Datos de la etapa:
Altitud ganada: 89 m
Ascenso total del día: 301 m
Descenso total del día: 212 m
Altitud máxima: 4835 m
Distancia recorrida: 4.9 km
Tiempo: 3h 50m
Día amarillo por delante, a pesar de ser relativamente corto (menos de 5 km). Cruzar el Ngozumpa Glacier es más duro de lo que parece. Es más difícil, duro y largo que cruzar el Khumbu Glacier, y es el tramo “menos favorito” de todo el trek para mucha gente, pero a mí personalmente me pareció una experiencia increíble, quizás porque hacía un día inmejorable, estábamos frescos después de haber dormido en Dragnag (en lugar de combinar el cruce con Cho La) y porque nos lo tomamos con calma al no tener más planes el resto del día. El paisaje es increíble, y saber que estás cruzando el glaciar más largo del Himalaya, con sus 36 km de longitud, tiene su punto. Es un glaciar que se está derritiendo a pasos agigantados, y tiene muchos lagos supraglaciales. Está en constante movimiento y el camino a seguir varía cada temporada, como ocurre con el Khumbu Glacier. Los locales lo marcan con montoncitos de piedras (en el Khumbu hay banderitas), pero el problema es que los marcadores que han quedado obsoletos no siempre los quitan, de forma que a veces parece que estás siguiendo el camino correcto pero no es difícil acabar perdido, por eso se recomiendo tanto tener guía al menos en este tramo.

Ngozumpa Glacier desde la morrena lateral este, con Renjo La y Gokyo Ri al fondo
Amaneció una mañana muy fría, con -5°C en la habitación. El comedor estaba helado y aunque no empezamos a andar demasiado pronto (8:30), me costó bastante entrar en calor, sobre todo las manos. La morrena lateral del glaciar está muy cerca de Dragnag pero el acceso está un poco más al norte, así que el camino discurre valle arriba paralelo a la morrena durante unos 600 m, antes de subir a la morrena para acceder al glaciar. Desde lo alto de la morrena tienes las primeras vistas del impresionante paisaje que tienes que atravesar, y a mí por lo menos me dejaron con la boca abierta. La cantidad de lagos de deshielo, algunos con un color verde precioso, es alarmante, y llegará un día en que los lagos se acaben fusionando y el acceso a Gokyo será imposible desde allí.


Ngozumpa Glacier
El glaciar es como una inmensa autopista que baja desde Cho Oyo, al fondo del valle y la sexta montaña más alta del mundo con sus casi 8200 m. El deshielo y el movimiento natural del glaciar hace que se desprendan enormes trozos de hielo y rocas. Es importante no acercarse a los lagos ni a los precipicios que se forman en algunos puntos. Cuando cruzamos nosotros nos encontramos con una pareja canadiense que había pasado las dos noches anteriores en los mismos hoteles que nosotros, y esa mañana habían salido un poco antes porque iban sin guía. Cuando los vimos nos dijeron que se habían perdido y habían tenido que retroceder para buscar el camino, y nos preguntaron si nos importaba que nos siguieran. Incluso en un día magnífico con una visibilidad inmejorable es relativamente fácil perderse – imaginaos lo que puede ser cruzar el glaciar a última hora de la tarde, con nubes, mal tiempo y poca visibilidad.






Cruzando el Ngozumpa Glacier
El camino va subiendo y bajando, serpenteando entre lagos y paredes de hielo. Los crampones eran necesarios en muchas partes, pero nos los teníamos que ir poniendo y quitando. La parte más peliaguda fue un tramo muy muy estrecho, helado, y con una caída casi vertical hacia un lado. El guía y el porter iban constantemente buscando el camino, adelantándose para asegurarse de que íbamos bien, y la verdad es que en ese momento lo agradecimos mucho. Yo veía cairns (los montoncitos de piedras que señalan el camino) por todas partes, y algunos eran de años anteriores. No sé cómo se aclaraban, la verdad. Finalmente llegamos al otro extremo del glaciar, y nos quedaba ascender la morrena lateral del otro lado, que fue una subidita interesante con crampones y mucha pendiente, pero con unas vistas maravillosas de lo que habíamos atravesado.



Ngozumpa Glacier desde la morrena lateral oeste, con Cholatse al fondo
Cuando por fin llegamos a lo alto de la morrena nos esperaba otro de esos paisajes que te quitan el hipo: el impresionante Dudh Pokhari o tercer lago de Gokyo, con el pequeño grupo de hoteles y casas en su orilla. Gokyo era, para mí, uno de los principales motivos del viaje, más incluso que EBC. Uno de esos sitios que ves en fotos y piensas “tengo que ir ahí y verlo con mis propios ojos”. Y la primera impresión no defraudó.


Gokyo
Tardamos casi 4 horas en cruzar desde Dragnag hasta Gokyo y llegamos justo para comer. Fuimos directos al hotel que había elegido, Thanka Inn. Gokyo tiene un estándar bastante alto, y el hotel más “famoso” y más caro es el Gokyo Resort, un edificio enorme con muchas habitaciones y situado en lo alto del pueblo. Thanka Inn, por el contrario, es el hotel más pequeño de Gokyo y está en la orilla del lago, y tiene muy buena reputación. El guía nos dijo que normalmente es bastante caro y se salía de nuestro presupuesto, y le dijimos que podíamos pagar nosotros el upgrade como habíamos hecho en la Pirámide, pero al llegar y hablar con el dueño (un tipo majísimo) nos consiguió una habitación con baño privado que en temporada alta hubiera sido $45 por 2500r (unos $15), así que no tuvimos que pagar nada. La habitación era soleada y calentita, y el hotel en general tenía muchos detallitos de agradecer: un pulsioxímetro en el comedor, una báscula para ver cuánto pesa tu mochila (o cuánto peso has perdido durante el trek!), toallas para la ducha, silla de masaje, una mochilita en la habitación para hacer las excursiones… La ducha no entraba en el precio y eran 900r. Pedimos la comida (veg egg burger 1490r, veg egg cheese pizza 1260r) y, aunque tardaron mucho en hacerla, la verdad es que estaba muy buena. Esa tarde aprovechamos para ducharnos (la ducha era de las mejores del trek). Nos planteamos (muy brevemente) subir a Gokyo Ri esa tarde para el atardecer, pero al final decidimos que podíamos pasar el segundo día “comodín” en Gokyo, que para eso era el sitio que más ilusión me hacía visitar del trek, y quedarnos allí tres noches, de forma que podíamos subir a Gokyo Ri al día siguiente. Nos tomamos la tarde libre: ducha, relax, comida, té, cartas… lo normal. Estuvimos hablando con el dueño un buen rato, que nos dijo cómo poder compartir el bono de wifi entre dos personas, en lugar de tener que comprar dos (lo habíamos intentado ya alguna vez pero no habíamos sido capaces). Por si a alguien le interesa: cuando la primera persona ha terminado y se desconecta tiene que olvidar la red, esperar 5 o 10 minutos, y la segunda persona ya puede conectarse usando el mismo código. Nos funcionó sin problema y nos ahorró unas rupias. Ya os digo que era un tipo muy majo. Nos recomendó también subir a la morrena a ver el atardecer, pero fuimos muy vagos y nos quedamos en el comedor. Ahora me arrepiento de no haber aprovechado, porque he visto un video en youtube de un chico que estuvo allí unas semanas antes que nosotros, justo después de la gran nevada, y sí subió a la morrena a ver el atardecer, y es increíble (y el esfuerzo es mucho menor que subir hasta Gokyo Ri), con el añadido de que puedes ver el atardecer sobre el propio lago (algo que no ves desde lo alto de Gokyo Ri)… En fin, una pena, pero me lo apunto para la próxima.
Una de las cosas que más me gustó del Thanka Inn fue su comida. El menú tenía cosas distintas que no habíamos visto en todo el trek. Esa tarde, para cenar, pedimos Rigi Kur (una especie de pancake de patata con mantequilla de yak y una salsa de cebolla y patata, 860r) , Ting momo veg curry (un tipo de momo distinto que no conocíamos, era una única momo que era solo masa, sin relleno, como un bollito al vapor, servida con un curry vegetariano para mojar, 1030r), y Swiss rosti con doble huevo (1390r). Todo buenísimo!