Comenzamos el día visitando Santa María Maggiore. Dice la leyenda que en el año 352 d.C. el Papa Liberio tuvo una visión. La Virgen María le encargó construir una iglesia dedicada a ella en un lugar nevado. Esta petición era bastante ambiciosa, ya que apenas nieva en Roma, y mucho menos en verano. Sin embargo, se dice que el 5 de agosto nevó en la Colina Esquilina, y allí fue donde Liberio mandó construir la que se convertiría en una de las cuatro basílicas principales de Roma. Aquí solo puede oficiar misa el papa o un sacerdote con su permiso expreso. El cuerpo del papa Pío IX fue enterrado aquí.
El baldaquino sobre el altar cubre un confessio que contiene un fragmento de la cuna del Niño Jesús...
Una cripta subterránea (abierta sólo en Navidad y en la Epifanía) contiene un pesebre medieval casi completo realizado por Arnolfo di Cambio, para verlo hay que dirigirse por la mañana a la oficina de la iglesia en Via Liberiana, 27.
Cerca de la entrada a la capilla, frente a la barandilla del presbiterio lateral, una baldosa del suelo de mármol señala la tumba del escultor Gian Lorenzo Bernini y sus antepasados.
La Porta Santa de Santa María Maggiore.
Y una estatua de Felipe IV de España en el pórtico.
Aún con fuerzas y antes de comer, visitamos San Juan de Letrán (San Giovanni in Laterano) Fundada por el emperador constantino en el siglo IV d.C., San Juan de Letrán, ha sido reconstruida varias veces a lo largo de los siglos. De hecho, la iglesia del papa sólo adquirió su aspecto moderno en el siglo XVII, cuando el interior y la fachada sufrieron una profunda restauración. El último cambio arquitectónico importante es relativamente reciente: el presbiterio se amplió en la década de 1880.
En el altar papal se conserva una tabla de madera que san Pedro pudo haber utilizado para celebrar la misa. Borromini creó los 12 nichos que flanquean la nave central, transformados más tarde en una hilera de enormes estatuas barrocas de los Apóstoles.
El precioso baldaquino gótico pintado al fresco sobre el altar mayor (donde únicamente el Papa puede decir misa) data de 1367. Encima de los frescos, una verja protege dos relicarios de plata en forma de busto que contienen las cabezas de san Pedro y san Pablo, los fundadores de la Iglesia de Roma...
La puerta de bronce de la entrada es la puerta original del Senado del Foro Romano. Majestuosa...
Nos encontramos con una boda que se había oficiado en una de las capillas de la basílica... (a él le había vestido la suegra)

Comimos cerca y nos fuimos a ver la Scala Santa, justo enfrente de San Juan de Letrán, abrían a las 15:30 h. (cierran para comer). Se dice que las escaleras de mármol recubiertas por madera de nogal, son las que subió Jesucristo en el palacio de Pilatos y fueron traídas desde Tierra Santa por la madre de Constantino. Hay incluso unas manchas protegidas por cristales, que dicen es la sangre de Jesucristo. Estas escaleras sólo se pueden subir de rodillas y la gente ya está a la cola antes de que abran para subirlas, aunque a ambos lados hay otras escaleras por donde si puedes subir a pie. La Sancta Sanctorum está al final de la escalera. Hay mucha devoción, casi da corte hacer fotos...
De ahí nos dirigimos a ver la Boca de la Verdad (desde el taxi vimos el circo Máximo...algo decepcionante...) En la Boca había cola para entrar bajo ese sol abrasador de agosto, decidimos no entrar y la vimos a través de la reja. Cobraban 50 cts por hacerse la foto

Pero lo que yo no sabía, es que al final de la plaza donde se encuentra la Boca, iba a estar el templo de Vesta (Templo de Hércules Víctor). Este es el edificio más antiguo de mármol que se conserva en Roma, de mármol pentélico, importado de Atenas y, por tanto, costosísimo. El basamento es de caliza.
Se trata de un pequeño templo de planta redonda imitando a los tholos (tumbas) de la Grecia clásica, aunque también hay antecedentes itálicos de edificios de planta circular, sobre todo en tumbas etruscas. Todo el conjunto estaba sobre una escalinata también circular, más tipo helenística que clásica. Roma es así, por mucho que hagas planes, te vas encontrando las cosas por casualidad...
Aún queríamos visitar los museos capitolinos, así que fuimos caminando y nos encontramos con San Nicola in Cárcere, aquí nos pasó una buena anécdota. Entramos a ver el subterráneo de la iglesia, estábamos solos con un guía muy simpático, el caso es que nos baja a esas catacumbas y nos quedamos sin luz...bueno, pues nos fuimos con él a oscuras, por las habitaciones del subterráneo, con una linterna que alumbraba lo mismo que una luciérnaga, en busca de un fusible que nunca apareció, por lo que pudimos ver la cárcel en estado puro, tal y como la verían los que estaban dentro, o sea, a tientas...pasé algo de miedo, pero fue una experiencia única.
A la salida nos encontramos con el Teatro de Marcelo. En el siglo XIII, el edificio fue ocupado por la noble familia Savelli; en el XVIII pasó a ser propiedad de los Orsini. El hermoso palacio renacentista que ocupa el tercer piso de la fachada externa de la cavea es obra del arquitecto Baldassarre Peruzzi.
El Teatro de Marcelo, tal y como lo vemos hoy, es fruto de una gran labor de restauración y liberación de postizos y ocupantes llevada a cabo entre 1926 y 1932.

Subiendo la interminable cuesta hasta los museos, nos paramos a tomar algo en una terraza, allí nos atendió un italiano muy amable, pero también muy pesado que nos pintarrajeó todo el mapa señalándonos los sitios a donde debíamos ir, le daba igual que yo le dijera que ya los habíamos visitado, él seguía pintarrajeando y diciendo...."Bello, bello" ... le dejamos propina (a pesar de todo) por su interés.
¡Y al fin llegamos a los Museos Capitolinos! Y activamos nuestra Roma Pass de museos, por lo que nos salió gratis. Los museos capitolinos son una maravilla. Nada más entrar hay un patio donde te recibe la estatua colosal de Constantino, bueno, los trocitos que quedan...(cabeza, pie y mano)

Subes al primer piso y de repente te encuentras con una terraza enorme que da al Foro, menudas vistas... es un sitio privilegiado para admirar fresquitos y a la sombra tanta belleza.
Dentro de los museos se encuentra la estatua ecuestre Marco Aurelio del Capitolio (166 d.C.) salvada a lo largo del medievo por creérsele imagen de Constantino, este bronce ha sido uno de los modelos clásicos más imitados desde el Renacimiento. En la plaza Campidoglio se puede ver una copia de la estatua.
El museo también alberga la loba capitolina. Se trata de una figura en bronce, de 75 centímetros de altura y 114 de anchura. Según la tradición, se trataría de una escultura etrusca, aunque recientemente se ha puesto en duda esta datación, demostrándose finalmente que ésta data de la Edad Media.
Los dos niños se añadieron durante el Renacimiento y probablemente son obra del escultor Antonio del Pollaiuolo.
Y el Retrato de Cómmodo como Hércules (h.190 a.C.). Este retrato marca el punto final de la evolución que lleva del retrato-cabeza republicano al retrato-busto del siglo II a.C.
Entre otras muchas maravillas...
A la salida nos acercamos a la columna de Trajano IMPRESIONANTE, me quedé sin palabras. La columna se compone de 18 enormes bloques de mármol de Carrara, cada uno de los cuales pesa aproximadamente 40 toneladas y tiene un diámetro de unos 4 metros. El friso escultórico completo mide unos 200 metros y da 23 veces la vuelta a la columna. En el interior de la misma, una escalera de caracol de 185 peldaños permite el acceso a una plataforma mirador en su parte superior.
Originalmente la columna estaba rematada con la estatua de un águila, y más tarde se colocó en su lugar una estatua del propio Trajano. En 1588 y por orden del papa Sixto V, ésta fue reemplazada por una estatua de San Pedro, que aún se conserva.
Justo delante de la columna de trajano se encuentra el monumento a Victor Manuel II. El monumento ha sufrido críticas desde que su construcción supuso la destrucción de un gran área de la Colina Capitolina, una de las colinas históricas de Roma, y donde se encontraba un barrio medieval. Para algunos, dicho monumento era demasiado grande y pomposo.En días soleados, este edificio puede llegar a ser muy brillante, pudiendo incluso ser molesto para la vista si se está cerca o dentro del recinto, dado su impoluto color blanco y su entorno urbano más oscuro. Al ser una construcción tan destacada en el panorama de Roma, ha recibido otras numerosas denominaciones. Desde su origen, los romanos lo llamaban la Zuppa Inglese (una especie de pastel), la tarta de bodas o la falsa boca. Cuando los soldados aliados llegaron a Roma en 1944 lo llamaron también la máquina de escribir, apodo que luego adoptarían los propios italianos. Ello se debe a que la fachada con las columnas no es recta, sino que adopta cierta forma en arco.
A pesar de todas las críticas que ha recibido a lo largo de su historia, el monumento a Victor Manuel II atrae cada año a un gran número de visitantes. La apertura como foro público y lugar panorámico sobre el centro de Roma fue acogido por el antiguo presidente de la República Italiana, Carlo Azeglio Ciampi, permitiendo a la gente acercarse a dicha construcción y dándole así una mejor reputación.
A su derecha se encontraba el museo de Mussolini que no visitamos por falta de tiempo.
Fuimos al hotel, nos duchamos y decidimos cenar en Vía Veneto. Hoteles y restaurantes de lujo mezclados con prostitutas y mafiosos...una maravilla.
Comienza nuestra primera noche en Roma.
En el café de la Dolce Vita, El café de París, un cóctel te cuesta 16 euros...pero un día es un día...o mejor dicho...una noche...Esta foto nos la sacó un mafioso que llevaba el Café de París, luego nos llamó un taxi... Quedamos sin tabaco y llamó a un tio para que nos trajera una cajetilla de Malboro (previo pago mogollónico), íbamos de grandones, pero sólo fue esa noche
Y por fin llegamos a la Fontana de Trevi, la queríamos ver de noche, sería como la una de la madrugada y estaba increíble, había gente (siempre hay gente) pero muy poca comparada con el día...nos sentimos casi solos en la Dolce Vita...además el guardia del pito había ligado y no se enteró cuando metimos las manos en la fuente... yo quería entrar a la fuente y llamar a mi "Marcelo" pero tampoco queríamos terminar detenidos.
Por favor, si estais en Roma, no os conformeis con verla sólo de día...
Y ya por inercia, nos pusimos a callejear en la noche romana.
Y Piazza Navona de noche es increíble, en realidad, todas las fuentes y los lugares de Roma por la noche son mágicos e increíbles, la iluminación y la falta de turistas hace que veas una Roma distinta a la del día. No dejéis de pasar una noche así en Roma porque la recordaréis toda la vida.
Lo peor fue a la hora de buscar un taxi, tuvimos que caminar bastante hasta encontrar una calle algo transitada, donde tuvimos la suerte de encontrar uno, pensé que teníamos que cruzar la ciudad a pie...luego nos enteramos del teléfono de los taxis, es el 063570. Tomen nota