5 de agosto: Cuzco
Llegamos por la mañana, y cogemos un taxi al barrio de Laraca (10 s), a casa de una amiga con la que nos quedaremos unos días. Vamos al centro a comprar las entradas para el Machu Picchu; afortunadamente tenemos la reserva realizada por internet, así que nos ahorramos al menos una hora de cola. La entrada para Macchu Picchu + Cerro Machu Picchu nos cuesta 148 s. En la Municipalidad de Cuzco (Avda del Sol) compramos el “Boleto Turístico”, una entrada conjunta para todas las ruinas incas interesantes cercanas a Cuzco, a excepción de Machu Picchu (130 s, obligatorio pagar en efectivo; hay descuento para estudiantes menores de 26 años). Pasamos el resto del día caminando por el centro de la ciudad: plaza de Armas, iglesia de la Compañía, palacios incas, barrio de San Blas (impresionantes las vistas desde la iglesia de San Cristóbal), Santa Teresa, Santa Clara, convento de Santo Domingo…todo es interesante, no hay nada que sea prescindible!
6 de agosto: Ruinas incas: Písaq, Sacsayhuamán, Qenqo, Tambo Machay, Puka Pukara
Día consagrado a ver algunas de las ruinas incas incluidas en el boleto turístico. Vamos a la parada de las combis que van a Písaq (situada en la parte occidental del centro, en la calle Colacalle, que sale desde la plazoleta Limacpampa). Preguntamos varios precios y miramos cómo están de llenas y salimos al poco tiempo (5 s, 1 h). Desde el pueblo de Písaq hasta las ruinas hay dos opciones: subir a pie durante 1h30’, o bien en taxi (25 s, 15 minutos). Esperamos unos 15 minutos, hasta que llegan otros turistas con los que compartimos el taxi. Las ruinas son muy interesantes, aunque no hay nada explicado, así que conviene contratar un guía…lo compartimos con otro grupo y nos sale a 15 s/persona; la visita dura algo más de una hora, merece la pena. Písaq es un conjunto de terrazas agrícolas y un pueblo en una cresta, con templos y diferentes edificios muy bien conservados. Bajamos hasta el pueblo (unos 30-45 minutos, una bajada interesante porque se siguen viendo terrazas incas y buenas vistas) y cogemos un autobús de vuelta a Cuzco (van pasando regularmente, no hay que esperar demasiado; cuesta 3 s), y nos bajamos en Sacsayhuamán, las segundas ruinas del día. Es una antigua fortaleza que al parecer se utilizó principalmente con fines ceremoniales. Es impresionante el tamaño de las rocas empleadas, talladas en sus seis caras para que encajen perfectamente. Aprovechamos lo que queda de día para ver otras ruinas de menor importancia; nos movemos entre ellas a pie o bien parando las combis que continuamente van subiendo y bajando por la carretera, hasta que alguna tiene 2 plazas; cobran 1 – 1,5 s por trayecto y persona. Quenqo es interesante, con túneles excavados en la roca; Tambo Machay es una zona de templos y fuentes, bastante pequeña y prescindible, al igual que Puka Pukara, una fortaleza.
Resumiendo: Písaq y Saqsayhuamán son las ruinas más interesantes de las cinco visitadas; se puede organizar los trayectos por libre y contratando guía, al menos, en Písaq. También hay grupos organizados desde Cuzco, por precios no siempre razonables; además, parece que no incluyen la visita completa a Písaq, sino solo a la zona de las terrazas, sin llegar a visitar la parte inferior de las ruinas.
7 de agosto: Ollantaytambo y tren a Aguas Calientes (acceso a Machu Picchu)
Vamos a la terminal de combis para Ollantaytambo, en la Avenida Grau o “Pavitos”, muy céntrico. Hay 3 ó 4 compañías, todas con precios similares, por lo que hay que elegir la que esté más llena (porque le faltará menos tiempo para salir) y, sobre todo, tenga las ruedas en mejores condiciones. El trayecto cuesta 10 s, y se tarda entre 1,5 y 2 h, con un paisaje precioso con los Andes nevados al fondo. En Ollantaytambo reservamos alojamiento para la noche siguiente, en “La Ñusta”, probablemente el más cutre del pueblo, pero a un precio excelente 15 s habitación doble sin baño ni cocina ni nada; aun así es una ganga en un sitio que es muy turístico y muy caro. Vamos al sitio arqueológico de Ollantaytambo, que está a 5 minutos a pie del centro del pueblo, y contratamos una guía (esperamos a juntarnos con otros grupos, pero vienen organizados o bien no están interesados, así que la contratamos solo para nosotros (40 s en total); hay que decir que merece la pena porque nos hace una visita excelente, de unas 2 h (la duración se pacta antes); se llama Bertha, por si alguien quiere buscarla. Estas ruinas son una consecución de terrazas utilizadas con diferentes propósitos, y tiene como particularidad que la zona de templos nunca fue terminada, lo que ha permitido, como en otros tantos sitios, que no haya sido saqueado posteriormente, así que se conservan piedras a medio tallar y diversas curiosidades arquitectónicas. Desde la parte superior las vistas sobre el barrio antiguo del pueblo y los graneros en la ladera de enfrente son magníficas. Paseamos por el barrio antiguo, de trazado inca, y con varias casas originales, y a las 15:30 tenemos el tren a Aguas Calientes. Vamos en el tren “Backpacker”, que sale a 101 dólares por persona, ida y vuelta, con cena incluida; el trayecto se hace en 1,5 h. Es un robo pero es la única manera de llegar en el día. Compramos los billetes un mes antes, aproximadamente. Después nos enteramos de que hay varias opciones alternativas, como ir enlazando combis durante 7 h y luego caminar por las vías del tren otras 2-3 h hasta Aguas Calientes. Suena terrible pero conocimos gente que lo hizo y decían que no era una mala opción; como siempre, todo depende del tiempo y presupuesto disponibles.
Aguas Calientes es un horror de sitio; está totalmente masificado, y solo hay restaurantes, hoteles y gente…tenemos reserva en el albergue “Ecopackers hostel”, que está, siguiendo las vías, en la parte del pueblo más alejada de la estación. Cuesta 25 s por persona en habitación de 4, desayuno incluido. Es lo más razonable que encontramos. Aprovechamos lo que queda de día para comprar el billete de autobús para subir a la mañana siguiente a Machu Picchu. Cuesta 26,5 s (ida), por 20 minutos de trayecto.
8 de agosto: Machu Picchu
A las 4:45 estamos en la cola para subir en los primeros autobuses y llegar “de los primeros”… Los autobuses comienzan a salir a partir de las 5:30, y entramos en el tercero. Machu Picchu no abre hasta las 6, así que se va aglutinando gente en la puerta, tanto los que llegan en autobús como los que han subido corriendo a pie. Lo bueno de haber llegado pronto es que conseguimos fotos sin gente; ya hay cientos de personas, pero se distribuyen por los miradores, así que no es agobiante. Después nos unimos a una visita guiada (15 s/persona); el guía es indecente, el típico individuo sin formación ni vergüenza que se inventa lo que no sabe. Aun así, las partes plausibles de la explicación, matizadas por lo que vamos oyendo a otros guías durante el día (que en general tampoco son maravillosos) son realmente interesantes. Estamos cerca de 1,5 h. Después subimos al Cerro Machu Picchu (hay que comprarlo junto con la entrada), son unas 2 h de subida (600 m de desnivel) con varios tramos de escaleras; no es una paliza insalvable pero tampoco es un paseo. La cima está a 3000 m, por lo que el oxígeno no es demasiado limitante. Las vistas son increíbles, se controla todo el meandro del río y el collado en el que hicieron la ciudad, y se ve toda la corona de picos nevados que rodean el emplazamiento en todas direcciones…además, es un sitio perfecto para estar a media mañana, cuando la ocupación de las ruinas es máxima por la llegada de todos los grupos organizados. Bajamos de nuevo a las ruinas, y caminamos hasta el Punte del Inca, uno de los dos accesos a Machu Picchu en época incaica; es muy interesante. Ya por la tarde, a medida que la gente va marchando, volvemos a las ruinas de la ciudad, para verlas a nuestro ritmo; aún hay unas cuantas visitas guiadas en marcha, así que vamos escuchando, a fragmentos, las diferentes interpretaciones y explicaciones del sitio. A las 16:45 comienzan a invitar a desalojar las instalaciones, que cierran a las 17:00. Bajamos a pie hasta Aguas Calientes; es una hora de bajada; a la noche cogemos el tren de vuelta a Ollantaytambo, donde dormimos.
En total, pasamos el día completo en Machu Picchu, desde que abren hasta que cierran, y creo que es una buena opción, ya que hemos podido ver todo con tranquilidad, y pudiendo evitar las aglomeraciones…
Otras cosas sobre Machu Picchu: se supone que no se puede meter ni comida ni agua, pero nadie está dispuesto a comprobar las mochilas de 4000 personas, así que no hay ningún problema por meter lo que haga falta. Algunas alternativas de la visita son:
- ¿Huayna Picchu o Cerro Machu Picchu? Huayna Picchu funciona en dos turnos, con 200 personas por turno: de 7 a 9 y de 9 a 11. Tiene muy buenas vistas de la ciudad, porque está muy cerca, y el mismo picacho incluye varias ruinas. Inconvenientes: estás obligado a subir y bajar en un grupo, en el horario que imponen y sin poder hacer la visita por libre. Al parecer tampoco es apto para gente con vértigo, y la subida son puros escalones. En cambio, el Cerro Macchu Picchu se visita hasta las 13:00, así que hay tiempo de sobra para hacerlo por cuenta propia. Las vistas del entorno (incluyendo la ciudad y el Huayna Picchu) son las mejores, ya que es mucho más alto que el Huayna Picchu. Yo recomendaría esta segunda opción, aunque no he probado la primera. Si uno está en un gran estado físico, puede hacer las dos, aunque debe ser bastante paliza.
- ¿Subir a Machu Picchu en autobús o a pie? Aun siendo un timo, creo que merece la pena subir en autobús, por dos motivos: el primero, permite estar en la puerta en el momento en que abren (6:00), mientras que el control del acceso a pie a la salida de Aguas Calientes no se abre hasta las 5:00, y la subida lleva cerca de hora y media a ritmo normal, reducible a 1 h si se sube prácticamente corriendo. Por supuesto, esto implica estar en la cola de los autobuses entre 45-60 minutos antes de que salga el primer autobús (5:30), así que el madrugón es inevitable. El segundo motivo es el hecho de reservar energías para disfrutar de las ruinas y de la subida al Huayna Picchu o al Cerro Machu Picchu…La bajada sí se recomienda hacerla a pie.
9 de agosto: Ollantaytambo, Moray, salineras de Maras y vuelta a Cuzco
Buscamos una combi para ir a la zona de Moray y Maras, pero no las encontramos en la plaza…los taxistas nos dicen que aún no hay, e inocentemente les creemos (estaban en la plaza que está, desde la plaza principal del pueblo, en dirección contraria a las ruinas de Ollantaytambo)…negociamos con varios taxistas el precio para que nos lleven a ver las ruinas de Moray y las salineras de Maras, dejándonos posteriormente en la carretera entre Ollantaytambo y Cuzco, en el cruce más cercano a Moray…nos piden precios absurdos, así que cogemos un taxi solo hasta el mencionado cruce (20 s, unos 30 minutos) y allí volvemos a negociar con los taxis que están allí apostados. Por 50 s nos lleva a Moray y a las salineras, con 35 minutos de espera (otro factor de negociación!) en cada parada. En total es cerca de 1h30’ de coche, la mayor parte del trayecto es por caminos de tierra pero en buenas condiciones.
Moray es interesante, al parecer (no conseguimos un guía, por lo que nos quedamos con la versión “oficial”) era un centro de investigación agrícola inca, donde estudiaban aclimatación de cultivos a diferentes altitudes y orientaciones, está muy bien conservado. Las salineras de Maras (unos 7 s, no lo tengo apuntado) son espectaculares; una ladera aterrazada llena de pequeñas piscinas en las que acumulan y evaporan el agua mineral para aprovechar la sal precipitada, con un sistema de canales muy ingenioso.
De vuelta en el cruce de la carretera principal, no tarda en pasar un autobús que nos lleva a Cuzco (5 s, 1,5-2h). Al llegar a Cuzco compramos un billete nocturno para ir a Copacabana (Bolivia) con una empresa que nos recomiendan (Huayruro, 70 s, 12h + cruce de frontera, otras 2 h). Pasamos el resto de la tarde dando una vuelta por el centro de Cuzco y a la noche cogemos el autobús.
--> Merecen la pena Maras y Moray? Sí. Es un excelente complemento de medio día cuando se está en la zona de Ollantaytambo…de hecho es posible hacer en un día, saliendo desde Cuzco, Moray – Maras – Ollantaytambo, si interesa por horario.