
Lyngas Guesthouse (Egilsstadir)-Rjúkandafoss 50 km
Rjúkandafoss.Studlagil Canyon 20 km
Studlagil Canyon-Detifoss + Selfoss 130 km
Detifoss- Cráter Viti 55 km
Cráter Viti-Leirhnjúkur-perpetual shower-Guesthouse Stöng 40 km
TOTAL 295 km
Nada más levantarnos, consultamos la predicción del tiempo en VEDUR.IS, guau la previsión para hoy es espectacular, soleado durante todo el día, poco viento y con bastantes posibilidades de ver auroras boreales en el entorno del lago Myvatn, que es donde llegamos hoy.
Hoy se supone que es un día de los marcados en rojo y pinta muy bien. Nuestro menú consta de aguas turquesas, columnas basálticas, lava aún caliente, lodos hirvientes y notar como tiembla el suelo frente a la cascada más bestial del continente.
Nos ponemos en marcha por la N1, con un intenso cielo azul en el cielo. Hoy nuestra primera parada es Studlagil Canyon, un sitio que abrió al turismo en 2016-2017, pero antes pararemos en una cascada que llevamos anotada.
Rjúkandafoss unos 50 kilómetros desde Egilsstadir, es una cascada que queda a unos minutos del aparcamiento (gratuito) y que a nosotros nos pareció muy chula, y es que hay cascadas en Islandia que pasan desapercibidas de la cantidad de ellas que hay. Inviertes poco tiempo en llegar hasta el mirador final y es muy estética.

Continuamos por la Ring Road hasta que nos desviamos a la izquierda por la 923, ya que queremos ir al lado oeste del Cañón, dicen que es más espectacular porque puedes llegar a bajar al lecho del río.
Aparcamos, pagamos a través de la máquina que tenían allí (1000 ISK) y empezamos la caminata de dos, dos kilómetros y medio hasta llegar a la parte más visual del recorrido.
Nada más comenzar nos encontramos con Studlafoss, una llamativa cascada rodeada de columnas de basalto. Muy bonita.

El camino es prácticamente llano, sin dificultades, hay diversos miradores desde los que asomarse a ver el tío. Vemos los miradores del lado oeste, sin posibilidad de bajar, parece mejor sitio el lado en el que nos encontramos nosotros.

Aquí se ve gente que ha bajado hasta el agua, buscando la foto perfecta con el agua color azul turquesa y las columnas de basalto de fondo.

Llegamos hasta ese punto, primero vamos a la parte de arriba donde nos lo pasamos bien y luego bajamos hasta el río, la bajada no es que sea difícil, pero cuando lo hicimos nosotros, las rocas están bastante resbaladizas, hay que asegurar bien el paso.



Un sitio muy visual con mucho atractivo; con la mayor concentración de columnas hexagonales de todo el país, muchas de ellas con formas excéntricas, y que con el color del río conforman un lugar idílico. Nos gustó mucho, para nosotros imprescindible. Aunque nuestro cañón favorito sigue siendo Fjaðrárgljúfur.
Cafetito y galletas al regresar al coche y rumbo al siguiente punto, nos incorporamos a la N1, vamos a Detifoss y Selfoss, tenemos ciento treinta kilómetros hasta llegar allí. Durante el trayecto, el paisaje cambia, empieza a ser más solitario, más “hostil”, atravesamos el desierto Möðrudalsöræfi, enorme meseta desértica de arena negra, cenizas y piedras. Paramos en un mirador, un sitio que impone.


Proseguimos nuestro camino, hay dos maneras de llegar a Detifoss:
• Lado este, carretera 864. Que mezcla asfalto y grava. Puede que no sean las mejores vistas debido a la bruma que levanta el agua, pero dicen que este es el sitio si lo que quieres es “sentir” su fuerza.
• Lado Oeste, carretera 862, asfaltada por completo (el que escogimos nosotros). Este lado ofrece una perspectiva frontal de la cascada, el mejor lugar para apreciar su anchura y observar toda la caída.
Aparcamos gratuitamente, utilizamos los baños ecológicos (uno de los más pestilentes que hemos utilizado nunca), nos colocamos nuestros sombreros con malla antimosquitos y recorremos el kilómetro que nos separan de Detifoss.
Conocida como la bestia, es de esas cascadas que nos gustan, de las que se escuchan antes de verlas y es que notas como la tierra ruge a medida que te vas acercando, es la cascada más caudalosa de Europa con sus 45 metros de caída y 100 de anchura.
Detifoss es imponente, es realmente bruta, en la que a medida que te vas acercando a ella acabarás empapado por la nube de agua pulverizada. Es una de las cascadas más impactantes de Islandia, para nosotros imprescindible


Caminamos ahora unos diez minutos hasta llegar a Selfoss, la compañera inseparable de la “bestia”.
Selfoss, con sus once metros de caída y cien metros de ancho, no se puede comparar con la fuerza desmedida de Detifoss, pero es igualmente muy bella, sus docenas de cascadas cayendo a través de su forma de herradura la convierten en una cascada muy estética, parece un coliseo dedicado al agua. Y eso que dicen que las mejores vistas se consiguen desde el lado contrario. Nos gustó mucho esta cascada.

Encaramos ahora las últimas visitas del día, nos desplazamos otros cincuenta y cinco kilómetros hasta llegar a la zona de Krafla, zona volcánica donde la tierra muestra sus cicatrices.
Atravesamos la zona de la central geotérmica del mismo nombre hasta llegar al cráter Viti, de trescientos metros de diámetro y con un lago en su interior, al que accedimos bien pertrechados con nuestros gorros con mallas, aquí se ponían bastante molestas las moscas enanas.


Deshacemos el camino un par de kilómetros y dejamos el coche en el aparcamiento de Leirhnjukur, que pagamos a través de QR (1200 ISK) y que también es válido para el parking del cráter Viti.
Leirhnjukur, es una de las zonas geotermales más impactantes de las que hemos visto en este viaje, a través de un sendero circular que recorrimos en algo más de una hora, pasando por campos de lava, pozas de lodo hirviendo, grietas humeantes, fumarolas y cráteres.




Nos gustó mucho, te sientes como en la luna. Para nosotros otro imprescindible de la zona norte.
Pasamos por debajo de las famosas tuberías levantadas sobre la carretera para permitir el paso de vehículos.

También paramos a ver la perpetual shower que cuando estuvimos nosotros, permanecía la estructura, pero no echaba nada de agua.

Y finalizamos el itinerario de hoy, visitando Hverir, con parking de pago que finiquitamos mediante QR (1400 ISK), otra zona geotermal muy activa con senderos delimitados con cuerdas. Aquí domina el color ocre.




Otro día muy intenso que dimos por finalizado yendo a nuestro alojamiento que nos quedaba a unos cuarenta kilómetros.
Esa noche, daban posibilidades de ver auroras, cielo despejado e índice KP de cuatro, así que a eso de las diez salimos a intentar cazarlas, nos alejamos, estuvimos un buen rato y no conseguimos ver nada. No sabíamos si no las distinguíamos, si es que no sabíamos donde teníamos que mirar o que simplemente no había, así que nos volvimos a meter a la habitación.
A las once y pico de la noche, volvimos a intentarlo y esta vez según salimos a la oscuridad vimos algo que intuíamos que tenían que ser las auroras boreales, haces de luces que se van moviendo por el cielo mientras van cambiando de forma.
Al fin habíamos conseguido verlas y aunque no fuimos capaces de captarlas en toda su intensidad, habíamos conseguido otro de los objetivos del viaje. Un magnífico final para otro día de diez.



Nuestro ranking del día:
Rjúkandafoss. Una de esas cascadas que suelen pasar inadvertidas, pero que a nosotros nos gustó bastante, además está a escasos minutos del aparcamiento.
Studlagil Canyon. Un cañón muy visual, ideal para instagram. Nos pareció muy hermoso, pero en nuestro ranking particular de cañones, para nosotros sigue siendo más completo Fjaðrárgljúfur. Aun así, imprescindible.
Detifoss. El sobrenombre de “la bestia” la viene que ni pintiparado. Es impresionante la fuerza que lleva el caudal. Imprescindible
Selfoss. Mucho más recogida que la anterior, pero muy, muy estética. Otra imprescindible en nuestra lista.
Zonas geotermales. Nos gustan mucho estas zonas en la que siente el poder del interior de la tierra, pero tenemos que reconocer que nos parecieron más impactantes los campos geotermales de Rotorua en Nueva Zelanda, y nunca me lo hubiera imaginado. A pesar de nuestros gustos que son subjetivos porque son nuestros, nos parece otra de las zonas imprescindibles de Islandia.
Auroras. Yo particularmente tenía entre pocas y ninguna esperanza de poder verlas, así que cuando las vimos y supimos que las estábamos viendo
