Hoy nos hemos recorrido Bukhara de arriba abajo. Si en Khiva está todo contenido dentro de las murallas, en Bukhara está todo repartido en una línea casi recta larguísima, de este a oeste.
Hemos desayunado para las 8:30 en el hotel y a las 9:30 hemos empezado la ruta. Sorprendentemente no hace nada de frío y se anda super a gusto. La parte más fría es Khiva con diferencia.
Hemos empezado dando un paseo por la plaza del estanque de Lyabi Hauz. Por la calle solo hay policias y los siempres presentes barrenderos. Lo de los barrenderos debe ser una herencia sovietica o algo. Imagino que contrataran a gente que este sin trabajo o algo y los ponen a barrer 24/7, sea la hora que sea y donde sea, hay alguien barriendo.
La zona a primera hora del día, con los colores otoñales, la música de fondo y los cisnes en el estanque está de decorado. Se puede visitar la mezquita de Mogoki y un par de madrazas que sirven ahora de bajos comerciales. Venden casi todos los puestos lo mismo: bolas de Navidad, pintura de acuarela, figuritas y gorros de piel. Los vendedores algo intensos pero sin ser maleducados. De la plaza hemos seguido hasta Chor Minor, una puerta monumental de acceso a una antigua madraza que ya no existe. Solo quedan las cuatro torres decorativas con cúpulas turquesas. Los uzbekos tienen una manía muy fea y es que en las cúpulas de las madrazas colocan un nido de cigüeña con dos muñecos de cigüeñas. Tienen obsesión con las cigüeñas, pero lo que pretende ser bonito resulta bastante cutre, no hemos visto ni una cigüeña real. Frente al Chor Minor hay un mercadillo de antigüedades soviéticas chulísimo. Alfombras de Lenin, propaganda comunista, pines de la Unión Soviética, sombreros de Aeroflot, uniformes militares, pasaportes, relojería de la CCCP... Mil cosas que me las llevaría a casa todas a hacer un diógenes de lo chulas que están.
Del mercadillo nos hemos acercado a una pastelería en las afueras de Bukhara, Sevinch. Por 4 euros nos hemos llevado de todo, tanto dulce como salado. En cuanto te sales de la zona turística los precios son de risa.
De la pastelería hemos vuelto a la plaza del estanque para ver las cúpulas que sirven de bajos comerciales, Toqis. Hay 4 o 5 y tiene su punto ver cómo en muchos de los locales el propio artesano está pintando, tejiendo o haciendo las filigranas en metal con martillo y cincel.
Para comer nos hemos recorrido medio Bukhara hacia el norte para ir a un sitio famoso de plov. Al salir de la zona turística la vida local se hace más curiosa: casas bajas, puestos de frutas, carnes, alguna mezquita y hasta una zona universitaria donde llama la atención la cantidad de estudiantes indios o pakistanies que hay, una barbaridad. El restaurante de plov se llama básicamente “The Plov”. El plov no tiene misterio, es un arroz aceitoso con carne, dependiendo del tipo que pidas lleva más o menos cosas de legumbres. Le puedes añadir más carne y el condimento estrella, Harisa, una especie de puré de tendones y trigo que no nos hemos atrevido a pedir pero me he quedado con las ganas solo de ver el ansia con el que se lo comían. Por 9 euros los dos hemos comido para tres días.
Para bajar la comida hemos vuelto andando hasta el centro para ir a la mezquita famosa y de ahi a lo que se llama Ark, un conjunto arqueológico fortificado lleno de salas de museos y con vistas bonitas sobre la parte antigua de Bukhara. Está bonito por las vistas y los museos también resultan curiosos, pero son como 10 minimuseos con la calefacción a 60 grados cada uno y en el último, el de las monedas, íbamos ya hasta mareados.
De la fortaleza hemos seguido hacia el oeste para visitar la zona de parques. Aquí hay una mezquita bonita, Bolo Hauz, y siguiendo por el parque se llega a un parque de atracciones con su mítica noria soviética en la que por fin nos hemos podido subir. Ya había visto estas norias en Bulgaria pero sin funcionar, así que de cabeza. La noria es la típica que sale en todas las imágenes de los países soviéticos. Te subes por un euro y medio y das una vuelta completa muy despacito. Las vistas son bonitas. Es curioso porque es todo un parque de atracciones al uso: montañas rusas, coches de choque, saltamontes… pero hay tan poca gente que las atracciones las encienden para dos personas si hace falta. Se ven más seguras que las atracciones de las ferias de España. El parque tiene un paseo curioso pero hay poquísima gente. Alguna familia pidiendo algodón de azúcar, una pareja en los coches de choque y nosotros en la noria. Entre el cielo encapotado, las atracciones funcionando solas, los puestos de tombolas con la musica a tope pero sin encargado si quiera de la poca gente que hay, el ambiente se tiñe un poco lúgubre. Aun así, en ese escenario un novio ha preparado junto al lago una pedida de matrimonio con luces LED gigantes poniendo “marry me”, fotógrafos y mil historias decorativas mega cutres.
Del parque de atracciones, ya anocheciendo, hemos pasado por el mercado local. Un mercado enorme, la mitad cubierto y la mitad bajo tejados de chapa. Miles de puestos como en Tashkent: frutas, carnes, flores, frutos secos, panes... En los mercados estos te puedes perder horas. Lo bueno es que no hay ni un poco de basura ni malos olores más allá de los de las especias.
Ya de noche hemos vuelto para la zona de las mezquitas famosas, Poi-Kalyan, a tirar fotos aprovechando que no hay ni un alma. Se ha quedado el día muy chulo. Perfecto de temperatura y entre las mezquitas, el parque de atracciones, el mercado o la comida le dan a Bukhara un toque que, aunque Khiva me parece más bonito, aquí tienes para patear muchísimo más.
Para cenar nos hemos pedido dos sopas típicas con crema agria que les encanta y dos cervezas Sarbast. Despedida de las mezquitas y a descansar.