El último día entero que estábamos en París comenzaba y teníamos un programa de lo más comprimido, ya que también era el último día que teníamos la "Pass Museum" válida. Teníamos pendiente del día anterior comenzar en las torres de Notre Dame, pero también ir al Museo de Orsay si podíamos por la mañana y luego por la tarde ir a Campos Elíseos y Arco del Triunfo y terminar en Los Inválidos, que cerraba a las 21:00 horas.
En definitiva, una considerable pateada
Así volvió a tocar levantarse sobre las ocho y media, cargar las guías, etc. Queríamos estar sobre las diez en Notre Dame y para ello estaba la aventura de encontrar sitio para desayunar.
Afortunadamente, cuando bajamos a la calle ya vimos que era "otro rollo". En comparación con los otros días, ya se veía tráfico y había ruído en la calle, con numerosos peatones yendo a todo ritmo (vamos, el ritmo estresante de una gran ciudad, que está bien para visitar, pero que tampoco querría vivir en ella).
Y efectivamente, fue andar unos metros, y encontrarnos con que el "Brioche Dorée" que está enfrente de Galerías La Fayette ahora sí estaba abierto.
Local pequeño y con unas pocas mesas aunque tampoco había mucha gente. Y de precio estaba bien para París, ya que pedimos cada uno un café con leche y un croissant bien hecho (o eso nos pareció cuando lo comparamos con lo que hay en España
) y nos costó 3,55 euros.
Eso sí, las camareras antipáticas, aunque de lo malo entendían el inglés. Nos sirvieron el desayuno en bandejas y tomamos sitio y pudimos tomarlo tranquilamente. Al terminar, fui con mi buena intención a devolverles la bandeja y me contestaron bordes que tenía que dejarlas en un armario que había a tal fin. Vamos que si lo llego a saber, ni me molesto en recogerlas
El sitio de precio está bien pero el trato deja que desear, no es malo pero las camareras andaban siempre de malas caras y ni ese día, ni el siguiente que regresamos les vimos una sola sonrisa.
Así, ya fuimos sobre la hora, con la intención de comenzar nuestra jornada en Notre Dame. Y la ruta habitual, coger el metro en Chausée d'Antin, la línea 7 (rosa clara) y cinco paradas hasta Chatelet. El largo trasbordo y coger la línea 4 (fucsia), donde solo había una parada hasta la Cité (la estación de Notre Dame).
Un poco agobiante, porque al ser ya día laboral, el metro estaba hasta las narices (ahí si que hay que tener mucho cuidado con las carteras) y en el corto trayecto de Chatelet a Notre Dame, tuvimos un episodio desagradable cuando entró un tío muy raro metiendo voces y luego se dirigió a mí en un tono alto. Como ni lo entendía, ni tenía ganas de líos, y el resto del vagón tampoco hizo caso, optamos por lo más sencillo, ni mirarle, mirar para otro lado y ni caso, así se cansó.
Luego cuando bajamos, el también se bajó y seguía hablando solo. En fin, personajes hay en todas partes.
UNA COLA INTERMINABLE PERO QUE MERECIÓ LA PENA
En definitiva, una considerable pateada
Así volvió a tocar levantarse sobre las ocho y media, cargar las guías, etc. Queríamos estar sobre las diez en Notre Dame y para ello estaba la aventura de encontrar sitio para desayunar.
Afortunadamente, cuando bajamos a la calle ya vimos que era "otro rollo". En comparación con los otros días, ya se veía tráfico y había ruído en la calle, con numerosos peatones yendo a todo ritmo (vamos, el ritmo estresante de una gran ciudad, que está bien para visitar, pero que tampoco querría vivir en ella).
Y efectivamente, fue andar unos metros, y encontrarnos con que el "Brioche Dorée" que está enfrente de Galerías La Fayette ahora sí estaba abierto.
Local pequeño y con unas pocas mesas aunque tampoco había mucha gente. Y de precio estaba bien para París, ya que pedimos cada uno un café con leche y un croissant bien hecho (o eso nos pareció cuando lo comparamos con lo que hay en España
Eso sí, las camareras antipáticas, aunque de lo malo entendían el inglés. Nos sirvieron el desayuno en bandejas y tomamos sitio y pudimos tomarlo tranquilamente. Al terminar, fui con mi buena intención a devolverles la bandeja y me contestaron bordes que tenía que dejarlas en un armario que había a tal fin. Vamos que si lo llego a saber, ni me molesto en recogerlas
Así, ya fuimos sobre la hora, con la intención de comenzar nuestra jornada en Notre Dame. Y la ruta habitual, coger el metro en Chausée d'Antin, la línea 7 (rosa clara) y cinco paradas hasta Chatelet. El largo trasbordo y coger la línea 4 (fucsia), donde solo había una parada hasta la Cité (la estación de Notre Dame).
Un poco agobiante, porque al ser ya día laboral, el metro estaba hasta las narices (ahí si que hay que tener mucho cuidado con las carteras) y en el corto trayecto de Chatelet a Notre Dame, tuvimos un episodio desagradable cuando entró un tío muy raro metiendo voces y luego se dirigió a mí en un tono alto. Como ni lo entendía, ni tenía ganas de líos, y el resto del vagón tampoco hizo caso, optamos por lo más sencillo, ni mirarle, mirar para otro lado y ni caso, así se cansó.
Luego cuando bajamos, el también se bajó y seguía hablando solo. En fin, personajes hay en todas partes.
UNA COLA INTERMINABLE PERO QUE MERECIÓ LA PENA
Llegamos justo a las diez de la mañana, cuando se abrían las visitas a las torres de Notre Dame. Y jarro de agua fría, ya que había una cola considerable en el lateral norte de la catedral, que era desde donde se accedía. Así que a armarse de paciencia y esperar que te tocase el turno en medio de turistas de todas las nacionalidades.
Tengo que decir que la espera se hizo más tediosa que en la Torre Eiffel
, ya que estábamos todos en una fila por la acera y que casi no se movía. Iba muy despacio y tampoco entendíamos muy bien por qué, solo que estábamos quietos un buen rato y cuando se movía era un poco. Así que tocaba entretenerse como buenamente se podía uno, principalmente tirando fotos desde abajo a lo que veíamos de las gárgolas, en mi caso.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Llegado un momento en que nos lamentábamos entre nosotros, una turista italiana que estaba delante y nos entendió, nos explicó que solo está permitido el acceso de 20 personas cada diez minutos. Cierto, estaba explicado en las guías, si no hay nada como leer.
Y así lo comprobamos cuando íbamos llegando, como una persona iba abriendo la cola contaba 20 personas y la volvía a cerrar, hasta que le daban la orden por el walkie talkie de que la volviese a abrir.
Aún así era desesperante el hecho de que llegasen excursiones y grupos organizados que no tenían que hacer cola. Y claro, pasaban por delante tuya, demorando más la cola.
Por fin, después de una hora y cuarto accedimos al interior de la torre. Más o menos como en la torre Eiffel pero aquí me llegó a ser más tedioso. Pero ya estábamos dentro.
Como dije, accedemos por la torre norte (en el lado opuesto al Sena) y tras una subida en escaleras, te meten en una sala donde se venden las entradas y los souvenirs. Hay que comprarlos ya si los quieres, porque a la bajada no hay (en nuestro caso, pasamos). Desde ahí toca esperar hasta que la persona de seguridad recibe la autorización para que pasemos (unos cinco minutos más o menos) y va cortando las entradas o viendo los Museum Pass en nuestro caso.
A partir de ahí, comienza una angosta subida por una escalera estrecha y empinada de caracol, para lo que hay que tener un poco de físico, ya que si no estás acostumbrado acabas cansado de tanto subir. Antes de comenzar la subida, te avisan de que la visita tendrá una duración aproximada de 50 minutos.
Llegamos a la primera parada, la cornisa de Notre Dame, situada entre las dos torres. Lo cierto es que para gente con vértigo y claustrofobia esta visita no es recomendable, ya el recorrido es muy estrecho y las alturas considerables aunque las vayas son elevadas.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Vistas desde la cornisa: El Pantheon, Sainte Chapelle, torres y patio interior de Notre Dame y panorámica general de París con el Sena y la Torre Eiffe y los Inválidos al fondo.
Pero en nuestro caso disfrutamos de la visita y nos convencimos de que la espera mereció la pena, ya que las vistas de París desde allí ya son espectaculares, y tienes un recorrido para sacar todas las fotos que quieras. Y sobre todo, el punto fuerte son las gárgolas, pajarracos diabólicos que custodian la catedral y que da miedo de mirarlos. Una pasada que a alguien en la edad media se le ocurriese ese elemento decorativo. En mi caso no me cansé de tirar fotos.
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Las gárgolas de Notre Dame
Así que tras recorrer la cornisa detenidamente, nuestro grupo se dirigió hacia la otra torre, la Sur, más cercana al Sena, por donde subiríamos al punto más alto de dicha torre. Tuvimos que esperar, ya que esa torre también es por donde se baja luego y había que esperar a que saliese el anterior grupo para subir nosotros.
En cuanto nos dieron autorización, nueva escalera de caracol estrecha, hasta llegar arriba del todo. En total más de 400 escalones desde que comenzamos a subir. Y así en lo alto de la torre hay un pequeño recorrido que a mi entender no aporta nada nuevo a lo visto anteriormente, más que tener unas vistas panorámicas espectaculares desde más altura.
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Torre trasera de Notre Dame, desde el punto más alto de la visita
Las fotos de rigor y comenzamos a bajar de nuevo, por la torre sur, en esta ocasión deshaciendo los 400 escalones y con cuidado de no caerte porque como dije la escalera es empinada.
Desde que comenzó la visita hasta que salimos habrían pasado unos 40 minutos, ya que no era aún las doce del mediodía. Las torres de Notre Dame merecen mucho la pena, por las vistas y las gárgolas, a pesar de la espera, pero si queréis ir os aconsejo que vayáis con bastante antelación y no a las diez como nosotros, si no queréis tener ya una cola considerable.
CAMINO DEL MUSEO DE ORSAY
Finalizada la visita, ya descartamos por completo la bajada a la cripta, ya que también los diversos comentarios la desaconsejaban, y además queríamos aprovechar el tiempo en otras cosas.
Así pues, el siguiente destino era el Museo de Orsay, para lo cual teníamos que cruzar el Sena e ir a su vera, ya que dicha instalación estaba enfrente del río y del otro lado del Louvre. Estábamos aún frescos y comenzamos a caminar en un paseo bastante agradable al lado del río, donde además había puestos fijos que se empezaban a abrir de venta de pinturas, caricaturas, etc.
Antes de llegar a nuestro destino y casi ya a la altura del Louvre nos encontramos con un puente plagado de candados. La tradición de que las parejas ponen un candado en el puente para sellar su amor para siempre, no es típica ni tiene su origen en París, pero no podía faltar tampoco en la ciudad del amor. Así como había que aprovechar el negocio, había gente en el mismo puente vendiendo candados.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
El "Sena" y puente con candados enfrente del Louvre
Después de caminar, sobre las doce y veinte llegamos al museo de Orsay, que estaba ya bastante plagado de turistas y colas. Afortunadamente aquí hay una entrada y cola específica para los del "París Pass Museum", pero ni por esas nos libramos, ya que tuvimos que hacerla durante 10-15 minutos, pero los que no tenían entrada, debían esperar mucho más.
La razón, que había pocos arcos de seguridad a la entrada y los controles eran minuciosos, registrando bolsos hasta el último detalle. De nuevo la estampa típica fue la de japoneses con sus tablets sacando fotos.
Desgraciadamente, en este caso ya desde el principio te avisaban que estaban prohibidas todas las fotos, incluso las que no tenían flash. Y a pesar del valor de algunas de las obras que allí estaban, nosotros fuimos muy respetuosos y solo sacamos una panorámica general del interior desde un punto que sí se podía. Y es que la mayoría de la gente tenía un comportamiento cívico, salvo el típico que se hace el tonto y saca la foto, y cuando le viene el responsable de seguridad le dice "lo siento, no lo sabía"
, pero la foto ya está hecha.
No nos engañemos, el "Orsay" no es el "Louvre" pero su colección es muy importante, y nosotros nos decidimos porque los cuadros son principalmente impresionistas. No somos expertos en arte y lo que más nos gusta son los paisajes y no nos apetecía los movimientos de Vanguardia y arte moderno que nos encontraríamos en el Pompidou, que también descartamos porque para tres días y medio no queríamos meter muchos museos.
El "Orsay" es una antigua estación de trenes y se nota en la estructura del edificio. Encontramos tres niveles y curiosamente de la planta 0, se pasa a la 2 y de la 2 ya directamente a la 5. Supongo que irá en función de las alturas.
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Vista exterior e interior del Museo de Orsay
Sin detenernos mucho en explicaciones. En la planta 0, que es donde se supone que estaban las vías, andenes, etc. nos encontramos con diversas esculturas en el pasillo central y a los lados las primeras salas con cuadros de pintores impresionistas como Gauguin o Van Gogh, aunque los realmente importantes están en el piso de más arriba. En el fondo de la estación nos encontramos con una maqueta grande de la Ópera.
Si subimos escaleras llegamos al nivel 2, el siguiente, que principalmente está dedicado a la escultura. Hay infinidad de ellas a lo largo de los laterales, tanto que te puedes echar mucho tiempo presenciándolas a poco que te pares, los artistas principalmente franceses de finales de siglo XIX y principios del XX, entre los que destaca Rodin, de quien hay numerosas obras, siendo la más importante, "Las puertas del infierno".
Sabemos que por la zona de los "Inválidos" Rodin tiene su propio museo y me quedé con ganas de verlo, pero el tiempo es limitado. En ese piso también hay un espacio de decoración de edificios y de tendencias precisamente de principios del siglo pasado, aunque lo pasamos muy rápido.
Lo más interesante está sin duda en la planta 5, en la parte más alta de la estación. Allí están los cuadros más emblemáticos como el "Campo de Amapolas" o la "Danza en el país" de Renoir, los "Nenúfares" de Monet o el "Autorretrato" de Van Gogh. Os voy a poner algunas imágenes encontradas por internet para que los identifiquéis, porque creo que ya solo por eso merece la pena la visita al museo.
No obstante, nosotros hicimos la visita muy deprisa y deteniéndonos muy poco, tanto que en hora y media teníamos la visita ya resuelta, lo que se conoce como una visita exprés.
Eran las dos de la tarde y había que buscar un sitio para comer antes de lo que nos esperaba a la tarde, que queríamos ir andando por los Campos Elíseos y luego a Los Inválidos.
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"Autorretrato" (Van Gogh), "Campo de amapolas" (Renoir) y "Los nenúfares" (Monet), tres de los atractivos más importantes del "Museo de Orsay"
UN CREPE EN LAS TULLERÍAS Y LA MADELEINE
La verdad es que teníamos ganas de comernos un crepe propiamente hecho (no de los de menú del día, que tampoco estaban mal) y como "Las Tullerías" estaban del otro lado del río, fuimos para allí. Cruzamos el puente peatonal sobre el Sena, que hay enfrente del Orsay y aprovechamos para lanzar fotos. Allí, aunque menos, también había candados.
Total, que entramos en los jardines de las Tullerías, volviendo al punto donde estuvimos el primer día, y recordamos que allí había diversos puestos de venta de Crepes. Justo antes de llegar a la plaza "Concorde", paramos en uno donde hacían crepes salados (la mayoría era solo de dulces). Yo pedí uno de pollo y queso y vimos que en vez de hacerlos delante tuya, la masa ya esta hecha y lo que hacen es calentarla, lo cual fue una pequeña decepción aunque tampoco nos importó demasiado ya que los crepes estaban ricos.
Crepe por cuatro euros y medio y botellín de agua por dos euros y medio. Total, por siete euros solventamos la comida. Nos fuimos tranquilamente a sentarnos en las sillas que hay al lado del estanque central de las Tullerías.
Después de comerlo tranquilamente, nos fuimos ya con la intención de empezar a acercarnos a los Campos Elíseos. Llegamos otra vez a Concorde y su obelisco de Luxor, y con cuidado bordeamos la plaza porque ese martes sí que había tráfico, y mucho.Giramos a la derecha y pudimos contemplar que la plaza no es solo el obelisco, sinó una sucesión de columnas y esculturas. Y es que a mano derecha también había un edificio que nos gustó y luego nos enteramos que era uno de los hoteles más lujosos de París.
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En "Las Tullerías" y columnas y estatua en la plaza de la "Concordia"
Fuimos en esa dirección porque como íbamos bien de tiempo, quería acercarme hasta la iglesia de la "Madeleine", otro de los puntos que vienen recomendados en la guía. La verdad es que es bonita, porque es de estilo neoclásico, la fachada tiene forma de templo griego, y después de aclararnos en la plaza para cruzarla y llegar al recinto y subir las escaleras accedimos al interior.
No es una visita prolongada, entrar es gratis y a los diez minutos ya estás fuera. Lo más llamativo es el altar con la Magdalena y su enorme cúpula (es increíble la de edificios cortados por el mismo patrón neoclásico en París) decorada con frescos.
A título anecdótico, llamó la atención que dentro de la iglesia no había bancadas como en otras iglesias, sinó sillas de mimbre
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Panorámica exterior de la iglesia de La Madeleine. Altar y cúpula.
En conclusión, es algo que merece la pena ver rápidamente, pero si vais justos de tiempo en mi opinión podéis prescindir de ello, porque hay cosas mucho más interesantes.
Regresamos a la plaza de la Concordia y nos dimos cuenta de que no estábamos en una zona proletaria precisamente
En esa calle también nos econtramos tiendas de las marcas más lujosas, de las que se mira por fuera pero nada más.
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EL PROLONGADO PASEO DE LOS CAMPOS ELÍSEOS
Eran sobre las tres y cuarto más o menos, y desde la Plaza de la Concordia y el Obelisco de Luxor ya se contemplaba la inmensa avenida de los Campos Elíseos y al fondo el Arco del Triunfo, circuito final del Tour de Francia (lo que para mí, que me gusta el ciclismo era un aliciente) y según dicen la calle más bonita de todo el mundo. No sé si decir tanto, pero sí que es preciosa.
Se trata de una concurrida calle de tres carriles por sentido y saturada de vehículos, y tiene dos partes muy diferenciadas; Una con amplios jardines a su alrededor y otra donde abundan las aceras amplias, edificios y tiendas de compras lujosas.
La primera de ellas era la ajardinada y llegaba hasta la mitad más o menos, donde está la plaza de Franklin Roosevelt, que supone la diferencia entre una y otra zona. Aquí es una zona buena para el paseo entre sus jardines y perderse en lo que hay en los alrededores.
Tanto que al poco de caminar, nos encontramos a mano izquierda con el Petit y el Grand Palais, ambos edificios inaugurados para la Exposición Universal de París de 1900. El Grand Palais es un edificio espectacular, al que merece la pena sacar fotos, pero no está abierto al público, pero sí el Petit Palais, que está justo enfrente.
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Grand Palais y entrada del Petit Palais
También está adecuado como museo y ya que pasábamos por allí y teníamos el Pass Museum... Sin embargo yo no lo recomiendo y más cuando has estado en el Orsay y el Louvre. Es un pequeño museo con obras pictóricas menores y un patio interior con numerosas variedades botánicas, pero allí estuvimos poco tiempo, ya que había bastante por hacer.
Salimos, sesión de fotos y continuamos hasta el cercano puente de "Alejandro III" que pasa por ser uno de los más bonitos de París y que conecta los Campos Elíseos con los Inválidos. Lo más llamativo sin duda son las columas con las estatuas doradas que se sitúan en los extremos del puente.
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Columna en el puente "Alejandro III"
Después de ésto deshicimos nuestros pasos, y atravesamos perpendicularmente la avenida de los Campos Elíseos, ya que queríamos ir en dirección a la calle Saint Honore ¿por qué?
Allí estaba el "Palacio del Elíseo", que es la residencia del presidente de la República Francesa, algo así lo que viene a ser "La Moncloa" en España. Sin embargo no puedes más que sacar fotos exteriores, ya que no es un edificio abierto al público.
Y en esa misma calle, y al lado estaba el "Hotel Bristol", conocido porque es uno de los hoteles más lujosos en París y porque durante la ocupación alemana en la II Guerra Mundial fue un lugar donde se ocultaban judíos perseguidos por el régimen nazi. Además era el sitio donde se había alojado la selección española cuando jugó en Saint Denis una semana antes contra Francia (y ganó 0-1
).
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A la izquierda, el edificio de la banderita es el "Palacio del Elíseo", con mucha seguridad y que solo puede verse desde fuera. A la derecha y muy cerca del anterior el Hotel "Bristol".
Poco más que hacer en esa zona, sinó regresar a la avenida de los Campos Elíseos, y según atravesamos la mencionada plaza Roosevelt comenzaba la segunda parte del paseo más glamourosa. El Arco del Triunfo se avistaba al fondo, desaparecían los jardines, pero en cambio estábamos ante una avenida con amplias aceras para el paseo, sus inconfundibles edificios de piedra blanca, las tiendas lujosas, las cafeterías con sus terrazas...
Y nosotros preocupándonos de buscar la mejor foto posible con el arco del Triunfo al fondo. La verdad es que esta calle es preciosa y merece la pena el paseo aunque se puede hacer bastante cansado. Numerosos MacDonalds a lo largo de la misma, algún Zara, un Virgin Megastore y diversos cines que proyectaban "Los amantes pasajeros" de Almodovar (increíble el prestigio que tiene en Francia).
Así, paso a paso llegamos a la Plaza "Charles de Gaulle", uno de los centros neurálgicos de la ciudad por la importancia de las calles que allí llegan de forma radial y porque justo en el medio está el majestuoso "Arco del Triunfo".
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En la glamourosa avenida de los Campos Elíseos.
EL ARCO DEL TRIUNFO
Después de observarlo en el horizonte durante un par de horas, llegábamos al Arco del Triunfo,espectacular monumento, al que accedimos por un pasadizo subterráneo desde los Campos Elíseos para evitar atravesar la rotonda que lo rodea. Justo en este pasadizo nos encontramos con la taquilla y nuevas colas. En nuestro caso, gracias a la Pass Museum no tuvimos que esperar nada.
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Después de una larga pateada, por fin llegamos al Arco del Triunfo
Una vez situados en el monumento, lo más importante es fijarse en todos los detalles con mucha calma y luego subir (que es por lo que se paga) y contemplar las vistas que decían que eran espectaculares de París desde ese punto.
Según nos situamos debajo nos encontramos con una sucesión de nombres de poblaciones, varias de ellas españolas y nos sorprendió encontrarnos a una tan pequeña como Alba de Tormes. Luego nos enteramos que se trataba de batallas ganadas por Napoleón y había varias de la guerra de la Independencia, aunque lógicamente no se cuenta que acabaron perdiendo esa guerra.
Ese día nos dimos cuenta de la talla de héroe que tiene Napoleón en Francia, al que se le tiene alta estima a nivel de monumentos, aunque al final llevó al país a la ruína al abrir frentes con casi todo el resto de Europa.
Hay que recordar que se comenzó la construcción por orden de Napoleón tras la victoria en la batalla de Austerlitz, pero tras su derrota en Waterloo el proyecto se paralizó y tardaría aún algunos años en completarse después de su muerte.
El caso es que antes de contemplar los detalles del arco, decidimos subir. Rápidamente accedimos y empezamos a subir escaleras, que esta vez "solo" eran unas 200 y la subida era más ancha y no tan angosta como en Notre Dame. Con calma fuimos subiendo, hasta una planta situada ya casi en la parte más alta del monumento, que es donde está la tienda de Souvenirs.
También hay algún banco para que la gente se siente si está cansada de subir escaleras y así había algunos
Al margen de la tienda de souvenirs hay una leyenda y una escultura al "Soldado Desconocido", cuya tumba era casi lo que más ganas tenía de ver.
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Estatua al "soldado desconocido" en el interior del Arco del Triunfo
Subimos unas últimas escaleras y ya llegamos a lo alto del Arco del Triunfo y, efectivamente, las vistas son espectaculares y merece la pena subir. Es lo que tiene un monumento no muy alto en comparación con otros de la ciudad (50 metros), pero que está en el mismo centro. Por un lado te encontrabas justo de frente alineados los Campos Elíseos, Concordia, el Louvre y más lejos Notre Dame (joder lo que habíamos andado a lo largo del día
).
En la dirección opuesta nos encontrábamos la inconfundible figura de los rascacielos de La Defense (donde no fuimos porque no valoramos que mereciese la pena para tres días y medio, pero sí que es bonito sacar fotos panorámicas del complejo) y en los laterales del Arco del Triunfo se veía muy cerquita (aunque no estaba tanto) la Torre Eiffel y en el el otro a lo lejos la zona de Montmartre y la basílica del Sagrado Corazón.
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Panorámicas desde lo alto del Arco del Triunfo: Los Campos Elíseos, la calle Kleber (con la Torre Eiffel al fondo) y La Defense.
Había mucha gente, pero las dimensiones del monumento te permiten estar sin agobios y no tardas en hacerte sitio para sacar fotos. Después de contemplar las vistas y sacar las fotos, regresamos, bajando en primer momento a la tienda de souvenirs a comprar algún lapicero y goma (el resto nos parecía más rentable comprarlo en alguna tienda del barrio latino o Montmartre
) y luego vimos el ascensor y bajamos diretamente en él ahorrándonos las escaleras. Es un detalle importante, porque permite a gente con problemas de movilidad acceder al monumento, y por desgracia eso no es posible en otros sitios en París.
Ahora ya estábamos abajo y quería fijarme en los detalles del Arco del Triunfo. Lo más impresionante, la tumba al soldado desconocido situada justo debajo del arco y presidida con una llama, lo cual es un precioso homenaje a todos los soldados caídos en la I Guerra Mundial.
De los detalles ornamentales, me llamó la atención la figura de las tropas partiendo a la batalla y la de la victoria de Napoleón rodeado de ángeles. Es increíble como era considerado el emperador como una divinidad.
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La tumba del soldado desconocido (debajo del arco). La victoria de Napoleón. Tropas partidos a la batalla.
Ya habíamos visto todo y tocaba coger el pasadizo inferior. Aprovechamos para atravesar los Campos Elíseos y como el semáforo para peatones se divide en dos partes, nos paramos en la pequeña "isleta" del medio, y como hicieron otros, tomamos fotos desde la mejor perspectiva. Lo piensas en frío y no es nada recomendable lo que hicimos, porque puede llegar a ser hasta peligroso en una avenida tan concurrida.
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Retratándome en el "Arco del Triunfo" desde el medio de la avenida de los Campos Elíseos
No recomendable si te ve un gendarme
AFICIONADOS DEL BARSA EN EL ENTORNO DE LA TORRE EIFFEL
Cinco y media de la tarde y con todavía buena parte del día por delante, ¿qué hacer? En realidad solo nos quedaba por acercarnos a Los Inválidos, que lo más lógico sería acercarnos en metro después de la caminata que llevábamos acumulada, pero la frase lapidaria fue: "Vamos andando hasta la Torre Eiffel, que tenemos tiempo y sacamos unas fotos. Y está ahí mismo". Realmente no está tan cerca...
Así pues cogimos la avenida Kléber, que es la que comunica el Arco del Triunfo directamente con el Trocadero, el monumento desde donde se tiran las fotos panorámicas más célebres de la Torre Eiffel.
No se hizo pesado el paseo porque sin tener el glamour de los Campos Elíseos, también es una calle bonita llena de establecimientos nada asequibles. Así tras casi media hora llegamos al Trocadero y nos encontramos de frente con la legión de aficionados del Barsa que había ido a París a ver el partido de Champions League contra el París Saint Germain
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Aficionados del Barsa en el Trocadero
Serían las seis de la tarde y como el partido no era hasta las 20:45, estaban haciendo tiempo justo por el Trocadero, con dos perfiles de aficionados: Los que iban tranquilos en un rollo familiar, y los que iban de juerga, con sus litronas y latas y con unas birras de más.
No eran muchos pero sí bulliciosos. Mientras comenzamos a bajar por las fuentes del Trocadero aprovechamos para hacernos fotos de día con la panorámica de la Torre Eiffel de fondo (dos días antes las hicimos de noche de ese lado).
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Vimos los puestos de crepes y lo cierto es que se nos antojó otro, aunque en esta ocasión dulce y fue de nocilla. Aquí si que prestó, porque te hacían el crepe delante tuya en la sartén. Así que tocó sentarse en un banco al lado de las fuentes y comerlo tranquilamente.
Después del descanso seguimos caminando en dirección a la torre, de nuevo con una legión de vendedores del top manta de los Souvenirs
Bajamos momentáneamente al Sena a consultar el precio de un crucero por el río, pero realmente tampoco nos apetecía tanto y acabamos por desechar la opción. Tampoco era caro, 15 euros, pero ya lo habíamos hecho en otras ciudades como Oporto y no nos apetecía tanto.
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La prueba del delito (o del crepe en la Torre Eiffel)
CASI QUEDAMOS INVÁLIDOS EN LOS INVÁLIDOS
En este punto el cansancio ya comenzaba a hacer mella. Pero nos quedaba aún por visitar la tumba de Napoleón en Los Inválidos, y claro... ¡A seguir caminando! No se nos ocurriría coger el metro, no.
Así que pasamos por debajo de la Torre Eiffel y continuamos por el Campo de Marte hasta el final, donde está el edificio de la Escuela Militar. Aquí nos encontramos con que la plaza estaba en obras y tuvimos que meter un rodeo para dirigirnos hacia los Inválidos, que no estaba ya muy lejos pero que ya pesaban las piernas.
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En la "escuela militar"
De pronto nos encontramos con el mausoleo donde está enterrado Napoleón, aunque otro cosa era buscar la entrada, ya que la principal estaba cerrada y tuvimos que acceder por un lateral. En éstas, ya eran las ocho de la tarde y estaba cayendo el sol, no viéndose movimiento en la zona.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Por fin llegamos a los Inválidos, pero quedaba por encontrar el dichoso acceso... Y tardamos en encontrarlo.
Los Inválidos ese día cerraba a las nueve, pero a la hora que fuimos no había casi nadie y estaba prácticamente vacío, con lo que la sensación era extraña. En un monumento circular, con dos plantas, en primer lugar y al nivel de la entrada nos encontramos diversas tumbas, entre las que podemos mencionar las de los dos hermanos de Napoleón. El conocido "Pepe Botella", José Bonaparte, que fue rey de España durante la guerra de la Independencia, y otro al que Napoleón puso de rey de Austria y Prusia tras conquistar estos países.
Contemplamos un poco estos sepulcros, la cúpula y el altar, antes de bajar a la cripta, donde en el centro del monumento preside el sepulcro de Napoleón. En definitiva, todo un homenaje solemne que los franceses hacen a su gran emperador, del que no se guarda precisamente un grato recuerdo en el resto de Europa
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Tumba de José Bonaparte (Pepe Botella), cúpula de Los Inválidos y tumba de Napoleón Bonaparte
Como anécdota, señalar que en la entrada nos sellaron el "Pass Museum", algo que no habían hecho en el resto de monumentos. No sé si es que solo te permiten un acceso a los Inválidos.
Finalizado todo el recorrido, del día, el deseo era el de bajar a buscar la estación de los Inválidos y dejar ya de caminar. Lo hicimos bordeando el templo de los Inválidos y bajando por los edificios que forman el "museo del ejército", que me quedé con ganas de visitar, porque ese ya lo habían cerrado a las siete de la tarde.
Simplemente paramos en el patio interior para tirarnos unas fotos delante de los cañones y tanques que allí están.
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En el patio interior del "Museo del ejército" buscando ya desesperadamente la entrada de la estación de cercanías.
CENA EN EL BARRIO LATINO Y EMPATE DEL BARSA
Al salirnos del complejo de "Los Inválidos" buscamos la estación del RER (que no es la misma que la del metro) y aún tuvimos que bajar un cacho hasta llegar casi otras vez al río Sena, a la altura del puente de Alejandro III.
Ya estaba anocheciendo, y el cansancio nos invitaba a ir a cenar y regresar al hotel inmediatamente. Así que bajamos a la estación, teniendo el incidente de que a mi novia le tragó la máquina el billete, teniendo que ir a hablar con la persona de la estación para que le dejase pasar, algo para lo que no puso problemas.
Cogimos la línea "C" del RER, con un tren de dos pisos con asientos cómodos, que se agradecía en ese momento... Pero lo bueno iba a durar bien poco, porque la siguiente parada era la de Saint Michel, que era donde bajamos para cenar en el barrio Latino.
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En la salida de los Inválidos ya camino del Sena (donde estaba la estación)
Vuelta tranquila por las callejuelas para buscar un sitio para cenar, y al final nos convenció y restaurante griego, bastante coqueto por dentro y en el que cenamos por 14 euros. Cuando llegamos estaba medio vacío, pero poco a poco se fue llenando de gente.
Actualización: El restaurante lo he localizado, pero no encuentro cartel con el nombre ni fotos
Si alguien tiene google view, está en la rue Harpe, justo después de pasar el cruce con Saint Honore, y es de los primeros sitios a mano derecha. Está al lado de uno que se llama "Les Vieux Paris"
Tenía ganas de probar la sopa de cebolla típica de estos sitios y que vi comer a mucha gente. Realmente el plato es una bomba, ya que es una gran cantidad de queso gratinado en un cuenco, con cebolla y todo en una sopa caliente... Pero me lo merecía después de la larga jornada.
Muy tranquilamente la cena, y la sorpresa es que estaba puesto en la tele el partido entre el Paris Saint Germain y el Barcelona, que aunque yendo en pareja quieres no estar pendiente de él, allí era imposible, ya que había mucho ambiente de aficionados en la calle metiendo voces, y fuera del restaurante, había un grupo de chavales con camisetas y bufandas del Barsa intentando mirar para el televisor que teníamos dentro.
De hecho, cuando marcó Messi el 0-1, se notó claramente en la calle.
Más o menos, al inicio del segundo tiempo acabamos de cenar y nos fuimos ya hacia el hotel, con el protocolo habitual: Coger el metro en la estación de Saint Michel, la línea 4 (fucsia), tras dos paradas hacer trasbordo en Chatelet y coger la línea 7 (rosa clara), donde teníamos cinco paradas hasta Chausé d'Antin.
Tiempo de sobra para que subiese el típico artista de metro tocando el acordeón, aderezando el viaje dos o tres paradas.
En definitiva, eran casi las diez y media, y nos habíamos tirado más de doce horas de arriba a abajo. Aún así, me acordé de poner la tele y ver los dos últimos goles del partido, y enterarme de que habían quedado 2-2.
Joder con los de Canal + Francia. El empate del París Saint Germain llegó en el descuento, y vaya voces de los comentaristas y de la persona del micrófono inalámbrico que se comió a abrazos y besos al jugador
Lo último que quedaba por hacer era hacer el Check In del vuelo de vuelta a Madrid. La página de Air France (la compañía con la que Air Europa tiene consorcio) permitía hacerlo 30 horas antes y por ello cogí la tablet y lo hicimos on line, con el objetivo de coger asientos juntos y no quedarnos apartados en el vuelo.
Al hacerlo, permitía la opción de imprimir la tarjeta de embarque en las máquinas auto checking de Air France en Orly, que es lo que escogimos, ya que no teníamos impresora y tampoco queríamos molestar a los recepcionistas del hotel para que nos lo imprimiesen. Así pues, el trámite en principio quedó solventado
Con todo tocaba descansar. Nos quedaba una última jornada en París que iba a ser mucho más relajada, ya que solo nos quedaba por ver Montmartre y hasta las 20:10 no nos salía el vuelo para Madrid. Es decir, teníamos tiempo de sobra. Así que a descansar bien y levantarse sin agobios el día siguiente.
Tengo que decir que la espera se hizo más tediosa que en la Torre Eiffel
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Llegado un momento en que nos lamentábamos entre nosotros, una turista italiana que estaba delante y nos entendió, nos explicó que solo está permitido el acceso de 20 personas cada diez minutos. Cierto, estaba explicado en las guías, si no hay nada como leer.
Aún así era desesperante el hecho de que llegasen excursiones y grupos organizados que no tenían que hacer cola. Y claro, pasaban por delante tuya, demorando más la cola.
Por fin, después de una hora y cuarto accedimos al interior de la torre. Más o menos como en la torre Eiffel pero aquí me llegó a ser más tedioso. Pero ya estábamos dentro.
Como dije, accedemos por la torre norte (en el lado opuesto al Sena) y tras una subida en escaleras, te meten en una sala donde se venden las entradas y los souvenirs. Hay que comprarlos ya si los quieres, porque a la bajada no hay (en nuestro caso, pasamos). Desde ahí toca esperar hasta que la persona de seguridad recibe la autorización para que pasemos (unos cinco minutos más o menos) y va cortando las entradas o viendo los Museum Pass en nuestro caso.
A partir de ahí, comienza una angosta subida por una escalera estrecha y empinada de caracol, para lo que hay que tener un poco de físico, ya que si no estás acostumbrado acabas cansado de tanto subir. Antes de comenzar la subida, te avisan de que la visita tendrá una duración aproximada de 50 minutos.
Llegamos a la primera parada, la cornisa de Notre Dame, situada entre las dos torres. Lo cierto es que para gente con vértigo y claustrofobia esta visita no es recomendable, ya el recorrido es muy estrecho y las alturas considerables aunque las vayas son elevadas.
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Vistas desde la cornisa: El Pantheon, Sainte Chapelle, torres y patio interior de Notre Dame y panorámica general de París con el Sena y la Torre Eiffe y los Inválidos al fondo.
Pero en nuestro caso disfrutamos de la visita y nos convencimos de que la espera mereció la pena, ya que las vistas de París desde allí ya son espectaculares, y tienes un recorrido para sacar todas las fotos que quieras. Y sobre todo, el punto fuerte son las gárgolas, pajarracos diabólicos que custodian la catedral y que da miedo de mirarlos. Una pasada que a alguien en la edad media se le ocurriese ese elemento decorativo. En mi caso no me cansé de tirar fotos.
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Las gárgolas de Notre Dame
Así que tras recorrer la cornisa detenidamente, nuestro grupo se dirigió hacia la otra torre, la Sur, más cercana al Sena, por donde subiríamos al punto más alto de dicha torre. Tuvimos que esperar, ya que esa torre también es por donde se baja luego y había que esperar a que saliese el anterior grupo para subir nosotros.
En cuanto nos dieron autorización, nueva escalera de caracol estrecha, hasta llegar arriba del todo. En total más de 400 escalones desde que comenzamos a subir. Y así en lo alto de la torre hay un pequeño recorrido que a mi entender no aporta nada nuevo a lo visto anteriormente, más que tener unas vistas panorámicas espectaculares desde más altura.
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Torre trasera de Notre Dame, desde el punto más alto de la visita
Las fotos de rigor y comenzamos a bajar de nuevo, por la torre sur, en esta ocasión deshaciendo los 400 escalones y con cuidado de no caerte porque como dije la escalera es empinada.
Desde que comenzó la visita hasta que salimos habrían pasado unos 40 minutos, ya que no era aún las doce del mediodía. Las torres de Notre Dame merecen mucho la pena, por las vistas y las gárgolas, a pesar de la espera, pero si queréis ir os aconsejo que vayáis con bastante antelación y no a las diez como nosotros, si no queréis tener ya una cola considerable.
CAMINO DEL MUSEO DE ORSAY
Finalizada la visita, ya descartamos por completo la bajada a la cripta, ya que también los diversos comentarios la desaconsejaban, y además queríamos aprovechar el tiempo en otras cosas.
Así pues, el siguiente destino era el Museo de Orsay, para lo cual teníamos que cruzar el Sena e ir a su vera, ya que dicha instalación estaba enfrente del río y del otro lado del Louvre. Estábamos aún frescos y comenzamos a caminar en un paseo bastante agradable al lado del río, donde además había puestos fijos que se empezaban a abrir de venta de pinturas, caricaturas, etc.
Antes de llegar a nuestro destino y casi ya a la altura del Louvre nos encontramos con un puente plagado de candados. La tradición de que las parejas ponen un candado en el puente para sellar su amor para siempre, no es típica ni tiene su origen en París, pero no podía faltar tampoco en la ciudad del amor. Así como había que aprovechar el negocio, había gente en el mismo puente vendiendo candados.
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El "Sena" y puente con candados enfrente del Louvre
Después de caminar, sobre las doce y veinte llegamos al museo de Orsay, que estaba ya bastante plagado de turistas y colas. Afortunadamente aquí hay una entrada y cola específica para los del "París Pass Museum", pero ni por esas nos libramos, ya que tuvimos que hacerla durante 10-15 minutos, pero los que no tenían entrada, debían esperar mucho más.
La razón, que había pocos arcos de seguridad a la entrada y los controles eran minuciosos, registrando bolsos hasta el último detalle. De nuevo la estampa típica fue la de japoneses con sus tablets sacando fotos.
Desgraciadamente, en este caso ya desde el principio te avisaban que estaban prohibidas todas las fotos, incluso las que no tenían flash. Y a pesar del valor de algunas de las obras que allí estaban, nosotros fuimos muy respetuosos y solo sacamos una panorámica general del interior desde un punto que sí se podía. Y es que la mayoría de la gente tenía un comportamiento cívico, salvo el típico que se hace el tonto y saca la foto, y cuando le viene el responsable de seguridad le dice "lo siento, no lo sabía"
No nos engañemos, el "Orsay" no es el "Louvre" pero su colección es muy importante, y nosotros nos decidimos porque los cuadros son principalmente impresionistas. No somos expertos en arte y lo que más nos gusta son los paisajes y no nos apetecía los movimientos de Vanguardia y arte moderno que nos encontraríamos en el Pompidou, que también descartamos porque para tres días y medio no queríamos meter muchos museos.
El "Orsay" es una antigua estación de trenes y se nota en la estructura del edificio. Encontramos tres niveles y curiosamente de la planta 0, se pasa a la 2 y de la 2 ya directamente a la 5. Supongo que irá en función de las alturas.
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Vista exterior e interior del Museo de Orsay
Sin detenernos mucho en explicaciones. En la planta 0, que es donde se supone que estaban las vías, andenes, etc. nos encontramos con diversas esculturas en el pasillo central y a los lados las primeras salas con cuadros de pintores impresionistas como Gauguin o Van Gogh, aunque los realmente importantes están en el piso de más arriba. En el fondo de la estación nos encontramos con una maqueta grande de la Ópera.
Si subimos escaleras llegamos al nivel 2, el siguiente, que principalmente está dedicado a la escultura. Hay infinidad de ellas a lo largo de los laterales, tanto que te puedes echar mucho tiempo presenciándolas a poco que te pares, los artistas principalmente franceses de finales de siglo XIX y principios del XX, entre los que destaca Rodin, de quien hay numerosas obras, siendo la más importante, "Las puertas del infierno".
Sabemos que por la zona de los "Inválidos" Rodin tiene su propio museo y me quedé con ganas de verlo, pero el tiempo es limitado. En ese piso también hay un espacio de decoración de edificios y de tendencias precisamente de principios del siglo pasado, aunque lo pasamos muy rápido.
Lo más interesante está sin duda en la planta 5, en la parte más alta de la estación. Allí están los cuadros más emblemáticos como el "Campo de Amapolas" o la "Danza en el país" de Renoir, los "Nenúfares" de Monet o el "Autorretrato" de Van Gogh. Os voy a poner algunas imágenes encontradas por internet para que los identifiquéis, porque creo que ya solo por eso merece la pena la visita al museo.
No obstante, nosotros hicimos la visita muy deprisa y deteniéndonos muy poco, tanto que en hora y media teníamos la visita ya resuelta, lo que se conoce como una visita exprés.
Eran las dos de la tarde y había que buscar un sitio para comer antes de lo que nos esperaba a la tarde, que queríamos ir andando por los Campos Elíseos y luego a Los Inválidos.
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"Autorretrato" (Van Gogh), "Campo de amapolas" (Renoir) y "Los nenúfares" (Monet), tres de los atractivos más importantes del "Museo de Orsay"
UN CREPE EN LAS TULLERÍAS Y LA MADELEINE
La verdad es que teníamos ganas de comernos un crepe propiamente hecho (no de los de menú del día, que tampoco estaban mal) y como "Las Tullerías" estaban del otro lado del río, fuimos para allí. Cruzamos el puente peatonal sobre el Sena, que hay enfrente del Orsay y aprovechamos para lanzar fotos. Allí, aunque menos, también había candados.
Total, que entramos en los jardines de las Tullerías, volviendo al punto donde estuvimos el primer día, y recordamos que allí había diversos puestos de venta de Crepes. Justo antes de llegar a la plaza "Concorde", paramos en uno donde hacían crepes salados (la mayoría era solo de dulces). Yo pedí uno de pollo y queso y vimos que en vez de hacerlos delante tuya, la masa ya esta hecha y lo que hacen es calentarla, lo cual fue una pequeña decepción aunque tampoco nos importó demasiado ya que los crepes estaban ricos.
Crepe por cuatro euros y medio y botellín de agua por dos euros y medio. Total, por siete euros solventamos la comida. Nos fuimos tranquilamente a sentarnos en las sillas que hay al lado del estanque central de las Tullerías.
Después de comerlo tranquilamente, nos fuimos ya con la intención de empezar a acercarnos a los Campos Elíseos. Llegamos otra vez a Concorde y su obelisco de Luxor, y con cuidado bordeamos la plaza porque ese martes sí que había tráfico, y mucho.Giramos a la derecha y pudimos contemplar que la plaza no es solo el obelisco, sinó una sucesión de columnas y esculturas. Y es que a mano derecha también había un edificio que nos gustó y luego nos enteramos que era uno de los hoteles más lujosos de París.
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En "Las Tullerías" y columnas y estatua en la plaza de la "Concordia"
Fuimos en esa dirección porque como íbamos bien de tiempo, quería acercarme hasta la iglesia de la "Madeleine", otro de los puntos que vienen recomendados en la guía. La verdad es que es bonita, porque es de estilo neoclásico, la fachada tiene forma de templo griego, y después de aclararnos en la plaza para cruzarla y llegar al recinto y subir las escaleras accedimos al interior.
No es una visita prolongada, entrar es gratis y a los diez minutos ya estás fuera. Lo más llamativo es el altar con la Magdalena y su enorme cúpula (es increíble la de edificios cortados por el mismo patrón neoclásico en París) decorada con frescos.
A título anecdótico, llamó la atención que dentro de la iglesia no había bancadas como en otras iglesias, sinó sillas de mimbre
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Panorámica exterior de la iglesia de La Madeleine. Altar y cúpula.
En conclusión, es algo que merece la pena ver rápidamente, pero si vais justos de tiempo en mi opinión podéis prescindir de ello, porque hay cosas mucho más interesantes.
Regresamos a la plaza de la Concordia y nos dimos cuenta de que no estábamos en una zona proletaria precisamente
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EL PROLONGADO PASEO DE LOS CAMPOS ELÍSEOS
Eran sobre las tres y cuarto más o menos, y desde la Plaza de la Concordia y el Obelisco de Luxor ya se contemplaba la inmensa avenida de los Campos Elíseos y al fondo el Arco del Triunfo, circuito final del Tour de Francia (lo que para mí, que me gusta el ciclismo era un aliciente) y según dicen la calle más bonita de todo el mundo. No sé si decir tanto, pero sí que es preciosa.
Se trata de una concurrida calle de tres carriles por sentido y saturada de vehículos, y tiene dos partes muy diferenciadas; Una con amplios jardines a su alrededor y otra donde abundan las aceras amplias, edificios y tiendas de compras lujosas.
La primera de ellas era la ajardinada y llegaba hasta la mitad más o menos, donde está la plaza de Franklin Roosevelt, que supone la diferencia entre una y otra zona. Aquí es una zona buena para el paseo entre sus jardines y perderse en lo que hay en los alrededores.
Tanto que al poco de caminar, nos encontramos a mano izquierda con el Petit y el Grand Palais, ambos edificios inaugurados para la Exposición Universal de París de 1900. El Grand Palais es un edificio espectacular, al que merece la pena sacar fotos, pero no está abierto al público, pero sí el Petit Palais, que está justo enfrente.
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Grand Palais y entrada del Petit Palais
También está adecuado como museo y ya que pasábamos por allí y teníamos el Pass Museum... Sin embargo yo no lo recomiendo y más cuando has estado en el Orsay y el Louvre. Es un pequeño museo con obras pictóricas menores y un patio interior con numerosas variedades botánicas, pero allí estuvimos poco tiempo, ya que había bastante por hacer.
Salimos, sesión de fotos y continuamos hasta el cercano puente de "Alejandro III" que pasa por ser uno de los más bonitos de París y que conecta los Campos Elíseos con los Inválidos. Lo más llamativo sin duda son las columas con las estatuas doradas que se sitúan en los extremos del puente.
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Columna en el puente "Alejandro III"
Después de ésto deshicimos nuestros pasos, y atravesamos perpendicularmente la avenida de los Campos Elíseos, ya que queríamos ir en dirección a la calle Saint Honore ¿por qué?
Allí estaba el "Palacio del Elíseo", que es la residencia del presidente de la República Francesa, algo así lo que viene a ser "La Moncloa" en España. Sin embargo no puedes más que sacar fotos exteriores, ya que no es un edificio abierto al público.
Y en esa misma calle, y al lado estaba el "Hotel Bristol", conocido porque es uno de los hoteles más lujosos en París y porque durante la ocupación alemana en la II Guerra Mundial fue un lugar donde se ocultaban judíos perseguidos por el régimen nazi. Además era el sitio donde se había alojado la selección española cuando jugó en Saint Denis una semana antes contra Francia (y ganó 0-1
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A la izquierda, el edificio de la banderita es el "Palacio del Elíseo", con mucha seguridad y que solo puede verse desde fuera. A la derecha y muy cerca del anterior el Hotel "Bristol".
Poco más que hacer en esa zona, sinó regresar a la avenida de los Campos Elíseos, y según atravesamos la mencionada plaza Roosevelt comenzaba la segunda parte del paseo más glamourosa. El Arco del Triunfo se avistaba al fondo, desaparecían los jardines, pero en cambio estábamos ante una avenida con amplias aceras para el paseo, sus inconfundibles edificios de piedra blanca, las tiendas lujosas, las cafeterías con sus terrazas...
Y nosotros preocupándonos de buscar la mejor foto posible con el arco del Triunfo al fondo. La verdad es que esta calle es preciosa y merece la pena el paseo aunque se puede hacer bastante cansado. Numerosos MacDonalds a lo largo de la misma, algún Zara, un Virgin Megastore y diversos cines que proyectaban "Los amantes pasajeros" de Almodovar (increíble el prestigio que tiene en Francia).
Así, paso a paso llegamos a la Plaza "Charles de Gaulle", uno de los centros neurálgicos de la ciudad por la importancia de las calles que allí llegan de forma radial y porque justo en el medio está el majestuoso "Arco del Triunfo".
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En la glamourosa avenida de los Campos Elíseos.
EL ARCO DEL TRIUNFO
Después de observarlo en el horizonte durante un par de horas, llegábamos al Arco del Triunfo,espectacular monumento, al que accedimos por un pasadizo subterráneo desde los Campos Elíseos para evitar atravesar la rotonda que lo rodea. Justo en este pasadizo nos encontramos con la taquilla y nuevas colas. En nuestro caso, gracias a la Pass Museum no tuvimos que esperar nada.
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Después de una larga pateada, por fin llegamos al Arco del Triunfo
Una vez situados en el monumento, lo más importante es fijarse en todos los detalles con mucha calma y luego subir (que es por lo que se paga) y contemplar las vistas que decían que eran espectaculares de París desde ese punto.
Según nos situamos debajo nos encontramos con una sucesión de nombres de poblaciones, varias de ellas españolas y nos sorprendió encontrarnos a una tan pequeña como Alba de Tormes. Luego nos enteramos que se trataba de batallas ganadas por Napoleón y había varias de la guerra de la Independencia, aunque lógicamente no se cuenta que acabaron perdiendo esa guerra.
Hay que recordar que se comenzó la construcción por orden de Napoleón tras la victoria en la batalla de Austerlitz, pero tras su derrota en Waterloo el proyecto se paralizó y tardaría aún algunos años en completarse después de su muerte.
El caso es que antes de contemplar los detalles del arco, decidimos subir. Rápidamente accedimos y empezamos a subir escaleras, que esta vez "solo" eran unas 200 y la subida era más ancha y no tan angosta como en Notre Dame. Con calma fuimos subiendo, hasta una planta situada ya casi en la parte más alta del monumento, que es donde está la tienda de Souvenirs.
También hay algún banco para que la gente se siente si está cansada de subir escaleras y así había algunos
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Estatua al "soldado desconocido" en el interior del Arco del Triunfo
Subimos unas últimas escaleras y ya llegamos a lo alto del Arco del Triunfo y, efectivamente, las vistas son espectaculares y merece la pena subir. Es lo que tiene un monumento no muy alto en comparación con otros de la ciudad (50 metros), pero que está en el mismo centro. Por un lado te encontrabas justo de frente alineados los Campos Elíseos, Concordia, el Louvre y más lejos Notre Dame (joder lo que habíamos andado a lo largo del día
En la dirección opuesta nos encontrábamos la inconfundible figura de los rascacielos de La Defense (donde no fuimos porque no valoramos que mereciese la pena para tres días y medio, pero sí que es bonito sacar fotos panorámicas del complejo) y en los laterales del Arco del Triunfo se veía muy cerquita (aunque no estaba tanto) la Torre Eiffel y en el el otro a lo lejos la zona de Montmartre y la basílica del Sagrado Corazón.
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Panorámicas desde lo alto del Arco del Triunfo: Los Campos Elíseos, la calle Kleber (con la Torre Eiffel al fondo) y La Defense.
Había mucha gente, pero las dimensiones del monumento te permiten estar sin agobios y no tardas en hacerte sitio para sacar fotos. Después de contemplar las vistas y sacar las fotos, regresamos, bajando en primer momento a la tienda de souvenirs a comprar algún lapicero y goma (el resto nos parecía más rentable comprarlo en alguna tienda del barrio latino o Montmartre
Ahora ya estábamos abajo y quería fijarme en los detalles del Arco del Triunfo. Lo más impresionante, la tumba al soldado desconocido situada justo debajo del arco y presidida con una llama, lo cual es un precioso homenaje a todos los soldados caídos en la I Guerra Mundial.
De los detalles ornamentales, me llamó la atención la figura de las tropas partiendo a la batalla y la de la victoria de Napoleón rodeado de ángeles. Es increíble como era considerado el emperador como una divinidad.
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La tumba del soldado desconocido (debajo del arco). La victoria de Napoleón. Tropas partidos a la batalla.
Ya habíamos visto todo y tocaba coger el pasadizo inferior. Aprovechamos para atravesar los Campos Elíseos y como el semáforo para peatones se divide en dos partes, nos paramos en la pequeña "isleta" del medio, y como hicieron otros, tomamos fotos desde la mejor perspectiva. Lo piensas en frío y no es nada recomendable lo que hicimos, porque puede llegar a ser hasta peligroso en una avenida tan concurrida.
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Retratándome en el "Arco del Triunfo" desde el medio de la avenida de los Campos Elíseos
AFICIONADOS DEL BARSA EN EL ENTORNO DE LA TORRE EIFFEL
Cinco y media de la tarde y con todavía buena parte del día por delante, ¿qué hacer? En realidad solo nos quedaba por acercarnos a Los Inválidos, que lo más lógico sería acercarnos en metro después de la caminata que llevábamos acumulada, pero la frase lapidaria fue: "Vamos andando hasta la Torre Eiffel, que tenemos tiempo y sacamos unas fotos. Y está ahí mismo". Realmente no está tan cerca...
Así pues cogimos la avenida Kléber, que es la que comunica el Arco del Triunfo directamente con el Trocadero, el monumento desde donde se tiran las fotos panorámicas más célebres de la Torre Eiffel.
No se hizo pesado el paseo porque sin tener el glamour de los Campos Elíseos, también es una calle bonita llena de establecimientos nada asequibles. Así tras casi media hora llegamos al Trocadero y nos encontramos de frente con la legión de aficionados del Barsa que había ido a París a ver el partido de Champions League contra el París Saint Germain
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Aficionados del Barsa en el Trocadero
Serían las seis de la tarde y como el partido no era hasta las 20:45, estaban haciendo tiempo justo por el Trocadero, con dos perfiles de aficionados: Los que iban tranquilos en un rollo familiar, y los que iban de juerga, con sus litronas y latas y con unas birras de más.
No eran muchos pero sí bulliciosos. Mientras comenzamos a bajar por las fuentes del Trocadero aprovechamos para hacernos fotos de día con la panorámica de la Torre Eiffel de fondo (dos días antes las hicimos de noche de ese lado).
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Vimos los puestos de crepes y lo cierto es que se nos antojó otro, aunque en esta ocasión dulce y fue de nocilla. Aquí si que prestó, porque te hacían el crepe delante tuya en la sartén. Así que tocó sentarse en un banco al lado de las fuentes y comerlo tranquilamente.
Después del descanso seguimos caminando en dirección a la torre, de nuevo con una legión de vendedores del top manta de los Souvenirs
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La prueba del delito (o del crepe en la Torre Eiffel)
CASI QUEDAMOS INVÁLIDOS EN LOS INVÁLIDOS
En este punto el cansancio ya comenzaba a hacer mella. Pero nos quedaba aún por visitar la tumba de Napoleón en Los Inválidos, y claro... ¡A seguir caminando! No se nos ocurriría coger el metro, no.
Así que pasamos por debajo de la Torre Eiffel y continuamos por el Campo de Marte hasta el final, donde está el edificio de la Escuela Militar. Aquí nos encontramos con que la plaza estaba en obras y tuvimos que meter un rodeo para dirigirnos hacia los Inválidos, que no estaba ya muy lejos pero que ya pesaban las piernas.
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En la "escuela militar"
De pronto nos encontramos con el mausoleo donde está enterrado Napoleón, aunque otro cosa era buscar la entrada, ya que la principal estaba cerrada y tuvimos que acceder por un lateral. En éstas, ya eran las ocho de la tarde y estaba cayendo el sol, no viéndose movimiento en la zona.
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Por fin llegamos a los Inválidos, pero quedaba por encontrar el dichoso acceso... Y tardamos en encontrarlo.
Los Inválidos ese día cerraba a las nueve, pero a la hora que fuimos no había casi nadie y estaba prácticamente vacío, con lo que la sensación era extraña. En un monumento circular, con dos plantas, en primer lugar y al nivel de la entrada nos encontramos diversas tumbas, entre las que podemos mencionar las de los dos hermanos de Napoleón. El conocido "Pepe Botella", José Bonaparte, que fue rey de España durante la guerra de la Independencia, y otro al que Napoleón puso de rey de Austria y Prusia tras conquistar estos países.
Contemplamos un poco estos sepulcros, la cúpula y el altar, antes de bajar a la cripta, donde en el centro del monumento preside el sepulcro de Napoleón. En definitiva, todo un homenaje solemne que los franceses hacen a su gran emperador, del que no se guarda precisamente un grato recuerdo en el resto de Europa
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Tumba de José Bonaparte (Pepe Botella), cúpula de Los Inválidos y tumba de Napoleón Bonaparte
Como anécdota, señalar que en la entrada nos sellaron el "Pass Museum", algo que no habían hecho en el resto de monumentos. No sé si es que solo te permiten un acceso a los Inválidos.
Finalizado todo el recorrido, del día, el deseo era el de bajar a buscar la estación de los Inválidos y dejar ya de caminar. Lo hicimos bordeando el templo de los Inválidos y bajando por los edificios que forman el "museo del ejército", que me quedé con ganas de visitar, porque ese ya lo habían cerrado a las siete de la tarde.
Simplemente paramos en el patio interior para tirarnos unas fotos delante de los cañones y tanques que allí están.
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En el patio interior del "Museo del ejército" buscando ya desesperadamente la entrada de la estación de cercanías.
CENA EN EL BARRIO LATINO Y EMPATE DEL BARSA
Al salirnos del complejo de "Los Inválidos" buscamos la estación del RER (que no es la misma que la del metro) y aún tuvimos que bajar un cacho hasta llegar casi otras vez al río Sena, a la altura del puente de Alejandro III.
Ya estaba anocheciendo, y el cansancio nos invitaba a ir a cenar y regresar al hotel inmediatamente. Así que bajamos a la estación, teniendo el incidente de que a mi novia le tragó la máquina el billete, teniendo que ir a hablar con la persona de la estación para que le dejase pasar, algo para lo que no puso problemas.
Cogimos la línea "C" del RER, con un tren de dos pisos con asientos cómodos, que se agradecía en ese momento... Pero lo bueno iba a durar bien poco, porque la siguiente parada era la de Saint Michel, que era donde bajamos para cenar en el barrio Latino.
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En la salida de los Inválidos ya camino del Sena (donde estaba la estación)
Vuelta tranquila por las callejuelas para buscar un sitio para cenar, y al final nos convenció y restaurante griego, bastante coqueto por dentro y en el que cenamos por 14 euros. Cuando llegamos estaba medio vacío, pero poco a poco se fue llenando de gente.
Actualización: El restaurante lo he localizado, pero no encuentro cartel con el nombre ni fotos
Tenía ganas de probar la sopa de cebolla típica de estos sitios y que vi comer a mucha gente. Realmente el plato es una bomba, ya que es una gran cantidad de queso gratinado en un cuenco, con cebolla y todo en una sopa caliente... Pero me lo merecía después de la larga jornada.
Muy tranquilamente la cena, y la sorpresa es que estaba puesto en la tele el partido entre el Paris Saint Germain y el Barcelona, que aunque yendo en pareja quieres no estar pendiente de él, allí era imposible, ya que había mucho ambiente de aficionados en la calle metiendo voces, y fuera del restaurante, había un grupo de chavales con camisetas y bufandas del Barsa intentando mirar para el televisor que teníamos dentro.
De hecho, cuando marcó Messi el 0-1, se notó claramente en la calle.
Más o menos, al inicio del segundo tiempo acabamos de cenar y nos fuimos ya hacia el hotel, con el protocolo habitual: Coger el metro en la estación de Saint Michel, la línea 4 (fucsia), tras dos paradas hacer trasbordo en Chatelet y coger la línea 7 (rosa clara), donde teníamos cinco paradas hasta Chausé d'Antin.
Tiempo de sobra para que subiese el típico artista de metro tocando el acordeón, aderezando el viaje dos o tres paradas.
En definitiva, eran casi las diez y media, y nos habíamos tirado más de doce horas de arriba a abajo. Aún así, me acordé de poner la tele y ver los dos últimos goles del partido, y enterarme de que habían quedado 2-2.
Joder con los de Canal + Francia. El empate del París Saint Germain llegó en el descuento, y vaya voces de los comentaristas y de la persona del micrófono inalámbrico que se comió a abrazos y besos al jugador
Lo último que quedaba por hacer era hacer el Check In del vuelo de vuelta a Madrid. La página de Air France (la compañía con la que Air Europa tiene consorcio) permitía hacerlo 30 horas antes y por ello cogí la tablet y lo hicimos on line, con el objetivo de coger asientos juntos y no quedarnos apartados en el vuelo.
Al hacerlo, permitía la opción de imprimir la tarjeta de embarque en las máquinas auto checking de Air France en Orly, que es lo que escogimos, ya que no teníamos impresora y tampoco queríamos molestar a los recepcionistas del hotel para que nos lo imprimiesen. Así pues, el trámite en principio quedó solventado
Con todo tocaba descansar. Nos quedaba una última jornada en París que iba a ser mucho más relajada, ya que solo nos quedaba por ver Montmartre y hasta las 20:10 no nos salía el vuelo para Madrid. Es decir, teníamos tiempo de sobra. Así que a descansar bien y levantarse sin agobios el día siguiente.