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BUJARÁ (II)
BUJARÁ (II)
Mujeres uzbekas: Amigas de Bujará de toda la vida.
Bujará, Lunes, 6 de Octubre, 2025.
Tras desayunar y antes de salir, informé al encargado del Hotel Mironshox que había un problema con el toilet y que estaba atascado. Me dijo que lo miraría poniéndo una cara muy rara... Bueno: él siempre tiene cara "rara". No es nada simpático. Una vez hecho esto, salí en dirección al Arq de Bujará, que se encuentra en el Registan. Podría haberlo hecho en taxi, pero preferí caminar. Llegué al cabo de unos 30 minutos.
Ciudadela de Arq.- Es una fortificación que se construyó en el siglo V d.C y que en su interior tiene una fortaleza militar y residencias habitadas por los miembros de las cortes reales gobernantes siendo utilizada como tal hasta la llegada de los rusos en 1920. La altura de las paredes de la muralla oscila entre los 16 y los 20 metros. Inicialmente dentro del recinto -de unas 4 hectáreas- había un palacio, estancias administrativas, guarniciones militares y un templo de la religión mazdeísta (culto a Zoroastro) sobre el que posteriormente, en el año 713 con la llegada de los árabes, se construyó la primera mezquita.
Fue asolado por varios pueblos para finalmente hacerlo los mogoles. La mayor parte de lo que se ve actualmente es del siglo XVI en adelante. En tiempos de los sabánidas (s.XVI) el Arq se expandió y en el se albergaban no sólo la población cortesana si no también otros 3.000 habitantes además de construirse nuevas mezquitas y talleres.
En 1920 hubo un incendio que destruyó el 80% de los edificios de el Arq de Bujará. El incendio no fue accidental, aunque nadie está seguro de si fueron los bolcheviques (presuntamente lanzando bombas desde aviones) o el emir derrocado, y comprensiblemente furioso, quien encendió la cerilla. Abandonado y ennegrecido, el cadáver del Arca fue un blanco fácil para la propaganda soviética y continuó desintegrándose a lo largo del siglo XX. El único uso que dieron a sus edificios restantes y en decadencia fue el de albergar el museo de historia y los archivos de Bujará.

Pagué 60.000 soms de entrada (4€). Lo primero que visitas -tras pasar bajo la emblemática puerta de acceso- es la Mezquita del Viernes (s. XVIII), que en su interior tiene expuestas algunas piezas de museo. También visité el Patio "Kushbegi" (s.XIX), el Patio del Trono, el palacio, que ahora tiene un museo de Bellas Artes, otro etnográfico y uno de numismática, y los establos. Y luego me dí una vuelta por el yacimiento arqueológico en el que se ve claramente que no quedó ni un solo edificio en pié y desde donde se pueden admirar vistas a la ciudad de Bujará aunque, no sé si era porque me daba el solazo de cara o qué, no me parecieron para tirar cohetes.
Salí del recinto, crucé la carretera para llegar de inmediato a la Mezquita Bolo Hauz.
Mezquita de Bolo Hauz.- Construída en 1712 tiene un bonito porche de estilizadas columnas de madera de olmo y avellano que protegen el iwan de la construcción y que soportan un techo de madera pintada. Delante de la mezquita hay un hauz o pequeño estanque -que le da nombre- y el minarete con variada decoración en sus bandas horizontales.

Me quité los zapatos en la entrada y me iba a quitar la gorra pero el guardián de la mezquita me dijo que no, que me la dejase puesta. Después de admirar bonito y elegante exterior cuando entras tienes una pequeña sensación de decepción: no está a la altura, pero el mihrab es realmente bonito.
Mausoleo Chashma Ayub.- Continué hacia el oeste por una calle que iba toda recta donde, por cierto, encontré baños públicos como siempre muy limpios, hasta llegar a una explanada donde se encuentra el Mausoleo Chashma Ayub y, frente al él, el Memorial al Imán Al-Bukhari.
"Chashma Ayub" significa "El Pozo de Job" debido a una leyenda que cuenta que Job, cuando visitó este lugar, dio unos golpes en el suelo con su bastón y -¡oh, milagro!- salió agua, construyéndose un pozo del cual sale agua pura y curativa. Me llamó la atención la cúpula cónica que tiene el edificio. Su interior alberga una exposición sobre el tratamiento y gestión del agua en Uzbekistán que hace que arquitéctonicamente hablando no tenga mucho atractivo.
Uno de los paneles de la exposición trata del problema del Mar de Aral: Entre 1911 y 1962, alcanzó su máximo auge, con un nivel de agua de 53,4 metros y un volumen de 1064 kilómetros cúbicos. A lo largo de los 30 años siguientes, el nivel del mar descendió 20 metros y su volumen disminuyó significativamente. La crisis es una preocupación mundial, con entre 15 y 75 millones de toneladas de polvo y sal que ascienden anualmente a la atmósfera desde el lecho marino seco. Los presidentes de Uzbekistán han abordado el problema en la ONU, lo que ha dado lugar a la creación del Fondo Internacional para la Salvación del Mar de Aral.
Últimamente, se observa una mejora en el problema. Por ejemplo, se está trabajando arduamente en la protección social de la población de la región. La protección de la salud maternoinfantil, la atención médica a la población y el suministro de agua potable están bien establecidos y se ha detenido el descenso del nivel del Mar de Aral.
Actualmente hay varios programas para la concienciación en la utilización responsable de los recursos de agua.

Monumento al Imán Al-Bukhari.- Situado justo enfrente del Mausoleo de Chashma-Ayub. ¿Su nombre completo? Abu Abdullah Muhammad ibn Ismail ibn Ibrahim ibn Mughira ibn Bardizba al-Jufi al-Bukhari, pero todos le conocían como "Al-Bukhari". Nació en Bujará en año 810. A la temprana edad de 6 años ya se sabía el Corán de pe a pa y lo repetía como un papagayo. Una fiera de sabiduría coránica. Unos años después, evidentemente, se convirtió en el mayor pensador y experto en estudios coránicos del mundo mundial, escribiendo gran cantidad de libros.
El monumento tiene forma de libro abierto tras el cual se encuentra el símbolo fácilmente reconocible de la luna creciente. Hay diseños en forma de estrella a ambos lados de las escaleras que conducen al museo. También hay una mezquita y una biblioteca, aunque yo no pude entrar para verlos. Se construyó en el 2001. El arquitecto es Zoirsho Kilichev, y se dice que utilizó ladrillos en el libro para representar celdas y, en última instancia, hadices (esto es: frases, proverbios, etc dichos por el Mensajero de Alá, Mahoma) recopilados por el famoso imán.
Mausoleo de Ismail Samani.- A apenas 5 minutos andando, cruzando el Parque Samani llegué al Mausoleo con el mismo nombre. De comienzos del siglo X, es el monumento islámico más antiguo de Bujará.
Se trata de un edificio en forma de cubo, con paredes de ladrillo decoradas con motivos de entrelazado que marca la tumba del fundador de la dinastía samánida, así como la de su padre, su sobrino y otros familiares. La tumba de Ismail Samani ha atraído a los peregrinos durante más de un milenio: fue uno de los lugares más sagrados de Bujará, la última morada de los antiguos reyes. Dicen que la cúpula del edificio es una representación del Cielo. La decoración de las paredes de ladrillo le da una textura como granulada.
El hecho de que esté construído con ladrillos cocidos en vez de secados al sol y a que estuvo en parte enterrado en la arena hasta 1934 lo protegió de los ataques de Gengis Khan, de los bolcheviques, de la erosión y de las inclemencias climáticas.

Ya empezaba a notar hambre así que volví sobre mis pasos para regresar otra vez al Mausoleo Chashma Ayub pues justo detrás de éste, cruzando una carretera se encuentra el Bazar Markazi, que es el principal mercado de comida de Bujará donde encontré un pequeño y rústico lugar llamado "Islam Plov". No me lo pensé y entré.
En Islam Plov el menú consiste en plov, plov y luego también tienen plov. Así que si no te gusta el plov te vas a quedar bastante "plofff". Para beber "chai" (té) y botellín de agua. Islam es el cocinero y dueño del lugar, un chaval con mucho garbo y energía. Estuvo bien. Pague 60.000 soms (4 €).

c) Pan uzbeko "nan"; d) Puesto de especias: La chica, muy maja, me invitó a un té
Fui al baño del bazar: Impecable (pagando, claro) y después pasé por un cajero para sacar un par de milloncitos. Cuando la máquina me proporcionó ese pedazo de fajo de billetes tuve un nuevo episodio de "éxtasis botxero": Los ojos se me ponen en blanco y todo...
- "Bueno, yo me voy a dar una vuelta"
- "Vale. Pero déjame la llave" -me dijo. A lo cual, yo, extrañado, le pregunté:
- "Pero ¿cómo? ¿No tienes una copia de la llave?
Pues no: No tenía otra copia de la llave. Ahora entiendo por qué no lo arregló en el tiempo en que yo estaba fuera. Decidimos que se la daba y él me la dejaba en la primera balda del mostrador de recepción. En fin: Una experiencia nueva: Yo nunca había atascado un WC hasta entonces. Pero más bien creo que aquí tienen un problema de fontanería. No recomiendo el Hotel Mironshox. Está limpio, el desayuno es bueno... pero no dan buena vibra.
Salí del hotel y decidí pasear por la Bujará profunda y auténtica: La que no está arreglada y financiada por la Unesco ¿Destino? La Mezquita Namozgoh, que se encuentra al sur de la ciudad a una media hora de mi hotel, que está lindando con el centro histórico.
La Bujará "no turística" consiste en sinuosas calles, sin aceras y con poco tráfico. Al comienzo -muy cerca de mi hotel- pasé por el Mausoleo Turki Jandi, del siglo XVII, pero no tiene mucho misterio. , pero luego llegué a una carretera general con mucha circulación y aceras al estilo de las de la India: Constante sube y baja, con escalones, baches, cambios de nivel. Muy incómoda. Al cabo de media hora por esa carretera general encontré la Mezquita Namozgoh. Es del siglo XII, aunque se construyó sobre una mezquita anterior. La entrada la tiene en el lado opuesto a la carretera y tiene enfrente un jardin poco cuidado y una gran explanada. Al parecer en esta mezquita se solían hacer grandes celebraciones en las principales festividades musulmanas. Tiene un mihrab con rica decoración pero cuando yo llegué -ya anocheciendo- estaba demasiado oscuro, así que no lo pude disfrutar. Aunque es uno de los edificios más antiguos de Bujará ya que sobrevivió al ataque de Gengis Khan, no merece la pena desviarse hasta ahí para verlo.
Estaba haciéndose de noche así que emprendí el camino de vuelta hasta el centro histórico para buscar un lugar donde cenar. Esta vez me apetecía algo más occidental: Pasta o algo italiano. Aterricé en un lugar llamado "Coffee House", cerca de la Plaza de Lyabi Hauz, que tiene una terraza. Tienen pizzas pero pedí un Kachapuri georgiano -que es similar a la pizza- y una cerveza. Estuvo bien. Me costó 110.000 soms (unos 4 €). Y seguidamente me di mi último paseo nocturno por Bujará antes de volver al hotel.


c) Toqi Zargaron (mercado de joyeros); d) Iwan de entrada de la Mezquita Kalyon; e) Madrasa de Abdulaziz Khan.
