El octavo día la meteorología tuvo algo de clemencia con nosotros. Lo cual, si se quiere mirar así, fue una suerte, ya que nos tocaba regodearnos en uno de los más impresionantes espectáculos de Islandia: la laguna de Jökulsárlón, con el glaciar al fondo, los icebergs flotando y moviéndose lentamente, y la playa de arena negra a la que van desembocando caprichosamente para quedar a merced de las olas, que los van puliendo como si fueran diamantes.
Vaya, me he levantado poético hoy
Nos levantamos en Höfn, paramos en la gasolinera a repostar y ejercer los "cuidados obligatorios" que requiere la autocaravana y salimos hacia Jökulsárlón, a donde llegamos prácticamente en una hora. Aquí, por primera vez, nos sorprendió ver la cantidad de autobuses de turistas que había (así como coches en general), tantos que tuvimos que aparcar la caravana "de estrangis" en un hueco raro. A partir de aquí esta fue la tónica: más gente, turistas y autobuses en los puntos de interés. Parecía que habíamos visitado dos países diferentes en el viaje.
Desde luego, es un sitio fotogénico como pocos. Primero paramos en la laguna:

Y luego fuimos a echar un vistazo a la playa, al otro lado de la carretera. Por suerte, aunque de vez en cuando llovía algo, el tiempo nos seguía dando tregua, dado que a los cinco minutos paraba de llover hasta después de un rato:





A continuación fuimos a visitar la laguna de Fjallsárlón, que está muy próxima. Es una especie de Jökulsárlón en miniatura
Después de esto proseguimos la ruta, con la idea de dormir en Skaftafell. Pero a lo tonto eran ya más de las siete de la tarde y decidimos reponer fuerzas. En cuanto vimos algo de civilización a lo largo de la carretera, entramos, y tuvimos la suerte de descubrir un hotel majo donde pudimos pasar un rato repostando:
De hecho, se trataba del pueblo de Hof, donde hay una iglesia con el césped cubriendo su tejado. Por lo visto, es un icono bastante conocido, y nosotros tuvimos la suerte de verlo por casualidad.
El rato se nos alargó un poco, entre lo rica que está esta cerveza, que llama a repetir, y la novedad de tener wifi y esas cosas
Decidimos entonces hacer un cambio de planes sobre la marcha: la luz se estaba poniendo bastante interesante (al menos para lo que habíamos tenido hasta entonces) y realmente nos daba algo de "pena", si se puede decir así, no volver a ver Jökulsárlón. Aunque daba algo de rabia porque ya habíamos avanzado bastante, a fin de cuentas en algo menos de una hora podríamos estar allí de nuevo, si dábamos la vuelta. La idea era aprovechar la luz del atardecer para hacer las fotos "chulas" en la playa de Jökulsárlón y dormir, ya de paso, allí mismo. Compramos una botella de vino en el hotel a precio de oro y retrocedimos hasta aquel magnífico lugar:




Después de un par de horas, cuando ya fue evidente que ya habíamos tenido bastante
Y resultó que el abridor de botellas no funcionaba
Es difícil describir semejante momento de pánico
Por suerte, en el parking había un par más de caravanas y en una de ellas vimos luz dentro. Preguntamos y sí tenían abridor
Kilómetros de la etapa: 165.
Kilómetros acumulados: 2165.
