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Nuestro último día en Terranova amaneció igual que había acabado el último: con niebla baja y lloviendo. Con este plan y como teníamos que devolver el coche antes de las 12h, nos lo tomamos con calma a la hora de prepararnos.
A las 9h dejamos el alojamiento y nos fuimos a desayunar al Tim Hortons que había en el centro comercial y así hacíamos un poco de tiempo y paraba de llover.
A las 9h dejamos el alojamiento y nos fuimos a desayunar al Tim Hortons que había en el centro comercial y así hacíamos un poco de tiempo y paraba de llover.

Por no irnos directamente al aeropuerto, aunque fuera para recordar viejos tiempos, nos acercamos hasta Quidi Vidi, un antiguo e histórico pueblecito de pescadores que ha quedado integrado dentro de St. John’s, manteniendo su esencia marinera tradicional con sus cabañas de e madera pintados en colores vivos y construidos sobre pilotes a la orilla del agua.


Como el tiempo no mejoraba y no era cuestión de estar dando vueltas sin más, a las 11h decidimos dar por finalizada nuestra aventura por Terranova y Labrador y nos marchamos hacia el aeropuerto.
Lo primero que hicimos, fue devolver el coche de alquiler. Aparte de las preguntas de siempre: que si habíamos tenido algún problema, etc… nos preguntaron los km con los que dejábamos el coche. Nos pareció raro porque lo habíamos contratado con kilometraje ilimitado. Así todo, como habíamos sacado una foto a la pantalla para tener de recuerdo, no tuvimos problema en decírselo allí mismo (como si se pudiera ocultar, jejeje). Al final algo más de 5600 km recorridos en 20 días, no está mal ¿no?
Lo siguiente fue comprobar en las pantallas del aeropuerto que nuestro vuelo no tenía incidencias. Aquí tenemos que agradecer a Air Canada por el servicio que da a través de la aplicación móvil y es que, en todo momento, nos mantuvo informados sobre todo lo relacionado con la facturación, puertas de embarque, etc…
Lo primero que hicimos, fue devolver el coche de alquiler. Aparte de las preguntas de siempre: que si habíamos tenido algún problema, etc… nos preguntaron los km con los que dejábamos el coche. Nos pareció raro porque lo habíamos contratado con kilometraje ilimitado. Así todo, como habíamos sacado una foto a la pantalla para tener de recuerdo, no tuvimos problema en decírselo allí mismo (como si se pudiera ocultar, jejeje). Al final algo más de 5600 km recorridos en 20 días, no está mal ¿no?
Lo siguiente fue comprobar en las pantallas del aeropuerto que nuestro vuelo no tenía incidencias. Aquí tenemos que agradecer a Air Canada por el servicio que da a través de la aplicación móvil y es que, en todo momento, nos mantuvo informados sobre todo lo relacionado con la facturación, puertas de embarque, etc…


Pasadas las 12h30 vimos como llegaba a la puerta de embarque el DHC-8 de Pal Airlines (empresa colaboradora de Air Canada). Hacía muuuuuuucho tiempo que no viajábamos en un avión de hélices.

Mientras llegaba la hora de embarcar, comimos unos sándwiches (supusimos que en este vuelo no nos darían de comer) y también vimos en directo el efecto de la fuerza centrífuga ya que cuando los convoyes portaequipajes daban alguna curva un poco cerrada, alguna maleta salía volando.

A las 13h30 nos llamaron para embarcar y al montar en el avión, nos llevamos la grata sorpresa de que tenía uno de los espacios entre asientos más grande de los aviones en los que hemos montado.
Como estábamos sentados a la altura del tren de aterrizaje, vimos por primera vez como se despegaban las ruedas del asfalto de la pista y como se escondían dentro del fuselaje del avión.
Como estábamos sentados a la altura del tren de aterrizaje, vimos por primera vez como se despegaban las ruedas del asfalto de la pista y como se escondían dentro del fuselaje del avión.

A medida que nos acercábamos a Halifax, las nubes se fueron disipando y fueron apareciendo grandes claros en el cielo. Tras 1h45 de vuelo, vimos como el tren de aterrizaje volvía a desplegarse y esa era la señal de que estábamos llegando a Halifax. Aprovechando la ocasión, grabamos un video del avión en el mismo momento de tocar tierra.


Hasta el siguiente vuelo, el que nos llevaría hasta Frankfurt, teníamos casi 6 horas así que “matamos” el tiempo como pudimos. Las escalas largas en los viajes de vuelta son lo peor…


A media tarde, merendamos unos panini y unos cafés y yo seguí documentando cada uno de los aviones que aterrizaban en Halifax. Revisando más tarde las fotos, tengo que decir que tenemos una auténtica colección.



Sobre las 20h pudimos fotografiar el momento justo cuando el avión que nos tenía que llevar a Alemania, aterrizaba. Un Airbus A330-330 de Discover Airlines (empresa del grupo Lufthansa).

Como el vuelo salía a las 22h10 y no sabíamos si nos darían de cenar, mientras esperábamos a que nos llamaran a embarcar nos comimos unos ricos yogures con arándanos y cereales.

Mientras esperábamos a que nos llamaran para embarcar, Anna hizo unas compras de última hora en el duty free del aeropuerto. Al ir pagar, parece ser que hubo algún problema y el dependiente le dijo que tenía que volver a pasar la tarjeta. Al mostrarle reticencia, le comentó que, si surgía cualquier inconveniente, se pusiera en contacto con una dirección de correo electrónico que le facilitó.
Aunque no con muchas ganas, al final, Anna volvió a pasar la tarjeta. Cuando llegamos a casa, nos encontramos con dos cargos en la tarjeta y, para colmo, la dirección de correo que nos habían dado, no existía. ¿Un error malintencionado?
Por suerte, logramos contactar por email con la empresa que gestionaba la tienda del aeropuerto. Tras intercambiar media docena de mensajes y presentar las pruebas correspondientes, conseguimos que nos devolvieran el dinero del segundo cargo.
A las 21h45 nos llamaron para embarcar. Gracias a que, al hacer el check-in habíamos podido elegir los asientos, pudimos disfrutar de un viaje muy tranquilo ya que la distribución de los asientos era 2-4-2 y nosotros estábamos en ventanilla.
Aunque no con muchas ganas, al final, Anna volvió a pasar la tarjeta. Cuando llegamos a casa, nos encontramos con dos cargos en la tarjeta y, para colmo, la dirección de correo que nos habían dado, no existía. ¿Un error malintencionado?
Por suerte, logramos contactar por email con la empresa que gestionaba la tienda del aeropuerto. Tras intercambiar media docena de mensajes y presentar las pruebas correspondientes, conseguimos que nos devolvieran el dinero del segundo cargo.
A las 21h45 nos llamaron para embarcar. Gracias a que, al hacer el check-in habíamos podido elegir los asientos, pudimos disfrutar de un viaje muy tranquilo ya que la distribución de los asientos era 2-4-2 y nosotros estábamos en ventanilla.

Del resto del viaje, al ser de noche, poco que contar. Sobre las 23h15 nos dieron de cenar y luego, luces apagadas y todos a la cama, jejeje

Pasadas las tres de la mañana (ocho de la mañana en España), se encendieron las luces del avión y nos dieron de desayunar. Y cuando nos quisimos dar cuenta, el capitán estaba anunciando al pasaje que nos fuéramos preparando para aterrizar en Frankfurt. Suponemos que fue muy bien el viaje nocturno porque llegamos con 25 min de adelanto.


La escala en Frankfurt apenas duró un par de horas y como, además, al venir de fuera de la Unión Europea, tuvimos que pasar de nuevo por el control de seguridad, el tiempo se pasó volando. Por cierto… casi dejo mis gafas (de ver) en una de las bandejas al pasar el control. Menos mal que otro pasajero se dio cuenta y me avisó.
Lo que no nos acabábamos de creer, era la temperatura que hacía. Nos fuimos de España con casi 30 °C en el norte, luego pasamos 20 días en Terranova a menos de 10 °C y al volver a Europa, otra vez calor. ¡Vaya horror!
Lo que no nos acabábamos de creer, era la temperatura que hacía. Nos fuimos de España con casi 30 °C en el norte, luego pasamos 20 días en Terranova a menos de 10 °C y al volver a Europa, otra vez calor. ¡Vaya horror!


La última anécdota del viaje fue el traslado desde la terminal hasta el avión. Como estaba en pista, nos llevaron en autobús/lanzadera y por el tiempo que tardamos, pensábamos que nos iban a llevar hasta Bilbao en bus, jejeje
A las 11h15 despegamos rumbo a Bilbao y tras una hora media, sobrevolamos los Pirineos. Entramos en territorio conocido.
A las 11h15 despegamos rumbo a Bilbao y tras una hora media, sobrevolamos los Pirineos. Entramos en territorio conocido.

A la hora prevista, aterrizamos sin novedad en el aeropuerto de Bilbao. Allí nos estaba esperando mi cuñada Raquel para llevarnos a casa. Por el camino, paramos en un centro comercial de Barakaldo para comer. El termómetro marcaba 30 °C ¡que esto es el norte, por Dios!

A los que habéis llegado hasta el final, muchas gracias por dejarnos compartir nuestra aventura con todos vosotros. Esperamos que nuestra experiencia sirva para otros viajer@s que quieran conocer Terranova y Labrador.
Anna & Oskar

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