Como ayer nos quedamos un poco flojos con lo que vimos en el lago Pyramid, por el mal tiempo y porque en la tarde no es la mejor hora para fotografiar estos lagos, nos acercamos a echarles un vistazo pues el día ha amanecido despejado. Es temprano y aquello sigue desierto. Pero la diferencia de vistas es considerable. Aunque no muy pronunciado, el lago tiene efecto espejo mostrando la imagen invertida de la montaña Pyramid. También los árboles de la pequeña isla quedan graciosamente reflejados en el agua. Para la foto de la isla continuamos hacia adelante desde el parking que ayer paramos para acceder al puente de madera. Creo que era el final de la carretera.
Por toda esta zona hay posibilidad de recorrer muchos senderos.
No nos paramos mucho rato pues queremos llegar pronto al parking desde el que se accede al monte Edith Cawell que dicen que es pequeño y se llena rápido. A la vuelta a Jasper volvimos a ver a un elk, (estaba casi en la misma zona de ayer, así que creemos que sería el mismo). Estaba en el arcén de la carretera tranquilamente comiendo. Esta vez, en primera línea y sin atasco de coches.
Para llegar a la zona de acceso a monte Edith Cavell desde Jasper hay que tomar la Icefields (93) por unos 7 km. Al poco de pasar las garitas de madera que controlan la entrada al parque nacional hay que desviarse a la 93A, la que llaman carretera vieja. A los 5,2 km. un nuevo desvío a la Mount Edith Cavell Road, por la que se circulan 14 km. hasta el parking. Esta carretera es estrecha y muy sinuosa y por ella no pueden transitar camiones ni grandes caravanas.
El monte Edith Cavell es uno de los “grandes” de las Rocosas. Se encuentra entre los valles del río Athabasca y del río Astoria. Tiene una altitud de 3.363 m. y casi siempre tiene nieve en sus escarpadas paredes. Lo que se ve en esta visita es su cara norte y los glaciares que cuelgan de ella. Las paredes duras, lisas y verticales de esta cara norte están entre las más reconocidas para escaladas. A lo largo de los años ha tenido varios nombres pero es desde 1916 que tiene este nombre. Edith Cavell nunca estuvo en Canada. Era una enfermera británica destinada en Bélgica que en la 1ª Guerra Mundial ayudó a 200 soldados aliados a escapar de los alemanes hacia Holanda. Por ello fue arrestada y ejecutada por los alemanes. Su gesta tuvo amplia resonancia y su nombre aplicado a varios lugares. En Canada se decidió ponerle a este monte su nombre solo 5 meses después de su muerte.
Una vez que se sale del parking y se suben unas escaleras el camino parece tener tres direcciones. La de la izquierda sube y va entre árboles por unos 15 minutos. La del centro está pavimentada y la de la derecha va por la zona baja. Nosotros fuimos por la de la izquierda pero da igual pues las tres se unifican posteriormente en un solo sendero que baja hasta un mirador. Desde este mirador se ve el pequeño lago que llaman Cavell Ponds con este color tan bonito que no puedo definir y unos pequeños icebergs flotando. En el extremo del lago que da a la montaña el glaciar Cavell descansa sobre el fondo de la ladera y parece apoyado en el mismo lago, con algo de suciedad encima pero las grietas que enseña tienen un color azul muy bonito.
Más arriba se distingue el glaciar Angel, aunque las vistas del mismo desde este mirador son algo laterales. Este nombre se lo pusieron en el siglo XIX por su forma de ángel con las alas extendidas. El cuerpo del ángel se encuentra colgando de un circo glaciar formado entre el monte Edith Cavell y el Monte Sorrow. Sus alas parecen apoyarse sobre una repisa rocosa de este circo. Como todos los glaciares está derritiéndose y se piensa que no tardará mucho en perder esta forma que le da nombre. El ala derecha está muy mermada y su cuerpo drapeado parece deshilacharse por momentos, son bastantes los chorros de agua que caen por la pared de la montaña. Pero aún conserva atractivo suficiente para atraer a muchos viajeros.
Sobre la repisa que descansa el ala izquierda del glaciar y más a la izquierda quedan unos restos del Ghost glacier. Este glaciar fantasma fue noticia el 9 de agosto de 2012. Tuvo varios desprendimientos durante 30 minutos que fueron cayendo sobre el lago Cavell. El tercero y más grande de ellos formó una cascada impresionante que duró algunos minutos. Fue grabado desde Cavell Meadow y se encuentra colgado en Youtube. En la madrugada del día 10 una gran mole de hielo se desprendió de golpe sobre el lago produciendo una gran ola de agua, hielo y restos de piedra que cubrió los senderos por los que se llega al mirador y la carretera de acceso. Afortunadamente al caer de noche no hubo víctimas.
Este sendero, que llaman Path Glacier Loop, tiene 1,6 km., ida y vuelta. El mismo discurre sobre una zona que estaba cubierta por el glaciar hace sólo 100 años. Al regreso del mirador y antes de dividirse en los tres caminos, hay un desvío a la derecha que va trepando entre pedregales de la morrena para luego situarse al filo del bosque y seguir en subida moderada paralelo al bosque y la morrena, que queda a la derecha. La alta morrena impide ver el lago. Hay que seguir hasta el final de la subida, hasta que el sendero tuerce para internarse en el bosque e iniciar la ruta llamada Cavell Meadow. Por aquí hay un sendero estrecho, a la derecha del camino que hemos subido, que sube a lo alto de la morrena y ofrece una preciosa vista del lago, el monte Edith Cavell y sus glaciares. La vista del glaciar ángel es más de frente y completa que desde abajo. Así lo tiene que pensar una gran marmota descansando al sol sobre una piedra que no movía ni un músculo y no apartaba la vista del lago y la montaña.
Nuestros primeros planes era iniciar el sendero Cavell Meadow y subir hasta pasar el bosque y llegar a los prados que dicen cubiertos de lindas flores y mejores vistas del glaciar. Pero en el centro de visitantes nos advirtieron de un fuerte aviso de osos precisamente en la zona que atraviesa el bosque.
De regreso a la carretera 93A seguimos en ella, dirección contraria a Jasper, hasta llegar a la confluencia de los ríos Whilrpool y Athabasca, en el km. 14 de la misma. Es esta una zona muy tranquila, apenas tres o cuatro personas. Ideal para hacer un picnic relajado o pasar unos momentos de solaz contemplando la mezcla de colores de ambos ríos. En este punto denominado “meeting of the waters” las aguas de los ríos Whirlpool y Athabasca unen sus aguas para seguir juntos su largo camino hacia el Océano Ártico con el nombre de Athabasca. Durante muchos años fue un importante punto de referencia para muchos viajeros que atravesaban las montañas. Cerca de allí, una zona poco profunda permitía su paso en primavera y otoño. Los comerciantes de pieles atravesaban el río, seguían el valle del río Whirlpool hasta un estrecho desfiladero llamado Athabasca Pass. El salvaje y tumultuoso río Athabasca, en el PN de Jasper fue nombrado Canadian Heritage River por su belleza natural, su significado histórico y por los servicios de ocio que puede prestar.
Retrocedimos lo andado en la 93A. Habíamos decidido dejar la visita a las Athabasca Falls para el día siguiente, en la vuelta a Banff y nos dirigíamos al valle de los Cinco Lagos. Pensamos que por aquí era más corto. Desembocando de nuevo en la carretera 93 a unos dos km. ya encontramos el parking, a la izquierda, desde dónde se inicia esta ruta.
Se recorre un primer kilómetro en el sendero 9a entre pinos y álamos hasta llegar a un largo puente de madera que cruza el arroyo Wabasso y sus humedales. A partir de aquí hay que decidir qué camino escoger. Este sendero se cruza con otro (el 9) que viene de Old Fort Point y se dirige a Wabasso Lake. Desviándose a la izquierda por este sendero, pasados 2,7 km. conecta con el 9a y da la vuelta al primer lago posibilitando comenzar la visita de los lagos en su orden numérico. Es el recorrido más largo. De frente sigue el 9a y comienza a subir una colina. Un nuevo cruce de caminos te da la opción de escoger el de la izquierda, 9b, que desemboca entre el primer y segundo lago, o seguir a la derecha en el 9a.
Nosotros seguimos por el 9a. El camino no tiene excesivos desniveles pero es un subir y bajar colinas repletas de bosque. La aparición de los lagos se hace esperar un poco. Vimos una laguna de un verde intenso entre los árboles que nos dejó algo fríos, porque de primeras pensamos que pudiera ser uno de los cinco lagos, pues era una charca más que un lago. Ya casi enseguida comenzamos a ver el cuarto lago desde lo alto de la colina y bajando nos encontramos con el quinto lago desviándose un poco a la derecha. Es el segundo lago más grande de los cinco y en sus aguas se puede navegar en barca. Sus aguas son limpias y transparentes con el verdor de los pinos reflejado en ellas, se extienden a lo lejos como por una bahía escondida. Lo ideal sería explorarlas sobre una barca. Por este extremo del lago, por el que pasa el sendero, también se puede ver el canal de desagüe que comunica con el cuarto lago y éste, a su vez, lo hace con el tercero.
El cuarto, tercero y segundo lagos son similares en tamaño y color de su agua. Pueden tener una mezcla de azul y verde. A mí me parecieron los tres preciosos.
Una vez superado el cuarto lago, en la cima de una pequeña colina y frente al tercer lago nos encontramos dos sillas rojas de madera unidas. Como están desocupadas nos sentamos en ellas para mejor contemplar este lago y comernos el bocadillo. Los dos brazos interiores de las sillas están unidos por un pequeño tablero que tiene impresa una lectura. “Siéntate tranquilamente y descubre”. Al andar se hacen ruidos que retrae la vida animal. Siéntate por un rato tan en silencio como sea posible, abre tus sentidos y mézclate con el entorno. Comprueba como la vida reaparece ante tus ojos.
No hay nadie más que nosotros, el sol calienta en las sillas, pero una ligera brisa hace que estemos en la gloria y en silencio nos metemos dentro del entorno. Y efectivamente, la vida comienza a reaparecer. Primero aparece una mariposa revoloteando, un pájaro se posa en una rama muy cercana, enseguida una ardilla aparece jugando entre las ramas de un árbol caído, se asoma con una ramita en la boca, se esconde, vuelve a aparecer. Todo es serenidad. La vista del lago es tranquila y placentera, sus aguas reflejan hasta tres tonos de verde, en círculos que van paralelos a los bordes del lago. Como nadie apareció por allí estuvimos un gran rato respirando aquella quietud.
El camino sigue en alto, en una ladera, bordeando el tercer lago, que queda bajo nuestros pasos y de igual modo bordea el segundo lago. Similar a los anteriores, este segundo lago con aguas transparentes presenta unos tonos de verde más intenso en algunas zonas y refleja de forma idílica los pinos de su ribera.
Al pasar el segundo lago aparece una desviación a la izquierda, es el 9b que te lleva de retorno si no quieres hacer el circuito largo. Seguimos un poco adelante para echar un vistazo al primer lago. Es el más grande de todos y recorrerlo conlleva echarle más kilómetros a la ruta, y también es del que se tiene más dificultad de tener una buena vista del mismo. Regresamos y conectamos con el 9b. Al subir por éste último hay una buena vista del primer lago, así que no es necesario desplazarse más adelante.
El sendero 9b es corto y pronto desemboca en el 9a que nos lleva de retorno al aparcamiento.
Este circuito corto es de unos 4,5 km. Y se tarda… lo que tú quieras. Sobre todo si hace un día estupendo, encuentras desocupadas las sillas rojas y no hay luego nadie esperando a ocuparlas. No conocía esto de las sillas rojas, el programa se llama “shared chairs” y me parece muy buena iniciativa.
De regreso a Jasper pasamos por el desvío a monte Whistlers y el Sky Tram y a mi marido le apeteció subir recordando la experiencia de Banff. Es un funicular que en pocos minutos se eleva hasta la estación en el monte Whistlers sobre una primera cima del mismo situada a 2.285 m. Desde aquí un sendero lleva a la cumbre rocosa de la montaña, a 2.464 m., y se extiende, a través de las crestas, a otras cimas de montañas adyacentes. Desde este punto se puede ver una vasta panorámica, Jasper y todos los lagos que lo rodean, el valle del río Athabasca, algunos glaciares hacia el sur…. Su precio es de $37 + tasas. También se puede subir andando. La ruta comienza en la carretera, antes de llegar a la estación del funicular, pero tiene un desnivel de 1200 m. y 6,8 km., sólo de ida.
Pero fue una equivocación, no porque las vistas no lo merezcan, si no porque no se veía casi nada. Había una especie de neblina o bruma que impedía ver a lo lejos. Desde arriba se atisbaban, algunos lagos, el río, la ciudad, pero no con claridad. Así que la subida a la cumbre no la hicimos porque no íbamos a disfrutar del paisaje.
Yo quería subir a Old Fort Point y lo habíamos aparcado para subir en el funicular. Retomamos la idea. Así que de nuevo en la carretera 93, dirección Jasper, al poco nos desviamos en la 93A North. Esta carretera tiene un pequeño recorrido y finaliza también en Jasper cruzando la Hwy 16. Tiene buenos puntos de vista del río Athabasca y del río Miette. Hay un primer puente sobre el río Miette, justo cuando sus aguas verde lechosas vierten al Athabasca.
Poco antes de llegar a la intersección con la Hwy 16 hay que desviarse a otra carretera secundaria que conduce al aparcamiento para comenzar el sendero de subida a Old Fort Point y posteriormente al lago Beauvert. Un espectacular puente de color verde cruza el río Athabasca, con vistas estupendas, a izquierda y derecha, del río y del paisaje que va formando en esta zona. El río se ensancha y forma varios cauces con islas cubiertas de abetos en medio, se curva formando meandros, se embalsa en tramos creando algunas lagunas. Todo un conjunto muy vistoso.
Al pasar el puente se desemboca directamente en el aparcamiento. El Old Fort Point es una pequeña colina que se eleva sobre el río Atahabasca con unos acantilados de 130 m. en esta vertiente. La subida es fuerte pues hay que superar estos 130 m. en escaleras de madera. Pero también se puede subir por un camino más lento y con pendiente menos pronunciada, por la parte de atrás de la colina. Subiendo por éste último y bajando por las escaleras se recorren un total de 4 km. Es el que pensábamos hacer. Las vistas de todo este valle y cursos del río Athabasca tienen que ser preciosas. Pero no pudimos comprobarlo. Cruzando el puente había comenzado a chispear y en el aparcamiento ya comenzó literalmente a diluviar.
Tan sólo nos llegamos hasta el final de la carretera, en el aparcamiento que da acceso al lago Beauvert, el cual vimos desde el coche, ni nos atrevimos a bajar de la que estaba cayendo.
Nos volvimos para Jasper y a la entrada a la ciudad nos encontramos un gran atasco de coches. No era por la lluvia sino porque el tren estaba cruzando en esos momentos. Como va tan lento, allí estuvimos largo rato. Vimos que algunos coches volvían para atrás y optamos por seguirlos. Retrocedimos todo el trazado de la 93A North, desembocamos en la 93 y por ella entramos en Jasper directamente.
Cuando la tormenta amainó nos fuimos a la lavandería y a comprar algunos regalos. Repetimos cena comprada en Tim Hortons que nos tomamos en casa.
