Nuevo día en Chicago.
Tras el shuttle, cogimos el CTA al centro, haciendo transbordo para llegar a la estación de Quincy, muy cerca de la torre Sears (realmente la torre Wilis, aunque la broma común es que sólo la llaman así sus dueños...).
Nos acercamos a la torre con intención de no visitarla en ese momento, pero al tenerla tan cerca y ver que no había demasiada cola decidimos subir.
Foto de la Torre Sears:

La entrada cuesta 17,5$. Hay que subir a la planta 103 para disfrutar de las vistas espectaculares de la ciudad. Para mi, es una de las visitas obligadas de Chicago, por las vistas y porque llevas toda la vida oyendo hablar de ella.
Nosotros tuvimos un poco de bruma, pero las vistas son fantásticas. Nos permitió apreciar las zonas más características: la torre Hancock, la zona del rio Chicado, el waterfront, la zona del campus de los museos, el parque Milenium... y la única vista que conseguimos de la Buckingham Fountain, ya que el Grant estaba ocupado por el Lolapalooza...
Foto de la vista de la ciudad desde la torre Sears, con la torre Hancock y el rio Chicago:

Foto de la vista de la ciudad desde la torre Sears, con el waterfront y el parque Millennium:

En la torre hay que probar la zona del suelo de cristal. Yo lo he probado en Toronto y en Shanghai… pero todavía me tiemblan las piernas cuando me sitúo encima (tengo que reconocer que en vez de caminar, “repté” hasta allí…jejeje).
Tras la visita a la torre Sears comenzamos nuestro circuito a pie por Chicago, desde el Chicago Board of Trade. Paseamos por la calle Adams hasta el Art Institute y de camino intentamos encontrar la señal de la Ruta 66, pero debe de estar escondida, porque no la vimos…
Foto del tren elevado:

Seguimos caminando hasta el Millennium Park, un parque precioso y con mucho ambiente. Lo primero que vimos fue la “Crown Fountain”, la fuente de Jaume Plensa, de 15m de altura y que proyecta rostros de ciudadanos de Chicago y chorros de agua. Estaba lleno de niños aprovechando el agua para remojarse, ya que hacía bastante calor, de forma que se convertía en una especie de oasis urbano.
Foto de la fuente de Jaume Plensa, en Millennium Park:

La siguiente escala en el Millenium Park fue el Jay Pitzker Pavilion, que a los bilbaínos nos resulta muy familiar, ya que se trata de un caparazón ondulante plateado de Frank Gehry, arquitecto también de nuestro Guggenheim. También realizó el puente sobre Columbus Dr, desde el que se sacan bonitas fotos del pabellón y del mismo puente ondulante.
Fotos del Jay Pitzker Pavilion desde el puente diseñado por Gehry:

Y llegamos a la principal atracción del parque: la judía o The Bean, aunque su nombre oficial es Cloud Gate. La escultura con forma de gota de plata de Anish Kapoor estaba rodeada de muchísimos turistas, e incluso estaban varias novias con las damas de honor haciéndose fotos. La verdad es que resulta irresistible no sólo fotografiarla, si no buscar en ella el reflejo de uno mismo y las mejores vistas del skyline, aunque no resulte fácil con tanta gente.
Foto del Cloud Gate:

Después de un último vistazo por Millennium, continuamos el paseo por las calles Washington y Randolph, para ver algunas de las estatuas más famosas: el “Untitled” de Picasso, el “the Sun, the Moon, and the Star”, conocido como el Miró de Chicago y “Monument with Standing Beast”.
Foto del "Untitled" de Picasso:

Atravesamos el distrito de los teatros hasta llegar a la Avenida Michigan.
Foto del teatro Chicago:

La Magnificient Mile (en la Avenida Michigan) es la zona comercial llena de tiendas. A nosotros no nos gustan mucho las compras, así que simplemente paseamos por allí. Vimos también la torre Tribune y el edificio Wrigley.
Ya era bastante tarde así que nos acercamos para comer a la Pizzeria Uno, donde nació el concepto de las pizzas "deep dish" de Chicago, unas pizzas gruesas de masa esponjosa y cargadas de ingredientes. A mi me encantó. Está bien organizado: llegas a pedir mesa, te dicen el tiempo de espera que tienes (para dos normalmente unos 30-45min de espera) y haces el pedido. De esa forma, cuando te sientas en la mesa, te sirven tu pedido enseguida. Nosotros comimos una pequeña para los dos y casi no podemos acabar con ella (y somos de buen comer…). Pagamos 27,77$.
Foto de la deep dish pizza en Pizzeria Uno:

Después de comer vimos que llovía mucho, lo que nos sorprendió porque había hecho buen día, aunque con mucho calor. Así que decidimos irnos al CTA y acercarnos al loop, para dar una vuelta en el tren elevado. Nos gustó, obtienes una perpectiva distinta de la ciudad.
Para acabar la tarde, cogimos desde la Avenida Michigan el tranvía gratuito que te lleva al Navy Pier, el antiguo muelle municipal, que actualmente está ocupado por numerosas tiendas, restaurantes y hasta una gran noria. Ya no llovía, así que dimos un bonito paseo por él con vistas al lago Michigan.
Fotos del Navy Pier:


Foto del lago Michigan desde el Navy Pier:

Había bastante gente en el Navy Pier, pero nos gustó menos que el de San Francisco, no tenía su "encanto". Aún así, es una buena opción para acabar la tarde y cenar algo, con unas bonitas vistas de la torre Hancock al atardecer. Había puestecillos de varias empresas para hacer un paseo en barco por el lago Michigan o los famosos cruceros de arquitectura por el rio Chicago, que tanto nos habían recomendado en el foro. Nos estuvimos informando y decidimos hacer el crucero de arquitectura al día siguiente, con la esperanza de que no lloviera. Hay una compañía que está por todas partes, Shoreline, pero decidimos hacerlo con Wendella Boats ya que nos habían gustado las críticas en internet y además duraba más tiempo.
Foto del atardecer desde Navy Pier:

Los sábados hay fuegos artificiales a las 22:15 en el Navy Pier (los miércoles también, a las 21:30). Dicen que es muy bonito verlos desde la torre Hancock, pero nosotros, tras ver el atardecer, agotados después de un día intenso y con un largo camino hasta el motel, cogimos de nuevo el tranvía gratuito para acercarnos al CTA y nos fuimos a por el merecido descanso.