Esta mañana habíamos quedado con los chicos de la playa para hacer la excursión del día azul. El camino ha sido un poco largo, pero nada que ver con los caminos de Kenya.
Hemos llegado a una playa en la que nos hemos subido a bordo de un dhow, (típica embarcación local de vela) y nos han llevado a una pequeña isla que era como un banco de arena, solo arena blanca, nada de vegetación. Allí unos se han quedado tomando el sol y los demás hemos ido a hacer esnorquel. No he podido ver demasiados peces porque el tubo que me han dado no iba bien y entraba mucho agua. Después hemos vuelto a la isla y nos han dado un “aperitivo” a base de coco y piña fresca que estaba buenísima. De allí nos hemos tnido que ir pronto porque subía la marea y la isla iba desapareciendo poco a poco. Hemos estado viendo una laguna de manglares muy bonita y después hemos llegado a otra isla que se llama Kuala, ésta ya más grande que la anterior aunque también está deshabitada. Allí había una barbacoa en la playa donde hemos comido a base de pulpo, calamares, pescado, gambas, patatas fritas, cigalas, langosta y fruta variada. Restaba todo buenísimo, mucho mas sabroso que la comida del hotel.
Con la barriga llena hemos ido a ver el famoso baobab, árbol sagrado para la gente de Zanzíbar. Los baobabs tienen la peculiaridad de guardar en su tronco el agua que necesitan, por eso dicen que es el árbol del desierto. Éste en especial está tirado porque se cayó en un huracán pero las raíces siguieron creciendo y continúa creciendo tumbado. Es muy grande y curioso de ver.

Ya de noche, hemos llegado al hotel cansados pero muy contentos, hemos ido a cenar al restaurante africano por cambiar un poco del buffet, aunque la comida no ha sido nada del otro mundo, el ambiente y la música en directo estaba muy bien.