Lunes 21 Enero 2013

El vuelo salió puntual, y nos tocó ir el la primera fila de turista (la 11), por lo que no teníamos a nadie delante, y se iba bastante cómodo. El viaje fue de casi 10 horas de duración y se hizo un poco largo, pero ya estábamos mentalizados.

Al llegar a Miami, pasamos el control de policía en el que tuvimos que esperar unos 20 minutos en la cola, y ya estábamos oficialmente en USA.
Las extrañas llamadas desde el número americano, seguían rondando por nuestras cabezas, pero no habíamos tenido ningún problema, así que pensamos que habría sido una extraña coincidencia sin más.
Cuando llegamos a la oficina de Dólar para recoger el coche, nos llevamos un pequeño disgusto. Te cuentan que muchos de los peajes de Florida ya no aceptan efectivo, por lo que la única manera de pasar es sacarse un pase. Ya íbamos preparados, porque nos había ocurrido lo mismo 14 meses antes durante nuestra luna de miel, pero en esa ocasión fueron sólo 18 dólares, y en esta se habían convertido en 54. Es verdad que teníamos más días de alquiler, pero la diferencia nos pareció excesiva.
Bajamos algo resignados al parking a por el coche, y pudimos elegir entre varios modelos el que más nos gustase. Finalmente acabamos cogiendo un Ford Taurus que tenía muy buena pinta, y cruzamos los dedos para que el GPS empezase a funcionar. No tuvimos ni que salir del aparcamiento, cuando comenzaron las indicaciones para llegar al Sawgrass Mills. Apenas llevábamos unos minutos en Florida, y ya estábamos de compras. Aunque es verdad que somos unos enfermos del gasto, aquella visita se debía a que allí había una tienda que le interesaba a Asun y que no estaba en ningún otro punto de nuestro recorrido, así que eso fue lo único que hicimos allí.

El alojamiento lo habíamos reservado en el Galt Villas Motel and Apartments, y digamos que era justito. La habitación era amplia, pero con dos camas y la señal de wifi solo era buena cerca de la zona de recepción. El recepcionista no se esmeró mucho por indicarnos sitios que ver o cosas que hacer y salimos un poco a la aventura a dar un paseo y cenar algo. Entre una cosa y otra, ya se había hecho de noche.

Caminamos por la calle del hotel y llegamos a la zona de canales de la que dicen que es la Venecia de América, y estuvimos dando un paseo por allí y sacando alguna que otra foto.
Estábamos cansados de todo el viaje, así que decidimos que para cenar la mejor opción eran unos sándwiches del Wallgreens para tomar directamente en la habitación.

