Llegamos a Plovdiv justo para cenar y alojarnos en el hotel Radisson Hotel Plovdiv, hotel de 4 estrellas con habitaciones justitas de tamaño y mobiliario y un baño tan pequeño que la ducha compartía espacio con el lavabo, así que ducharse significaba llenar el baño de agua, muy incómodo, había 2 botellas de agua y tetera con te, café instantáneo y leche. El hotel tiene muchas zonas comunes para el disfrute de los huéspedes, una cafetería con terraza al jardín y mesas con sillas en el jardín para los fumadores. El jardín es suficientemente amplio y muy umbrío, cosa que agradecimos dado el calor que hacía. Este hotel está lejos del centro (unos 15/20 minutos a pie) y muy cerca hay un pequeño centro comercial con cafeterías y zona para niños al que se llega por un paseo sombreado por los tilos. No me gustó el hotel, aunque tuviera 4 estrellas: la habitación sucinta y poco céntrico.
Foto del hotel Radisson
El desayuno era muy bueno y a las 9 volvimos a subir al bus que nos llevó hasta la ciudad de Plovdiv en donde visitamos el teatro romano que está muy bien conservado y que me recordó al de Mérida aunque su escena está peor conservada.
Foto del teatro romano Plovdiv
También visitamos las ruinas del estadio romano que se encuentran bajo lo que hoy es la calle peatonal Alexander I y las del antiguo foro.
Foto estadio y del foro Plovdiv
Al lado de las ruinas del estadio romano se encuentra la mezquita Dzhumaya ya de la época otomana.
Una vez visitados los restos romanos dedicamos el resto de la mañana a visitar las casas típicas de aquí: mansiones de mediados del siglo XVIII a mediados del XIX construidas por orden de los comerciantes de la ciudad ya que esta fue una época de esplendor económico para la ciudad.
Foto de una calle Plovdiv
Al mismo tiempo recorrimos las calles típicas, empedradas, estrechas, umbrías por los tilos y llenas de flores y pudimos visitar una de estas mansiones por dentro pues conserva intacta la arquitectura, el jardín y el mobiliario y, actualmente, es una casa-museo.
Foto del exterior de la casa.
Esta casa, denominada Casa Hindlian, está rodeada por una valla con su portón de entrada que da acceso al jardín
Foto del jardín
Tiene 3 edificios: la casa, el almacén y la cocina.
La fachada del edificio está pintada en color azul celeste y está adornada con hermosas grecas en color blanco. Los ventanales y las vigas vistas son de madera oscura.
Foto de la fachada-
En el interior encontramos un amplio recibidor que da acceso al resto de las salas. A la derecha según se entra se encuentra el ala de los hombres con salas amplias, luminosas y ricamente adornadas y a la izquierda las salas de las mujeres más pequeñas, oscuras y peor adornadas que las anteriores.
Foto del interior.
Todo el mobiliario es de la época, muebles recios, y sólidos de madera tallada aunque también los había con incrustaciones de nácar o con hermosas tapicerías. Una de las cosas que más me llamaron la atención fue que en todos los dormitorios había amplios armarios empotrados, algunos exquisitamente decorados. Las lámparas también son muy hermosas y también son de esa época.
Foto del mobiliario
Y un hamman, un baño turco privado para uso de la familia.
Foto del hamman
El edificio del almacén era el lugar donde se almacenaban las mercaderías y, por tanto, donde se guardaba la riqueza de la familia por lo que estaba fuertemente custodiado por hombres armados.
Foto almacén
El otro edificio albergaba la cocina, los dormitorios de los criados y las dependencias auxiliares.
Foto de la cocina.
Antes de comer tuvimos un poco de tiempo libre y la guía nos recomendó comprar allí los productos típicos con agua de rosas pues aquí son más baratos que en Sofía aunque yo no me decidí por nada y lo dejé para más adelante.
Una vez terminada esta visita nos fuimos a comer, comida que no debió ser nada del otro mundo puesto que no guardo el menor recuerdo de ella.
Después continuamos nuestro camino hacia nuestra siguiente parada: Burgas, ciudad situada a la orilla del Mar Negro.
Aprovechamos el viaje para la consabida siesta y luego la guía aprovechó para darnos otra sesión informativa sobre Bulgaria, esta vez basada en la historia del Mar Negro que, en su día, hace millones de año, fue un lago y una gran subida de las aguas convirtió en un mar y por eso la salinidad de este mar es mucho menor que la de los otros mares. También nos contó sobre las teorías sobre su peculiar nombre y que parece provenir de los griegos ya que, para ellos, todo lo que estaba más al norte era “negro” y lo que estaba más al sur era “rojo”.
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