Tocaba cataratas de Iguazú.
Hay dos lados, el argentino y el brasileño, cada cual tiene una perspectiva diferente. El argentino lleva un día entero tranquilamente o, si os pasa como con nuestro operador, una mañana a ritmo militar, que teniendo en cuenta que hacía dos días estábamos a bajo cero en El Calafate, la humedad que hacía y los 40 grados de calor pues hubiera sido ideal para el golpe de calor. Sin embargo, agua, agua y más agua, ese es el consejo, y crema solar.
La entrada al lado argentino cuesta 130$ cada uno (el resto de parques nacionales en Argentina son 100$ cada uno), mientras que las del lado brasileño 41,10 BR$ por persona. Si no queréis cambiar moneda, pues a tirar de tarjeta, de crédito y con chip, por si acaso.
La cataratas son muy bonitas, pero me defraudaron algo, quizá de tanto oirlas al final te imaginas lo que no es. Es decir, son espectaculares, hay que ir a verlas, pero no pongais el listón altísimo porque el nivel de agua además depende de los embalses que vayan abriendo o no aguas arriba, e incluso de un día a otro puede variar.
La entrada del lado argentino incluye un tren que nos subirá a la parte superior de las cataratas, la llamada Garganta del Diablo, que es la caída principal por espectacularidad y metros de desnivel. Hay un par de paradas entre medias, lo mejor es ir directamente a la aprte superior, última parada, a primerísima hora para hacer fotos. Además seguro que el agua que salpica la agradeceréis para refrescaros.
Por el camino veréis muchas mariposas, urracas (distintas a las de España), lagartos, tortugas, cigarras enormes, coatíes,... cuidado con los animales, no les déis de comer, parecen inofensivos -especialmente los pequeños coatíes- pero muerden y mucho, y además te contagian la rabia que es una enfermedad muy dolorosa y de mal pronóstico si no se coge a tiempo. La gente da de comer a los animales, eso es una mala costumbre, ellos deben de ser capaces de gestionarse su propia comida, si les damos comida de humanos con azúcares refinados generamos casos de obesidad e, incluso, diabetes, en animales que no sufren esas enfermedades en condiciones naturales, alterando el equilibrio del ecosistema.
El resto del lado argentino transcurre por pasarelas, es muy bonito.
Finalmente terminamos haciendo La Gran Aventura, que es un gomón que te mete debajo de las cascadas y, después, te lleva río abajo hasta una salida donde te recoge un camión que te da un paseo por la selva de 20 minutos y te deja en el centro de visitantes, donde agradeceréis el aire acondiconoad y tomaros un agua o tres, aunque no tienen precios populares (24$ dos botellas de medio litro). Para acceder al barco y luego desde el embarcadero al camión hay que subir bastantes escalones, de nuevo personas con movilidad reducida lo tendrán muy complicado.
Al mediodía vuelta al hotel, aunque como os he dicho intentar que el operador local no os meta prisa y tomaroslo con tranquilidad. Sabiéndolo ahora, posiblemente alquilaría un remis para ir y estar a primerísima hora y quedaría con él a eso de las 17.00 de vuelta al hotel, para estar a nuestro aire dentro del parque.
Siesta, piscina y paseo por el pueblo de Puerto Igazú, que tampoco tiene demasiado que pasear, pero era eso o la selva por la noche
Pizza en el hotel y a dormir, que al día siguiente teníamos viaje.
