Una vez he desembarcado en la estación de TGV del Gare de Lyon de París, me acerco a la parada de taxis y me coge un taxista congoleño, muy simpático. Apenas 20 euros a mi hotel en Montmartre. Paris es bonito, pero oyendo el fútbol que me lleva puesto el amigo, más parece que lo estuviese viendo por la tele, que circulando por la ciudad. Le mata la mitad del encanto.
Mi hotel es el Mercure Paris Montmartre, un hotel moderno y bastante grande a un paso del cementerio de Montmartre, de la plaza de Pigalle y del famoso Moulin Rouge. La habitación da a una plaza interior, es amplia y funcional, con mobiliario moderno y una cama de matrimonio amplia. Me dejo caer sobre la cama y descanso una hora, después salgo a pasear... que no me quiero perder la noche del domingo en París. Me conecto a la wifi del hotel y busco con la tableta y Google Maps el mejor camino para subir del hotel a la Basílica del Sagrado Corazón.
Hotel Mercure Paris Montmartre
3 rue Caulaincourt
75018 Paris
Tél : +33.1.44.69.70.70
www.mercure.com/ ...ndex.shtml
MontMartre
Estoy a 20 minutos de la plaza du Tertre, de la vida bohemia y de la Basílica del Sagrado Corazón, eso sí, cuesta arriba.
Subo por las empinadas calles junto a parejas de diversas edades, entro por la plaza du Tertre, que está llena de gente cenando y me acerco a la Basilica. Doy una vuelta por sus capillas, admiro sus mosaicos…no parece lo nueva que es. Hay mucha gente rezando, pero también mucho curioso como yo.

Casi en la salida, junto al cartel de prohibido hacer fotos, hay un grupo de orientales con sus compactas haciendo lo que siempre hacen los orientales… y por un momento siento la tentación de sacar la mía, para demostrarles que es mucho más grande.
Salgo fuera de la iglesia, en la explanada exterior los grupos de jóvenes hacen piñas, a veces en torno a una litrona y otras veces entorno a una guitarra. Las músicas se entrecruzan, admiro la vista de Paris iluminada a mis pies.
Comienzo a desandar mis pasos, bajando hasta la Rue de Abbesses, en uno de los muchos cafés con terraza me detengo a cenar. La chica me advierte de que tenga cuidado con la cámara, y yo me la acerco un poco más. El servicio es lento.... muy lento.
Pido unos entrantes de queso, un segundo de chuletillas de cordero con patatas… y una crema catalana de postre. Está bien, aunque no tiene nada que ver con la exquisitez de lo que he comido los días anteriores: las patatas estan fritas de un modo irregular y la carne tiene demasiada grasa para mi gusto: ¡Me he vuelto un "sibarita"!
Bajo paseando hacia Pigalle y por primera vez en mi viaje, oigo hablar en español.... y en cien lenguas. ¡Es un barrio tan cosmopolita!
Continúo hasta Pigalle, justo hasta la puerta del Moulin Rouge, la cola de gente es enorme y los autobuses paran constantemente a su entrada y descargan, al trote, grupos de turistas mayoritariamente de una cierta edad, casi todo parejas.

Me acabo de dar cuenta de que esa “cierta edad”, es mi edad.
Frente al molino hay una pequeña rotonda donde nos apiñamos para hacer la misma foto, los aficionados a la fotografía y los frikies del selfie. La única diferencia entre ambas fotos, es que los unos intentamos que no salgan bichos en las fotos y los otros solo están interesados en sacar el "bicho" y si es posible, algo de la fachada del local a su alrededor.
Me voy a dormir, no puedo más. A estas edades solo una buena cama, cura el cansancio.
Ya en la cama, mullida, cálida y acogedora pienso... en lo afortunado que soy. ¡Dulces sueños!
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