El 4º día parece que estaba algo más templada así que retomamos nuestra idea inicial: ir a Shibuya andando desde nuestra Guest House.
La mitad del camino es igual que hasta Shinjuku, y luego hay una bifurcación conforme te vas acercando. Ese día no nos despistamos y seguimos hacía Shibuya.
De camino vimos una comisaría de policia con unos policías muy graciosos dando la bienvenida.

Una de las mejores cosas de poder caminar por ciudades desconocidas es que encuentras sitios increíbles sin querer, como este jardín en medio de algún lugar de camino a Shibuya del que pudimos disfrutar sin ningún otro turista alrededor.


Proseguimos nuestro camino hasta que por fin empezaron a vislumbrase rascacielos, cuando "de repente"nos encontramos cruzando el cruce de Shibuya.



No voy a decir que el cruce no sea espectacular,porque lo es, pero cuando algo tiene tanta fama y tú tienes tantas expectativas es difícil que note decepcione.
También era entre semana y no estaba tan concurridísimo como las otras veces que fuimos por la tarde o en día festivo, pero aún así, hay muchos cruces parecidos aunque no sean tan grandes en Tokyo.

Una vez allí enfilamos hacia el archiconocido centro comercial 109, donde no teníamos muy claro si se podían sacar fotos o no, pero N aprovechando la marabunta alguna sacó.
Tampoco nos parecio para tanto...mucha ropa tipo lolita, con dependientas totalmente lolita gritando: Irashaimaseeeeeee ~~ en un tono antinatural.
En los baños hay espejos y hasta planchas del pelo para retocarte, y no sería en el único lugar de Japón que veríamos esto.



Fuera de aquí pasamos por el 109 en su versión masculina y por Tower Records, una cadena de tiendas de discos con una tienda enorme en Shibuya.
Si a alguien le gusta el JRock/Jpop, Kpop, etc hay bastantes autógrafos, discos firmados,etc de muchos grupos.
Además,el ascensor es todo de cristal y merece la pena subir para ver Shibuya desde cierta altura

Nosotras nos acercamos porque estábamos esperando el disco de un cantante coreano que salía el 31 de Octubre y queríamos reservarlo, así que fuimos al dependiente y con nuestro japonés nos entendimos bastante bien, aunque al final no pudimos reservarlo porque era necesario un teléfono, dirección y varias cosas y era muy complicado, aún así nos atendieron de lujo y hicieron su mayor esfuerzo por entendernos.
Una vez salimos de ahí fuimos a la tienda Disney, por dentro es bonita como todas, pero la gracia es que tiene forma de castillo por fuera. Y por último, fuimos a ver a Hachiko, rodeado de gente como siempre y pensamos volver otro día a hacernos la foto de rigor.
Hacia mitad de tarde yo empecé a encontrarme regular y nos volvimos para la habitación, pero antes pasamos por un puente de estos elevados sobre la autopista y subimos para hacer fotos. Otro ejemplo de amabilidad japonesa: un chico nos vio intentando hacernos una foto las dos y se acercó para preguntarnos si nos la hacía.
Bueno, nos hizo unas 7-8 fotos que riete de los profesionales, llevabamos una cámara reflex, pues tocó un par de cosas, cambió el zoom y nos hizo unas fotos chulísimas. Aún dudamos si sería fotógrafo o muy aficionado a la fotografía.

Esa noche empecé a tener mucha fiebre y a partir de ahí yo no recuerdo nada más, solo despertarme con N poniéndome paños y diciendo que tenía las orejas como tomates.
No nos quedó más remedio que llamar al seguro para ir al hospital y qué me recetaran algo.
En la siguiente etapa, mi experiencia hospitalaria.