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Colores, Olores, Emociones... Indescriptible India - Blogs de India
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Diario: Colores, Olores, Emociones... Indescriptible India  -  Localización:  India  India
Descripción: Luna del miel por el Rajasthan, Benarés y Maldivas.
Autor: Lwrence   Fecha creación: 
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02: Delhi

03: Jaipur

04: Agra

05: Orchha

06: Khajuraho

07: Benares

08: Maldivas


Etapas 1 a 3,  total 8
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Etapa: Llegada a Delhi  -  Localización:  India India
Descripción: Primera toma de contacto con un país, que no te deja indiferente.
Fecha creación: 23/01/2020 17:37  
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Ah, la India de viaje de novios. ¿Estáis seguros? Uff, la India. Que viaje más duro para una luna de miel ¿no? ¿La India? Cuanta pobreza, ¿no preferís otro sitio más relajado?

Estas son algunas de las respuestas cuando dijimos que en nuestro viaje de novios, queríamos ir a la India. Que los estereotipos que la luna de miel debe ser igual a playas paradisiacas y que un viaje de novios debe ser tumbarse en un resort, no casaban con nuestra idea de viaje.
Que conocer una cultura diferente, impregnarse de colores, emociones y costumbres tan lejanas a las nuestras, es tan exótico y emocionante, como cada uno lo quiera comprender.

India no es un viaje, es el viaje que creo que toda persona debería hacer una vez en su vida. Sabemos que el circuito que hicimos por el Rajastan, es una milésima parte de todo lo que la India ofrece; que el país es tan extenso y poblado que jamás se terminaría de conocerlo entero, pero creo que no hay mejor aventura cuando se emprende una vida juntos, que empezarla en un lugar como la India. Contrastes dentro de los contrastes.

El peaje de un viaje de estas características, es sobre todo los largos vuelos de avión.
Barcelona-Doha, casi 7 horas volando para hacer la primera escala. El aeropuerto de Doha es un sinfín de tiendas de alto poder adquisitivo. Inmenso como 75 campos de futbol, con terreno ganado al mar y con una visita imprescindible como es Teddy Bear, el gigantesco osito amarillo que preside un hall, de uno de los aeropuertos más lujosos del mundo. Tiendas de joyas, de caros vestidos, de caviar y un bar de la marca Del Monte, con frutas frescas, y que aunque lo creamos no es una marca española.


Llegamos a Delhi después de otras 5 horas de vuelo, con una mezcla de cansancio y de expectación. El sueño mal calmado en los asientos del avión, se camuflaba con las ganas de empezar a descubrir Delhi. Controles de inmigración, maletas y a la calle.

Un representante de nuestra agencia, nos estaba esperando con nuestros nombres en un papel. Tuvimos que esperar al resto de viajeros mientras salíamos al exterior para esperar al autobús que nos llevaría a nuestro hotel.
En el aeropuerto aprovechamos para cambiar las primeras rupias. El cambio en los aeropuertos siempre es algo peor, pero si queríamos algo de efectivo para un país, donde la propina es casi obligatoria para todo, era un mal necesario cambiar unos pocos euros.
Un soldado se nos acercó, para decirnos que no se podía fumar en el exterior del aeropuerto, que se tenía que hacer unos cuantos metros alejados de la entrada del vestíbulo. En el parque.
Mucha policía. Muchos policías armados patrullaban tanto dentro como fuera del aeropuerto.

Nos subimos al bus, y ya está. Ya estábamos recorriendo las calles de Delhi.
Salir del aeropuerto es ya de por sí una tortura. Se tiene la impresión de que nunca se termina de salir de él. Enorme.
El tráfico en Delhi se define en una palabra. Caótico.
¿Se me ha roto una rueda? Pues me paro en medio de la carretera, y los demás ya se apartaran. ¿Tengo que poner en orden el maletero? Pues paro y lo hago.
Los 4 carriles se convertían en 5, o en 6. Y algo que aprendimos en toda la India. Los intermitentes no existen. El aviso de giro o de señal de apartarse es siempre el claxon.
Bocinas y más bocinas sonando insistentemente. El sonido de la India es un inmenso claxon, sin fin, a todas horas, en todos los vehículos, por todos los lugares.
Tardamos más de 2 horas en llegar a nuestro hotel. El caos circulatorio era inmenso. Por el camino empezamos a ver las primeras imágenes que se nos grabarían a fuego en nuestra memoria.

Los cables de la luz amontonados como un enjambre servían de soporte para los anuncios publicitarios de comercios. Gentes que vivían en la calle, no que dormían como a veces podemos ver en cualquier ciudad de España, si no que vivían en ella. En glorietas de tráfico, esparcidos por el sucio suelo, unos cartones, las pocas ropas colgadas de la pared, o de unas rejas, los básicos utensilios esparcidos en unos 2 metros de terreno, y con todo ello 4 o 5 personas haciendo de ese lugar algo llamado “sitio para estar”. Vendedores de globos que sortean las filas de coches, mientras a escasos metros una legión de críos los hincha a pulmón en la calle. Vendedores de collares, de imágenes de dioses y diosas.

Un micro bus de turistas es un blanco fácil para todo tipo de personas que nos ven como una oportunidad de ganarse algunas rupias.
Gente, mucha gente, muchísima gente. Gente de pie, en cuclillas, mirando, dejando pasar el tiempo; gente que tan solo mira al día, mientras el día va pasando.
Pero desde la ventanilla de un microbús, la visión aunque suficiente no es la necesaria para intentar conocer Delhi.
Una de las cosas que más nos sorprendió en la India, son los innumerables controles de seguridad para acceder a cualquier espacio público. Controles en los hoteles, cacheos en filas separadas los hombres de las mujeres, controles en los centros comerciales, controles y más controles. Policía, mucha policía.

Llegamos a nuestro hotel, el Leela Ambience Convention. Un 5 estrellas que la agencia nos había adjudicado, porque el reservado que era de categoría inferior, estaba lleno por una convención médica. Después del cheking, ducha y cambio de ropa, quisimos caminar por los alrededores del hotel.
Nada más pisar la calle, golpe de calor. Además se te acercan los omnipresentes tuc tucs, vendedores de postales, de collares o guías espontáneos que te indican a dónde dirigirte a cambio de algunas rupias, claro.
El calor era asfixiante, y nos refugiamos en un centro comercial, donde nos sentíamos observados por cientos de ojos. Nosotros éramos la atracción y no los productos expuestos en las tiendas.
El cansancio hacia mella, y optamos por regresar al hotel, descansar y estar en plena forma para el día de mañana, que ya teníamos el día completamente organizado para conocer los lugares más emblemáticos de Delhi. O eso pensábamos. Tomamos una cerveza en la terraza del hotel, una bolsa de patatas y poco más.
Desde nuestra habitación en la onceava planta, la vista no era demasiada halagadora. Una pequeña neblina cubría el horizonte, y en solar vacío y desangelado al lado del hotel, se estaban construyendo varios edificios. En el que aparentemente estaba en una fase más avanzada, veíamos al salir el sol, como los supuestos trabajadores de la construcción, dormían en el techo, sobre una alfombra los más afortunados, o sobre el suelo a medio elaborar el resto.

Quisimos que desde el hotel nos reservaran mesa para cenar en uno de los mejores restaurantes de Delhi. Nuestra idea original era ir a uno que habíamos visto en Tripadvisor, pero el conserje nos convenció para que cenáramos en el Dilli 32, que está en el hotel, y que era según él, del mismo chef. Y acertamos.
Espectacular comida India, y sobre todo un servicio fantástico. Probamos un montón de platos, y todo ello regado con un vino indio, que no defraudó. Era nuestra primera cena en la India. Nuestro particular homenaje privado al inicio de nuestro viaje.
El primer y largo día, había pasado.

En el camino del aeropuerto al hotel, nuestro guía, nos comentó que el gobierno había implantado unas normas y sanciones para el transporte privado para intentar organizar algo más el caótico tráfico y que se sancionaba con fuertes multas el incumplimiento de ellas. El año pasado casi 148.000 personas fallecieron en la India, por culpa de los accidentes de tráfico.
Pues justamente una manifestación y altercados en el centro de Delhi para protestar por estas sanciones, iba a trastocar nuestro segundo día, para recorrer la ciudad.

El autobús ya vino tarde a buscarnos. Pero no sabíamos que era por estas manifestaciones, y los guías nos dijeron que era por un malentendido con los horarios de recogida y punto de encuentro. Aunque en todo el grupo, las noticias de las manifestaciones en Delhi corrían de boca en boca.

Nuestro primer destino con la Delhi turística fue la mezquita Jama Masjid, catalogada como la más grande de la India.
El autobús nos dejó unos metros antes de la entrada, y al caminar los pocos pasos hacia la mezquita ya teníamos a una legión de vendedores, de niños pidiendo y de asegurarse que al salir les compraríamos a ellos, o les daríamos algo.
Hay que descalzarse para entrar en la mezquita, y dejar los zapatos en la entrada, donde un “vigilante” te los custodia a cambio de 10 rupias que se le dan al salir. Los hombres tienen que taparse las piernas si van en pantalón corto, con una especie de pareo; y las mujeres algo parecía a una túnica para cubrirse. También hay que pagar para entrar la cámara de fotos o el móvil.

Un inmenso patio, con un pequeño estanque es lo primero que vieron nuestros ojos al cruzar la puerta de la mezquita. Los 5 minutos de explicaciones por parte de nuestro guía y tiempo libre para recorrer el lugar y no parar de hacer fotos.
Cuando menos te lo esperas, siempre aparece alguien que se ofrece a hacerte una foto, o te indica el mejor ángulo de visión. No había muchos turistas en el interior, pero si muchas personas, que te terminas preguntando, que hacen. Sentados en las escalinatas, en el interior, o paseando. Gente, mucha gente. La mezquita se compone básicamente de un gran edificio principal con 3 cúpulas y dos minaretes. Hay 3 grandes puertas por donde entrar al patio.

Dentro del edificio principal, pudimos pasear por la zona de oraciones, con algunos fieles rezando en su interior, y contemplamos toda la ornamentación de sus techos y paredes. Muy bonito.

De nuevo nos empezábamos a sentir observados, a notar que nos hacían fotos a nosotros, como si fuéramos una “atracción”. Al cabo de los días, ya no nos incomodaba esta situación, pero al principio nos costó acostumbrarnos.

Una de las puertas de la mezquita, daba plenamente a la vieja Delhi.
Indescriptible la imagen de esta zona, desde la pequeña altura que nos daba la mezquita. Nuestro guía nos contó varias anécdotas sobre esta zona; zona donde antiguamente la policía ni se atrevía a entrar. Algunas pensiones de mala muerte, donde por poco dinero se pude tener una cama en compañía de cualquier insecto o bicho, y con vistas a las estrellas… Carnicerías islámicas con sus carnes expuestas al sol, tiendas de recambios de piezas de automóvil. Montones de tiendas de recambios, fruto de un pasado turbio en esa zona donde proliferaban los robos de coches, o de sus piezas. Un desorden humano denso y laberintico se mostraba ante nosotros. No alcanzábamos a ver la calle, tan solo riadas de personas que se adentraban en ellas, mezcladas con los tuc tucs. No podía creer como no chocaban los unos con los otros.
Águilas. Decenas de Águilas sobrevuelan la mezquita y sus calles adyacentes. La explicación es bien sencilla. En busca de comida.

Al salir de la mezquita y recuperar los zapatos, nos subimos en un tuc tuc para dar una vuelta por aquellas calles. Por sus mercadillos llenos de todo tipo de mercancías. Seguíamos siendo los objetivos a modo de fotografía de los lugareños. Perros famélicos de raza indescriptible, nos salían al paso. Alguna vaca. La primera vaca que vimos andando suelta por calle. Y bocinas. Estruendo sonoro en forma de bocina. Los tuc tucs se rozan los unos con los otros, pero en un alarde de dominio, no se tocan.
Los 20 minutos de paseo, por las inmediaciones del mercado de Chandni Chowk, fueron toda una experiencia. Seguía sin comprender, que hacia tanta gente, sin aparentemente no hacer nada. Sentada en la calle, apoyada en una pared, mirándonos con curiosidad, o comiendo en puestos callejeros con un olor inclasificable.

Al bajar de los tuc tucs, con la correspondiente propina por hacernos fotos, los vendedores que anteriormente habíamos alejado, volvían para recordarnos que ahora si les teníamos que comprar. Unos soldados nos pedían cigarrillos. En la India el tabaco que más se consume es el de mascar.

Vuelta al bus, y fin de la excursión. Nuestro guía nos comunicó que finalizábamos el tour aquí mismo. Que por el centro de la ciudad, a donde nos deberíamos de dirigir, se estaban produciendo altercados y apedreando autobuses. Y en base a nuestra seguridad nos devolvían a los hoteles respectivos. En otros grupos, hubo quien se quedó en la zona, para proseguir la ruta por su cuenta.
Nosotros optamos por regresar al hotel y desde allí, organizarnos para aprovechar la tarde.
De camino al hotel, de nuevo nuestra capacidad de asombro iba aumentando. Un grupo de 6 vacas, estaban tumbadas al lado de la carretera, comiendo entre los restos de basura.

Con otra pareja con la que hicimos amistad, cogimos un tuc tuc hasta la boca del metro más cercana para ir hacia el centro de la ciudad. El metro de Delhi, con controles en cada acceso, es rápido, limpio y perfectamente inteligible para cualquier persona. Al menos que no se vaya en hora punta. Hay vagones solo para mujeres

Nos bajamos en Connaught Place, e hicimos una de las mayores turistadas de toda mi vida. Comer en un Mac Donalds. Hay solo 3 tipos de hamburguesas. Pollo, pollo picante y vegetariana. Hacia 6 años que no entraba con mi esposa en un Mac Donalds. Después de allí, un café en el Starbucks.
Connaught Place, es un enorme edificio blanco, lleno de columnas y en cuyo interior está repleto de tiendas de marcas occidentales. No estábamos en la India más auténtica, pero nos apetecía tener una dosis de occidentalidad. Lo que no se detenía, era el incesante agobio de todo tipo de vendedores para que les compraras algo o te acercaras a ver su tienda. Paseando por aquellas tiendas, y viendo las personas que por ahí andaban y nada hacía adivinar que estábamos en la India. Marcas caras y precios occidentales. Y la estética de las personas autóctonas que paseaban por las galerías, eran de corte occidental. Con ausencia de “saris” y si pantalones ajustados.

Cerca de Connaught Place hay un gran parque, presidido por una enorme bandera India, y un mercadillo de productos más turísticos y artesanales. Las vestimentas ya cambian, y la estética de los puestos ya se asemejaba a los que habíamos visto por la mañana.

Regresamos al metro, pero antes nos encontramos con una actuación callejera muy particular.
Un candidato a la alcaldía de Delhi, con aire occidental, se estaba preparando para dar su discurso. Un grupo de 8 bailarines, amenizaba la espera con sus bailes y canciones. Y ahí estábamos nosotros, observando como meros espectadores, mientras la gente del lugar nos abría paso y nos convidaba a que nos pusiéramos en primera fila para verlo. Nos hacían sitio y se apartaban.
Decidimos regresar al metro, sorteando de nuevo vendedores y limpiadores de orejas!!!. Se nos acercó un lugareño para pedirnos que si le dejábamos mirar nuestras orejas, para limpiarlas. Como las limpiaba, no quisimos ni preguntar.
No se la cantidad de personas que estaban ahí concentradas, pero creo que causábamos más expectación nosotros que los danzantes. Seguramente por un exceso de prudencia, y quizás por un falso miedo, cuando nos vimos rodeados de muchísima gente, nos retiramos hacia el metro, para dirigirnos al Templo de Loto.

Metro, más controles, y de nuevo a mezclarnos con la gente local. No creo que seamos los únicos occidentales que cojan un metro en Delhi. Pero siempre nos sentíamos observados. Aunque nuestras risas y carcajadas, no eran lo mejor para pasar desapercibido.
Nos bajamos en la estación de Kalkaji Mandir, la estación más cercana al Templo de Loto. Una estación que está ubicada al lado de un centro comercial.
Andamos unos metros, mientras de nuevo sorteábamos a los tuc tucs que se nos ofrecían, a los omnipresentes vendedores ambulantes y observando sin parar las personas que al otro lado de la calle, tenían hecha su vivienda ahí. Con unos cartones en el suelo, y colgados de los arboles sus pertenencias.

En el templo de Loto no se puede entrar ni con tabaco, ni con mechero. Y los guardias son inflexibles con ello.

El templo de Loto, flor nacional de la India, es una enorme construcción de mármol blanco de finales de los años 80, que desde fuera y desde la lejanía recuerda la Opera de Sidney. Algunas webs dicen que actualmente recibe más visitas que el Taj Majal.
Es un centro de culto y de meditación para todo tipo de personas. Sin importar raza o religión.

Nosotros llegamos pasadas las 5 de la tarde, cerca de su cierre, y el flujo de visitantes era mucho menos que seguramente por la mañana. Un inmenso jardín, perfectamente cuidado y arreglado, envuelve en color verde el blanco del templo.
Por el camino, nos pararon varias veces para hacerse fotos con nosotros. Sobre todo con las chicas, e incluso les dieron un bebe para que lo sujetaran mientras le hacían una foto. Otras personas sin más, nos pedían un selfi.
Nos acercamos lo suficiente para hacer algunas fotos, contemplarlo desde fuera, pues el interior esta vacío. El interior es una enorme sala, con 9 puertas para acceder.
Nos entretuvimos haciendo fotos, observándolo, mientras las luces del atardecer, que se ocultaban por detrás del templo, nos ofrecían unas imágenes preciosas.
Quizás fue una visita corta, pero la hora de cierre se acercaba.
Las chicas quisieron entrar en un centro comercial al lado del metro. Centro comercial de comida y de ropa. Controles para acceder al centro y una puerta para entrar y otra para salir. No se puede salir por donde se entra.

Y ahora tocaba regresar en metro a nuestro hotel. En hora punta. Indescriptible.
Los vagones llenos, llenísimos de personas. Te empujaban para entrar.
Jamás, ni en las peores horas punta de Barcelona, he ido tan apretado. Aunque la peor parte se la llevaron las chicas, puesto que “los frotamientos” con ellas, eran incesantes. Bromeábamos con la idea de que alguno de ellos, durmió contento esa noche.
Tampoco podíamos hacer nada más, que esperar a nuestra parada y bajar aunque fuera a golpes y empujones. Fue un momento de agobio, pero que después recordamos con risas.

Salimos del metro, y buscamos un tuc tuc para regresar al hotel. Siempre hay que negociar el precio, siempre. Aunque luego cuando llegues, te piden más.
El trayecto hacia el hotel, de unos 20 minutos, lo pasamos improvisando un karaoke en el tuc tuc. Karaoke que era motivo de fotos y de sonrisas por otros tuc tucs que se paraban a nuestro lado.

Llegada al hotel, ducha, cena y copa en el bar. El primer día entero en Delhi, tocaba a su fin.
Mañana teníamos un día intenso, pues teníamos que ver todo lo que no pudimos ver hoy por la huelga y además debíamos irnos a Jaipur.
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Ver Etapa: Llegada a Delhi



Etapa: Delhi  -  Localización:  India India
Descripción: Descubriendo una milésima parte de una de las ciudades más grandes del mundo
Fecha creación: 23/01/2020 17:39  
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Lo peor de los viajes, es el trajín de hacer y deshacer maletas, aunque con la práctica de los viajes realizados, esta tarea ya se va completando bastante rápidamente. Eso sí, las maletas están llenas de varios “por si acaso”. Y hoy era la primera vez que deberíamos hacer maletas, para irnos ya si, de ruta en autobús por el Rajastan.

Después de desayunar y de hacer el chek-out correspondiente, emprendimos la ruta por la ciudad de Delhi, para intentar ganar tiempo al tiempo y realizar en la mañana de hoy, todas las visitas que estaban programadas para el día anterior.
Quisimos ir primero al Memorial Ghandi, pero nos fue imposible. El recinto estaba cerrado por la visita de algún alto cargo político del país. Vuelta atrás, vuelta de nuevo al caos mañanero de Delhi, y con suerte, dejar esta visita para última hora de la mañana.
Siguiente punto, el templo Sij de Gurdwara Bangla Sahib. El principal templo Sij de Delhi.

El autobús nos dejó a escasos metros del templo. En los alrededores, de nuevo la vida real de Delhi, la vida de decenas de personas, agrupadas en algo similar a una familia, viviendo en la calle, con sus pocas pertenencias, colgadas de unas rejas, o esparcidas por el suelo. Mujeres, ancianos, niños, hombres con larga barba blanca, que podrían fácilmente confundirse con un chamán. No pedían limosna, no pedían nada. En alguna ocasión sus ojos tristes se cruzaban con los nuestros. Me sentía incómodo por querer realizar alguna foto, por querer retratar esta manera de vivir, por querer reflejar en una cámara de fotos, unas miradas, unos harapos, a unas personas que habían hecho de un trozo de acera, algo llamado hogar.

Casi me pierdo del resto del grupo, por fijarme en una niña, de quizás menos de 3 años que sentada en el suelo, me miraba fijamente. Era una postal. Era una foto de esas que a veces ilustran las portadas de algunas revistas de viajes. Era la foto. Su mirada, sus ropas limpias y su cabeza rapada. Colgantes, pies decentemente aseados. Nos quedamos unos segundos mirándonos, sin cruzar palabra, ni gesto. Pero no pidió nada. Ni nadie vino a querer sacar provecho de esa imagen. De las cientos de fotos que hicimos en toda la India, esta es la primera que siempre me viene a la mente cuando recuerdo el viaje.


El templo Sij de Gurdwara Bangla Sahib, es literalmente, precioso. Hay que descalzarse completamente, y cubrirse la cabeza. Las fotos en el interior, en la zona de culto, están prohibidas, aunque siempre hay turistas que creen que esa prohibición no va con ellos.

El mármol blanco del templo, resplandece se mire por donde se mire. Su cúpula dorada, corona un lugar que es imprescindible de visitar.
El gran estanque situado en el interior, con agua que es sagrada para ellos, y que debe recorrerse de izquierda a derecha, es quizás lo que más impresiona del templo. Recomiendo recorrerlo en silencio, observando cada rincón del recinto, paseando lentamente y observar las diferentes tonalidades que el reflejo del sol, proyecta sobre el agua. Y sobre todo cuidarse de no resbalar, al caminar por el mármol blanco del alrededor.
En la zona de culto, donde NO, deben de hacerse fotos, algunos fieles rezan sentados en el suelo, otros alternan sus rezos con la observación de estos turistas que algunas veces andan sin mirar lo que sus ojos les muestran.
El objeto más sagrado del templo, es el Gurú-grant-sajib, libro que los Sijs veneran como si fuera su profeta o gurú y que contiene las enseñanzas Sij. Este libro se guarda en una pequeña habitación, similar a un confesionario, y donde los fieles, se arrodillan y le veneran. Por las noches, el libro es retirado de este lugar y acostado en una cama.

Como broche final del templo, entramos en su cocina. Cocina donde cada día se elabora comida para todo aquel que lo necesite, sin importar, religión, raza o cultura. Un horno va escupiendo sin parar tortas de pan, que son apiladas en enormes cestas. Si se quiere, se puede tomar una gratuitamente. Al lado de la cocina una enorme sala, donde sentados en perfecto orden, decenas de personas, comen una ración de lentejas, pan y fruta. Cada día, miles de personas acuden a comer aquí. Una legión de voluntarios, organiza las comidas. Pudimos pasar por el almacén, con enormes sacos llenos de harina, y legumbres, y donde un ya muy anciano Sij, se paraba a hablar con nosotros, y a interesarse por donde veníamos.
De los Sij, aprendimos varias cosas, además del porqué de sus turbantes. Sus normas, sus preceptos, sus costumbres, y sobre todo, la apariencia de bondad que transmiten.

Salimos del templo y nos detuvimos un rato en alguno de los puestos callejeros de venta de souvenirs que hay en las cercanías del templo. O a hacer fotos a un extraño altar, similar a un féretro envuelto de flores, y con unas velas encendidas venerando a “alguien o algo”. Vuelta al autobús, y al siguiente monumento.
De camino a la puerta de la India, pasamos por delante del parlamento, y del palacio del primer ministro.

Llegamos al parking para autobuses y tuvimos que andar unos minutos hasta la puerta de la India, sorteando a los vendedores de imanes, postales o pañuelos, o a los encantadores de serpientes, que haciendo sonar una especie de flauta, conseguían que la serpiente se elevase como tantas veces hemos visto en el cine. Eso sí, las monedas eran obligatorias.

La puerta de la India, similar a un arco de triunfo, es un monumento a los soldados indios que cayeron en la primera guerra mundial y en las guerras afganas.
En su alrededor, frecuentado por multitud de turistas, se aglomeran las vendedoras de snaks, de botellas de agua, o de souvenirs de todo tipo.

No se puede pasar por el interior de la puerta. Hay que voltearla, pues unas cuerdas impiden el paso por el interior, donde además prende una llama en honor a los soldados indios caídos en varias guerras. Las águilas, sobrevuelan encima de nosotros, en busca de comida, igual que las vimos ayer en los aledaños de la Vieja Delhi.

Los jardines que rodean el monumento, ofrecen otro camino de salida si queremos evitar a los vendedores de todo tipo que pululan en las inmediaciones.
Es una visita obligada en todos los tours de Delhi, pero que a pesar de que está bien cuidada, no la incluiría entre lo imprescindible por visitar.

Y de nuevo nos dirigimos al memorial Ghandi. A ver si los astros se habían alineado y podríamos al fin, entrar a verlo. Y Chas!!! Esta vez sí. El Raj Ghat ya estaba abierto al público.
Como en cada monumento o recinto, había que pasar un control de seguridad, una fila para hombres y otra para mujeres.

De entrada gratuita, el Raj Ghat no es la tumba de Ghandi, ni es el lugar donde el murió. Es el lugar donde se incinero. Un mármol negro, cubierto de adornadas flores, y con una llama permanentemente encendida, es el símbolo, el recuerdo, el homenaje a una persona increíble. No es un lugar para admirar, ni para buscar construcciones enormes. Es un lugar de paz, de reposo, de observación y quizás porque no de meditación. Un lugar que si me hubiera sabido mal perdérmelo. A través de unas escaleras, se puede subir a una especie de muralla que rodea el lugar, y tener una visión desde las alturas de todo el sitio.
Frases de Ghandi, adornan el memorial, y hay una estatua a tamaño natural con la típica imagen del líder hindú, en el camino que llevan a los servicios, y que están bastante mal cuidados.

Del memorial, creo que todos salimos con la impresión de que es un lugar que hay que ver, que transmite una sensación de paz, de humanidad, de creernos muchas de las frases que están escritas en el memorial. Por desgracia, estas frases, y estos buenos propósitos, los solemos olvidar a la que subimos al autobús.
Dejamos el memorial de Ghandi, para volver a adentrarnos por las calles de Delhi, volviendo a ver estampas que parecen sacadas de una película de viajes. Grupos de personas sentadas en la calle, con un mantel lleno de flores, y elaborando collares de tonos naranjas, nos sonreían al vernos pasar por el autobús. Otros se acercaban a las ventanillas del bus, ofreciendo collares de flores, de artesanía o figuras.
Una persona ofrecía su báscula para pesarse a cambio de algunas monedas. Un pequeño negocio.

La siguiente y última parada en Delhi, era el minarete Qutub Minar, de 73 metros de altura.
El monumento islámico más antiguo de la India.

Lo mejor del lugar, aparte de hacer las típicas fotos del minarete, es adentrarse por el complejo, observar su construcción, sus ladrillos, y esperar a que cualquier autóctono se te acerque por casualidad, para explicarte como hacer una foto perfecta, jugando con la percepción óptica, y aparentar que con nuestras manos cubrimos todo el monumento. Eso sí, la propina es obligada.
Me sorprendió la importancia, y la veneración que le daba nuestro guía al lugar. Siendo objetivos, aunque no decepciona la visita, tampoco es de aquellos lugares a los que se les dedicaría una segunda visita.

Dejábamos Delhi, para adentrarnos en el camino a Jaipur. Comimos en un restaurante de aire occidental, pero con comida oriental, que el guía nos recomendó. La comida nunca estaba incluida en el tour, pero en los lugares que comimos, los platos estaban tremendamente buenos y los precios que pagamos estuvieron acordes a ellos.

Por delante teníamos 260 kilómetros de autobús, con una previsión de 6 horas.
Hicimos alguna parada para baños, reímos, dormimos, charlamos y pasamos las 6 horas como buenamente se podían. A veces cruzábamos algún pueblo, donde la estampa era bastante humilde. Vacas tumbadas entre restos de basura, animales sueltos que corretean por calles llenas de barro, niños descalzos jugando y corriendo al lado de la carretera, o tiendas sin luz, o con una vela que ofrecían fruta y botellas de refresco.

Llegamos al hotel, chek-in, ducha y a cenar.
El Park Regis Jaipur, tenía unas buenas habitaciones, pero quizás fue el hotel, donde la comida era menos variada de todos los que estuvimos.
Mientras cenábamos en compañía ya de nuestros inseparables Marina y Pepe, oíamos música en el exterior, que no sabíamos de que, o de donde procedía. Terminamos de cenar y salimos al patio exterior, donde descubrimos el porqué de la música.
Un escenario improvisado, y 2 adolescentes, interpretaban o simulaban interpretar temas de Shakira, mientras esperaban a “publico” para representar un espectáculo de marionetas.
Teníamos una actuación privada, de un espectáculo que sin saber hindú comprendimos perfectamente, y en el que en la parte final, de la breve representación, se nos disfrazó con gorros y pelucas, y nos animaron a cantar con ellos. Era una mezcla de situación surrealista pero divertida a la vez.

Al finalizar la actuación tocaba la propina, o la compra de alguna marioneta. Era su precio.
Quisimos salir al exterior del hotel, pero no había ninguna tienda ni bar abierto donde poder tomar algo. El hotel estaba en una zona bastante desangelada.
Solución lógica: A dormir y mañana será otro día
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Ver Etapa: Delhi



Etapa: Jaipur  -  Localización:  India India
Descripción: Primera de las ciudades del Rajasthan.
Fecha creación: 23/01/2020 17:40  
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Madrugar: Dícese de ese acto que no gusta nada realizar, ni aunque se esté de vacaciones.
Pero si queremos aprovechar el tiempo, y si queremos que nuestro viaje sea algo más que dormir y vegetar, es lo que sin lugar a duda toca hacer. Aunque se esté en la India. Aunque se esté de luna de miel.

Y como no, en nuestro primer amanecer en Jaipur, nos tocó madrugar pues antes de las 8 de la mañana ya estábamos en ruta dentro del autobús, hacia el Fuerte Amber, que está a unos 10 kilómetros de la ciudad.


Nos paramos un par de veces para observar la vista del fuerte desde la carretera, y vaticinar que era más grande de lo que nos imaginábamos. Antiguo palacio real, hoy era un lugar súper turístico, muy bien cuidado y con numerosas estancias para visitar.

La subida al fuerte se hace a lomos de un elefante. En pareja, sentados de lado, y sorteando a los numerosos fotógrafos que te llaman para hacerte fotos y al bajar vendértelas.
Sobre el subir o no subir en elefante, y sobre el maltrato o no, o si reciben una buena atención, hay opiniones para todos los gustos.
Al hacer cola para que nos asignaran un elefante y sortear también a los números vendedores de souvenirs, vimos a una elefanta orinar en el patio y como el guía le atizaba en el lomo con una especie de escoba. Eso no fue agradable.
La subida a lomos del elefante dura unos 20 minutos que se hacen muy cortos, viendo las vistas que ofrece la subida, el lago Maotha y haciendo fotos al elefante de atrás, que era montado por otra pareja del grupo. Entre eso, y las risas propias del momento, los 20 minutos parecieron 5.
Llegamos a una gran explanada dentro ya del castillo, con los fotógrafos del lugar haciendo fotos sin parar. Creo que jamás había posado tanto sin posar. Fueron 3 fotógrafos diferentes los que todo el rato nos llamaban para que posásemos para ellos.


Cuando todo el grupo había llegado, el guía nos juntó en el patio principal para darnos las primeras explicaciones del lugar y darnos algún consejo sobre como visitar el fuerte.

Caminamos un rato por la explanada, observando los edificios que lo flanqueaban, y como el tráfico de elefantes era incesante. Nos adentramos en la sala del consejo, un enorme edificio lleno de columnas, con sus capiteles adornados. A través de esta sala se va accediendo a diferentes salas y niveles del complejo.
Tras subir unas pequeñas escaleras interiores llegamos a un precioso jardín muy verde, perfectamente cuidado y que ofrecía vistas a otros edificios más lejanos del mismo complejo.
Íbamos de sorpresa en sorpresa; a cada puerta, unas escaleras, un pequeño nivel, y dentro otra pequeña maravilla arquitectónica. Grandes puertas de madera rigurosamente talladas, techos con mosaicos grabados en ellos, enormes salas vacías de suelos de mármol y con las paredes llenas de mosaicos. A veces algunas escaleras, no llevaban a ninguna parte, o como mucha a una puerta cerrada, pero que nos permitían desde la altura tener una mejor visión del lugar.
El color arena de las paredes, se mezclaba con el color naranja pálido de algunos trozos de pared. El verde de los jardines, y el colorido frio de las estancias de mármol, eran una mezcla de colores, que los ojos no daban abasto en asimilar.

Como si fuera una aparición, algunas veces, te encontrabas a una mujer vestida con un llamativo sari, y que como si se tratara de una estatua ambulante, sin mediar palabra, te invitaba a sentarte a su lado y fotografiarte con ella.
Otras veces, te encontrabas con imágenes de Kali, o de Ganesh, o de cualquier dios hindú, y te preguntabas si tenía alguna explicación que estuvieran justo en ese lugar, escondidos, o se trataba de algún lugar “explicito” para ello.

Tras casi 2 horas de recorrer una y mil estancias, y de juntarnos todo el grupo de nuevo, tocaba bajar. La bajada se hacía en Jeeps, pero antes había que sortear a las decenas de vendedores de souvenirs y como no de las fotos. Y no sé si entre ellos tenían algún pacto, o era un comercio “el que más rápido fuera”, pero una cosa aprendimos, aunque fuese tarde. Del precio que te piden al principio, la mitad como mínimo, y si no consiguen vendértelas, los chicos son capaces de subirse al jeep en marcha por la parte de atrás, y dejártelas a un 30% de lo que te pedían al principio. Unas fotos impresas, o se las venden al que sale en ellas, o son para tirar.

Después del fuerte, regresamos a Jaipur. El autobús cruzó la puerta Chandpole, que da acceso a la parte antigua de la llamada ciudad rosa. De hecho, más que rosa, diría que el color de la mayoría de los edificios característicos, eran de un color asalmonado.
Nada más cruzar la puerta, que es una construcción preciosa, nos encontramos con otra imagen de la India que no olvidaremos.

Una plaza llena de vendedores de pienso para palomas, llenas lógicamente de ellas, monos que corretean buscando comida o asustando a algún turista despistado que se acerque mucho a ellos, y cabras. Cabras que se pasean en medio del tráfico, los vendedores, los turistas y alguna vaca que camina por la carretera para sumarse a la imagen. Algún puesto de comida callejera de olor inclasificable pone la guinda.
En el colmo del surrealismo, una cabra se pasea con una revista de Vogue, atrapada entre sus dientes.

Nuestra siguiente visita era el Jantar Mantar, que es el observatorio construido en piedra y mármol, más grande del mundo.
El Jantar Mantar, con enormes piedras perfectamente talladas y alineadas, es para mí una visita totalmente prescindible. Todos nos dedicamos después de escuchar las explicaciones del guía, a buscar la piedra de nuestro horóscopo, utilizar los baños, o tomar un café en el pequeño bar. No dudo del interés del lugar, pero no es un sitio imprescindible para mí.

Cerca del observatorio está el Palacio de Jaipur, el palacio de la ciudad y que aún se utiliza como residencia del Maharajá de Jaipur, un chaval de 21 años.
Del palacio se puede ver poco, pues hay una gran parte privada. Lo que sí es visitable, son sus patios interiores (algunos), estatuas de mármol de elefantes, réplicas de cañones y alguna estancia abierta con enormes lámparas colgantes.
Muchas puertas cerradas, vigiladas por guardias con turbante, pasillos llenos de fotos de la familia real, y sobre todo mucha fachada que fotografiar e intentar imaginarse como sería su interior.
Tuvimos la suerte de ver a una pareja que se acababa de casar en el palacio. Vestidos con elegantes trajes de estética hindú, el autóctono y ella israelita.
Ojalá hubiéramos podido ver el resto del palacio, que estoy seguro que nos hubiera sorprendido gratamente.

Después de comer, teníamos tiempo libre para pasear por la ciudad, y sortear de nuevo a los vendedores.
Pasear por Jaipur, por los bazares de Jaipur, es todo un ejercicio de paciencia. Todos, absolutamente todos los vendedores, quieren que entres en sus tiendas. Todos quieres que les compres. Todos chapurrean algo de español y todos tienen unos descuentos increíbles para ti, porque eres su amigo.
En algunos momentos, la insistencia se vuelve casi acoso, y es la primera vez, que perdí algo los nervios con un vendedor muy insistente. Sé que somos dólares con patas, que somos su oportunidad diaria de ganarse la vida, pero con unas cuantas negativas deberían ser suficientes. Si se consigue alejarse algo de los vendedores, se puede “disfrutar” del caos circulatorio de Jaipur, del tremendo lio que se forma en cualquier intersección, sin semáforos por supuesto.
Bicicletas llenas de saris arrastradas por sus conductores, mujeres indias sentadas en la calle vendiendo patatas o manzanas, vendedores de cocos montados en un triciclo, tuc tucs vacíos en busca de clientes y otros llenos a rebosar, ancianos con una cámara de fotos de principios del siglo 20, que ofrece fotos antiguas a cambio de algunas rupias, limpiadores de orejas, vendedores de camisetas indias a un precio tan barato, que cuando quieres comprar una, resulta que justo esa es más cara y te invita como no a su tienda….Jaipur.

Conseguimos después de caer en alguna compra y de sortear decenas de “aquí amigo aquí”, encontrar un lugar para tomar un café, increíble.

En una casa, después de subir 4 pisos por escaleras que cruzaban habitaciones, llegamos a una terraza, que estaba justo enfrente del palacio de los vientos. El palacio de los vientos, el Hawa Majal, es la foto más típica de la ciudad. Con más de 900 pequeñas ventanas que dan a la calle, y por donde el viento circulaba a través de ellas, es el edificio más fotografiado de la ciudad. Se mire por donde se mire, de abajo arriba, de frente, de lado, desde la altura es espectacular.
En la antigüedad era un harén, donde las mujeres observaban la ciudad a través de las ventanas. Su tono rosado, o asalmonado, es el icono de Jaipur, y aunque su interior no se visita, nosotros estábamos en una terraza, enfrente de él, tomándonos una cerveza. Cerveza que se nos sirvió escondida en botes. Muy cerca del palacio, el canto del muetzi, invitaba al rezo en una mezquita muy cercana.
Fue un momento tranquilo y relajante. Tomar una cerveza en semejante lugar, fue un acierto.

A las 6 de la tarde nos recogían para llevarnos a un templo hinduista para presenciar una ceremonia Aarti.
El autobús nos dejó a los pies de una pequeña colina, y desde allí nos dirigimos a pie al Templo de Birla, llamado así, porque lo financió una familia con ese apellido.
Empezaba a caer la tarde, por lo cual las luces del sol que se iban ocultando por detrás del templo, nos proporcionaban unas imágenes preciosas, contrastando con el mármol blanco de sus paredes.
Hay que descalzarse, dejar los zapatos en la entrada, con un “vigilante” a cambio de 10 rupias y luego entrar por una puerta con la figura de Ganesha presidiéndola.
El templo no es muy grande; en un par de minutos esta visto su interior, pero lo mejor era lo que nos esperaba ahora.
Al llegar pronto, pudimos coger buen sitio y sentarnos en el suelo casi delante mismo de todo, y ver la ceremonia en primera fila.
El salón estaba lleno. Cerraron las puertas, y empezó la ceremonia de agradecimiento a la divinidad. Agua, fuego, flores, incienso, oraciones…todo forma un coctel místico del que es imposible inmiscuirse, siempre que se tenga la mente abierta.
Es una ceremonia para creyentes, que está siendo vista por un montón de turistas. Aun así, me encantó. Y si esta ceremonia transmitía algún tipo de energía, de buena energía, bienvenida sea.
Además, si el agua era bendecida, al estar en primera fila, quedamos muy bendecidos cuando se esparció el agua por los asistentes.

Había anochecido completamente cuando salimos al exterior. El templo estaba iluminado por un enorme colorido de luces y tonos diferentes en cada piso. Por el camino de regreso al autobús, diferentes altares de divinidades hindús, iluminadas por colores pastel, nos adornaban el camino. Visita totalmente recomendable. Además, desde la cima de la colina las vistas de Jaipur son dignas de ver.

Hotel, cena, copa en la barra para despedir el día, comprobar que el nivel de hostelería en este hotel es bastante bajo, y a dormir.
Mañana de nuevo maletas, y hacia Agra.
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  Últimos comentarios al diario  Colores, Olores, Emociones... Indescriptible India
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Spainsun  spainsun  24/01/2020 01:58   
Es un buen documento. Yo lo aderezaría con algunas fotos y separaría el de Maldivas a otro diario. Mejor que mezclar ambos países.

Lwrence  lwrence  24/01/2020 13:08   
Tienes razon @spainsun, pero siempre he sido un poco torpe al querer colgar las fotos, y ademas creo que fotos todos hacemos y por desgracias de los mismos lugares, mismo ángulos y repetimos fotos, pero el relatar las cosas como uno las ve o las percibe, eso si es mas autentico ( es mi opinión), pero me tomo como tarea pendiente, el colgar fotos en mi proximo destino, ahora que por fin vuelvo a poder viajar. Y sobre Maldivas, es tan poco lo que aporto en este diario, que me pareció muy pobre para incluirlo en un solo diario, además basicamente son consejos para ese resort en concreto, porque en esos 3 dias, nos dedicamos lisa y llanamente a disfrutar de la villa, la playa y las cervecitas a media tarde. Gracias de veras por tu comentario.

Marimerpa  marimerpa  31/01/2020 13:47   
Muy buen diario, escrito de una forma muy amena. Coincido con Spainsun en que con unas fotos quedaría redondo.
Gracias por compartir.

MIUME  MIUME  16/02/2020 22:40   
He empezado a leer tu diario, he llegado a la foto de la niña y no he podido seguir. No me parece bien hacer fotos a la gente como si fuesen parte de tus vacaciones, como si estuviesen ahí para tu disfrute, como animales en un zoo. Y colgar esas fotos en un foro. Y menos aun de niños. No tienes derecho. Y hablar de ese momento como algo especial, sin saber lo que ella piensa o cuales son sus circunstancias. Posiblemente solo ha sido espacial para ti. Deberías tener mas respeto por la gente, no son parte del decorado. Y si haces alguna foto, pide permiso. O hazla discretamente y guárdala para tí. O hazla desde otro ángulo que no se vea la cara, que en este caso, por cierto, refleja una gran tristeza.

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raiser1969
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Ene 25, 2015
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Fecha: Lun Ene 13, 2020 10:19 pm    Título: Re: Viajar a India: Dudas, Consultas generales

Hola, una duda que me corroe un poco la cabeza, entre el millón y medio de indios que me habrán preguntado, You from ? Italy?, no tio ,no soy Italiano jo...er. ninguno haya acertado.
¿Os ha pasado lo mismo? , yo pa mi que no hago pinta de Italiano ,¿ o si?, o es que nos confunden, no sé.
leviatan
Leviatan
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Fecha: Lun Ene 13, 2020 10:21 pm    Título: Re: Viajar a India: Dudas, Consultas generales

es por tu idioma latino
raiser1969
Raiser1969
Indiana Jones
Indiana Jones
Ene 25, 2015
Mensajes: 2970

Fecha: Mar Ene 14, 2020 04:32 am    Título: Re: Viajar a India: Dudas, Consultas generales

leviatan Escribió:
es por tu idioma latino

Pues algunos deben de tener , microondas como en las películas de espías, porque a 40 m sin decir nada te vienen y te preguntan.
Lo siento pero esa respuesta no me vale del todo, influirá pero no solo es eso.
Tomas59
Tomas59
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New Traveller
Nov 03, 2018
Mensajes: 5

Fecha: Lun Mar 09, 2020 08:12 pm    Título: Re: Conductores "Recomendados" para India

Hola a todos. Estoy preparando viaje y me gustaría combinar la zona de Tamil Nadu con la de Bombay, Aurangabad y cuevas de Ellora y Ajanta. En cuanto a Tamil Nadu más o menos veo que Prabhu es muy recomendado. Para la zona de Bombay y cuevas de Ajanta y Ellora: ¿Alguien me podría recomendar o contar experiencias para visitar esa zona con conductor?
Nathanian83
Nathanian83
Moderador Asia
Moderador Asia
May 21, 2015
Mensajes: 10960

Fecha: Lun Mar 09, 2020 08:25 pm    Título: Re: Viajar a India: Dudas, Consultas generales

Hola @Tomas59
Paso tu mensaje a este hilo sobre dudas generales.

Saludos.
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