Cuando desembarcamos, estaba esperándonos nuestra van. El conductor era el mismo de los dos días anteriores, pero la guía era diferente, una chica muy peculiar, rubia y que hablaba castellano con acento argentino. Nos explicó que había estudiado en Buenos Aires. Era muy simpática y luego demostró ser una buena profesional. Nos lo pasamos muy bien con ella.
Nos trasladamos directamente hasta Hanoi, donde íbamos a hacer un recorrido guiado, si bien no hay que esperar mucho para empezar a disfrutar de la ciudad, que es todo un espectáculo en sí misma, pues impacta incluso antes de ver sus monumentos. Y no tanto por su tráfico caótico sino por los vehículos y la gente.



Hanoi fue fundada en 1010 a orillas del río Rojo por el emperador Lý Thái Tổ, de la dinastía Lý, para establecer allí su nueva capital, que recibió el nombre de Thăng Long (dragón que alza el vuelo). En adelante, fue el centro político del país hasta 1802, cuando la nueva dinastía Nguyen trasladó la capital a Hué. En 1831, el emperador Minh Mang la llamó Ha (curso de agua) Noi (entre), así que el nombre completo significa “ciudad entre dos ríos”.

Entre 1902 y 1954, fue capital de la Indochina francesa. En 1955, se convirtió en capital de Vietnam del Norte y en 1976 pasó a ser la capital del país reunificado. Actualmente, es la segunda ciudad más grande de Vietnam tras Ho Chi Minh, y cuenta con más de seis millones de habitantes si se incluye su área metropolitana.

En un primer vistazo, se aprecia que la arquitectura urbana es diferente de la de Saigón, donde hay rascacielos incluso en el casco antiguo. En Hanoi, los edificios altos y las actividades comerciales de tipo occidental también han proliferado en los últimos tiempos, pero fuera de la ciudad vieja, que ha mantenido su idiosincrasia gracias a la presión de sus habitantes, quienes obligaron a las autoridades a implementar una política de edificios bajos en torno al lago Hoam Kiem y en el distrito Ba Dinh.

Como en Ho Chi Minh, el maremágnum de motos es terrorífico, pero se me antojó un poco diferente, pues aquí se utilizan en mayor medida que en Saigón no solo como un medio de desplazamiento para las personas sino también como una forma habitual de transportar todo tipo de cosas y enseres. Así, el conductor de una moto puede acarrear un palé de ladrillos y varios sacos de cemento, una tienda entera de flores, los productos completos de una frutería o de una tienda de ropa, una pareja de escaleras, las herramientas para una obra o una montaña de botellas y plásticos vacíos. Y eso mismo vale también para las bicicletas, sobre todo en el barrio antiguo.



Avenida de los Mosaicos: el mosaico más largo del mundo.
Circulando por la ciudad hacia el casco antiguo, pudimos ir viendo el que está inscrito en el libro Guiness como el mosaico más largo del mundo, pues cubre los muros del dique del Río Rojo en una longitud de más de cuatro kilómetros; y sigue creciendo. No se limita a una única avenida sino que une varias calles importantes como Hong Ha y Le Duan, cerca del Barrio Antiguo y el Puente Long Bien.


Creado en 2010 para celebrar el milenio de la ciudad, está hecho con cerámicas del pueblo de alfareros de Bat Trang y presenta escenas decorativas de todo tipo, desde tradiciones vietnamitas, obras modernas, cuentos infantiles, escenas de Hanoi, etc.


Pude verlos perfectamente, pero como no siempre pillaban de mi lado, una de mis amigas me ha pasado algunas de las fotos que tomó, en las que se aprecian muy bien la temática de los mosaicos (gracias, Juani).


Aunque puede pasar desapercibido si no se circula por ese lugar en concreto, el conjunto se aprecia muy bien desde un vehículo en marcha, pues está en una zona de mucho tráfico. Además, las fotos quedan chulísimas captando la vida de la gente en sus motos o en sus bicicletas con el fondo de los alegres mosaicos de colores que cuenta mil historias.


Templo y Pagoda Tran Quoc. Lago Ho Tay.
Para empezar el recorrido a pie, nuestra guía nos llevó a la Pagoda Tran Quoc, la más antigua de Hanoi y una de las más bellas. Originariamente, fue construida en el siglo VI, a orillas del río Rojo. En 1615, fue trasladada al islote Kim Ngư (Pez Dorado) del Lago Ho Tay (Lago Occidental), donde se halla actualmente. Ha sido rehabilitado varias veces, la última en el siglo XVIII. Es un icono de la ciudad y continúa siendo un centro espiritual muy importante para los budistas.

Desde el exterior, se toman fotos chulas, con un skyline de la ciudad que incluye algunos rascacielos del extrarradio surgiendo entre brumas.

Caminando por la pequeña calzada que une el recinto con tierra firme, cruzamos su bonita puerta de color amarillo, donde se advierte a los visitantes que se cubran los hombros y que no llevan pantalones cortos.



Poco después, llegamos frente a la Pagoda, que mide 15 metros de altura y cuenta con 11 plantas con ventanas en cada una de las cuales aparece un buda blanco. Está rodeada por otras estructuras, formando un conjunto muy sugerente.



La Pagoda forma parte de un templo más amplio, que incluye numerosos santuarios repartidos por el recinto. En el principal, se ofrece a los visitantes la posibilidad de realizar una ofrenda con una vara de incienso. Y aceptamos.


También se pueden ver numerosos relieves y pinturas de flores de loto, que simbolizan la iluminación y el logro, reliquias históricas y tallas escultóricas del siglo XVII. Además, un árbol Bodhi, procedente del esqueje del original de Bodh Gaya, India, bajo el cual Buda se sentó y alcanzó la iluminación. Fue un regalo del presidente indio Prasad en 1959.


Plaza Ba Dinh y Mausoleo de Ho Chi Minh.
Ho Chi Minh fue un político clave en la historia de Vietnam del siglo XX. Nació en 1890 y se convirtió en un destacado líder anticolonialista e independentista, fundador del Partido Comunista de Vietnam, primer ministro (1945-1955) y presidente de la República Democrática de Vietnam desde 1951 hasta su muerte en 1969. En su juventud, viajó por muchos países y fue también escritor, poeta y periodista con obras escritas en vietnamita, chino y francés. Su imagen se puede ver por todo el país y figura en el anverso de los billetes de banco.



El mausoleo donde se encuentra su tumba se inauguró en 1975 con la intención de convertirse en un símbolo de la unidad y la identidad nacional vietnamita. Tiene una altura de 21,6 metros y una anchura de 41,2. Está construido con granito gris en el exterior y con piedra pulida en el interior. El cuerpo embalsamado de Ho Chi Minh descansa en una urna de vidrio, en una sala central, custodiada por una guardia de honor militar. Para acceder, hay que pasar controles de seguridad y vestir recatadamente. En las proximidades, se puede visitar la que fue su casa y un museo. Enfrente está el edificio de la Asamblea Nacional de Vietnam.


El mausoleo está en la Plaza Ba Dinh, donde se celebran desfiles, eventos y festividades importantes, así como la ceremonia diaria del izado de la bandera. Dentro de su superficie, de 320 metros de largo por 100 de ancho, hay 210 cuadrados de césped (7 filas verticales y 20 horizontales). Me llamó mucho la atención el cuidado a que se somete este césped, atendido por casi un ejército de trabajadoras que lo cuidan a mano, con mimo. Y es que en Vietnam la jardinería urbana aún se realiza del modo más tradicional.



Pagoda del Pilar Único.
Tuvimos que caminar solo unos minutos para llegar a esta Pagoda, un icono no solo de Hanoi sino de todo Vietnam, pues está considerada una reliquia cultural e histórica única en el país por su arquitectura. Data de mediados del siglo XI. Fue destruida por los franceses en 1954, en el transcurso de la Guerra de Indochina. Más tarde se reconstruyó solo la pagoda, pero no el resto del templo del que formaba parte.


Como indica su nombre, consta de un solo pilar. Es muy bonita, tanto por sí misma como por el entorno, rodeada de jardines y sobre un estanque con flores de loto. Acceso gratuito.

Templo de la Literatura.
Existen varios templos de la literatura (Van Mieu) en Vietnam, pero el más famoso es el de Hanoi. Está dedicado a Confucio y fue construido en 1070 por el rey Lý Thánh Tông. Figura en el reverso del billete de 100.000 VND. La entrada es de pago, pero merece la pena.

Fue la primera Universidad de Vietnam, graduándose estudiantes desde 1076 hasta 1779. Impartía enseñanzas de letras y literatura, con Confucio como figura central. Al principio, acogía solo a estudiantes de la realeza, pero luego se abrió a otras capas de la sociedad. La primera lección que aprendían los estudiantes era a comportarse respetuosamente, quedando para más adelante la adquisición de conocimientos, con el objetivo final de obtener tanto virtud como sabiduría.

El complejo tiene cinco patios vallados, un lago y unos jardines, con una superficie de más de 54.000 m2. Los dos primeros patios comprenden agua y plantas; el resto, edificios. Cada patio está conectado con el siguiente mediante puertas muy vistosas.


El primer patio es el más reciente (siglo XIX) y consta de tres senderos pavimentados, el central antiguamente era solo para la realeza y los mandarines, y los laterales para el resto de estudiantes y la gente común. A los lados, hay estanques con flores de loto. En los alrededores, vimos a numerosos jóvenes haciéndose fotos ataviados con trajes tradicionales. Muchos vienen aquí para pedir suerte en sus estudios. Las mariposas no les iban a la zaga, posando coquetamente para los visitantes.




La exigencia académica era tan alta que obtener las mejores calificaciones solo estaba al alcance de los alumnos más brillantes, cuyos nombres aparecen grabados en grandes losetas de piedra asentadas sobre tortugas esculpidas que representan la sabiduría y la longevidad. De las 116 losetas primitivas, se conservan 82. El conjunto está en el segundo patio, que cuenta con un gran estanque en el centro, cuyo nombre significa Pozo de la Claridad Celestial.



El siguiente patio está dedicado a los “sabios”. En dos salas laterales, se honra a Confucio y a 72 de sus escolares. En el centro, está la Casa de las Ceremonias, con sus correspondientes santuarios. Actualmente, aquí aún se entregan premios y condecoraciones a estudiantes destacados.



En el último patio (Thai Hoc), el más alejado, era donde se hallaba la Academia Imperial, la universidad propiamente dicha, cuyas dependencias originales fueron ampliadas con nuevas salas, dormitorios y almacenes por las sucesivas dinastías. Destruido por los franceses, fue restaurado en el año 2000 manteniendo el diseño primitivo. Actualmente, consta de dos edificios, el primero de los cuales se dedica a actividades científicas y culturales. El segundo tiene dos plantas; en la superior hay un balcón mirador y tres esculturas que representan a los monarcas que más contribuyeron al desarrollo de la Academia.

Se puede acceder a todo el recinto y sus estructuras. Pasamos bastante rato allí dentro. En mi opinión, si se va corto de tiempo, este sería uno de los lugares imprescindibles a visitar en Hanoi.