Después de tener un encuentro surrealista con el de recepción de madrugada y que deja el nivel del servicio de este hotel por los suelos, empezó un nuevo día.
Tal y como habíamos planeado nos levantamos pronto para volver a ir a Petra y al menos volver a ver el Tesoro. Así que dejamos todo preparado, nos abrigamos un poco porque hacía frío y además yo tenía un poco de catarro, y nos fuimos hacia la entrada.
La verdad es que mereció la pena volver aunque solo fuera por un ratito. Me quedo con la imagen del tesoro para siempre.
Volvemos tranquilamente ya que teníamos tiempo de sobra tal y como habíamos pactado con la señora de recepción y cuando llegamos al hotel estaba el bus esperándonos; parece ser que habían llamado el día anterior para decir que llegarían antes pero nadie nos había avisado, continua el servicio de este hotel fatal.
Por cierto que Wadi Musa, el pueblo de Petra no ofrece mucho. Está muy enfocado al turista y los restaurantes no son nada buenos.

Bueno, hacemos el viaje, algo así como un par de horas y llegamos a Aqaba. Nos dejan en el centro y de allí un taxi al hotel.

Como yo seguía un poco tocado decidimos pasar el resto de la mañana en la piscina del hotel.

Ya después de la comida pillamos unas gafas y nos fuimos a la playa a hacer snorkel de nuevo pero esta vez sin tocar nada. Esta vez me gustó muchísimo más, estuvimos mucho más tiempo y mejor aprovechado; realmente seguimos una cuerda con boyas que delimita la zona del arrecife y que te aleja lo suficiente del mismo para no tocar nada, así que mi recomendación para los primerizos es hacer esto y así no tocar nada y ver más cosas.
El resto del día no hicimos mucho, charlar con otra gente del hotel, ver la puesta de sol de nuevo, jugar con los gatos y poco más. Pedimos por la noche un taxi en recepción para el día siguiente poder ir hasta la frontera.