No dormimos mucho esa noche y por ello no nos levantamos todo lo pronto que yo quería. Aún así estábamos antes de las 8 en la parada del autobús al lago O’Hara. El aparcamiento no está lejos de la Hwy en su trayecto de Field a Lake Louise. Aquello se encontraba lleno de gente. Hablamos con la empleada del parque que lleva el control de las reservas que nos dice que está todo completo. Nos apunta en su libreta, pero ya hay otras anotaciones anteriores a la nuestra. Allí esperamos nosotros y otros cuantos más hasta las 8:30. Solamente tuvo suerte una pareja. El resto nos tuvimos que marchar, una pareja comenzó a subir andando. Mi marido se negó en rotundo a subir andando 11 km. por carretera. Hace un día despejado y con buenos pronósticos, es normal que no haya ninguna anulación.
Así que nos vamos para Lake Louise. Hay que aprovechar bien el día de sol que se presenta.
Pasando el Lake Louise Village, a unos 4 km. por la Lake Louise Drive, llegamos al parking cerca de las 10 de la mañana, estaba muy completito, aunque encontramos hueco enseguida. Lo de que el lago Louise es uno de los destinos más turísticos de las Rocosas Canadienses lo pudimos comprobar enseguida, además de por el parking casi completo. Multitud de personas se agolpaban sobre los puentes que salvan el arroyo natural de drenaje del lago (que también se llama Louise) intentando conseguir una foto sin elemento humano que la interrumpa e inmortalizándose delante de esta preciosidad.
Sus aguas turquesa se alargan delante del telón de fondo del Monte Victoria y sus dos glaciares. La magia que desprende el lugar es difícil captarla integrándose en esta multitud. Hay que alejarse e intentar bordearlo para evitar el gentío, pero en estos meses de verano, siempre encontrarás gente por doquier. Si bien existen ciertas horas del día en que es posible verlo, sino en soledad, con muy poquita gente.

El lago Louise es un claro ejemplo de lago glaciar. Su cuenca se formó hace miles de años por la acción del glaciar Victoria que en su día cubría todo el valle, esculpiendo las montañas que lo rodean en su retroceso y dejando atrás las piedras arrastradas que formaron una presa natural para detener las aguas del hielo derretido. Estas aguas del hielo del glaciar derretido transportan una especie de limo que se deposita en el fondo del lago aportando este color tan característico y tan bonito.
Nada más adentrarnos en el camino que bordea el lago, enseguida se encuentra el desvío para iniciar el sendero de ascenso a Lake Agnes. Un sendero de unos 3,5 km. con un desnivel de 385 m. También hay muchísima gente que inicia este sendero, aunque a lo largo del mismo tampoco se nota tanto. Hasta el lago Mirror hay 2,7 km. de subida casi continua, si bien la misma es progresiva y con varios zigzag.
Además de entretenida, porque se atraviesan zonas de varias especies de abetos y algunos alerces, entre los que se adivina, unas veces, y en otras se divisan, retazos del bonito color turquesa del lago. Como a la mitad de la subida hay un pequeño claro en la vegetación pudiendo distinguir mejor una parte del lago debajo de las paredes casi verticales del monte Fairview.
El bonito lago Mirror es pequeñito y de color verde. Sus aguas derivan del drenaje del lago superior, el lago Agnes. Quizá pasaría inadvertido si no fuera por el acantilado vertical que sobre él se levanta y domina todo el panorama. Es la cara este de Big Beehive y fue de esta imagen de dónde salió su nombre por parecerse, en este punto, a una gran colmena. En este acantilado se pueden distinguir las capas horizontales sedimentarias que son el origen de todas las Rocosas Canadienses, sedimentos que se fueron superponiendo cuando el mar cubría esta zona, antes de que las montañas se elevaran y plegaran.
Los abetos que crecen debajo de Big Beehive se reflejan tímidamente en las verdes aguas.
Su nombre viene de una leyenda de los indios Stoney que contaba que las cabras lo utilizaban para peinarse sus barbas.
Aquí nos encontramos a bastante gente que, como nosotros, hacen una paradita para tomarse algo o que han elegido este destino para pasar un rato tranquilo y darse un baño. Sí, hay gente valiente que no le importa el frío del agua.
Antes de afrontar la última subida, el camino tiene un desvío por el que se puede conectar con el trail de Six Glaciers.
A los 500 m. nos desviamos para subir a Littel Beehive. Hay que volver a subir, como unos 100 m. de desnivel, y supone dos km. más de caminata (ida y vuelta) pero merece mucho la pena este desvío.
Parece que esta variante no es muy frecuentada, en el camino no nos encontramos con nadie, solamente con dos personas en la cima.
Antes de llegar a la cima hay un espacio abierto a la derecha que hace las funciones de mirador. La vista del lago casi completa con el Chateau al fondo es soberbia. Casi mejor que en la cima.
El Chateau es algo más que un hotel de lujo de la prestigiosa cadena Fairmont, es un icono del lago, ya forma parte del paisaje, pues desde 1890 se asienta en el mismo lugar, aunque su aspecto haya ido evolucionando. También desde este mirador se pueden ver bien las paredes verticales de la pequeña colmena que no se aprecian desde su cima.

Al poco se llega a la cima. Hay como unos pequeños corrales. Son las ruinas de unas antiguas estructuras destinadas a vigilar los fuegos. El valle del Bow y la transcanadiense se distinguen allá en lo hondo. Una cadena de montañas, Daly con su Bath Glacier, la cadena Waputik con el pico y el campo de hielo del mismo nombre, Mount Hector, Molar, Cataract, Cyclone, Merlin Castle, Richardson,…, casi todos con más de 3.000 m., presiden el escaparate de fondo, elevándose por encima del valle. Y por supuesto, vistas parciales de Lake Louise mezcladas con las siluetas de los abetos que crecen en la cima. Por la derecha me fui hasta el mismo borde del acantilado, pero las vistas no mejoraron.
A la vuelta, el camino se divide y se puede llegar a la Tea House sin necesidad de volver al inicio. En algún punto de este camino se vuelve a contemplar el Big Beehive, los glaciares de las montañas que lo rodean y lo que es mejor, una imagen conjunta de Lake Louise y Lake Mirror.
Antes de llegar a la Tea House hay unas escaleras que se desvían para poder ver la cascada que forman las aguas que se derraman del Lake Agnes.
La Tea House se encuentra a rebosar de gente, dentro, fuera, allí no cabe nadie más. El borde del lago igualmente copado de gente. Es una estampa parecida a una playa en verano. Seguimos adelante por la izquierda y pasando por encima de piedras del borde del lago, llegamos a un lugar despejado. Encima de una roca, con los pies colgando y metiéndolos a ratos en el agua, nos tomamos el bocadillo y la coca cola. Pese al barullo de gente, estamos en la gloria. Los pies relajados por el masaje del agua fría, una temperatura estupenda. Y…… todo lo que nuestros ojos pueden contemplar.
Las aguas del lago en la lejanía parecen verdes, las que tenemos debajo de nuestros pies, son claras, transparentes. Su origen es la nieve que ha cubierto todo el invierno los montes Niblock y White, aún queda alguna. Ambos forman como un circo glaciar que componen el decorado magistral del fondo del lago. Por detrás de nosotros se alza el Big Beehive y el amenazante Devil’s Thumb. En el extremo opuesto del lago, frente a nosotros, el lado derecho del lago, hay un sendero que lo va bordeando. Cuando llega al fondo del lago se divide, una parte sigue hacia arriba, hacia la cumbre del monte Niblock, otra sigue la curva del lago y comienza a ascender por la loma trasera de Big Beehive.

Al final nos dio pereza subir al Big Beehive. Prolongamos nuestra parada mas allá de tomarnos el bocadillo, relajados, disfrutando del momento.
Volvimos sobre nuestros pasos sobre las rocas. Antes de llegar al puente sobre el arroyo de salida del lago, nos desviamos a la derecha para adentrarnos en el conector de medio kilómetro que nos llevaría hasta el Highline Trail, el cual, a su vez, nos llevaría hasta el sendero de Plain of Six Glaciers. La mayor parte de este conector es en bajada muy pronunciada por medio de escaleras de madera.
Hay que bajar hasta casi la base de Big Beehive dónde se une con el camino que viene de Lake Mirror. Ya en un solo camino en bajada y siguiendo la base pedregosa de la ladera de la gran colmena, la cual se eleva imponente a nuestra derecha, en casi un kilómetro se incorpora el sendero de bajada desde la cima de Big Beehive.
A partir de aquí el Highline Trail nos lleva en bajada moderada a través de unos paisajes preciosos, con muchas flores de distintas formas y colores. Hemos dejado atrás la base de la gran colmena para seguir por las laderas base del Devil’s Thumb. Los perfiles del Mount Lefroy y Mount Victoria se ven cada vez más cercanos. La distancia marcada desde la Tea House del lago Agnes a la Tea House de Six Glaciers es de 5 km.
Después de dos kilómetros en el Highline Trail desembocamos en el sendero de Plain of Six Glaciers cuando este se encuentra en su fase media de subida. Por ello a partir de ahora nos toca volver a subir, a terminar de completar los 370 m. de desnivel de este, también, concurrido sendero. Por el Highline hemos venido prácticamente solos, en este, el trasiego de gente que sube y que baja es numeroso. Hay que pasar por el filo de unos acantilados cuyas paredes tienen cuerdas fijadas para agarrarse, pero no son necesarias, al menos cuando nosotros pasamos, quizá cuando la superficie sea resbaladiza. El tramo final hasta la Tea House son unos cuantos zigzag de fuerte pendiente que transcurren por encima de una de las morrenas laterales dejada por los glaciares.
Hace un día caluroso, el agua se nos había acabado hacía rato. Estábamos deseando llegar para tomarnos algo fresquito y comprar agua. Esta Tea House también se encuentra a tope de gente, y eso que son ya cerca de las cuatro de la tarde. En el piso superior tuvimos que aguardar una cola de casi media hora, porque había bastante gente que querían tomar el menú de comida y ello tenía preferencia. Cuando nos tocaba nuestro turno, se acaba la limonada. Toman nota de mi nombre y dicen que me avisarán, que esperemos abajo. Yo creí que se olvidarían, pero al rato bajaron con dos vasos de limonada y la botella de agua. Ninguna estaba fresquita. Se me había olvidado que no cuentan con electricidad ni con agua corriente. Pero fueron suficientes para hidratarnos y tomar nuevas fuerzas para afrontar la última etapa de 1,3 km. hasta el mirador frente a los glaciares.
También el tramo final de este camino transcurre por el filo inestable de una morrena. Hay un tramo del sendero que es muy estrecho, con pendientes de vértigo a ambos lados. Terreno arenoso que además lo hacen resbaladizo. La ayuda de los bastones se agradece bastante.
Y allí arriba nos sentamos un ratito. Para verlo todo tranquilamente, para intentar oír la montaña. Plan difícil de cumplir porque hay alguna gente que solo quieren hacerse la foto con el glaciar de fondo y para ello parece que necesitan cierta algarabía.
No alcanzo a distinguir los seis glaciares, (los que cuelgan del monte Lefroy, Aberdeen y Victoria, los bajos de Lefroy y Victoria y otro colgante de Popes Peak). Claro está que cuando le dieron este nombre, hace ya casi un siglo, si que estaban. Ahora el paisaje ha cambiado un “poquito”. El glaciar bajo del monte Lefroy es solo una muestra, el glaciar inferior Victoria ha retrocedido mucho en los últimos años. Pero lo que queda es lo suficientemente atractivo como para que merezca la pena subir hasta aquí. De frente vemos perfectamente el bajo glaciar Victoria, el Abbott Pass y lo que se conoce como “la trampa de la muerte”. El paso recibe este nombre porque aquí se registró la primera muerte de un alpinista en Canada. En 1896, Philip Abbott murió al intentar escalar el monte Lefroy. Al fondo del valle el lago Louise y su Chateau parecen una miniatura.
A la vuelta tenemos que recorrer el mismo camino hasta la intersección con el Highline. A partir de aquí el sendero es nuevo para nosotros. Por el valle discurren los riachuelos originados por el deshielo. Van entre algunas morrenas menos antiguas, “100” años. Sobre su superficie hay ya alguna vegetación. Antes de llegar al lago, a nuestra izquierda se yerguen unos altos acantilados de cuarcita que son aprovechados para escalar. Me parece imposible imaginar cómo pueden vivir allí algunos abetos.
Los riachuelos del deshielo se unen antes de llegar al lago, forman un delta algo pantanoso y de color lechoso. Se nota el cieno que transportan proveniente del hielo de los glaciares y que, a la postre, es el que da el colorido al lago. Estos últimos tramos y el sendero que bordea el lago me parecieron bien bonitos. Quizá porque los recorremos con poquísima gente.
El sendero al lado del lago va al mismo nivel que el agua, nuestros pasos van acompañados con el suave golpeteo del agua en la orilla.
Ha sido una jornada memorable. Hemos disfrutado de un día magnífico, andando a nuestro ritmo, parando cuando nos apetecía, sin reloj, sin marcar tiempos. Creo que al final hemos andado casi los 20 kilómetros.
Volviendo para Field, paramos en el Sanson Mall Lake Louise para tomarnos un helado y comprar víveres.
También nos paramos en el mirador The Lower Spiral Tunnel. En aquel momento no pasaba ningún tren. En todos los días que estuvimos por la zona vimos varios trenes, largos, largos, con furgones de carga, pero en ninguna ocasión por el túnel en espiral.
Nos cocinamos nuestra cena y las diez estábamos en la cama.