestro guía iba echando los hígadillos. El hombre se iba tumbando en la nieve a descansar, la primera vez yo me creía que le había dado un infarto pero no. Resulta que el pobre no está en muy buena forma pero lo intenta. Al final hemos llegado al séptimo lago. Aquí hemos dejado al guía descansando en una caseta al refugio del viento y hemos seguido el camino tirando alguna foto. En verano imagino que debe ser totalmente distinto, con los lagos con más agua y el verde en la montaña, pero ahora en invierno con toda la nieve también tiene su encanto. El frío ha sido llevadero y nos ha hecho un día de lujo. La vuelta para abajo la hemos hecho en un momento y de aquí ya vuelta para Panjakent. Hemos llegado a la frontera a las 5 de la tarde. El tour ha estado bonito, creía que no merecería la pena pero entre la toma de contacto con la cultura tayika, los paisajes desde el coche y la rutilla por la nieve han sido momentos chulos. Con un cartel gigante del presidente de Tayikistán nos hemos despedido y vuelta para Samarcanda. Para el año que viene o al siguiente sí o sí nos venimos un mes a hacer Tayikistán y Kirguistán.
Hemos llegado a Samarcanda a las 18:00. Hemos dejado las cosas, visita al Registán de noche y unos shashliks para cenar. Mañana último día del viaje.