Hemos dormido bastante bien, pero aun así ya nos despertamos a las 6:30. A las 7 estábamos intentando desayunar, a pesar de que nos habían dicho que no abría hasta las 8, pero como en este país las normas son algo relativo, a las 7:30 estábamos desayunando, con bastante gente más. Teníamos cerrada la excursión para las 8 y cuando llegamos a donde habíamos quedado, oh, sorpresa, nada sabía de qué le hablábamos. La excursión estaba pagada con anterioridad, a nuestro pesar, pero por suerte era sólo el habitual desastre de comunicación de estos indios, ya que tras poner malas caras 20 min lo teníamos resuelto y estábamos saliendo en el coche.
El conductor que nos tocó hoy conduce a las mil maravillas en comparación con el de la última vez y es bastante majo. El camino allí duró más o menos una hora y media y nos sorprendió la enorme cantidad de gente que hay vayas donde vayas. Bueno, unos 1200 millones de personas tienen que meterse en algún lado. Por lo demás, mucha pobreza y mucho pueblo con talleres para reparar camiones, que cubren estas rutas y son muy frecuentes de encontrar. Decoran los camiones, especialmente el frontal, con multitud de colorido, cuerdas, etc.
Allí, el conductor nos dejó comentándonos por donde debíamos ir caminando para llegar a la cascada, llamada Lakhndare. Lo peor es que estaba empezando a llover. Se trata de una zona de río, con un camino que empieza al lado del río pero que pronto desaparece y hay que ir por encima de las piedras del río, cuidando de no resbalar y caerte en el agua. Así fuimos casi una hora. Sobre todo al principio de la ruta, que parece una especie de parque natural, hay montones de desechos de platos de picnic, ya que parece ser una zona de picnic habitual para lo locales. Poco apoco, según vas avanzando, se va limpiando un poco. Hacia allá sólo encontramos a 3 turistas indios que iban cerca de nosotros y a algún local de esos viejetes y con larga barba blanca, escuchimizados, recogiendo frutos, que al pasar nosotros juntaba las manos y nos decía Namaste no sé qué (es algo así como buenos días). Conforme íbamos avanzando Luz empezó a preocuparse de que hubiese algún peligro de animales. Aún así y a pesar de que empezaba a llover seguimos avanzando hasta que de pronto llegó la típica lluvia del monzón. Tapamos la cámara y la bolsa e intentamos esperar debajo de unos árboles, pero cada vez llovía mas fuerte. En esto vemos aparecer al guía. Nos comenta que antes no pudo venir pero que después llegó el guardia y ya pudo dejar el coche sólo. Luz vi que quedó muy agradecida e incluso le preguntó si iba a venir con nosotros, suspirando aliviada al ver que respondía que sí. Dice que él conoce mejor los problemas que puede haber... será verdad. El conductor, muy majo, buscó en los alrededores un sitio donde pudiésemos guarecernos. Nos vino muy bien, ya que cuando nos metimos debajo de aquellas piedras ya estábamos totalmente mojados y escurridos varias veces. A meternos allí yo le pregunté al guía, en inglés si allí había serpientes (are there snakes here?) a lo que el respondió: Yes, a lot. Are dangerous? Yes. Luz no había entendido la frase y me preguntaba qué había dicho, a lo que yo le respondía que ya se lo explicaba en el coche. Poco después, entre risas, le dije lo que era, pero el conductor nos decía que con lluvia no salían. Aquí aprovechamos para hacer unas fotos. Cuando por fin dejó de llover seguimos andando otro raro, hasta que vimos la cascada, que, por cierto, está fenomenal. La verdad es que mereció la pena. Dejamos por unas horas el tremendo ruido de la ciudad, el stress y nos metimos en un entono natural muy bonito, aunque fuese con lluvia. Particularmente yo tenía ganas de conocer un poquito de la naturaleza de la India y Luz con tal de poder caminar, lo que sea.
De regreso, el guía nos ofreció parar en un museo que hay en un viejo fuerte de la época colonial (inglesa), al otro lado del río Ganges. Nos comentó que era muy interesante y aunque costaba 15 rps, al llegar allí, vimos que, como es habitual, son 15 para locales y 150 para extranjeros, por persona. Con esto, abandonamos la idea y preferimos dar un pequeño paseo por los alrededores. Como todos lados, estaba lleno de gente que nos miraba insistentemente. Los alrededores del fuerte muestran que es enorme e insinúa lo asombroso que debió de ser en su época. Hoy en día está muy descuidado y rodeado de un enorme estercolero, que aún así, en su frontera con el río tiene su encanto. Se ven los ghats al otro lado y además el cielo estaba perfecto para hacer fotos.
Con este panorama y tras entrar en algunas tiendas, pronto nos estresamos y volvimos en tuc tuc, con un conductor que fue por callejones estrechos todo el raro, para evitar los enoooormes atascos que se forman a esas horas, dándonos una buena paliza de viaje con frenazos y acelerones.
Al llegar, tras ducharnos, fuimos a tomar unas cervezas mientras cenábamos. Mañana salimos para Jaipur.