Nos levantamos con la esperanza de que este fuera un día mejor que el anterior. Desayunamos y enseguida vinieron a buscarnos, pero al menos esta vez ya habíamos terminado de desayunar.
Éramos los primeros, después subió una chica inglesa de 18 años, a la cual no le entendíamos la mitad de lo que decía por el ruido de la furgoneta y también porque hablaba muy rápido. Después fuimos al siguiente hotel y estuvimos esperando un buen rato, pero no aparecía nadie. Al final llegó una pareja que resultó que eran argentinos, y la verdad es que nos alegró bastante oír a alguien que hablaba el mismo idioma. Por último subió otro inglés, que resultó ser el tío de la primera chica. Así que nos quedo un grupo muy majo.
El viaje se nos hizo bastante ameno, ya que estuvimos todo el camino hablando con la pareja de argentinos, que estaban en su viaje de novios. Por el camino ya empezamos a ver elefantes.
Compramos un manojo de plátanos para dárselos de comer al elefante. Al principio cuando nos montamos no resultó muy cómodo porque iba cuesta abajo y el animal se balanceaba mucho de un lado a otro, y parecía que te ibas a caer en cualquier momento. Pero en seguida te acostumbras, y el elefante también se acostumbra a ti, y empieza a pedirte plátanos. A nosotros se nos acabaron a mitad de trayecto, nuestro elefante debía ser un tragón de cuidado
Nuestro pequeño tragoncete pidiendo y su guía.
Tragón!
La vuelta fueron unos 50 minutos, pero entre que subes y bajas se pasan muy rápido. Te hacen una foto y al final te la venden por 100 bath. La cogimos porque es un bonito recuerdo, y además está muy bien presentada porque te la dan con un marco a juego con elefantes.
Allí mismo nos dieron de comer, era un poco pronto (12:30-13:00) pero ya habíamos hecho hambre. La comida fue sencilla pero buena, arroz parecido al 3 delicias con tofu, piña de postre y agua. Podías repetir todo lo que quisieras, muy muy rico! ñam.
Con el estómago lleno volvimos a la furgoneta, ahora tocaba el trekking. El paseo dura 1 hora pero no se hace muy largo. Eso sí, hay que llevar buenas zapatillas, porque una chica iba con unas de lona y se iba resbalando todo el camino, se ve que lo pasó un poco mal. Vas pasando por puentecillos hechos con troncos, aunque la sensación de aventura no es mucha, porque el camino está bastante concurrido de grupos de excursionistas.
Lo mejor de todo, con el calor que pasas es cuando llegas a la cascada y te das un baño refrescante. Después vuelta otra vez a la furgoneta. Si no lleváis puesto el bañador te puedes cambiar en alguna caseta de bambú que hay por allí , intimidad bastante poca así que aseguraos que no hay nadie cerca salvo algún mosquito que otro

Luego nos llevaron a hacer rafting. A mí me daba mucho miedo, y estuve a punto de quedarme en tierra. Carlos como ya había hecho rafting anteriormente, estaba tan tranquilo. Nos dieron primero instrucciones de lo que tienes que hacer y descalzos, con chaleco salvavidas, casco y remo nos subimos a la barca. La verdad es que me encantó, el viaje fue bastante tranquilo y aún eché de menos un poco más de caña, ya que como era la época seca no había mucha agua. Al final nos dimos un chapuzón y volvimos a la barca, y nos dejamos llevar por la corriente admirando el paisaje, hasta que llegamos a las balsas de bambú. Subimos a ella desde la balsa del rafting, y fue toda una odisea, ya que la balsa de bambú empezó a balancearse de un lado a otro, y a hundirse y estuvimos a punto de volcar. Cuando ya nos habíamos estabilizado, de repente alguien gritó que había una araña ( bastante hermosa y con patas larguísimas ). Todos estaban histéricos, menos el guía, y la balsa empezó otra vez a balancearse. Yo preguntaba “pero ¿donde está la araña?” porque no la veía. Y de repente, el chico que llevaba delante me hizo ¡zás!
y mató la araña que resultó estar encima de mí Finalmente nos llevaron a una tribu, pero como ya nos lo conocíamos del día anterior, y solo había 2 chozas, enseguida nos montamos todos en la furgo para que nos llevaran al hotel.
Imagen de una iglesia, nos comento el guía que hay un grupo reducido de gente de creencia cristiana y católica.
Poblado:
Conducción tailandesa y su ambiente:

A los argentinos les comentamos que llevábamos idea de ir al día siguiente al Doi Suthep y a Tiger Kingdom, porque un guía nos ofreció hacer la ruta por unas 800 bath y les pareció buena idea, así que intercambiamos emails.
Los domingos por la tarde en Chiang Mai hay un mercadillo de artesanía tailandesa. Nos gustó mucho y fue donde más compramos, ya que tienen diferentes cosas que en el resto de mercadillos, donde te cansas de ver las mismas camisetas en todos los puestos. Los precios están bien, y hay mucho ambiente. Nada más llegar vimos unas danzas tradicionales. Se trataba de una exhibición de fin de curso de algún instituto, porque eran chicas muy jovencitas, pero bailaban muy bien. Debían estar recolectando dinero para algún viaje o actividad, porque nos pasaron el cepillo, y le echamos unas monedillas.


Mientras veíamos las danzas nos comimos un pancake de plátano y chocolate, buenísimo. Cenamos de varios puestecillos de comida variopinta: pollo frito, un pincho de carne que tuvimos que tirar porque estaba frío y malo, y unos dulces de coco, en forma de huevo, muy ricos también. Desde luego la gastronomía en Tailandia es variopinta , barata y rica!

Finalizada la ronda de compras nos retiramos al hotel para afrontar nuestro siguiente día. Ya estabamos superando la fase media de nuestro viaje pero teníamos ganas de mucho más.






