Martes 29 Enero 2013
Tomamos el último desayuno en San Petesburgo, terminamos de organizar las maletas y salimos a dar un paseo por los alrededores del hotel para hacer algo de tiempo antes de coger el coche.
Teníamos por delante el trayecto más largo de todo el viaje, pero no serían ni siquiera tres horas de camino.
Llegamos a Naples sobre la una de la tarde, y fuimos directamente al Motel Super 8 que teníamos reservado. Nada más entrar, nos quedamos gratamente sorprendidos con lo que vimos allí. Tanto la recepción como el resto de las instalaciones estaban muy cuidadas y se veía todo muy limpio. Nuestra habitación mantenía ese estándar de calidad y, como en parte no nos lo esperábamos, quedamos muy satisfechos.

Justo debajo de nuestro cuarto, se encontraba la pequeña piscina del establecimiento, y nos propusimos darnos un baño un poco más tarde, ya que la temperatura allí seguía siendo muy agradable (veinti muchos grados).

Teníamos ganas de dar una vuelta por el Pier de Naples y, después de comer, salimos hacia allí. Estábamos a unos veinte minutos del mar, y llegamos hasta allí sin problemas siguiendo las indicaciones del GPS.


No sé exactamente el dinero que tiene la gente que vive por allí, pero parecía una zona residencial de gente con pasta. Dejamos el coche aparcado en la Third Srteet South, y dimos una vuelta por sus tiendas y restaurantes, para acabar llegando a la entrada del Pier.


Estaba repleto de gente pescando y, a ambos lados, en la playa había bastante gente tomando el sol o dándose un bañito. Recorrimos todo el Pier de madera hasta el final y, cuando nuestras piernas empezaron a decir basta, regresamos al motel para el ansiado baño en la piscina.
El agua estaba climatizada, y fue una sensación extraña que estuviese caliente, pero fue un rato relajante que nos vino estupendamente a los dos.

El resto de la tarde, lo pasamos en la habitación descansando y viendo la tele hasta que llegó la hora de dormir.