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El despertador, para no variar, sonó a las 7h, aunque Anna me comentó que llevaba bastante tiempo despierta debido a que, como no había persianas y la cortina no tapaba completamente la ventana, entraba bastante luz. El cielo estaba bastante nublado y parecía que soplaba un poco de viento. La temperatura, aunque algo más alta que en la tarde anterior, tampoco era para “tirar cohetes”. Unos justitos 3 °C.
Aprovechando que en este alojamiento teníamos el desayuno incluido, anduvimos algo más tranquilos a la hora de prepararnos, pero para las 8h ya estábamos en el comedor. Había las típicas cosas incluidas en el llamado “desayuno continental”: café, colacao, bollería y también fruta.
Cuando estábamos eligiendo qué desayunar, apareció nuestro anfitrión y nos preguntó si nos apetecía algo cocinado. ¡Vaya pregunta! ¡Cuándo le he dicho yo que no, a un coocked breakfast!
Mientras desayunábamos, nos preguntó a ver si habíamos visto el caribou. ¿Queeeeeeeé? ¿Un caribou en la zona y nos lo habíamos perdido? La verdad es que nos dio bastante pena porque era una de los animales que nos faltaba de ver.
Aprovechando que en este alojamiento teníamos el desayuno incluido, anduvimos algo más tranquilos a la hora de prepararnos, pero para las 8h ya estábamos en el comedor. Había las típicas cosas incluidas en el llamado “desayuno continental”: café, colacao, bollería y también fruta.
Cuando estábamos eligiendo qué desayunar, apareció nuestro anfitrión y nos preguntó si nos apetecía algo cocinado. ¡Vaya pregunta! ¡Cuándo le he dicho yo que no, a un coocked breakfast!
Mientras desayunábamos, nos preguntó a ver si habíamos visto el caribou. ¿Queeeeeeeé? ¿Un caribou en la zona y nos lo habíamos perdido? La verdad es que nos dio bastante pena porque era una de los animales que nos faltaba de ver.
Antes de las 9h estábamos listos, así que nos pusimos en marcha hacia nuestro primer destino del día, el Charles S. Curtis Memorial Hospital. Os preguntaréis si nos había pasado algo, pero no (os adelantamos que, en este viaje por suerte, no hemos tenido que hacer uso del seguro médico). Simplemente que, cuando buscábamos información de actividades alternativas al avistamiento de icebergs en la zona de St. Anthony, nos llamó la atención unos murales que había dentro del hospital y como estaban en la zona pública, se podían visitar. Supongo que nos llamaron la atención porque el autor de los mismos es el español Jordi Bonet i Godó (1932–1979).
Destacado pintor, ceramista y escultor, nació en Barcelona y emigró a Quebec en 1954, convirtiéndose en una de las figuras más influyentes del arte público e integración arquitectónica en Canadá. Su obra en el Charles S. Curtis Memorial Hospital fue creada en 1967 y representa la vida, tradiciones e historia de los pueblos originarios de a región (Inuit e Innu) y de los pobladores costeros de Terranova.
Destacado pintor, ceramista y escultor, nació en Barcelona y emigró a Quebec en 1954, convirtiéndose en una de las figuras más influyentes del arte público e integración arquitectónica en Canadá. Su obra en el Charles S. Curtis Memorial Hospital fue creada en 1967 y representa la vida, tradiciones e historia de los pueblos originarios de a región (Inuit e Innu) y de los pobladores costeros de Terranova.

Después de la visita a los murales (no lo hemos dicho, pero nos gustaron mucho), nos dirigimos al Grenfell House Museum, desde donde salía una caminata que queríamos hacer.
La caminata de la Tea House Hill es una de las rutas más emblemáticas en St. Anthony, y parte justo detrás del Charles S. Curtis Memorial Hospital y del Grenfell House Museum. Su nombre viene dado por el médico misionero Sir Wilfred Grenfell, figura clave en el desarrollo médico de la región, quien construyó una pequeña casa de té en la cima de la colina a principios del siglo XX para que los trabajadores de la comunidad descansasen y disfrutasen de las vistas.
La caminata de la Tea House Hill es una de las rutas más emblemáticas en St. Anthony, y parte justo detrás del Charles S. Curtis Memorial Hospital y del Grenfell House Museum. Su nombre viene dado por el médico misionero Sir Wilfred Grenfell, figura clave en el desarrollo médico de la región, quien construyó una pequeña casa de té en la cima de la colina a principios del siglo XX para que los trabajadores de la comunidad descansasen y disfrutasen de las vistas.

Es un sendero relativamente corto y de dificultad moderada debido al tramo de subida (unos 20 a 30 minutos hasta la cima). En la cumbre se encuentra el sitio memorial con las placas de la familia Grenfell, donde reposan sus cenizas. Miradores y vistas: La cima cuenta con tres miradores panorámicos desde los cuales se divisa todo el puerto de St. Anthony, las aguas del mar del Labrador y la cadena de montañas White Hills.
Cuando entramos en el museo para preguntar por el sendero, nos dijeron que había mucha nieve todavía y que no nos recomendaban hacerlo. Así todo, salimos fuera para comprobarlo con nuestros propios ojos. La nieve parecía tener un grosor de, por lo menos, medio metro, así que, aunque con mucha pena, tuvimos que descartar la actividad.
Cuando entramos en el museo para preguntar por el sendero, nos dijeron que había mucha nieve todavía y que no nos recomendaban hacerlo. Así todo, salimos fuera para comprobarlo con nuestros propios ojos. La nieve parecía tener un grosor de, por lo menos, medio metro, así que, aunque con mucha pena, tuvimos que descartar la actividad.
Aunque no lo teníamos previsto, ya que estábamos allí, decidimos visitar la casa museo y así, conocer un poco más la vida de la persona más relevante en la historia de St. Anthony (vimos muchos carteles con su nombre por todo el pueblo).

Como no pudimos hacer la caminata, no nos cobraron la entrada, pero nos invitaron a hacer una pequeña donación (x2) de $5 (3,22€).

Tras su llegada a la región en 1892, Grenfell eligió a St. Anthony como sede de la International Grenfell Association. Construyó el primer hospital permanente de la zona, lo que convirtió al pueblo en el núcleo de atención médica para toda la costa de Terranova y el Labrador.
Además de ejercer como médico, fundó la primera escuela aconfesional de St. Anthony (1909), un orfanato, cooperativas de comercio para librar a los pescadores de las deudas y promovió industrias artesanales locales. Sus acciones hicieron que St. Anthony pasara de ser un pequeño asentamiento pesquero, a ser la capital regional del norte de Terranova y Labrador.
Gracias a su carisma y a sus campañas de recaudación de fondos en EE. UU., Canadá y Gran Bretaña, atrajo la atención internacional hacia St. Anthony, obteniendo donaciones y trayendo médicos, enfermeras y voluntarios de todo el mundo.
Además de ejercer como médico, fundó la primera escuela aconfesional de St. Anthony (1909), un orfanato, cooperativas de comercio para librar a los pescadores de las deudas y promovió industrias artesanales locales. Sus acciones hicieron que St. Anthony pasara de ser un pequeño asentamiento pesquero, a ser la capital regional del norte de Terranova y Labrador.
Gracias a su carisma y a sus campañas de recaudación de fondos en EE. UU., Canadá y Gran Bretaña, atrajo la atención internacional hacia St. Anthony, obteniendo donaciones y trayendo médicos, enfermeras y voluntarios de todo el mundo.

Poco antes del mediodía dimos por finalizada la visita y nos fuimos en busca de icebergs. Pero antes hicimos una parada técnica para repostar y comprar unos hot chocolate con unos bollos de canela. 27,931L x $1,926 = $53,80 (34,57€).


Intentando localizar algún sitio donde ver más de cerca los icebergs del día anterior, encontramos un rincón solitario donde había unas vistas diferentes e increíbles de los icebergs.


Como ya comentamos anteriormente, sin tener otra cosa con la que comparar, es difícil saber el tamaño de los icebergs a través de unas fotografías, pero en esta ocasión la suerte estuvo de nuestra parte y, delante de uno de los icebergs, se cruzó un barco pesquero. Ahí se puede ver la grandiosidad de esas moles de hielo.

Para llevarnos una prueba de nuestro viaje en busca de icebergs, bajé a la orilla y sostuve (no sin esfuerzo) un trozo grande de hielo mientras Anna inmortalizó el momento.
Además de los icebergs, nos llamó la atención que la ladera donde estábamos, estaba llena de una especie caparazones vacíos (del tamaño de una pelota de golf) que nos parecieron súper curiosos. Preguntando al oráculo, nos dijo que se trataba de “carcasas” de erizo de mar verde que es una especie de erizo autóctona y dominante en las aguas frías de Terranova y el atlántico noroccidental. Por cierto, pensamos en traernos una de recuerdo, pero la verdad es que eran muy frágiles y se rompían con la mirada.

Después de la increíble sesión fotográfica, nos entró hambre y nos acercamos al supermercado Coleman, en el centro de St. Anthony. El supermercado tenía una zona de comida lista para llevar, así que no lo pensamos dos veces. También compramos ya la cena (aunque se enfriara, la podíamos calentar luego, en el alojamiento). Nos gastamos $37,11 (23,84€).
La única pena, es que el supermercado no tenía una zona dónde poder comer sentados, así que tuvimos que disfrutar de la comida, en el interior del coche (fuera no hacía temperatura para estar quieto).
De camino a la actividad que teníamos programada para la tarde, todavía tuvimos oportunidad de ver algún que otro iceberg. Para fotografiar el que aparece en las siguientes fotos, tuvimos que acceder (previa petición de permiso a la dueña) al jardín trasero de una casa privada. Tenemos que decir que siempre que hemos preguntando para entrar en una propiedad privada para sacar fotos de icebergs, nunca nos han puesto ninguna pega y siempre con una sonrisa. ¡Así da gusto!
La única pena, es que el supermercado no tenía una zona dónde poder comer sentados, así que tuvimos que disfrutar de la comida, en el interior del coche (fuera no hacía temperatura para estar quieto).
De camino a la actividad que teníamos programada para la tarde, todavía tuvimos oportunidad de ver algún que otro iceberg. Para fotografiar el que aparece en las siguientes fotos, tuvimos que acceder (previa petición de permiso a la dueña) al jardín trasero de una casa privada. Tenemos que decir que siempre que hemos preguntando para entrar en una propiedad privada para sacar fotos de icebergs, nunca nos han puesto ninguna pega y siempre con una sonrisa. ¡Así da gusto!
Por la tarde teníamos reservada la que quizás era la actividad más esperada de todo el viaje, la salida en barco (lancha fueraborda) para ver icebergs en alta mar.
La reservamos con la empresa Dark Tickle Expeditions porque mientras preparábamos el viaje, nos surgieron dudas respecto a la elección de las fechas y el tipo de barco y siempre nos contestaron muy rápido y de forma muy amable.
La reservamos con la empresa Dark Tickle Expeditions porque mientras preparábamos el viaje, nos surgieron dudas respecto a la elección de las fechas y el tipo de barco y siempre nos contestaron muy rápido y de forma muy amable.
Aunque tenían un tour más barato (en un barco más grande y con más gente), nosotros preferimos darnos un capricho y reservar el tour privado sólo para nosotros y en una lancha fueraborda. El precio del tour fue de $464,84 (300€) y estuvimos aprox. 1h30.
Los que habéis leído alguno más de nuestros diarios, sabéis que podemos ahorrar comprando comida de supermercados o incluso comiendo en el coche, pero cuando se trata de actividades que realmente nos gustan, no reparamos en gastos (unos prefieren gastar su dinero en una (o varias) noches/s en un hotel del lujo con SPA y otros preferimos salir a alta mar a ver icebergs o fotografiar osos grizzly pescando salmones, en Bella Coola).
A las 16h llegamos a St. Lunaire Griquet y, mientras se hacía la hora del viaje en lancha, estuvimos haciendo fotos de la bahía y de la bonita cabaña roja que parecía habían puesto allí para nosotros (y para el resto de amantes de la fotografía, jejeje).
Los que habéis leído alguno más de nuestros diarios, sabéis que podemos ahorrar comprando comida de supermercados o incluso comiendo en el coche, pero cuando se trata de actividades que realmente nos gustan, no reparamos en gastos (unos prefieren gastar su dinero en una (o varias) noches/s en un hotel del lujo con SPA y otros preferimos salir a alta mar a ver icebergs o fotografiar osos grizzly pescando salmones, en Bella Coola).
A las 16h llegamos a St. Lunaire Griquet y, mientras se hacía la hora del viaje en lancha, estuvimos haciendo fotos de la bahía y de la bonita cabaña roja que parecía habían puesto allí para nosotros (y para el resto de amantes de la fotografía, jejeje).


Al hacer la reserva del tour, nos dijeron que teníamos que estar ½ hora antes en el embarcadero donde nos esperaría nuestro guía/capitán. Como no teníamos clara la ubicación, decidimos acercarnos antes a la oficina de la empresa para que supieran que ya estábamos allí. Hemos dicho oficina, pero realmente era una tienda de artesanía y recuerdos, con una pequeña cafetería en la planta superior.
Como me tenía que tomar la pastilla del mareo, aprovechamos para tomarnos unos cafés calentitos (con unos scones) $16,68 (10,28€) y comprar alguna cosilla en la tienda.
Gracias a las indicaciones que nos dieron, localizamos sin problema el embarcadero. Cuando llegamos, vimos que llegaba una lancha con varias personas que habían hecho el tour anterior. Una vez en el interior de la nave donde guardan las lanchas y demás aparatos, nos dieron los trajes de seguridad (obligatorios para este tipo de actividades) y, mientras nos los poníamos, pudimos oír lo bien que se lo habían pasado los viajeros anteriores.
Una vez se despidieron las personas del tour anterior, el capitán nos preguntó a ver si teníamos guantes y al decirle que no, nos dijo que iba a hacer frío y nos ofreció unos de préstamo que, por supuesto, aceptamos.
Como me tenía que tomar la pastilla del mareo, aprovechamos para tomarnos unos cafés calentitos (con unos scones) $16,68 (10,28€) y comprar alguna cosilla en la tienda.
Gracias a las indicaciones que nos dieron, localizamos sin problema el embarcadero. Cuando llegamos, vimos que llegaba una lancha con varias personas que habían hecho el tour anterior. Una vez en el interior de la nave donde guardan las lanchas y demás aparatos, nos dieron los trajes de seguridad (obligatorios para este tipo de actividades) y, mientras nos los poníamos, pudimos oír lo bien que se lo habían pasado los viajeros anteriores.
Una vez se despidieron las personas del tour anterior, el capitán nos preguntó a ver si teníamos guantes y al decirle que no, nos dijo que iba a hacer frío y nos ofreció unos de préstamo que, por supuesto, aceptamos.

A la hora programada, zarpamos hacia mar abierto en busca de los esperados icebergs. Al empezar el tour desde St. Lunaire Griquet, los icebergs que íbamos a ver, eran diferentes a los que habíamos visto en la bahía de St. Anthony.
Lo primero que nos dijo el capitán (creo recordar que se llamaba Berg), fue que nos sujetásemos bien porque iba a coger un poco de velocidad y aunque no había grandes olas, soplaba viento y la mar estaba rizada. Y tanto que velocidad, había veces que el “trasero” se levantaba del asiento, jajaja
Lo primero que nos dijo el capitán (creo recordar que se llamaba Berg), fue que nos sujetásemos bien porque iba a coger un poco de velocidad y aunque no había grandes olas, soplaba viento y la mar estaba rizada. Y tanto que velocidad, había veces que el “trasero” se levantaba del asiento, jajaja

Para no aburriros con demasiadas “fotos de hielo”, os dejamos una serie de las que más nos han gustado a nosotros. Es difícil expresar en palabras lo que sentimos y disfrutamos los 90 min que duró el tour. Como íbamos solos en la lancha, y vio que éramos aficionados a la fotografía, Berg (el capitán) nos dijo que le pidiéramos lo que quisiéramos para intentar sacar las mejores fotos posibles. ¡Música para nuestros oídos!


Mientras sacábamos fotos, nuestro capitán nos fue contando datos sobre los icebergs. De dónde salen, cómo aparecen en las cosas de Terranova y Labrador y cómo acaban deshaciéndose en las “cálidas” aguas de la Corriente del Golfo. Un dato curioso que nos dijo es que había que tener mucho más cuidado con los trozos pequeños de hielo a la deriva que a los grandes icebergs. La cuestión es que los trozos pequeños a veces, pasan desapercibidos y aunque parecen inofensivos, pueden estar afilados como hojas de afeitar y son duros como el cristal, representando un peligro real para cualquier embarcación.
Cuando le preguntamos (a nuestro capitán) si no estaba cansado de salir todos los días en busca de icebergs, nos dijo que no… que era su trabajo y que llevaba ya unos años haciéndolo. Sin embargo, nos contó que a sus hijos les “aburría” el tema de los icebergs y que preferían salir a buscar ballenas, jejeje
Cuando le preguntamos (a nuestro capitán) si no estaba cansado de salir todos los días en busca de icebergs, nos dijo que no… que era su trabajo y que llevaba ya unos años haciéndolo. Sin embargo, nos contó que a sus hijos les “aburría” el tema de los icebergs y que preferían salir a buscar ballenas, jejeje


Sobre las 19h45 volvimos a tierra firme y nos despedimos de nuestro capitán agradeciéndole sinceramente todo lo que había hecho que para que disfrutáramos de la experiencia. ¡100% recomendable!
Ahhhhhhh y no me mareé. Permitidme que lo celebre. ¡Biennnnnnn!
Para que os hagáis una idea del recorrido que hicimos en la lancha por la costa de St. Lunaire Griquet, os dejamos este mapa.
Ahhhhhhh y no me mareé. Permitidme que lo celebre. ¡Biennnnnnn!
Para que os hagáis una idea del recorrido que hicimos en la lancha por la costa de St. Lunaire Griquet, os dejamos este mapa.
De vuelta en el alojamiento, nos volvimos a encontrar con las chicas francesas y estuvimos charlando un rato. Luego cenamos (previo paso por el microondas) lo que habíamos comprado al mediodía en St. Anthony.
Al revisar mi teléfono, vi que nos habían mandado un mail los de la empresa que gestiona el ferry a Labrador. Nos avisaban de que se había emitido una alerta por fuertes vientos para el día en que teníamos que ir a Labrador y que estuviésemos atentos al Servicio de información vial y de transporte ya que el servicio de ferry podía verse afectado.
Al revisar mi teléfono, vi que nos habían mandado un mail los de la empresa que gestiona el ferry a Labrador. Nos avisaban de que se había emitido una alerta por fuertes vientos para el día en que teníamos que ir a Labrador y que estuviésemos atentos al Servicio de información vial y de transporte ya que el servicio de ferry podía verse afectado.
La verdad es que el mensaje nos dejó poco “larri” (expresión vasca que se utiliza para decir que estas angustiado) porque viajar a Labrador, aunque fuera para conocer una zona muy pequeña, era otro de los motivos de este viaje.
*** final del día 6 ***
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