.
Como el día de hoy no lo teníamos planificado para estar en St. Anthony, no teníamos planificado nada para primera hora, así que a la hora de levantarnos, nos lo tomamos con calma. El día amaneció nublado y con bastante viento. Parecía que el pronóstico del tiempo se estaba cumpliendo. Ahhhh, nuestro amigo el Caribou prefirió otro lugar para pastar y no se dejó ver.

Cuando estamos planificando nuestros viajes, Anna siempre me dice que tenga preparadas actividades alternativas por si ocurre cualquier cosa. Un museo siempre está bien cuando no para de llover como nos pasó en Seúl en 2025. No es que no haya museos en Terranova, que los hay, pero como el tiempo permitía actividades al aire libre, preferimos hacer alguna de las caminatas que nos habían quedado pendiente.
Sobre las 9h15 nos pusimos en marcha en dirección a St. Lunaire donde estaba la primera caminata que queríamos hacer. Por el camino, un coche nos dio las luces largas” y eso, en el lenguaje internacional de los conductores, suele indicar que hay alguna incidencia en la carretera. En estos casos, lo que hay que hacer es reducir la velocidad y, si cabe, estar más atento a la carretera. Nos esperábamos obras, algún accidente o incluso un control de la policía, pero no... ¡era un moouse que estaba al borde de la carretera!
Como estábamos en una zona de buena visibilidad y nos pudimos apartar para no molestar a otros conductores, paramos el coche y sacamos unas fotos del alce. Aunque habíamos visto varias señales de tráfico avisando de la presencia de estos animales, nunca pensamos que lo íbamos a tener tan cerca. Era un ejemplar joven y no demasiado grande que ni se inmutó por nuestra presencia. La foto está sacada con un teleobjetivo, así que la distancia era bastante prudencial.
Sobre las 9h15 nos pusimos en marcha en dirección a St. Lunaire donde estaba la primera caminata que queríamos hacer. Por el camino, un coche nos dio las luces largas” y eso, en el lenguaje internacional de los conductores, suele indicar que hay alguna incidencia en la carretera. En estos casos, lo que hay que hacer es reducir la velocidad y, si cabe, estar más atento a la carretera. Nos esperábamos obras, algún accidente o incluso un control de la policía, pero no... ¡era un moouse que estaba al borde de la carretera!
Como estábamos en una zona de buena visibilidad y nos pudimos apartar para no molestar a otros conductores, paramos el coche y sacamos unas fotos del alce. Aunque habíamos visto varias señales de tráfico avisando de la presencia de estos animales, nunca pensamos que lo íbamos a tener tan cerca. Era un ejemplar joven y no demasiado grande que ni se inmutó por nuestra presencia. La foto está sacada con un teleobjetivo, así que la distancia era bastante prudencial.



Aunque la primera parte del recorrido es de subida hasta donde está la torre de comunicaciones (antenas de telefonía), el resto del recorrido es lo que se suele llamar en el argot ciclista, un “rompepiernas”, constantes subidas y bajadas. En la cima, hay un mirador 360° con unas magníficas vistas de la bahía de St. Lunaire-Griquet y si tienes suerte como nosotros, se puede ver algún iceberg (posiblemente sería alguno de los que habíamos visto en nuestra salida en lancha). La temperatura a pesar de estar cerca del mediodía, era de 7°C, pero con el viento que hacía, la sensación termica era heladora.



A medida que íbamos avanzando, nos encontramos con zonas bastante anegadas e incluso con nieve. Con paciencia y con cuidado, fuimos sorteándolas hasta que hubo un momento que la cosa se pudo demasiado complicada y decidimos dar la vuelta. Al ser una ruta lineal, teníamos que volver por el mismo sitio y pensamos que no merecía pena correr riesgos.

Por el camino, nos encontramos varias señales de que había animales salvajes por la zona. Consultando en internet, tanto los excrementos como la huella, podían corresponderse con las de un moouse.

La anécdota de la caminata, es que Anna me reconoció una vez de vuelta en el parking, que había leído en el cartel informativo que podía haber coyotes por la zona y que se recomendaba, en caso de cruzarse con ellos, tener algo para poder arrojarles. Como ya llevaba bastones de montaña, no se le ocurrió otra cosa, que llenarse los bolsillos de piedras, jejeje

Al no haber podido completar la caminata, íbamos bien de tiempo, así que decidimos volver al sitio donde estaba la estatua de Leif Erikson a ver si podíamos mejorar las fotos que habíamos sacado el día anterior. Afortunadamente, las nubes tapaban el sol y pude sacarme unas fotos junto al explorador nórdico.

... continuará
.
