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Como queríamos hacer una última actividad en los alrededores de Rocky Harbour antes de marchar hacia St. Anthony, nos levantamos un poco antes de lo habitual. A las 7h45 ya teníamos cargado el coche. Echamos un último vistazo a lo que había sido nuestro alojamiento los últimos tres días y pusimos rumbo hacia Bakers Brook Falls. El cielo estaba completamente despejado y el termómetro apenas llegaba a los 2 °C

El sendero atraviesa bosques de abetos balsámicos y turberas hasta llegar a una espectacular cascada de varios niveles que cae sobre crestas de piedra caliza.
Para resguardar el ecosistema, gran parte del camino transcurre sobre pasarelas de madera. El resto del camino es pista de tierra. Lo más destacable es la presencia de flores silvestres en primavera y verano, además de la planta carnívora Purple Pitcher Plant y varias especies de aves.
Para resguardar el ecosistema, gran parte del camino transcurre sobre pasarelas de madera. El resto del camino es pista de tierra. Lo más destacable es la presencia de flores silvestres en primavera y verano, además de la planta carnívora Purple Pitcher Plant y varias especies de aves.

A lo largo de la caminata pudimos ver varios paneles interpretativos sobre la regeneración del bosque tras el impacto de los vientos, insectos y la población de alces (es habitual divisar alces en la zona). Por cierto, aunque nosotros no vimos ninguno, una pareja canadiense que conocimos durante el recorrido, nos dijo que ellos habían visto un moouse joven, cuando iban hacia la cascada. Nos enseñaron la foto que habían sacado y la verdad es que nos dieron mucha envidia, jejeje
Al final del recorrido llegamos a unos miradores donde se tienes unas vistas increíbles de la cascada. Al primer mirador se accede desde el propio camino y no tiene ninguna dificultad (primera foto). Para acceder al segundo mirador, tuvimos que bajar por un tramo de escaleras un pelín empinadas, aunque el esfuerzo mereció la pena (segunda foto).
La única “pena” (lo que no seáis aficionados a la fotografía no lo entenderéis) es que, a la hora que llegamos a los miradores, el sol ya estaba demasiado alto y al no haber ni una sola nube, la luz era malísima para sacar fotos. Así todo, los saltos de agua son espectaculares.
La única “pena” (lo que no seáis aficionados a la fotografía no lo entenderéis) es que, a la hora que llegamos a los miradores, el sol ya estaba demasiado alto y al no haber ni una sola nube, la luz era malísima para sacar fotos. Así todo, los saltos de agua son espectaculares.


Después de tomar el “hamaiketako” (tradición del País Vasco que consiste en tomar un almuerzo o tentempié a media mañana. Hamaika es 11 en euskera) nos pusimos en marcha para deshacer los 5 km que habíamos recorrido desde el parking.
Mientras buscábamos información para organizar el viaje, vimos un video en Youtube (lo siento, pero no lo he vuelto a encontrar para dejar el enlace), donde hablaban de un experimento que habían hecho en esta zona para demostrar el impacto de los moouses en el ecosistema. ¿Recordáis lo que vimos en el sendero hacia el embarcadero de Western Brook Pond?
Aquí lo que han hecho, es crear un espacio protegido (los moouses no pueden entrar) para ver la diferencia de la vegetación entre la zona protegida y la que no lo está. Como os podéis imaginar, dentro del recinto protegido, la vegetación es mucho más variada y exuberante.
Mientras buscábamos información para organizar el viaje, vimos un video en Youtube (lo siento, pero no lo he vuelto a encontrar para dejar el enlace), donde hablaban de un experimento que habían hecho en esta zona para demostrar el impacto de los moouses en el ecosistema. ¿Recordáis lo que vimos en el sendero hacia el embarcadero de Western Brook Pond?
Aquí lo que han hecho, es crear un espacio protegido (los moouses no pueden entrar) para ver la diferencia de la vegetación entre la zona protegida y la que no lo está. Como os podéis imaginar, dentro del recinto protegido, la vegetación es mucho más variada y exuberante.

Al discurrir por bosques resguardados del viento y turberas, los mosquitos y moscas negras suelen ser abundantes en temporada de verano. Afortunadamente para mí (que normalmente es a quien le pican), todavía hacía demasiado frío para ellos, jejeje
A las 11h45 estábamos de vuelta en el parking. Como teníamos 350 km hasta St. Anthony, no nos entretuvimos mucho. Sólo nos despedimos de la pareja canadiense (volvimos juntos casi todo el camino) y nos deseamos buena ruta mutuamente.
Aunque el termómetro no había conseguido subir de los 6°C, al no haber ninguna nube, la verdad es que se estaba muy bien e incluso nos tuvimos que arremangar la sudadera (si es que los de Bilbao nos tenemos ganada la fama a pulso).
A las 11h45 estábamos de vuelta en el parking. Como teníamos 350 km hasta St. Anthony, no nos entretuvimos mucho. Sólo nos despedimos de la pareja canadiense (volvimos juntos casi todo el camino) y nos deseamos buena ruta mutuamente.
Aunque el termómetro no había conseguido subir de los 6°C, al no haber ninguna nube, la verdad es que se estaba muy bien e incluso nos tuvimos que arremangar la sudadera (si es que los de Bilbao nos tenemos ganada la fama a pulso).
Sobre las 13h, a la altura de St. Pauls, vimos un supermercado junto a la carretera y como no sabíamos cuando podíamos encontrar otro tan a mano, paramos para comer allí mismo. Una ensalada fría de pasta con patatas, refrescos y algo de vicio de postre. También aprovechamos para reponer las provisiones que siempre nos gusta llevar en el coche. Todo nos salió por $48,24 (31,07€).
Ahhh se nos olvidaba. Poco antes de la parada, vimos unas marcas de frenada muy largas en la carretera que acababan en lo que parecía una gran mancha de sangre. Lo primero que pensamos fue en que había habido algún accidente entre un coche y un moouse o caribou.
De vuelta en la carretera, al de pocos kilómetros nos encontramos con una zona de obras donde estaban reasfaltando el firme y mientras tanto habían echado una capa de “piedrilla blanca”. No os podéis hacer una idea del estrés que pasábamos cada vez que nos cruzábamos con algún coche que iba demasiado deprisa para nuestro gusto. Por favor… es un coche de alquiler!!!
De vuelta en la carretera, al de pocos kilómetros nos encontramos con una zona de obras donde estaban reasfaltando el firme y mientras tanto habían echado una capa de “piedrilla blanca”. No os podéis hacer una idea del estrés que pasábamos cada vez que nos cruzábamos con algún coche que iba demasiado deprisa para nuestro gusto. Por favor… es un coche de alquiler!!!

Sin prisa pero sin pausa, seguimos devorando kilómetros y a las 14h30 pasamos por la desviación hacia Port Au Choix. A partir de aquí, era territorio desconocido para nosotros porque, en el viaje de 2015 no subimos más al norte.

Supongo que no os acordaréis, pero en el viaje de 2015 nos llamó mucho la atención como, a pesar de ser uno de los países más avanzados del mundo, sujetaban con piedras, los postes de la electricidad. Como podéis ver en la foto de la derecha, once años después, lo siguen haciendo, jejeje
Aunque a veces se hacía difícil (debido a las enormes rectas y al paisaje monótono), intentamos mantener en todo momento la atención en la carretera y para ello, nos fuimos fijando en las señales de tráfico que no estamos acostumbrados a ver (nunca habíamos una señal donde se anunciara un cruce frecuentado por motos de nieve).
Ya habíamos hecho tres cuartas partes del camino y, mientras pasábamos por Flowers Cove, nos pareció que se veía un faro a lo lejos. Qué mejor excusa para parar un momento para descansar del viaje y estirar las piernas.
No nos acercamos al faro, ya que está en una península y no teníamos claro (ni tampoco tiempo para investigar) cómo se llegaba a él. Nos conformamos con sacar unas fotos en la distancia.
No nos acercamos al faro, ya que está en una península y no teníamos claro (ni tampoco tiempo para investigar) cómo se llegaba a él. Nos conformamos con sacar unas fotos en la distancia.

A medida que seguíamos subiendo hacia el norte, pudimos ver cómo la cima de las montañas estaba todavía cubierta de nieve. Incluso en algunas zonas, había nieve en los bordes de la carretera. Señal de que íbamos a pasar “fresquito”, jejeje
En Eddies Cove East , cuando la carretera 430 abandona la costa y gira hacia el este, pudimos ver a lo lejos unos icebersg. ¡No os podéis imaginar el vuelco que nos dio el corazón! El avistamiento de icebergs es aleatorio e impredecible. No todos los años se ve la misma cantidad ni del mismo tamaño. A pesar de la distancia, uno de ellos parecía bastante grande.
A ratos, la carretera estaba en bastante malas condiciones. No sólo “remiendos” sino socavones que al pasar por ellos (cuando no podíamos evitarlos), el coche parecía que iba a dejar allí la suspensión.
A las 17h pasamos junto a la señal de “Bienvenidos a Vinland” y eso significaba que estábamos muy cerca del alojamiento donde íbamos a pasar los siguientes tres días ¿o serían cuatro, al final?
En Eddies Cove East , cuando la carretera 430 abandona la costa y gira hacia el este, pudimos ver a lo lejos unos icebersg. ¡No os podéis imaginar el vuelco que nos dio el corazón! El avistamiento de icebergs es aleatorio e impredecible. No todos los años se ve la misma cantidad ni del mismo tamaño. A pesar de la distancia, uno de ellos parecía bastante grande.
A ratos, la carretera estaba en bastante malas condiciones. No sólo “remiendos” sino socavones que al pasar por ellos (cuando no podíamos evitarlos), el coche parecía que iba a dejar allí la suspensión.
A las 17h pasamos junto a la señal de “Bienvenidos a Vinland” y eso significaba que estábamos muy cerca del alojamiento donde íbamos a pasar los siguientes tres días ¿o serían cuatro, al final?



A pesar de que, por fuera, el aspecto recordaba mucho a los típicos “moteles de carretera”, cuando vimos nuestra habitación, nos quedamos tranquilos porque, aunque era sencilla, también era bastante grande y tenía todo lo necesario. Además tenía unas “puertas francesas” que daban acceso a la parte de atrás del edificio (cosa que nos vino muy bien, aunque os lo contaremos más adelante, jejeje).
Sobre nuestro anfitrión, poco que reseñar. Nos recordó mucho al que tuvimos durante nuestro último viaje a Escocia, en Estroncia. Un poco peculiar, con aspecto “pelín” desaliñado, pero correcto en el trato (que es lo importante).
Sobre nuestro anfitrión, poco que reseñar. Nos recordó mucho al que tuvimos durante nuestro último viaje a Escocia, en Estroncia. Un poco peculiar, con aspecto “pelín” desaliñado, pero correcto en el trato (que es lo importante).

Una vez estuvimos instalados, pensamos que todavía teníamos tiempo de acercarnos a St. Anthony, para tener una primera toma de contacto con la zona y si había suerte, ver nuestros primeros icebergs de cerca. Por cierto, la temperatura era de 7 °C y la habitación estaba bastante fría, así que encendimos la calefacción para que se fuera caldeando.
Al llegar a St. Anthony, fuimos directos a un punto elevado que ya teníamos marcado en el mapa y desde donde se tiene unas magníficas vistas de la bahía. Según nos acercábamos, vimos varios coches aparcados y gente sacando fotos, así que… no podía ser otra cosa.
Al llegar a St. Anthony, fuimos directos a un punto elevado que ya teníamos marcado en el mapa y desde donde se tiene unas magníficas vistas de la bahía. Según nos acercábamos, vimos varios coches aparcados y gente sacando fotos, así que… no podía ser otra cosa.


Tenemos que reconocer que, sin tener algo con lo que comparar, es difícil mostrar lo grande que puede llegar a ser un iceberg (y eso que dicen que la parte que está fuera de la superficie, sólo es un 10% del tamaño total). Tendréis que hacer un acto de fe y creernos, pero de verdad que ¡algunos son enormeeeeeeeeeees!
Como andábamos bien de tiempo, nos acercamos hasta el faro de Fox Point (conocido también como Fishing point), en el lado opuesto de la bahía.
Como andábamos bien de tiempo, nos acercamos hasta el faro de Fox Point (conocido también como Fishing point), en el lado opuesto de la bahía.
El faro original construido en hierro (1912), fue sustituido por otro más moderno y de aluminio en 1960. La torre vieja quedó fue lanzada al mar, aunque quedó atrapada en una grieta. El paso de los años y la fuerza del mar, han hecho que, actualmente descanse en el fondo del mar, a unos 70 mt de profundidad.
El faro actual data de 2002/2003, tiene una altura aproximada de 10 mt y su luz, es visible a unos 26 km. Sigue siendo una ayuda a la navegación y está mantenido por la Guardia Costera canadiense.
Desde el faro, también pudimos ver otros dos icebergs, aunque estaban un poco más lejos y tuvimos que “tirar” de teleobjetivo.
El faro actual data de 2002/2003, tiene una altura aproximada de 10 mt y su luz, es visible a unos 26 km. Sigue siendo una ayuda a la navegación y está mantenido por la Guardia Costera canadiense.
Desde el faro, también pudimos ver otros dos icebergs, aunque estaban un poco más lejos y tuvimos que “tirar” de teleobjetivo.
Muy cerca de donde se encuentra el faro, vimos un hidroavión “aparcado” en mitad de un parque (Canso Memorial Park) y no pudimos resistir la tentación de conocer su historia. El hidroavión era un Consolidated PBY Canso y fue utilizado durante años por el gobierno provincial de Terranova y Labrador como avión cisterna para la extinción de incendios forestales.
El parque rinde homenaje al capitán Ronald Penney (un joven piloto de 26 años natural de St. Anthony) y a su copiloto Yannick Dutin, quienes fallecieron trágicamente en 1967 al estrellarse mientras combatían un incendio forestal en un hidroavión similar. En la web del ayto. de St. Anthony podéis leer la historia completa.
El parque rinde homenaje al capitán Ronald Penney (un joven piloto de 26 años natural de St. Anthony) y a su copiloto Yannick Dutin, quienes fallecieron trágicamente en 1967 al estrellarse mientras combatían un incendio forestal en un hidroavión similar. En la web del ayto. de St. Anthony podéis leer la historia completa.

Antes de volver al alojamiento, cenamos en un Mary´s Brown (restaurante de comida rápida especializado en hamburguesas de pollo). La cena para los dos, nos salió por $46,10 (29,62€).

De vuelta en el alojamiento, conocimos a dos chicas francesas que vivían en Saint-Pierre-et-Miquelon, un archipiélago de islas que están al sur de la isla de Terranova y que pertenecen a Francia. Habían venido en Ferry e iban a recorrer Terranova durante 3 semanas. Una de ellas había estado varios meses en Valencia y se defendía hablando español, así que estuvimos de charla un buen rato hablando de cómo iban nuestros respectivos viajes. De hecho, la ruta que iban a hacer era bastante parecida a la nuestra, quitando la parte de Labrador. ¿Las volveríamos a ver en algún otro sitio? Tendréis que seguir leyendo el diario, jejeje
Una curiosidad (o no tanto). La matrícula de su coche, era… francesa (como no podía ser de otra manera) y similar a las que podemos ver en Europa.
Una curiosidad (o no tanto). La matrícula de su coche, era… francesa (como no podía ser de otra manera) y similar a las que podemos ver en Europa.
Una vez en la habitación, la rutina de siempre: revisar las actividades del día siguiente, descargar fotos, hacer copia de seguridad y saludar a la familia. La aplicación del tiempo en el teléfono, decía que estábamos a tan sólo 1°C. ¡Menos mal que habíamos dejado puesta la calefacción en la habitación!
*** final del día 5 ***
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