Último día de este gran viaje, que aunque corto en días para el país que es, ha sido muy vivido, muy aprovechado y muy intenso.
Hoy toca Palacio de Verano a primera hora. Tenemos todo el día por delante,ya que el vuelo sale a las doce de la noche.



Del Palacio nos vamos directos a otra zona de hutongs, diferente a la de la pasada noche.
Llegamos a la archiconocida zona de Nanluoguxiang, pero vamos a una zona menos turística, llamada
Mao'er Hutong. Muy poca gente allí a la hora de comer, momento que aprovechamos para comer nosotros también, en un local de moda, ya que tenemos q esperar turno (yo me hubiese ido a la primera taberna local, pero.. ). Estuvo guay, carne de Mongolia ( eso me decía el traductor) hecha en tu misma mesa. Si hasta te daban unos delantales de plástico por si te salpicaba. Un pijerio de los que le gusta a la Rosanita de vez en cuando, mi cerveza, 18 yuanes ( me podía haber tomado 3 gordas en la taberna cutre de la esquina).

Adolescentes chip, procedentes de los mejores barrios de Pekín, se desplazan hasta estas zonas en masas, para ver lo que no pueden ver en sus barrios.
Hablamos con algunas personas mayores locales, y nos dicen que esto es por el turismo, que antes esos barrios no eran así. Porque cuando va cayendo la noche y nos acercamos a las calles más turísticas, eso es ya una locura de gente. Puestos de comida callejera por todos lados, música, pubs y cafés, tiendas de chupitos de alcohol gratis ( había uno de 57°), eso era como beberte un dragón. Mucho ambiente en un sábado noche, de hecho , hasta tienen salidas de emergencia en las calles, por los cientos y cientos de personas que van a ese barrio.

Que odisea pillar el metro en esas zonas, un sábado tarde noche en Pekín! Nos vimos negros para poder entrar en el vagón.

A las 9;30 pm, estábamos llegando al aeropuerto internacional de Pekin-Daxing, con tiempo más q suficiente, ya que no facturábamos y llevábamos el checkin online hecho.
Y a partir de aquí empieza la pesadilla...
Ya en el aeropuerto, nos bajamos del mismo tren que habíamos cogido a la llegada a Pekín procedentes de Xi'an. Voy a buscar los carteles de Terminal 2 y solo hay letras, ningún número. Qué raro...
No hay apenas nadie, pero vemos a un grupo de trabajadores del tren y cuando les enseño tarjeta de embarque en el móvil, las caras ya me dijeron que había un problema gordo. Enseguida me dicen en chino que no , algo que no. Les pongo el traductor y me dicen que ese es el aeropuerto internacional de Pekin-Daxing y yo debo ir al aeropuerto internacional de Beijing, a dos horas en coche de donde estábamos.
Centenares de vuelos, decenas de aeropuertos, un montón de horas moviéndome por diferentes terminales del mundo, y ahora, en Pekín, una ciudad e 22 millones de personas, me he confundido de aeropuerto!!!
La verdad que toda la culpa fue mía. En ningún momento lo miré, ni siquiera en mi itinerario, minuciosamente escrito día por día, con todos los datos importantes del viaje, estaba reflejado ese aeropuerto. Increíble, pero no había mirado nada en España de la vuelta de Pekín a Madrid y lo que es peor, tampoco lo había mirado allí , al menos el mismo día de volvernos. Y para más Inri, la noche anterior, cuando hicimos el checkin, yo estaba cenando y mientras tanto , Rosana lo rellenó con el número de referencia . Yo era el que tenía la aplicación de KLM bajada, y quizás me hubiese dado cuenta, pero vamos,, que toda la culpa era mía y ya no valía lamentarse.
Horrorizados, miramos el reloj y son (jamás lo olvidaré) las 21:38. El vuelo sale a las O0:05. Por lo que nos dicen los operarios, es imposible, pero aquí es cuando el instinto de supervivencia, debe salir a escena.
Agarro las mochilas y le digo a Rosana que corra tras de mi por la escaleras mecánicas. En la segunda planta, veo la señal en dirección a los taxis. Corremos con el móvil en la mano y el traductor abierto:
NOS HEMOS CONFUNDIDO DE AEROPUERTO, VAMOS A PERDER EL VUELO..
Así salimos hacia el primer taxi de la larga fila. Y allí, de pie, con mirada fría y segura, estaba el que a la postre, sería nuestro Ángel de la Guarda, disfrazado de taxista, que tanto me cuida en mis viajes.
Le enseño la frase, abre rápidamente el maletero, subimos, le enseño la tarjeta de embarque donde pone la terminal y el aeropuerto, y comienza la carrera.
Le pregunto cuanto vamos a tardar y me dice que hora y media. Son ya casi las diez en punto, y si tarda hora y media y tenemos que pasar todos los controles, no llegamos a embarcar. Se lo escribo en el traductor y cuando lo lee, ese coche comienza a rugir.
Igual que en una película de acción , vamos sorteando todos los coches que se encuentra en las grandes carreteras de tres y cuatro carriles. Nadie nos adelanta, conduce con una seguridad pasmosa, zigzagueando entre los coches y buses. Cuando llega a los peajes, lleva ya su tarjeta lista para pasarlos y no perder un segundo. Es una situación increíble, jamás vivida, muy difícil de explicar las sensaciones, sabiendo que vas a perder el vuelo, un vuelo de 13 horas. Pero ese hombre no para de pisarle y conducir de una manera tan segura, que en ningún momento tuvimos el más mínimo miedo, solo asombro y hasta emoción.
En hora y diez minutos, baja como un rayo, abre el maletero y nos indica la puerta por la que debemos entrar. Le doy un abrazo y mis mayor admiración (y 35 euros al cambio, puede parecer poco pero allí es muchísimo, pues los taxis y Didis son baratísimos).
Corremos por la terminal, buscando el acceso del control policial, que se atraganta un poco,.pero que todo el mundo nos ayuda a encontrar. Y ya allí,.cuando son las 23:20, exhaustos y sudorosos, en las cintas donde te controlan las mochilas, vemos una china que vive en España y que va a coger el mismo vuelo que nosotros, nos dice que lo hemos conseguido, que ya estamos a pocos minutos minutos de la puerta de embarque.
Qué locura !! Ya sentado en el avión, repaso cada momento desde que le enseño la tarjeta de embarque a los funcionarios del otro aeropuerto, mirándose flipando entre ellos hasta que la china española, nos dice que ya podemos estar tranquilos. Pero ante todo, no dejo de pensar en ese taxista, con sus 290 yuanes,.regresando a casa, con la satisfacción de haber salvado a dos despistados y el trabajo muy muy bien hecho. Allá donde.estés,. jamás te olvidaré,.mi Ángel de la Guarda chino.
Ya en París, tuvimos que correr de nuevo, ya que teníamos una hora de escala, y encima salimos de los últimos. Llegamos con pocos minutos de tiempo a la puerta de embarque, pero ahí si íbamos con más viajeros del mismo vuelo, en una loca carrera , cada uno como podía. (Tuvimos que salir del avión, coger un tren de conexión entre terminales, pasar un control de equipaje y luego un control de pasaportes , una locura en menos de una hora).
Me ha encantado este viaje. Sus gentes, su cultura, sus increíbles paisajes y ciudades. Es de los pocos países, ya que yo siempre viajo por placer, nunca por trabajo, que estoy seguro que volveré a visitar (ya con un itinerario menos turístico).
Ha sido vivido al máximo, tan vivido, que China casi me mata.