Ya estamos en el quinto día de este maravilloso y evocador viaje. Hoy va a ser un día tranquilo. Tenemos contratado un crucerito con cena por el creek, y luego, sobre las once de la noche, hora local, hemos reservado mesa en el restaurante del hotel para ver la final de copa del rey Barça-Madrid. Pero vamos por partes.
Por la mañana paseamos por las inmediaciones del hotel en el barrio de Deira. Estamos en abril pero el calor es sofocante. Sin embargo el pequeñajo se niega a ir en pantalón corto. Le decimos que si quiere comprarse ropa más fresquita, pero insiste en ir con pantalón largo. Bromeamos con la idea de que ha sido poseído por el espíritu beduíno, y que con el calor mejor ir cubierto.
A la hora convenida llegamos al muelle del creek y embarcamos en el crucero nocturno. Es muy relajante y además la comida está riquísima. Todo tipo de delicias árabes entre las que destaca un hummus riquísimo.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
El crucero
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Otra instantánea desde el barco
Tras acabar el crucero nos dirigimos al hotel para ver la final de copa del rey Barça-Madrid.
Los dubaitís son unas fanáticos del fútbol. especialmente de la premier League (liga inglesa) y de la liga española.
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Shishas del Barça y del Madrid
El restaurante está abarrotado y con un ambientazo increíble. El camarero que ya nos conoce nos dirige a nuestra mesa. Mientras nos fumamos una shisha y tomamos limonada vemos el partido. Bueno, yo por una vez me animo con una cerveza. En dubai el alcohol está prohibido en todos los locales, excepto en bares de hoteles. De todas formas, y aunque soy cervercero, no he echado en falta la bebida de cebada en todo el viaje. Nos hemos acostumbrado rápidamente a las costumbres locales.
Aquí podéis ver el partidazo jeje
Sin embargo, y en este caso, el cuerpo me pedía una birrita fría para ver el fútbol. Bueno, aquí ya se sabe, cada uno tiene sus colores. Yo soy merengue

A la una de la madrugada nos retiramos a descansar, porque al día siguiente hay que madrugar. Toca ir a Abu Dhabi, la capital de los Emiratos.
Con el agradable sabor de la victoria, y un ligero aunque placentero mareo por la shisha y acaso por la cerveza, me duermo rápidamente. Mañana será otro día. España parece ahora un lugar lejano, en el espacio y en el tiempo, como si nos hubiéramos marchado hace mucho. Hacía tiempo que no disfrutábamos tanto de un viaje. Ojalá que no se acabe...