Itinerario del día:

B: Mather Point-Yavapai Point
C: Yaki Point
D: Tusayan (helicóptero)
E: Hermit Road
A las 4 de la madrugada ya nos estábamos duchando, porque queríamos llegar a Mather Point antes de que empezase a clarear. Y sí, lo conseguimos, puesto que todavía era de noche cuando alcanzamos a colocarnos en una de las mejores esquinas del mirador, preparados para inmortalizar el espectáculo con nuestras cámaras. Unas cuantas personas habían sido aún más madrugadoras que nosotros, y en apenas unos minutos la plataforma rocosa se llenó de gente hasta arriba.
El amanecer fue bonito. La mañana se presentaba muy nubosa, pero una franja despejada en el horizonte nos permitió disfrutar durante más de media hora con la contemplación de los rayos solares iluminando poco a poco las paredes del cañón. Me imagino que no habrá estado ni siquiera entre los veinte o treinta mejores del año en el South Rim, pero para nosotros fueron unos instantes únicos que no olvidaremos nunca.
Tema musical: "Rain to river" (WILLIAM ACKERMAN)




Desde Mather Point nos acercamos caminando a Yavapai Point. Ambos lugares no están demasiado lejos y el tempranero paseo por el Rim Trail resultaba muy agradable. Sin embargo, al llegar al mirador de Yavapai nos dimos cuenta de que el colorido y la espectacularidad del Grand Canyon estaban yendo claramente a menos, ya que el sol se había ocultado casi por completo tras las nubes y la mañana se oscurecía por momentos.
Tema musical: "Scarlet Lake" (ROUSSEAU)

Teníamos a un paso la parada de buses de la línea naranja, así que tomamos el siguiente shuttle y nos bajamos en Yaki Point. En este mirador, situado algo más al este, permanecimos un buen rato observando el cañón desde otra perspectiva diferente, a pesar de que la luz seguía sin ser la ideal.
Tema musical: "Images" (SAGA)

En torno a las 7 y media volvimos al parking del Visitor Center, en donde habíamos dejado estacionado el coche antes de que saliese el sol, y regresamos a continuación hasta nuestro hotel. Había ciervos por todas partes y María no dejaba de sacarles fotos.

Desayunamos en la cafetería del lodge. En esta ocasión procuramos no excedernos con las cantidades, sobre todo pensando en el vuelo en helicóptero que teníamos reservado para las 10 de la mañana. Al acabar, nos pasamos por la habitación para llevarnos todo lo necesario, y salimos hacia Tusayan a eso de las 9.
Una vez en el aeropuerto, nos dirigimos al edificio donde se encuentran las oficinas de Papillon, y allí nos atendieron los empleados de la compañía. Primero, nos pesaron en unas básculas instaladas al lado mismo del mostrador. Después nos hicieron pasar a una sala en la que nos proyectaron un vídeo informativo acerca de las normas básicas de seguridad. Y por último, tras unos minutos esperando en otra sala de amplios ventanales, nos llamaron a las seis personas de nuestro grupo de vuelo y nos llevaron afuera. Mientras aguardábamos al borde de la pista del helipuerto, aprovechamos para sacar alguna foto de los helicópteros que constantemente iban aterrizando y despegando.

Al rato nos permitieron subir al nuestro. Yo tuve la inmensa fortuna de que me asignaran el asiento delantero, al lado del piloto. Inmejorable forma de contemplar el Grand Canyon, qué duda cabe. A María, por contra, le tocó ir sentada atrás, en el medio de otras dos personas, y la pobre no pudo disfrutar de la experiencia tanto como yo.

La excursión que habíamos reservado -“Excursión en North Canyon”- consistía en un vuelo de algo menos de media hora que debía atravesar el cañón hasta el North Rim y luego dar allí la vuelta hasta regresar a Tusayan. El recorrido que siguió nuestro piloto transcurrió por la zona situada justo al oeste de Hermits Rest. Desconozco si es la ruta habitual o sólo la eligieron por motivos estrictamente meteorológicos, ya que al este del Village la nubosidad era mucho más abundante, pero, sea como sea, lo cierto es que fueron treinta minutos maravillosos e inolvidables. Una inversión recomendable al 100%. Dólar por dólar.
Tema musical: "Tubular bells" (MIKE OLDFIELD)

Descendimos del helicóptero bastante alucinados por todo lo que habíamos visto. Y no debimos de ser los únicos, porque María me contó que una señora que iba sentada frente a ella se pasó casi todo el tiempo llorando de la emoción.
De vuelta en nuestro hotel, aparcamos el coche en las inmediaciones, llenamos una mochila con bebida y sandwiches y caminamos hasta la cercana parada inicial de la línea roja de autobuses. Aún no eran ni las doce, y en principio teníamos tiempo más que suficiente -hasta la puesta de sol- para recorrer con calma los miradores de la Hermit Road… siempre y cuando los imponderables no nos estropeasen el plan, por supuesto.
Nos apeamos del shuttle en la primera parada, Trailview Overlook. La intención que llevábamos era la de caminar desde allí unos 4 kilómetros a través del sencillo Rim Trail, -deteniéndonos en los puntos panorámicos de Maricopa, Powell, Hopi y Mohave-, y a continuación utilizar el servicio de buses para llegar a los últimos cuatro miradores de la ruta.
Hay que decir que la vista desde el Trailview Overlook es magnífica, porque permite contemplar gran parte de la zona del Village más próxima al acantilado y además abarca todo el primer tramo en bajada del conocido Bright Angel Trail, un largo sendero que atraviesa el cañón de lado a lado. Y allí estábamos, disfrutando como niños con aquel soberbio paisaje, cuando, sin apenas avisar, surgió de no se sabe dónde un gigantesco nubarrón casi tan dantesco como los del día anterior en Seligman y en cuestión de minutos se desató la gran tormenta. Los dichosos imponderables habían llegado ya.
Tema musical: "Tubular bells" (MIKE OLDFIELD)

Comenzó a caer tanta agua que parecía que le hubiesen quitado el tapón al cielo justo sobre nuestras cabezas. Eché un rápido vistazo a la mochila y comprobé, tal y como sospechaba, que nos habíamos olvidado de guardar en ella el paraguas. Genial. Nos metimos corriendo debajo de la marquesina del bus stop y esperamos un rato, junto con una familia belga muy simpática, para ver si disminuía un poco la intensidad del chaparrón. Pero no sólo no lo hacía, sino que cada vez llovía con más y más fuerza y nos estábamos empapando de arriba a abajo, así que terminamos optando por una honrosa retirada.
Normalmente, los buses de la línea roja que regresan hacia el Este en dirección al Village no se detienen en Trailview Overlook pero, por fortuna, en circunstancias excepcionales como ésta amplían el servicio y recogen a la gente en todas las paradas del recorrido, tanto en un sentido como en el otro. Nos subimos, pues, al siguiente shuttle que pasó por allí, nos apeamos en la parada inicial de la Hermit Road y, bajo una cortina de agua de proporciones bíblicas, salimos pitando hacia nuestro hotel, sorteando los gigantescos charcos de la mejor forma posible.
Llegamos a la habitación calados hasta los huesos, pusimos la ropa a secar y nos rendimos a la evidencia de que aquello iba para largo. La tormenta era completita y tenía un poco de todo: truenos, rayos, centellas, rachas de viento huracanado, lluvia para jartarse, fuerte bajada de las temperaturas, cielo de color tenebroso… el fin del mundo, vaya. Los dos comprendimos que lo mejor que podíamos hacer en tales circunstancias era comernos un sandwich y echarnos una buena siesta para intentar recuperarnos un poco de la falta de sueño que habíamos ido acumulando con tanto madrugón. Dicho y hecho. A la una estábamos ya fritos del todo.
A eso de las 3 me desperté. María seguía profundamente dormida, así que me levanté sin hacer mucho ruido y eché un vistazo por la ventana: todo continuaba igual. Me conecté a internet para hacer la espera algo más llevadera y ya, por fin, en torno a las 4 y media comenzó a clarear un poco y dejó de llover. Avisé a María, nos arreglamos para salir de nuevo y retomamos nuestro recorrido por los miradores de la Hermit Road, aunque, obviamente, en este segundo intento ya no dispondríamos de tanto tiempo y, por lo tanto, las visitas a cada punto panorámico habrían de ser por fuerza bastante más breves. Y el trek previsto, mucho más corto.
Subimos al bus y no nos apeamos hasta llegar a Maricopa Point. Las vistas estaban bien, pero la tarde se había quedado muy oscura y los infinitos y heterogéneos matices cromáticos del Grand Canyon soleado habían desaparecido casi por completo. Los tonos predominantes eran ocres, grises y marrones. Todo bastante difuminado y triste.
Después de más de un día en este fenomenal lugar, ya empezábamos a tener muy claro que su belleza se multiplica cuando el sol brilla con fuerza e ilumina el interior del cañón. Por contra, con el cielo nublado nunca le llega a dar a uno la impresión de estar disfrutando el paisaje en toda su plenitud.
Y esa precisamente fue la sensación que nos acompañó a lo largo de todo el trayecto de ida en la Hermit Road: lo que contemplábamos era bonito, sí, pero de algún modo nos estábamos quedando “a medias”.
Tema musical: "Bouree" (STEVE HACKETT)

Cogimos el siguiente bus y nos bajamos tan solo una parada después: en Powell Point. El paisaje mejoraba paulatinamente, aunque siempre dentro de ese apagado y grisáceo tono general.
Tema musical: "The red flower of Tachai blooms everywhere"
(STEVE HACKETT)
No queríamos abandonar la Hermit Road sin haber recorrido a pie al menos un pequeño tramo del Rim Trail en esta zona. Y como entre Powell Point y Hopi Point tan solo hay medio kilómetro de distancia, pensamos que ése podría ser un buen momento para hacer el mini trek. Fue una gran decisión, porque de verdad que aquello no tiene desperdicio.
Y qué decir de Hopi Point… El panorama que se abarca desde este balcón natural es amplísimo, y quizá por ello nos gustó tanto el lugar. Cuando estábamos allí, María y yo comentábamos que iba a ser muy difícil que algún otro mirador de los que todavía no habíamos visitado en el parque pudiese llegar a superar a éste. No nos equivocábamos: Hopi terminó siendo nuestro favorito indiscutible del South Rim.
Tema musical: "After the ordeal" (GENESIS)

Volvimos a utilizar el servicio de buses para acercarnos a la siguiente parada: Mohave Point. Otro gran mirador, desde el cual se apreciaban algunos tramos más extensos del río Colorado. Como apenas había gente, el abrumador silencio impresionaba de verdad: sólo se escuchaban los motores de los autobuses alejándose... y después, nada.
Tema musical: "On one knee" (WILLIAM ACKERMAN)

De nuevo en el bus llegamos hasta el siguiente punto de interés: The Abyss. Después de varios miradores situados en zonas “sobresalientes” de los bordes rocosos del cañón, The Abyss destaca por tener justo la disposición contraria: si el Grand Canyon fuese el mar y el South Rim la tierra, puntos como Hopi o Mohave serían cabos, mientras que The Abyss sería una especie de ensenada. Es por eso que lo más reseñable de este mirador es la vista que ofrece “en vertical”, -hacia abajo-, mientras que, por contra, la vista “en horizontal”, -a lo lejos-, no resulta tan espectacular como las de otros lugares panorámicos.
Tema musical: "The last supper" (CITIZEN CAIN)

La parada de Monument Creek Vista decidimos saltárnosla sobre la marcha, ya que no creímos, dada su situación en el mapa, que nos fuese a ofrecer ninguna perspectiva demasiado novedosa con respecto a los miradores contiguos.
En Pima Point sí nos detuvimos, y nos pareció otro lugar soberbio. Al igual que en Hopi, la vista abarca un amplísimo panorama y, sin ser quizá tan grandioso como aquél, Pima aporta el aliciente añadido de que el río Colorado se aprecia mejor desde aquí que desde ningún otro mirador, como si estuviese más cerca. O al menos esa es la impresión que nos dio.
Tema musical: "Stagnation" (GENESIS)

La última parada de la línea roja es Hermits Rest, que toma su nombre de un bonito edificio de notable interés artístico que se encuentra muy cerca de la explanada en la que finaliza el itinerario del bus. Esta construcción es una de las cuatro estructuras arquitectónicas históricas del Grand Canyon concebidas por la gran Mary Colter -las otras tres son la Hopi House, el Lookout Studio y la Desert View Watchtower-. Una mujer adelantada a su tiempo, responsable asimismo, como ya expliqué anteriormente, del diseño del hotel en el que nos alojábamos nosotros.
Hermits Rest no destaca por tener vistas especialmente reseñables, pero sí por ser el punto de partida de uno de los trails más conocidos del parque: el Hermit Trail.
Tema musical: "Take a pebble" (EMERSON, LAKE & PALMER)
Una vez finalizado el recorrido completo por la Hermit Road ya solo restaba decidir un buen lugar desde el cual poder contemplar la puesta de sol. Y, como era previsible, ambos coincidimos: iríamos a Hopi Point.
En su trayecto de vuelta en dirección al Village, los buses de la línea roja tan solo se detienen en Pima, Mohave y Powell Point. Y como de todas ellas la parada más cercana a Hopi Point era la última, allí fue donde nos apeamos, con la intención de alcanzar nuestro objetivo caminando por el tramo del Rim Trail que tanto nos había gustado un par de horas antes.
La nubosidad vespertina no nos había permitido disfrutar al 100% de los miradores de la Hermit Road, pero a última hora comenzaron a abrirse algunos claros justo por encima del horizonte y el atardecer se quedó bastante bonito, con lo que el sabor de boca final que nos llevamos fue muy positivo y nos compensó sobradamente.
Desde Powell Point observamos cómo el aspecto general del cañón mejoraba poco a poco a medida que la luz del sol iba iluminando diferentes zonas del mismo.
Tema musical: "Star of Sirius" (STEVE HACKETT)
En Hopi Point nos encontramos con que el mirador estaba abarrotado de gente. Decenas de personas que habían tenido la misma idea que nosotros se amontonaban en la plataforma panorámica para no perderse detalle de la puesta de sol. Buscamos un hueco entre el gentío y nos entregamos a una intensiva sesión foto/videográfica. Formaciones rocosas del cañón que poco antes permanecían sombrías y tenebrosas, lucían ahora magníficas, ofreciendo toda una gama de tonalidades -anaranjadas, beiges, tostadas e incluso, en algún caso, próximas al amarillo- que hacían las delicias de todo el público allí congregado. Un lujo.
Tema musical: "All in a mouse's night" (GENESIS)

Todo ello no hizo sino reafirmarnos en nuestro punto de vista: el Grand Canyon soleado es uno de los lugares más increíbles que se puedan llegar a conocer. Sin embargo, con tiempo nublado se convierte en otro lugar bien distinto, mucho menos interesante: oscuro, apagado, triste, difuminado… nada que ver con el primero.
Con las últimas luces de la tarde regresamos en el bus desde Powell Point. Tras pasar un momento por la habitación, nos fuimos a cenar a otro de los restaurantes del hotel. Nos pedimos un par de platos mexicanos bastante ricos y picantillos, y nos llamó la atención comprobar como las ardillas correteaban libremente por allí dentro. Nature’s rules
Le sacamos una foto a la bonita fachada del edificio principal del hotel, y un poco después de las 10 nos fuimos a dormir. Al día siguiente tocaba un nuevo desplazamiento de varios cientos de millas.

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