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BUJARÁ II Y MEDIO - TREN A SAMARCANDA
BUJARÁ II Y MEDIO - TREN A SAMARCANDA
Estancia en algún caravanserai de Bujará.
Bujará, Martes 7 de Octubre, 2025.
Me desperté pronto como siempre. El WC ya había sido arreglado. Me fui a desayunar. Hice el equipaje y pedí que me lo guardasen. Sin problema: Bueno sí: Había uno: La cara de funeral del recepcionista, pero accedió a guardármelo. Tenía medio día ya que mi tren a Samarcanda salía a las 16.55.
Con tiempo y sin plan definido salí del hotel pero en otra dirección a perderme por las sinuosas calles de Bujará que no se encuentran en la zona declarada "de interés histórico". Y llegué a un cruce donde había un par de carteles que indicaban direcciones a lugares "de patrimonio", así que me dirigí hacia el sur en dirección al Mausoleo Boboyi Poraduz.
Pasé primero por la Mezquita Arabon, de 1880, que estaba cerrada. Un minuto más tarde me encontré en un cruce donde hay un pequeño y sucio parque y la puerta del Iman Hazrati, del siglo XV, supuestamente de entrada a la antigua ciudad de Bujará, así que posiblemente formaba parte de una muralla o fortificación.
Crucé la carretera situada al otro lado del parque y había un cementerio judío. Hice amago de entrar pero el guarda de la puerta me dijo "¡¡STOP!!" muy firmemente indicando que no se admitían visitas así que continué hasta llegar al Mausoleo.
Mausoleo de Boboyi Poradoz.- Se construyó a finales del siglo XIX. En realidad es muy pequeño, poquita cosa. Poco destacable, pero tiene una historia interesante, ya que con anterioridad aquí había un conjunto de mausoleos, mezquitas, hospederías para peregrinos, etc del que sólo queda este pequeño mausoleo donde yace Boboyi Poradoz que fue al final de su vida jeque -además de ser considerado un erudito-. Él en realidad era sastre, costurero y zapatero remendón.
Según cuenta la leyenda un hombre que iba a peregrinar a La Meca le pidió a Boboyi que le hiciera unos zapatos que fuesen resistentes para hacer la ruta. Él se los hizo con cáscara de sandía. Tras varios años de peregrinaje, cuando regresó, sus zapatos seguían intactos. Este fenómeno le hizo ganar una inmensa reputación como maestro artesano. Su fama fue tal que los demás maestros le eligieron como su artesano jefe. Hoy es considerado patrón de los artesanos y la gente cuando va por el camino y pasa por delante de su tumba se quita el sombrero en señal de respeto. Este es uno de los poquísimos mausoleos en el que no hay enterrado un noble, khan o representante del clero sino un simple currela.
El edificio es de planta rectangular construído fundamentalmente de piedra y ladrillo, cubierto por una cúpula y una pequeña bóveda.

Salí del lugar y emprendí el camino de regreso pasando por los mismos lugares: El Cementerio Judío (lo volví a intentar pero nada: No dieron su brazo a torcer), el parque guarrillo, la Puerta del Iman Hazrati, me perdí por algunas callejuelas para terminar de nuevo en Chor Minar para así poder verlo con la luz del día. A pesar de que entré y ví que solo había vendedores de alfombras, no me dí cuenta hasta que ví la foto que saqué de que se puede subir al tejado por una escalera de caracol.
Este emblemático edificio, aunque aparece en muchas partes definido como "madrasa", no lo es. En realidad se trata del edificio de entrada a una madrasa hoy desaparecida.
b) Una calle cualquiera de Bujará; c) Chor Minar.
Salí del lugar y tomé la calle Khodja Nurobobod donde, al cabo de unos 5 minutos me llamó un hombrecillo de facciones mongólicas.
- ¡Psssst, psssst!
- ¿Qué pasa? -dije. Y me hizo un gesto como diciendo "Ven a ver esto".
Y entramos en una casa tradicional que evidentemente estaba en obras pero que era realmente bonita. Lo que pasa es que estaba bastante destartalada y llena de bártulos. La estaban restaurando. El señor me llevó a ver cada una de las estancias que se sitúan alrededor de un típico patio uzbeko con su porche y sus estilizadas columnas. No sé por qué yo me la imaginé como una posible futura cafetería.
Le dí las gracias al señor y éste, mostrándome sus dientes de oro reluciendo en su sonrisa puso la mano pidiendo dinero. Le dí 50000 soms (3 €). Con este dinero te puedes pagar una comida en Uzbekistan... Y entonces, tras tomarlo, con otra dorada sonrisa puso otra vez la mano. Y entonces -con mi dedo índice- le dije que no: Que la codicia es muy mala.
Tras despedirme proseguí mi camino hasta llegar a la Calle Samarcanda. Ya era la hora de comer. Ví el Kafe Sitora y no me lo pensé dos veces. Me tomé una shurpa (es decir: Sopa uzbeka "con fundamento": Con trozos de carne de ternera y verdurillas) y un agua mineral por 55.000 soms. Pedí un café pero me dijeron que no tenían y pensé "¡Qué curioso! Kafé Sitora no tiene café...!". Es lo que tiene la cultura del té.
Pagué y regresé a mi hotel, donde recogí mi equipaje y solicité por medio de la aplicación de Yandex un taxi que me llevase a la estación de Bujará, que en realidad no está en Bujará si no en la localidad de Kogon. El taxi me costó 28.000 soms (2€). Es alucinante lo barato que es este país.
Llegada a Samarcanda.-
Llegué tranquilo, con tiempo, así que me tomé un café. El tren llegó puntual. No era el Afrosiyob pero al cabo de dos horas y cuarto estábamos ya en la estación de Samarcanda que, por cierto, estaba a tope de gente.
Nada más salir de la estación tuve una sensación de "dejá vu": los taxistas revoloteaban alrededor de los pasajeros como moscones ofreciendo sus servicios. Y, tal como me pasó a mi llegada a Bujará, yo dije que no a todos porque había leído que sus tarifas están infladas. Hubo uno especialmente pelma que me costó quitarme de encima. Me fui a un banco, que estaba en un lugar apartado para consultar el precio que daba Yandex.... ¡¡Y era 3000 soms más caro que el precio del pelma-taxi...!! Así que no lo dudé y regresé donde él.
Durante el trayecto al hotel, además de la consabida conversación preguntándome de dónde soy y si soy del Real Madrid o del Barça, me ofreció sus servicios durante mi estancia en Samarcanda tanto de taxi como excursiones en grupo, etc. Me dio su tarjeta.... Business, business... pero no. Gracias. Una experiencia idéntica a la que tuve a mi llegada a Bujará.
Al cabo de 15 minutos (y tan sólo 25000 som, o sea 2€) me dejó en la puerta del Hotel Vasiev, que es como el portal de tu bloque de pisos. Fayuz, que previamente había contactado conmigo por medio de WhatsApp para preguntarme a qué hora tenía planeado llegar, estaba ahí, esperando mi llegada. Hice el check-in y me dijo:
- Estás de suerte: Te vas a alojar en una habitación mejor de la que habías reservado
- ¿De veras?
La habitación estaba en el segundo piso (sin ascensor): inmensa, limpia, fantástica. El baño super amplio, con frigorífico, kettle, tazas, tés y café soluble (la habitación, no el baño
Tras la cena, me fui a dormir.
