Amanecemos pronto preparando la maleta porque esta noche dormiremos en Aguascalientes como paso previo a nuestra subida al Machu Picchu.
y a la que llegaremos en tren desde Ollantaytambo.Te advierten que no puedes llevar equipaje en ese tren así que lo mejor es preparar una pequeña mochila con un par de mudas para los días que estemos por la zona.
En la consigna del hotel dejamos las maletas con nuestros nombres a la espera del regreso en un unos días. Es algo habitual porque la mayoría de los huéspedes hacen los mismo después de la visita al Machu Picchu, y desde luego que no somos los únicos!!! La consigna estaba a tope!!!
Pero antes de coger el tren tendríamos una ruta de día completo por el Valle Sagrado que incluía la visita del Mirador de Taray, con unas vistas impresionantes del valle, y las localidades de Pisaq y Ollantaytambo.
Nuestro coche se deslizaba por el fondo del valle y fuimos disfrutamos del paisaje. Era bastante temprano así que la guía nos propuso paramos en una especie de mercado artesanal cercano a la carretera.
El sitio estaba preparado para la llegada masiva de turistas pero a esa hora de la mañana no había nadie, de hecho la mayoría de las tiendas estaban abriendo en ese momento, así que fuimos presa fácil de los comerciantes
Estuvimos dando un vistazo porque ya se nos estaba echando el tiempo encima para los regalos familiares. No queríamos dejarlo para el último momento como siempre nos pasa pero el caso es que al final, la compra fue para nosotros mismos
En Cusco habíamos visto un puñal ceremonial de cerámica pero tenía un precio desorbitado y aquí lo compramos mucho más barato. Tendríamos que cargar con él durante varios días pero era una buena oportunidad.
Poco después llegamos a Pisaq, uno de los pueblos más visitados del valle.
Desde allí subimos con el coche a una ladera donde comenzaba un antiguo camino inca que recorrimos a pie durante un par de horas. La caminata no era muy exigente pero la falta de oxígeno se nota y hay que estar un poquito en forma. El camino es estrecho y discurre entre los matorrales pero no es nada arriesgado aunque no hay sitio para plantar el culo entre tanta zarza

Ya habíamos leído algo sobre el tema pero ella nos contó que había un montón de turistas que venían hasta aquí pagando un pastizal para vivir una experiencia mágica
Durante el paseo vimos el cementerio, la casa del astrónomo y el recinto sagrado del intiwatana así como las enormes terrazas agrícolas que discurren a lo largo de las laderas que los agricultores del lugar siguen utilizando igual que hicieron los incas hace cientos de años. Parece increíble que pudieran trasladar todos esos bloques de piedra por el estrecho camino pero al parecer lo hicieron bastante bien porque siguen intactos.
Tras un breve descanso y poco de agua, nos dirigimos al siguiente destino: Ollantaytambo, un importante centro comercial con un mercado artesanal muy famoso localizado a los pies de una enorme fortaleza. Este pueblo además es el punto de partida del tren dirección Aguascalientes, eso si no has optado por caminar durante varios días a través del Camino Inca
Según nos contaron, Ollantaytambo fue construído por un cacique Ollanta, y el lugar conservan la planificación urbana inca así como varias calles y casonas de la época que se confunden con las construcciones actuales.
Lo más impresionante es subir hasta el mirador y el recinto sagrado del Templo del Sol a través de una empinada escalinata en forma de zigzag que recorre las terrazas o andenes.

En la montaña de enfrente pueden verse otras pequeñas fortificaciones y una piedra que los lugareños reconocen como el rostro de un inca, con su nariz aguileña y su penacho de plumas. Es divertido intentar encontrar el rostro entre las distintas rocas pero lo llamativo es que no parece casual su posición puesto que el sol pasa justo por la punta de su nariz y señala hacia el Templo del Sol...
Como hemos podido comprobar a lo largo de nuestro viaje a Perú, hay mucha leyendas inexplicables relacionadas con la naturaleza que siguen manteniendo el misterio sobre la cultura inca.
Después de recorrer todo el yacimiento arqueológico nos dirigimos al mercadillo artesanal lleno de tiendas con telares, objetos decorativos y sobre todo pequeñas muñecas vestidas con el traje típico. Estaba enamorada de esas muñequitas pero me habían dicho que las mejores estaban en Puno así que tocaba esperar
En la plaza no cabía un alfiler!!! Empezaron a llegar coches, motocarros, autobuses turísticos, ... más coches...todos queriendo pasar por la misma calle y tocando el claxón.
El acceso a la plaza estaba colapsado porque sólo hay una calle por la que tiene que pasar todo el mundo y los coches se quedan atascados uno tras otros sin posiblidad de escape
Por lo visto es muy frecuente este tipo de atacaso pero no estabamos advertidos y ya me estaba poniendo nerviosa. Los minutos pasaban y no llegabamos a la estación, tic,tac..tic,tac...
Por fin vemos nuestro coche acercarse lentamente desde una esquina. Aquello no tenía buena pinta porque si nos montábamos perderíamos un tiempo precioso así que le hicimos una señal al chófer indicándole que ibamos a ir a pie. La estación estaba sólo a 15 o 20 minutos pero a mi se me hicieron eternossss!!! Por dios, que estresss!!
Al final el coche consiguió pasar el atasco y nos alcanzó un poco más allá y pudimos llegar con suficiente tiempo. Uuuuuuffff! Menos mal!!
Tras pasar el control de pasaportes y comprobar los billetes, nos indican la zona del andén donde pararía el InkaRail. Como la estación es minúscula, fue fácil encontrala

Una vez instalados nos ofrecieron una bebida caliente que a esa altura de la tarde se agradecía un montón. Un té con almedra amarga que estaba buenísimo y que olía a gloria
Desde el tren vimos los picos nevados, la enorme fuerza del río Urubamba abriendose camino a través de las piedras, y restos del Camino Inca por donde discurrían grupos de excursionistas con sus enormes mochilas. Todo indicaba que nos acercabamos al momento cumbre del viaje: Machu Picchu.
Llegamos anocheciendo a la estación de Aguascaliente donde nos esperaba el personal de la agencia para acercarnos al hotel. Habíamos elegido El Mapi y la verdad es que estuvo muy bien. Era moderno, comfortable y estaba en una buena zona alejada de las vías pero en una calle bastante concurrida llena de restaurantes.
Aguascualientes no tiene mucho encanto y todo está dirigido al turismo, como ya sabíamos pero no importaba: cada vez estabamos más cerca de cumplir un sueño
