Hoy es la noche del apóstol en Santiago!!! pero a tantos miles de kms de distancia no se oyen los fuegos, aunque internet acerca los diferentes mundos cada vez más.
Yo hoy tengo una diarrea bastante fuerte, pero nada diferente a lo vivido en Cuba, Estambul, Egipto... Iré mejorando. Me va a quedar un tipo de esta...
Dormimos más o menos bien, como es habitual. Para mí lo peor es que me salen los pies de la cama. Casi es más ancha que larga, así que intento dormir cruzado (postura, no actitud). Ayer para encontrar un enchufe y cargar los aparatos me costó un montón. En este país siempre ponen un interruptor al enchufe y además ponen interruptores por todos lados. No exagero, en nuestra habitación hay exactamente 29 interruptores!! Y digo yo, cuál puñetas es para cada cosa. Cada vez que quiero encender algo, le doy a 8 interruptores al mismo tiempo, a ver si acierto!! y cada vez que conecto algo en un enchufe, la combinación de interruptores que tienes que hacer para que aquello cargue, parece el misterio de la santísima trinidad.
Nos duchamos. Esta es otra. En este país cuando descubran el monomando van a alucinar. Abres un poco el grifo y no hay forma de que salga agua, le das un pelín más y sale a chorro. Teniendo en cuenta que debes abrir dos e intentar regular ambos y que cada vez que le tocas se altera, ducharse en agua que no sea fría o ardiendo, es misión imposible para mí.
A las 7:30 bajamos y preguntamos por el desayuno. El de recepción los lleva por un pasillo oscuro, abre una puerta que da a un salón de horrible decoración, con unas mesas y sillas cutres y sin nada más y nos pregunta que qué queremos. Ay, qué ha sido del buffet del restaurante de Varanasi, con toda aquella actividad a las 7:30 de la mañana. Aquí de momento no nos hemos encontrado a nadie más alojado, por cierto.
Nos tomamos unos sandwich sencillos pero que no están mal y nos preparamos para salir a conocer Jaipur, la ciudad rosa, por el habitual color de los edificios.
En la puerta del hotel negociamos un tuc tuc. Ida, espera y regreso del Amber Palace por 400 rps. Conforme vamos avanzando en la ciudad nos va pareciendo más bonita. Claro que como en las otras ciudades, hay mucha pobreza, muchísima suciedad, etc, pero tiene un encanto especial, con sus edificios rosas. Por lo demás confirmamos que parece la de más nivel de vida que hemos visto en la India. Por otro lado, parece un zoo. Por las calles te encuentras muchísimas vacas, muchos perros, cabras, cerdos, jabalíes, muchos monos, algunos camellos, algún elefante...
Conforme nos vamos acercando al Amber palace vamos quedando impresionados con la zona. Esta situado en una colina, de forma que está unido a otras colinas por una muralla de 9 kms de largo, en plan gran muralla china, subiendo y bajando, en muy buen estado de conservación. El palacio es precioso, muy grande, abajo tiene un pequeño lago y un jardín y arriba tiene el Jaigarth Fort. Toda la zona son colinas muy verdes y salpicados de árboles. En conjunto, precioso. Nos deja el tuc tuc un poco antes de las 9. Entrando en el Palacio te encuentras muchos elefantes, ya que suben a los turistas por una pequeña cuesta (andando no cuesta nada subir, ni en esfuerzo ni en precio). Nosotros no cogimos esa opción ya que subimos en elefante en Tailandia y nos pareció más un peñazo que otra cosa, aunque a diferencia de aquellos, estos elefantes son enormes! Cuando pasas a su lado y la trompa, que casi llega hasta el suelo está a tu lado, impresiona. Deben de tener unos 3 o más metros hasta la cruz y unas patorras que pa qué. Como decía Luz, "pero si yo al lado parezco una hormiga". La entrada del palacio no es barata, pero merece la pena. Fue el sitio donde más turistas occidentales nos encontramos hasta ahora. Estos maharajás, decididamente vivían como maharajás, como vulgarmente se dice. El nivel de lujo es impresionante. Además hay pasillos y recovecos por todos lados, que en otro país estarían cerrados, pero que aquí se pueden recorrer sin problemas. Incluso el antiguo túnel de emergencia que sale del palacio y cuyo techo está lleno de murciélagos. Al salir del palacio nos encontramos algo a lo que le tenía ganas, unos encantadores de serpientes haciendo bailar una cobra, lo cual reflejé en fotos.
Tras esto, nos quedaba volver a pasar por el Palacio y subir hasta el Fuerte. desde aquella posición privilegiada ya habíamos visto claro el camino y, ahora, sí fue una pendiente un poco larga pero agradable, en la que incluso nos encontramos gente. Eso sí, indios, occidentales ni uno que no hubiese ido en los todo terreno.
Al empezar a bajar vimos que empezaba a llover y buscamos donde ponernos a resguardo. En menos de 5 minutos menos mal que llegamos a una de las puertas del palacio, ya que cayó uno de esos diluvios típicos de los monzones, que, por suerte, duró pocos minutos y sólo quedaron los riachuelos habituales.
Cuando por fin llegamos al tuc tuc nos echó en cara que llevaba esperando 4 horas. Le aclaramos que eran 3,5 y que él había propuesto "go and return, wait 2 or 3 hours, no problem" y no nosotros, que nos daba igual coger otro diferente para volver. Supongo que más que eso estaría pensando que ya no nos volvería a ver y aún no había cobrado el viaje de ida.
Regresamos a la ciudad y fuimos al City palace, que es lo más destacado del centro. Se suponía que la entrada era gratis si habías ido al fuerte, pero en vez de eso nos querían cobrar 300 rps por cada uno, con lo cual pasamos. Los palacios y museos no son lo más interesante para nosotros y menos a esos precios, casi 5 euros por cabeza, ¿pero de qué van estos elementos explota turistas foreigners?? Por esa cantidad nos compramos 25 kgs de ropa en este país o damos la vuelta a la ciudad 10 veces en tuc tuc!!
Así, empezamos andar por el centro, por los bazares. La verdad es que da la impresión de que en esta ciudad, cada calle es un bazar. Andas durante horas y te sigues encontrando tenderos que, invariablemente te llaman a gritos para que entres a conocer su tienda "hello, my friend". No barajábamos la posibilidad de encontrar por esos lares un restaurante en el que pudiésemos comer, dada la zona en la que estábamos, pero, mira por donde, sin pretenderlo encontramos una pastelería que daba a un restaurante al que entramos porque Luz necesitaba ir al baño y que resultó ser uno de los restaurantes, el del Hotel LMB, que recomienda la guía y donde estaban comiendo algunos turistas occidentales y lo demás eran indios de claro alto poder adquisitivo. De hecho, un indio que estaba en la mesa de al lado y que era clavadito a Tony Soprano, un poco por el físico y un mucho por la forma de comportarse con quien quiere él hablar y, por otro lado, por cómo comportarse con los camareros, empezó a hablar con nosotros, diciéndonos que para nosotros seguramente la India sería un país muy extraño, preguntándonos de dónde éramos. Se veía claramente que tenía buena intención, en plan anfitrión. Es más, riñó varias veces al camarero para que nos atendiese bien. Incluso pensábamos "eh, camarero, trátanos bien que somos amigos de Tony Soprano". Resultó ser una persona culta, que no había estado en España pero que sin embargo se conocía muy bien su geografía, un poco sus costumbres, el clima... Sorprendente. Y este sí que hablaba bien inglés. Se ve que la gente de clase media y alta hablan inglés de forma habitual, entre ellos, y hablan bien. Los demás, hablan un poco de inglés los que viven en parte del turismo y su inglés es un desastre. Prefiero vérmelas con un inglés o un americano que con estos tíos.
Allí comimos comida india. Yo un plato con no sé cuántas decenas de ingredientes, pero muy rico y Luz un sandwich que estaba bueno.
Se ve que terminamos con fuerzas al tener el estómago lleno pues nos pusimos a ir de compras por los bazares, recorriéndonos varios kms de ellos. Incluso tuvimos tiempo para mejorar nuestras tácticas de regateo. Estos elementos son un poco cabroncetes y nunca sabes cuánto te están timando. Así, aprendimos que cuando tras revolver un montón de cosas y preguntar los precios le dices que no te gusta nada y te vas, sólo tienes que prestar atención a los precios que a tu espalda van bajando en picado y esperar al que te convence. Compramos un adorno de piedra que bajó de 1100 rps a 500 (para nuestra colección de adornos de viajes), unos pantalones de 900 a 200 y, atención, un foulard que bajó de 950 a 100 con esa táctica.
Tras bastante tiempo de patear y cansados de tantas toneladas de mugre y de ir con cuidado con las motos y demás, pensamos en dejarnos llevar por un bici rickshaw para conocer un poco la ciudad. Era algo que nos habían ofrecido cerca del City Palace por 20 rps, pero ahora que lo buscábamos, no había forma. Los conductores de bici no tienen ni pajolera idea de inglés y se quedan absortos mirándonos sin tner ni idea de qué decimos. Así, descartando la idea se nos ocurrió ir a un centro comercial, ya que ayer vimos algunos con buena pinta. Paramos a un tuc tuc y le dijimos que queríamos ir a un "shopping mall near of Bani park" (donde el hotel)". No nos entendía y poco a poco empezaron a venir otros a ayudarle. Así, cuando me di cuenta y me puse a contar vi que nos rodeaban 7 conductores de tuc tuc aunque sólo uno parecía saber qué era un "mol" de esos. Se lo explicó al 1º a quien preguntamos y este nos intentó llevar. Poco a poco vimos que el tío se estaba agobiando y que daba vueltas a baja velocidad, a ver si le venía la inspiración. Hasta que paró al lado de un conductor de tuc tuc espabilado y este sabía perfectamente qué era eso de un "shopping mall". Nos dijo que el anterior era amigo suyo (je, je, los turistas nos chupamos el dedo) y que él tomaba el relevo. Después de recorrer toda la ciudad, de punta a punta nos dejó en el "Jaipur mall". También es cierto que era domingo, pero vaya experiencia. Evidentemente el tío sacaba comisión de llevarles gente, aunque le salió el tiro por la culata. El centro comercial tenía varias plantas que eran sólo de joyas, adornos, textiles, etc para turistas. Todo era de precios muy elevados y no había nadie. Repito: nadie. Estaba unos 3 o 4 vendedores que te llevaban de tienda en tienda, siguiéndote en todo momento. Algunas de las tiendas estaban con las luces apagadas. El tío nos siguió hasta que salimos por la puerta. Al del tuc tuc le dijimos que era un "horrible shopping mall" y "very very expensive", así que el cabroncete nos llevó a otro "very very cheap" que era por el estilo, aunque este sí tenía algún turista despistado por allí y al menos había cosas a precios un poco razonables. Del mismo modo, cual "personal shopper" un tío nos fue guiando de tienda en tienda hasta dejarnos por imposible en la puerta del centro comercial. Ahora sí le dijimos que ya, directamente y sin pausas ni cuentos indios nos llevase al hotel, donde tras intentar cobrarnos más de lo pactado (la comisión esperada no acabó en sus manos) le dimos lo pactado y lo mandamos a hacer puñetas.