Nuestros amigos llegaban el día 24 de diciembre por la tarde a ChCh, así que nosotros resrevamos un vuelo desde Wellington el día anterior. Cuando estábamos en el aeropuerto esperando para embarcar, nos enteramos de que ha habido un par de terremotos bastante fuertes en ChCh y que han evacuado el aeropuerto, han cerrado la torre y están revisando la pista para confirmar que está en condiciones. Cuando se vio que el retraso iba a ser para largo, empezaron a cancelar vuelos, pero nosotros tuvimos mucha suerte porque el piloto era de ChCh y quería llegar a su casa esa tarde, así que nos aseguró que volaríamos antes o después. Finalmente llegamos a ChCh 5 horas más tarde de lo previsto, con lo que directamente nos fuimos al hotel y dejamos la visita turística para el día siguiente. Esa noche fue bastante movidita, hubo réplicas continuamente y la cama no paraba de moverse. Es una sensación muy extraña, sobre todo con la conciencia del terremoto del año pasado… Digamos que esa noche no descansamos demasiado.
Por la mañana la cosa estaba más tranquila y nos fuimos dando un paseo al centro de ChCh, que todavía está vallado y hay zonas donde no se puede entrar. Atravesamos Hagley Park, que nos gustó mucho, quizás porque echamos de menos un parque así de grande en Wellington, y llegamos a la zona cero. Qué sensación más rara, como de una ciudad desierta, no se veía gente por la calle, estaba todo en silencio, veías los edificio medio derruidos al otro lado de la valle y te resultaba difícil creer que un año antes eso había el centro de una de las ciudades más importantes del país. No pudimos acceder a la catedral, pero para que os hagáis una idea de cómo era el panorama:
En un intento por revitalizar el turismo y las compras, han montado una especie de zona comercial con contenedores de esos enormes, muy colorido y bastante curioso. Muchas de las tiendas que quedaron dentro de la zona cero han puesto su propio contenedor para intentar salir adelante; también hay bancos, cafeterías… Ha quedado bastante bien, y había ambiente, tenían puestos hasta parterres con girasoles para dar colorido:
De vuelta al hotel, pasamos otra vez por Hagley Park y nos tiramos un buen rato disfutando de su jardín botánico.
Comimos cerca del hotel, un suculento pollo Peri-Peri en un Nando´s, y ya nos fuimos a por las maletas que amablemente nos habían guardado en recepción. Desde allí nos llamaron a un taxi para que nos llevara a recoger la caravana, muy cerca del aeropuerto. Cuando llegamos nos explicaron cómo funcionaba todo: cómo llenar y vaciar los tanques de agua, cómo rellenar el gas, nos enseñaron cómo montar la cama, dónde meter las maletas... Y por fin cogimos el bicho (porque es inmenso!!) y empezamos nuestra aventura de verdad.
Como nos sobraba un poco de tiempo, hicimos la primera compra del viaje en un New World cercano y de ahí fuimos a recoger a nuestra visita en el aeropuerto a eso de las 3 y pico, que por supuesto llegaban molidos. El plan para ese día era no hacer demasiados kilómetros, primero porque se había hecho tarde y segundo porque ellos estaban muy cansados, pero no queríamos quedarnos en ChCh porque, la verdad, había poco que ver y preferíamos empezar el viaje. Así que iríamos a Akaroa, en teoría 86 km y una hora y media de camino.
A la hora de planificar el viaje, me había guiado un poco por Google Maps y otro poco por la web de la Automobile Association, que es bastante más fiable y realista en cuanto a tiempos. Yo recordaba que google me daba la opción de llegar a Akaroa por las bahías en lugar de por la carretera principal con el mismo kilometraje y tardando sólo media hora más, y viendo que íbamos bien de tiempo y que hacía tan buen día decidimos coger la ruta escénica. El GPS que llevábamos también nos decía que podíamos ir por ahí…

Vaya error!! Efectivamente, era una ruta muy bonita, pero los tiempos de google no son para nada fiables. Tardamos casi 3 horas, pero lo peor no fue eso, sino que una parte del camino, de Port Levy a Pigeon Bay, era un camino de grava con una señal bien grande de “no recomendado a caravanas ni remolques”, pero ya era tarde para dar la vuelta y nos arriesgamos. La mayor parte del camino era tan estrecho que no hubieran entrado dos coches a la vez, y a un lado teníamos las rocas de la pared de la montaña y al otro una bonita caída por la ladera. Tuvimos la inmensa suerte de que el único coche con el que nos cruzamos fuera en una zona un poco más ancha, y aun así fue difícil pasar los dos.
Las vistas fueron espectaculares, pero no disfrutamos mucho porque nos tiramos todo el camino angustiados por si nos quedábamos tirados (no teníamos ni cobertura), o pinchábamos una rueda, o por si le pasaba algo a la caravana (este camino seguramente no entraría en el seguro)… Aquí tenéis fotos de Charteris Bay, Purau Bay y Port Levy, antes de que empezara el camino de tierra, y de lo que se iba a convertir en un paisaje familiar: verde, azul y ovejas.
Cuando por fin llegamos a Pigeon Bay y empezó otra vez la carretera asfaltada no nos podíamos creer la suerte que habíamos tenido. En ese momento decidí no volver a hacer caso a google maps y quedarme con las indicaciones de la AA. Desde ahí a Akaroa fue otra media hora pero mucho más tranquila. La bajada hacia Akaroa tiene vistas espectaculares de la bahía:
Llegamos al camping, hicimos el check in, encontramos nuestro sitio asignado y por fin aparcamos y nos relajamos! Después de una merecida ducha nos pusimos con la cena, que creo que fue una de las cenas de nochebuena más interesantes que hemos tenido nunca. Barbacoa con amigos al aire libre, una de las ventajas de cruzar el mundo para pasar las navidades!
Con esto terminamos con la zona de ChCh y Akaroa. Al día siguiente pondríamos rumbo al Monte Cook pasando por los lagos Tekapo y Pukaki. Por lo que vimos, Akaroa tiene mucho que ofrecer, es destino típico de cruceros y hay mucha oferta de deporte y actividades, pero por desgracia nosotros no teníamos tiempo para quedarnos, aunque en mi opinión se le pueden dedicar 2 ó 3 días a gusto. Aquí os dejo las vistas desde el camping: