A continuación, fuimos a ver un templo un tanto peculiar, del que casi todo el mundo habla bien: Banteay Srei, que significa ciudadela de las mujeres. Está un poco alejado, a 25 kilómetros del núcleo central de Angkor, motivo por el cual suele estar poco concurrido, ya que muchos turistas no llegan hasta allí. Lo cierto es que lo vimos casi en solitario.



Lo primero que llama la atención de este templo es su sorprendente color rosado, que adquiere una intensidad inédita rojiza bajo los rayos de un sol que brillaba con fuerza ese día pese a la presencia de algunas nubes. ¿Verdad que parece casi irreal? Las fotos no están saturadas.




Tiene la particularidad de que fue el único templo construido por mujeres; quizás por eso se dice que es el más bonito de todos pese a su pequeño tamaño, pues los edificios parecen preciosas miniaturas a escala en comparación con otros templos importantes. Su nivel de detalle y refinamiento es tan sublime que está considerado una auténtica joya del arte jemer.




Para su construcción se utilizó arenisca roja, material muy poco utilizado en Angkor, pero que resiste la intemperie y permite, a la vez, realizar unas tallas sumamente elaboradas. Las paredes se realizaron en ladrillo y laterita.




A diferencia de otros templos, Banteay Srei no fue un encargo real ni tenía utilidad estatal, sino que, en 967, lo fundó un noble y erudito llamado Yajnavaraha, consejero de Rajendravarman II y tutor de su hijo y heredero Jayavarman V. Estaba ubicado en una colina, rodeado por la pequeña población de Ishavarapura, en unas tierras que el rey le concedió a él y a sus hermanas, que colaboraron en su fundación, como consta en unas inscripciones que hay en las puertas. El entorno es muy bonito.



Todo el templo aparece cubierto de excepcionales relieves, más profusamente en la parte central y en las puertas y dinteles. Respecto a su estructura, guarda cierto parecido con el templo estatal Prasat Thom, en Koh Ker. Aunque fue descubierto por los franceses en 1914, no se restauró hasta pasadas dos décadas, sufriendo incluso saqueo en cuatro de sus esculturas por parte de Andre Malreau, quien llegó a ser ministro francés.


Dedicado al dios hindú Shiva, también se reverenciaba a Vishnu, sobre todo en la parte norte. Este templo nunca se convirtió al culto budista. Estaba formado por tres recintos rectangulares concéntricos. El muro exterior desapareció por completo, pues se cree que estaba hecho de madera. Sí que se conserva un frontón donde aparece Indra sobre su elefante de tres cabezas.




Por una avenida, se llega al recinto exterior, donde hay un foso que rodea el templo, ofreciendo un escenario ideal para las fotos.




A continuación, se alcanza el santuario provisto de tres torres situadas sobre una plataforma pero al mismo nivel. La central posee una antecámara. Dos bibliotecas simétricas completan el magnífico conjunto.



Las seis estructuras están completamente cubiertas de fantásticos relieves que refieren historias completas de Shiva que no voy a describir porque no terminaría nunca y tampoco tendría sentido. Prefiero que lo explicarlo con algunas fotos.




En resumen, nos encantó este templo: fue una sentencia unánime. Nos pareció precioso. Y también nos gustó mucho el lugar apartado donde se encuentra.

